El examen de música



Se ven sólo cabezas, sentadas en fila. Una multitud. Todos usan walkman. Adivinamos el fragor en sus oídos. El que está a mi lado, me codea. Dice: la música de las esferas, hermano. Pero su jeringa pierde líquido, es por eso que no le creo. Pregunto al de adelante.. Son simples coros de ángeles, me responde sin inmutarse. Más tranquilo, interpreto que pronto terminará. Alguien hará que la música acabe, o que una nueva comience. Surgen desde el fondo, gritos inconexos. Aturden. Me pregunto si me volveré para mirar. Pero la música también sube y la atmósfera se vuelve densa, oscura, asfixiante. Los gritos se palpan. Las cabezas se sacuden e imaginamos, desde aquí, su dolor. El dolor del volumen atronador de un sonido irredento. Hasta que las cabezas estallan en fuegos artificiales que se dispersan. Yo también grito ¡basta ! ¡deténgalo !. Pero una mano está en mi hombro. Es el profesor. Dice, "ahora es tu turno" y entramos.


Daniel Montoya©1999

 

 

 

 

 

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