Angustia
y desolación en el aeropuerto
Tras 12 horas, la estación aérea volvió
a operar
SAN
PABLO (AFP).- Un humo negro seguía saliendo esta tarde
de los devastados locales de TAM Express, donde persistían
focos de fuego, mientras los bomberos continuaban sin descanso
su trabajo de retirar los cuerpos carbonizados de lo que queda
del Airbus A-320.
Todo
el barrio está aislado "como medida preventiva",
afirma Glaucia Silva, una alta funcionaria de Defensa Civil,
ya que la estructura del edificio de carga de TAM "podría
derrumbarse en cualquier momento".
Piezas
de chatarra retorcida salen de la fachada ennegrecida del edificio
en forma de "L", ante el cual se encuentran estacionados
varios camiones de bomberos. Sobre el techo parcialmente destruido
ondean patéticamente dos banderas quemadas y despedazadas
con el logotipo de la empresa.
Marcos
Dantas, de 50 años, busca información sobre su
hermano Fernando Dantas, vendedor ambulante, quien no volvió
a su casa. Llamó por teléfono ayer a la tarde
y dijo que estaba cerca del aeropuerto. Luego, nada. Le pregunto
a Defensa Civil si su nombre figura entre los heridos. El último
lugar al que iría es el IML", dice con voz dubitativa.
Del
otro lado de la avenida Washington Luis, en un salón
contiguo a la principal sala de embarque del aeropuerto de Congonhas
donde se levantó una habitación de ayuda psicológica,
comienzan a llegar los familiares de las víctimas del
accidente. En su mayor parte son parientes que viven en San
Pablo.
Una
mujer que oculta sus lágrimas detrás de anteojos
negros, sostenida por un familiar, sale sin decir nada y desaparece
entre la muchedumbre silenciosa. Detrás de ella, un joven
de 25 años, también con lágrimas en el
rostro, se excusa: "No estoy en condiciones de decir nada.
Perdóneme".
Unos
cuarenta familiares de víctimas estaban por llegar desde
Porto Alegre, lugar de partida del vuelo del Airbus, en un avión
puesto a disposición por TAM.
El
doctor Douglas Ferrarri, presidente del Consejo de Terapia Intensiva,
uno de los primeros en llegar al lugar de la catástrofe
ayer a la noche, dice haber contado 25 cuerpos carbonizados.
"Entre
los heridos hay gente que pasaba, otros que estaban cargando
gasolina al lado del edificio contra el que se estrelló
el avión. Las llamas eran muy grandes, atizadas por un
fuerte viento y los bomberos necesitaron tres horas y media
para controlarlas antes de poder acercarse al aparato",
dijo.
Una
multitud de periodistas y curiosos circulan por los alrededores
del aeropuerto de Congonhas en medio del habitual estrépito
de los aviones que volvieron a despegar y aterrizar después
de que la terminal estuviera cerrada durante 12 horas.
Las
personas que registran sus equipajes en la sala de embarque
no pueden ocultar su ansiedad. "Venimos de Alemania y estamos
en tránsito hacia Belo Horizonte. Esta mañana
supimos de la tragedia. Sabíamos que la situación
era caótica en los aeropuertos, pero no a este punto",
afirma Kleberson Amaral, de 18 años.
La
Nacion, 18 de julio de 2007