Noches
de Carlos Paz
Ahí esta Rivili, que toca las marimbas en el cuarteto Leo. El nombre
de "cuarteto" siempre ha provocado confusion. Pero no hay otro
nombre para esa música que involucra el uso de diez o mas músicos
en escena para interpretar un ritmo monotono y despiadado durante toda
la noche. Pero eso no es tan importante. Rivili no encuadra tampoco dentro
de la categoría de "músico". Más bien parece
lo que es: uno de los innumeros habitantes de la noche. Pero, en el día,
sólo anota direcciones en las sacas del correo. Varias veces por
día repite el proceso de llenar las etiquetas con destinos dentro
y fuera de la provincia. Varias veces por día escribe nombres como
La Puerta, Pascana o Alto Verde. Nombres que para el resto son sólo
eso: nombres. No para él, que duerme en hoteles desde hace años,
todos los fines de semana. Cuenta las veces que lo ha hecho. En el colectivo
de regreso, en los camerinos improvisados con cortinas, en los baños
de clubes en pueblos perdidos. Hemos escuchado esas historias miles de
veces. Es siempre lo mismo y ya nos aburre. Se lo hemos hecho saber. Pero
él es el único que habla por sobre la apatia en que nos
sume la lenta tarde calurosa. Y hay tanto trabajo. Ella se ofreció
sola -dice Rivili- Yo le pagué unas copas y ella me dijo que la
acompañara a Carlos Paz. Eran las dos de la mañana. Parece
que esa es la mejor hora para llegar. Me decía que siempre está
en uno de esos bares de la San Martin. En las noches de verano es imposible
entrar. El bar siempre esta lleno. Al principio yo no quería, me
sentía incómodo con tanta gente dando vueltas. Pero despues
me senté en la barra, al lado de ella. Pasaron un par de horas.
Ella saludaba a todo el mundo. Todos la conocen alli. De repente viene
uno y se para al lado. Lo miro y el tipo me encara. "Cuanto?",
me dice. Yo lo miro fijo, sin entender muy bien, pero esperando cualquier
cosa. Pensé "a este lo calzo". Pero el tipo me aclara
"Cuánto por tu mujer?". Yo no entendía nada. La
miré a ella y despues miré el vaso que tenía sin
acabar. Ella pasó al lado mio, me dio un beso y me dejó
un billete en la mano. "Esperame aqui mismo", me dijo al oido
y se fue con el tipo. Y qué hiciste? - pregunta Toledo, más
interesado, al parecer, en los hilos enredados en la saca que trata de
atar. Pedi otra copa. Qué iba a hacer? -sigue Rivili- Ella volvió
a la media hora. Le digo, "escuchame. Me dijiste que te pagara una
copa y te la pagué; me dijiste que te acompañara hasta acá
a esta hora y te acompañé. Los dejé a los muchachos
clavados en el club y me vine con vos. Pero aclarame qué es esto.
Viene un punto y me pregunta "cuánto" y yo casi me le
voy encima. Despues te vas media hora. Decime qué papel juego yo
acá". Pero, en vez de contestar, se puso a hurgar dentro de
la cartera, sacó una botellita de perfume y se puso en el cuello.
Vos quedate tranquilo, me dijo. Esperá y mirá. Lo único
que te pido es que te quedes aqui un rato conmigo y despues vamos a mi
departamento que está aqui cerca. La cuestion - dice Rivili - es
que nos quedamos hasta las cinco y media. Ella se fue y volvió
un par de veces mas con diferentes tipos. Cada vez que volvía sacaba
el perfume de la cartera y se ponía. Miraba alrededor y me señalaba:
aquel tiene dos chicas, una en el bar de la esquina y la otra esta mas
allá. La ves? El canoso aquel, con el traje azul, es dueño
de una pintureria en Córdoba y seguro que vino a sacarlo al hijo
del casino. He ido con él un par de veces. Pero no da propina.
Ese melenudo de barba, dá clases en la Facultad, o algo asi. No
sé qué hace acá. Será para que no lo reconozcan
las alumnas cuando sale a buscar putas. Ese de allá, el flaco de
remera gris, antes estaba en el negocio de la blanca, pero despues que
lo dejó la mujer, en vez de venderla, la consume él. Miralo
como está de acabado. Estuvimos hasta las seis en el bar y, ya
la gente comenzaba a ralear. Nos estabamos por ir y cuando saliamos del
bar, un flaco de barba y con anteojos oscuros la para a ella. "Qué
hacés acá?" le dijo ella, con el mayor asco posible.
Me dije, "bueno, parece que al final va a haber bronca, hermano"
y me planté detras de ella. El tipo se sacó los lentes y
la miró. Vine a buscarte, le dijo. Yo me adelanté y me puse
en el medio. Disculpanos, flaco, pero estamos saliendo, le dije. El tipo
ni siquiera me miró. Ella hizo ademan de salir, pero el flaco la
agarró de un brazo. Espera, flaco, qué te pasa, le alcancé
a decir. Ella me frenó para evitar un quilombo en el bar. Me dice,
"tomá las llaves del departamento. Anda y esperame me dijo".
Y qué hiciste? - pregunta Toledo, esta vez más interesado
en corregir todos los codigos postales de la provincia. Me fui al departamento.
Qué iba a hacer? -sigue Rivili- Me fui al departamento y me acoste,
vestido, sobre la cama de dos plazas. Ya estaba amaneciendo. Me desperté
al mediodia, y ni noticia de la mina. Agarré las cosas y me volví
a casa. Y eso es todo? - Preguntó Alderete. Y sí. Mirá
si me iba a quedar a esperarla - contesta Rivili con ese aire de suficiencia
con el que siempre responde esas preguntas. Luego, coloca el sello fechador
sobre la mesa y por la proxima media hora, se sabe, sólo va a estampar
sellos. Es enero y hace calor. La tarde se hace eterna bajo el enorme
tinglado del correo.
Daniel Montoya©1999
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