Es solo para siempre


Lee el comic pegado en la puerta.Un niño escribe en la pizarra un castigo interminable: "Yo soy directamente responsable por la agonía y muerte de Cristo". Una y otra vez, hasta completar cien, bajo la mirada severa de una monja. Más arriba, otro cartel se duele:"NO hay sexo después de los 40". Sobre un escritorio al costado del pequeño gabinete, un número de The Chronicle envejece con una famosa foto de Albert Camus, tomada en los días del "Combat". Albert mira en dirección a la cámara, mas bien hacia una de las mujeres en el ángulo inferior derecho, con un vaso de vino en la mano y un cigarro entre los labios. Lorenzo no sabe porqué esa foto lo incomoda. Por eso no toca el periodico. - Puntual, amigo - dice el tipo gordo saliendo repentinamente de su despacho. - Eso intento - responde Lorenzo, casi sin saber qué sigue. Deja caer las manos a los costados y piensa "ahora me va a hacer entrar". Pero no. El tipo gordo revisa papeles que trae en la mano. Uno por uno, morosamente, sin prestarle la mas mínima atención. Unos gruesos lentes cuelgan sobre su enorme pecho. Luego llama: - Eve! Podría mandar esto por favor? Antes de las cinco - Deja los papeles sobre un escritorio cercano y entra al despacho haciendole antes una señal a Lorenzo. El lo sigue. La secretaria cubana se acerca por detras diciendo algo entre dientes. Lorenzo piensa que se dirige a él, pero cuando la mira, ella ya ha recogido los papeles y se ha alejado otra vez. Ve instalarse al gordo tras el escritorio en el despacho helado y decide que es muy temprano para hacerse una idea de lo que realmente pasa alli. El gordo habla por telefono. Habla con movimientos histéricos a una velocidad incomprensible y se disgusta y mueve las manos sobre el escritorio de madera clara. La pantalla de la computadora a oscuras refleja las manos de morsa, cruzadas por las lineas que le presta la persiana americana a sus espaldas. Bajo sus pies, la alfombra está arrugada y sabe que sus medias estan húmedas al igual que sus manos. Quisiera que fuera viernes y estar en el departamento, esperando la hora del football. Si fuera viernes podría estar posponiendo esta agonía, esta humillación silenciosa. Aunque los fines de semana también se han vuelto letargicos y sin sabor, como una gelatina dietética. Desde que Johanna decidió regresar a Mexico y cancelar su futuro juntos, las cosas no han estado saliendo precisamente bien. En las últimas semanas, había tenido que devolver los muebles que habían alquilado juntos. Por meses no había podido sacar dinero del banco y la renta se había atrasado. Todo parecía indicar que debía conseguir trabajo antes de perecer por dos frentes, la soledad y las deudas. Pero el gordo sígue hablando, píde datos, anota, hace citas, trata de recordar cifras y, con uno de sus movimientos espasmódicos, la pantalla de su terminal vuelve a la vida. Azul marino, con íconos pequeños que el sol de la mañana empalidece. - Negocios, es así todo el día - el gordo carraspea. - Sí, entiendo - dice Lorenzo y saca de su carpeta las hojas pálidas que son su curriculum. Las extiende al gordo. - Bien, lo ha traido. Dejeme ver. El gordo toma las delicadas hojas entre sus manos sudadas y comienza a pasar un dedo grueso como el caño de una pistola sobre las pequeñas letras apiladas. -Bien, muy bien. Es cierto esto? Aqui dice que tiene experiencia en el manejo de personal, planeamiento de instalaciones...Interesante. Tres años en la Universidad de Maryland. Qué hacía allí? - Bueno...yo... - No importa, no importa.- Deja las hojas bruscamente a un costado con un gesto de suficiencia- Le explico, joven. No tengo demasiado tiempo. Lo que aqui necesitamos es alguien dispuesto a trabajar, - Lorenzo alcanza a balbucear un tímido "sí" - alguien leal con el que podamos contar sin importar la hora ni el día. Me entiende? Alguien capaz de sobrellevar las horas de trabajo con una sonrisa. Eso es lo mas importante: son-re-ir. Me entiende? - los ojos glaucos del gordo se posaron duros en Lorenzo por un segundo - Dar un buen servicio al cliente. Eso es lo primero que aprendí cuando llegué a este país. Necesitamos a los clientes. Sin ellos, no podemos sobrevivir un segundo. Me entiende? Me gustaría saber si usted tiene alguna idea al respecto. - Bien...hay nuevas cosas que se han desarrollado en el campo de la psicología motivacional que probablemente pueda sernos útil en el manejo de pequeños grupos. Creo que sería interesante... - Bueno, me lo explica después - interrumpe el gordo. Ladra pidiendo un café por el intercomunicador. Sólo uno, lo que le hace suponer a Lorenzo que la reunion está por finalizar antes de lo esperado. Sin embargo, el gordo remueve algunos papeles mas y le espeta: "cuánto?" -Cuánto? - repite Lorenzo. - Si. Cuánto espera ganar. Creo que es importante, no le parece? -Sí, sí, por supuesto. Yo había pensado en... - Le pregunto por pura fromalidad. Nosotros tenemos un esquema que ha funcionado por años. Creo que se adapta muy bien, y en su caso...bueno. Usted es nuevo, recien salido de un ambiente academico...dejeme ver - revisa una lista rápidamente sin terminar de colocarse las lentes sobre la nariz- en su caso serían algo asi como quince mil al año - teclea algo en la computadora y mira con los ojos entrecerrados por la miopía- Sí, unos quince mil anuales y seguro social. Tenemos que descontarlo, por supuesto. A proposito, tiene sus papeles en regla? Me refiero, visa y esas cosas... - Sí, esta todo en regla. - Bien. Qué le parece comenzar la semana que viene? - Esta bien. Pero, mis tareas. Cuáles serán mis tareas? - Eso se lo explicaran el lunes cuando se presente en la sucursal. Hable con Maggie, la supervisora. Ella es americana, pero muy amable. Tome esta tarjeta. El lunes a las siete. No lleve ropa que pueda lamentar despues. -Pero, disculpe. Pensé que era para trabajo de oficina, en el area de personal... - Sí, bueno...hubo cambios y todavía no esta disponible eso. De todos modos, queremos que se quede con nosotros, que se vaya adaptando, sintiendose cómodo con la empresa. Eso es lo mas importante. -Pero, déjeme explicarle - comenzó Lorenzo - yo no sé hacer hamburguesas, sólo comerlas... - No se preocupe. Maggie le explicará todo. Es muy facil. El último tampoco sabía hacer nada cuando llegó y ahora está instalando su propio negocio en Birmingham, creo. Qué le parece? Eso llega con el tiempo. - Pero, usted no entiende. Yo trato de conseguir un empleo acorde con mi experiencia... - Y yo le estoy diciendo que su experiencia será tenida en cuenta. Todo a su tiempo. Ahora, si me disculpa. Cualquier duda, consulte con Maggie. El gordo toma el telefono y comienza a marcar freneticamente. Lorenzo se queda alli sentado, tardando en comprender que la entrevista ha realmente terminado. Luego se pone de pie y recoge su portafolios. Ya en la puerta, gira sobre si mismo para enfrentar al gordo que espera comunicación con el telefono aprisionado entre su enorme cabeza y el hombro. - Cuántos años hace que llegó de Argentina? - pregunta Lorenzo, la curiosidad aguijoneandole sin piedad. - Hace unos diez años, más o menos...- Luego, vuelve a mirar hacia otro lado y su atención ya no está alli. Lorenzo sale, saluda a la secretaria, quien lo mira significativamente, y desciende hacia el calor en el asfalto de Miami. Es una tarde perfecta de sol y mujeres de piernas largas sobre patines en la Sunset Street. Algo como angustia se adivina en las cosas bajo el calor agobiante. Cuando llega al departamento, abre la heladera vacía y se queda mirándola, inerte. Toma una hoja de papel y comienza a escribir, sin preocuparse del sudor que moja su camisa: Querida Johanna: Estoy aún aqui en Miami y hoy he conseguido un nuevo empleo en el area de Alimentación. Es una empresa muy interesante que pertenece a un compatriota. Eso me ayudó a decidirme. Estoy muy feliz. Comienzo el lunes. Deseame suerte.

 

Daniel Montoya©1999

 

 

 

 

 

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