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El nacimiento del PintorPara refutar a aquellos que detestan los días nublados, hoy
salté temprano de mi catre y caminé hasta la puerta descalzo.
Afuera aún no amanecía, pero las nubes no dejarían
ver el sol, por lo menos, durante toda la mañana. Entonces apresté
mis telas, mis pinceles, algunas acuarelas y me fui, recién vestido,
las manos y la cara húmeda y en ayunas, a instalar cerca del pino.
Algunos pájaros, colores difusos. Comencé a trazar rayas
que serían el horizonte. El reloj dio las siete y los lienzos que
cubrían el cielo comenzaron a descorrerse, llevados por alas veloces.
Este aire hecho de calma y de preludios, de perfumes que se escapan, alivia
todos los males: los de la carne y los de la memoria.. Eso pienso mientras
pinto soles nublados y calles, techos oxidados y a nadie en el paisaje.
Pinto y pienso en las corrientes lejanas y temblorosas que guían
nuestro destino (aunque no creo en su existencia). Pienso en vos, tan
indolente y abstracta, fuera de la experiencia sensible. Me pienso con
la boca llena de arena, tratando de recitar versos inconclusos. Me pienso
prisionero sin fuerzas, con la celda abierta. Pinto y pienso y no hay
palabras. Sólo una línea, mas otra línea, mas tres
colores y no le puedo llamar cielo. a eso. El cielo es algo vivo, para
contemplar sin llanto, con los ojos limpios. Pero aquí, yo como
un loco, sobredosificado de sueños, en el claro insolente de este
suburbio que se muere.... ¿Cómo no clavar los pinceles en
el suelo, sangrantes de impotencia, húmedos, pero no de lluvia?
¿Cómo no maldecir los días nublados?.
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