|
Sin
esperanzas de encontrar supervivientes en la ciudad peruana de
Pisco
En
Pisco, la ciudad más afectada por el terremoto que el miércoles
azotó Perú, no se espera encontrar supervivientes.
Así lo ha declarado el jefe de los bomberos de la ciudad,
Jorge Molina.
Las
víctimas por el fuerte seísmo de magnitud 8 ascienden
a al menos 503 personas muertas y 1.042 heridas, según
las últimas cifras oficiales del Instituto Nacional de
Defensa Civil (INDECI).
Segundo
avión español
La
Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI)
dispuso este lunes un segundo avión con 30 toneladas de
ayuda humanitaria para las víctimas del terremoto del Perú,
que se suman a las cien toneladas de material que ya han llegado
a las zonas afectadas.
El
aparato fletado por la AECI en coordinación con CCAA, ayuntamientos
y ONGs, transportará prendas de abrigo y productos médicos,
sanitarios y potabilizadoras.
Electricidad,
radios y transporte
El
restablecimiento parcial de la electricidad en la zona peruana
afectada por el terremoto, que ha permitido a las radios emitir,
la regularización de los transportes y la distribución
de ayuda han creado una sensación de estabilidad.
Aunque no quiere hablar de "normalidad", el capitán
del Ejército Dante Molina apuntó que se nota una
mejoría en el albergue del Parque de la Ciudad de Pisco,
donde se refugian unas 3.000 personas que lo han perdido todo
por el terremoto del día 15, que causó medio millar
de muertos.
"La
gente está más tranquila y percibe una estabilidad
distinta", aseguró Molina, coordinador del albergue.
"Dentro
de lo que hay, se están acostumbrando a convivir con su
nueva situación. Hay algunas personas que regresan de día
al trabajo y vuelven por la noche, mientras los niños juegan
entre las carpas donde se alojan sus familias", agregó.
Víveres
Mientras
el centro de la ciudad es una zona devastada, en total ruina,
polvorienta y prácticamente evacuada por la población,
en las afueras de Pisco ya se ha recuperado el alumbrado y los
habitantes disponen de agua que les reparten en cisternas y algunos
víveres.
Sin
embargo, a esos barrios llegan pocos víveres y la gente
hace largas colas a la espera del reparto, como sucede en la iglesia
del poblado de Túpac Amaru, bajo el cerro del corazón
de Jesús, al borde de la carretera Panamericana, donde
unas 2.000 personas esperan desde las cinco de la mañana
la llegada de comida.
"El
agua sí llega, pero comida no nos llega mucha y estamos
hambrientos y enfermos", se queja Diana Rodríguez
en Túpac Amaru, mientras hace cola con paciencia, entre
otras muchas mujeres, hombres y niños.
Tanto
ella como Carmen Pillala, que sostiene un niño de meses
en sus brazos, reconocen que, aunque la situación es desastrosa,
ha mejorado desde que se produjo el terremoto, y ahora ya tiene
un dispensario donde acudir para conseguir asistencia médica
y algo que llevarse a la boca.
|