CALLARSE, QUEJARSE O GRITAR

Que duda cabe que el derecho al enfado, la rabia y el pataleo es algo innato y a veces imprescindible que no se debe reprimir cuando se ha instalado como una emoción en nuestro organismo, ya que sería negativo para nuestra salud físico-emocional, pero si no lo deseamos es mejorar algún aspecto de nuestra relación con otra persona porque creemos que nos interesa, no cabe duda que podemos aprender estrategia de comunicación que resultan más eficaces, que la simple explosión temperamental o el enconamiento de nuestros resentimientos de forma íntima, ya que estos llegan a explotarnos antes o después, con grave perjuicio para nosotros mismos y a veces dinamitan nuestras relaciones personales y profesionales.

¿Cómo autoterapiarse en estos casos?, bueno conviene conocer las mejores pautas y luego practicarlas, esto conlleva un análisis muchas veces a posteriori de las prácticas actuales, antes mencionadas (callarse, quejarse o gritar). Luego procede la determinación del proceso que nos lleva en todos esos casos autoanalizados desde una situación de cierta tranquilidad o neutralidad emocional hasta producirse algunas de las tres reacciones modelos.

Esto nos define a cada una de nosotras, ya que nunca seremos iguales pues las circunstancias propias y externas varían y en la misma medida nuestras estrategia de afrontamiento. Normalmente no actuamos de la misma forma ante nuestra pareja, que ante nuestro jefe o ante nuestro hijo. De la misma forma que no lo hacemos si estamos en una situación límite o bajo en influjo de la bioquímica corporal, quizá alterada por el síndrome premenstrual, por ejemplo.

Una vez definidas las situaciones y las circunstancias que se convierten en disparadoras de nuestras reacciones, contraproducentes, e indeseables para nuestra propia salud física y emocional. Conviene ponerlas por escrito, lo que nos permitirá repasarlo si es posible tan pronto cuando suceden nuevamente o en el peor de los casos, al final de cada jornada, haciendo verificaciones y anotaciones adicionales o aclaratorias que nos permitan una mayor comprensión de todas y cada una de las fases de estos procesos que estamos en condiciones de cambiar.

Lo que conseguirás con esta práctica es generar un cierto nivel de atención preventiva a dichas situaciones, no por que quieras evitarlas, ya que aún no sabes como debes hacerlo, sino porque estas haciendo el trabajo de anotarlas, como si fuera una colección de anécdotas en donde tu misma eras una mera espectadora, te estás distanciando para ganar perspectiva.

Esto te prepara para la siguiente fase, que es mucho más activa, pero que requiere de un cierto grado de autocontrol, que has estado desarrollando mediante los ejercicios de autoconciencia.

Ahora vienen las simples recetas que puedes aplicar en tu cambio de lenguaje, tanto verbal como fisiológico, donde la postura, el tono tienen incluso mucha más importancia que las palabras; todo lo cual estará previamente ensayadas, preferiblemente con la ayuda de una persona cómplice, que sabrá emular a tu interlocutor real en cada uno de los casos que pretendes aprender a afrontar.

A continuación esbozamos unas sugerencias sobre la mejor forma de comunicar algo que te interesa, a la otra persona, y hacerlo de una forma que produzca unos resultados positivos para tus intereses, ya que a veces lo inadecuado de la comunicación se vuelve contra ti, pues produce una reacción defensiva en tu interlocutor.

Ante todo conviene evitar toda alusión  que pueda ser tomada como un ataque personal, que es lo que normalmente hacemos sentir a las otras personas cuando les decimos cosas como: es que …, u otras como porque , que implican que nosotros emitimos un juicio sobre lo que la otra persona está pensando, o sobre sus íntimas intenciones, convirtiéndonos en adivinos que las prejuzgamos; en su lugar puede llegar a ser más productivo utilizar expresiones como: es que yo siento, o yo me siento …;

Hay que cuidarse de que tu persona interlocutora no se sienta atacada de forma integral en toda su actuación y evitar globalizar o generalizar las cuestiones que nos molestan o que no nos gustan de esa otra persona, ya que esa otra persona, a través de nuestras palabras, puede sentirse globalmente descalificada, o al menos en una faceta general de su comportamiento, o de su personalidad, tanto física como emocional.

Para evitarlo, podemos decir lo que no nos parece adecuado, enunciando primero todo lo que es positivo, tal como en este ejemplo: hay muchas, o todas estas cosas (enunciándolas) que son muy buenas y que valoro de ti, y además yo siento (y aquí mencionamos aquella que puede mejorarse o al menos considerarse).

 

Hosted by www.Geocities.ws

1