El encargo (hecho vía telefónica) fue tajante: tienes que escribir sobre el aniversario. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué rumbo tomaremos? El siempre concreto Paco (de apellido Cuevas) habló. Y cuando alguien como él habla, hay que escucharlo. Bien, a escribir se ha dicho. En estos momentos (casi la medianoche), estoy tratando de redactar mi columna sobre estos dos puntos (¿Hacia dónde va Cinemanía? ¿Qué rumbo tomará?). Problemas: me retrasé un poco, y el marcial Paco está presionando desde hace tiempo con su columna del mes de septiembre. Pero hay más: estoy escuchando el muy inspirador soundtrack de Gladiador (que justo me regalaron hoy), y me imagino a Paquito disfrazado de centurión, dispuesto a aventarme a los leones si no le forwardeo mañana temprano mi colaboración. Para colmo, acabo de ver (hoy, 31 de julio) X-Men, y me muero de ganas de escribir sobre mutantes y efectos especiales. Pero desistiré. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué rumbo tomaremos?
Trataré de responder a esas preguntas comenzando por el principio (y conste que no es redundancia): la vida de una revista no es fácil. Quienes nos dan vida son los lectores. Y cuesta trabajo, mucho trabajo capturar lectores. Ellos (ustedes) son quienes deciden el éxito o el fracaso. Por eso, es triste enterarse de que se perdió un lector —lo sabemos cuando llegan las cartas furiosas, los comentarios desalentadores o la venta en los lugares de costumbre no es la esperada—, y que sin duda será más difícil recuperarlo de lo que fue ganarlo. A eso hay que sumarle la competencia, y no sólo la directa, sino la indirecta, la que forma parte de esta galaxia de más de 2,000 revistas que constituye el medio editorial en México. Ah, y habrá que añadir que vivimos en un país que, tristemente, lee muy poco. Un mexicano (y esto no lo digo yo, sino el INEGI) lee en promedio .5 libros al año. Como verán, es de locos iniciarse en este negocio tan contradictorio. Así, creo que la paradoja mayor de escribir en una revista de este tipo es que, finalmente, el summum de nuestro contenido (letras) trata sobre un medio muy diferente (que usa imágenes visuales y auditivas).
Pero así es la vida de una revista. Y si esta publicación lleva 4 años en el mercado, es por algo. Evidentemente, porque ha sabido cambiar de rumbo en el momento, con la persistencia y el enfoque adecuado. Lo puedo decir pues soy una outsider, es decir, sólo visito la redacción de Cinemanía una vez cada dos meses. A mí me pagan por escribir esta columna desde afuera, y creo tener una visión más clara del asunto. Cinemanía ha crecido, pero también sus lectores. Esta simbiosis no podría ser más intensa ahora, y supongo que hacia dónde se dirijan los lectores irá Cinemanía, y también a dónde vaya Cinemanía irán los lectores.
Y también está ese punto clave que nos une a todos: el amor por el cine. Me he preguntado ¿cuánto tiempo existirá el cine? El teatro lleva siglos, miles de años; igual la literatura. Estas dos artes sobreviven, aunque son muy diferentes ahora que en sus principios. Supongo que así es todo, todo cambia. Me conforta saber que, cuando me haya ido, el cine continuará (a menos que caiga sobre la Tierra un asteroide del tamaño de Texas).
¿Estamos de acuerdo? El cine sigue, el cine está vivo. Nunca había sido una industria tan próspera como lo es hoy, y eso es gracias a los momentos que nos da: para mí, el cine es Humphrey Bogart viendo un aeroplano alejarse en la neblina, Maximus luchando contra Commodus en el Coliseo Romano, el pequeño Alex cantando Singing in the Rain, el fondo musical de Carmina Burana en Excalibur, los helicópteros Apache tirando napalm sobre la jungla vietnamita en Apocalypse Now, Indiana Jones recuperando su sombrero, aquel tiranosaurio rex en el espejo retrovisor, Woody Allen presentando a Marshall McLuhan en Annie Hall, Richard Dreyfuss empapado en la caseta telefónica en La chica del adiós, Robert De Niro frente al espejo en Taxi Driver, el disparo accidental de Vincent (John Travolta), la explosión de la Estrella de la Muerte y el duelo a muerte entre Paul Newman y Jackie Gleason en The Hustler. Me atrevo a decir que el rumbo que tome el cine es el rumbo que tomaremos los que nos gusta el cine. De ese tipo de gente está conformada Cinemanía.
Y, claro está, mi adorada columna de ciencia ficción Mos Eisley Spaceport. La revista cumple cuatro años y este espacio dos. MES sobrevive gracias a la paciencia de Leslie, Michaelle y Paco. Pero sobre todo por los miles de lectores y los cientos de locos que me escriben mes tras mes. Ya saben que me tardo un poco en contestar, pero siempre tendré una respuesta para ustedes. Gracias por su afición a este maravilloso género, gracias por su lealtad y gracias por leer lo que escribo. Bye bye.
Anexo especial de naimaisonline: 10 películas que Lucilla Godoy quisiera recomendarle a los lectores (no necesariamente de ciencia ficción, ni en algún orden en particular)… si no las han visto están perdiendo su tiempo (eso creo yo):
1. Romeo is Bleeding. El final es patético (en la acepción castellana, que tiene que ver con la melancolía). Gary Oldman es sublime. Y la perra rusa (aquella de La insoportable levedad del ser) es… una gran perra.
2. Barton Fink. Ethan y Joel Coen realizan (geniales geniales geniales), John Turturro encarna a un escritor con conciencia social en el Hollywood de hace 50-60 años, y John Goodman a un misterioso… tengo algunas ideas al respecto de su personaje, pero no las revelo para no echarles a perder el final a los que no la han visto. Ah, me la compré hace poco en Aurrerá por 39 pesos. En serio.
3. Excalibur. Escuchen a Merlín convertir a Uther Pendragon en el duque… maravilloso.
4. THX 1138. George Lucas cuando era un fresco muchacho (hoy está un poco oxidado, hay que reconocerlo) y no tenía miedo de enseñar escenas carnales en sus filmes.
5. La chica del adiós. Veintitantos años antes que As Good as It Gets, una comedia neurótica que es una joyita.
6. Annie Hall. Hablando de comedias neuróticas… la escena de McLuhan es inolvidable.
7. Sleepy Hollow. Esta de seguro ya la vieron, pero les sugiero que la vean de nuevo. Es, junto con Gladiador, la película que más he disfrutado este año.
8. Apocalypse Now. Si antes leen The Heart of Darness de Conrad, les aseguro que la disfrutarán más. Robert Duvall rules!
9. Hamlet. La de Kenneth Branagh. Nadie frasea mejor a Shakespeare que él (claro que nunca he visto a Shakespeare en vivo con alguna compañía londinense… o sea, podría equivocarme).
10. Titanic. ¡NO ES CIERTO! Por mí, el niño DiCopro puede irse a pintar desnudos al fondo del Atlántico (o a la chingada… por cierto, qué maaaaaala es La playa. Terrible decepción).
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