Creo que los cuentos de ciencia ficción tienen un lazo muy íntimo con los cuentos marinos. Poéticamente hablando, el espacio es un reflejo del mar. Las naves que surcan los océanos de Conrad y Melville son hermanas de las naves que surcan los océanos cósmicos de Bradbury y Clarke. El cine de ciencia ficción tiene también grandes navíos interestelares, los cuales recordaremos en esta ocasión.
• Me viene a la mente una de las referencias más claras de esta relación mar-espacio: el carguero Nostromo de Alien, el octavo pasajero (Alien, Scott, 1979) y el crucero de guerra Sulaco de Aliens, el regreso (Aliens, Cameron, 1986). Ambos nombres nos llevan a la novela Nostromo, en la que Joseph Conrad pinta un país sudamericano llamado Costaguana y muy especialmente a la provincia de Sulaco, donde se desarrolla la trama de intriga que involucra al apuesto marinero italiano Nostromo.
• Uno de los momentos más apestosos de la ciencia ficción fue la película para la televisión Battlestar Galactica (Colla, 1978), pero lo quiero mencionar porque, en principio, la idea no era tan mala: la Galactica, una nave-ciudad, cuyos tripulantes son los últimos seres humanos en el universo, se dedica a buscar el paraíso perdido (la Tierra, claro) enmedio de una guerra con los cyclons. Inevitable es pensar en la fabulosa serie animada Robotech, una suerte de manga que relataba la fatídica historia de otra ciudad-nave, Macross, que también podía transformarse en un colosal robot.
• La realidad copió a la ficción cuando la NASA bautizó Discovery a uno de sus transbordadores espaciales tras la mítica nave de 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Kubrick, 1968). Este navío de forma de salchicha prefiguró los aburridos (y más apegados a la realidad) viajes espaciales.
• Steven Spielberg tiene una extraña fijación con las naves en forma de calabaza. La que nos visita en Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977) es muy similar a la que olvida al inolvidable botánico de E.T., el extraterrestre (E.T., the Extra-Terrestrial, 1982). Además, se asemejan más a la visión de los ufólogos que a la de la ciencia ficción tradicional.
• En este último rubro se encuentran la destartalada Millennium Falcon del pirata corelliano Han Solo o la bellísima nave real de la Reina Amidala: probablemente sean poco funcionales, pero su valor estético es indiscutible.
• Tengo que admitirlo: no me gusta Star Trek. Como sea, la Enterprise es una baluarte de la ciencia ficción contemporánea. Me molesta su pulcritud, lo tiesos que son sus tripulantes y también odio sus uniformes, pero la Enterprise tiene ya su lugar, tanto como el portaaviones USS Entreprise CV6, el buque más condecorado durante la Segunda Guerra Mundial.
• Este tema es casi inagotable. En otra edición continuaremos repasando naves famosas, como las que se dedican a invadir la Tierra, las que tratan de salvarnos de catástrofes cósmicas o las que tienen conciencia propia. Agradeceré que los lectores me recuerden más naves famosas, pues últimamente la memoria me está fallando.
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