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He aquí una muestra de los jugadores clásico más importantes, ya sea
por su forma de ser o por su juego, que a mi parecer han pasado por un
mundial. Sin duda jugadores que han pasado a la historia y que han
dejado y dejarán huella en las nuevas y no tan nuevas generaciones,
jugadores únicos e irrepeltibles... |
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Diego
Armando Maradona

Nació un 30 de octubre de 1960 en
Lanús, provincia de Buenos Aires. Se crió entre potreros y pobreza en
Villa Fiorito, donde descubrió su amor por la pelota. Esas eran épocas
de sueños donde Diego anhelaba jugar en la Selección Argentina y ser
campeón del mundo.
Considerado como el mejor jugador de los últimos
tiempos, destacó por su habilidad con el balón y su depurada técnica.De
familia humilde, Diego Armando Maradona empezó a jugar al fútbol con sus
amigos de Villa Fiorito, un barrio suburbano de chabolas situado en la
afueras de Buenos Aires. Apodado El Pelusa y Pibe de Oro, siendo muy
pequeño consiguió un puesto de titular en el equipo infantil de Estrella
Roja, de Fiorito. El entrenador Francisco Cornejo le vio jugar en este
equipo y le propuso ir al Argentinos Juniors. A los 12 años ya era
campeón con la novena división del Argentinos Juniors. En dos años
ascendió ocho divisiones, de novena a primera.
El 27 de febrero de 1977 debutó con la selección
absoluta argentina, en un partido contra Hungría en el que jugó sólo
unos minutos. Dos años después ganó el Mundial Juvenil con la selección
argentina y fue proclamado el mejor jugador argentino. Con su equipo, el
Argentinos Juniors, consiguió llegar a las semifinales del Campeonato de
Liga y consiguió el galardón de máximo goleador. Del Argentinos Juniors
pasó a jugar al Boca Juniors, aunque el River Plate también intentó
contratarlo. En el Boca jugó dos temporadas y consiguió el título de
liga con este equipo.En 1982 Diego Armando Maradona firmó un contrato
con el Barcelona por 1.200 millones de pesetas. Debutó oficialmente en
el club blaugrana el 5 de septiembre de 1982 en un partido contra el
Valencia. Jugó 39 partidos y fue el máximo goleador del equipo con 27
tantos.En 1984 firmó un contrato con el Nápoles por 1.300 millones de
pesetas y en el que se comprometía a permanecer hasta 1989. Si bien en
las dos primeras temporadas no logró el título de Liga, Maradona sí lo
consiguió en la temporada 1986-87, en la cual el Nápoles también
conquistó la Copa de Italia. Poco antes, en 1986, Maradona había
obtenido el título mundial con la selección Argentina en el Campeonato
del Mundo celebrado en México, donde demostró ser el mejor jugador desde
Pelé o Cruyff.
El Nápoles y Maradona se tomaron la revancha
deportiva en la campaña siguiente, 1988-89; en ella los napolitanos
obtuvieron la primera competición europea de su historia, la Copa de la
UEFA. En la temporada 1989-90 el club napolitano obtuvo su segundo
título de Liga. Ese año se casó con con Claudia Villafañe, de la que
tendría dos hijas, Dalma y Giannina. La temporada siguiente se inició de
forma esperanzadora para el futbolista argentino, pues consiguió su club
la Supercopa de Italia. Pero sólo fue un espejismo, ya que pronto
comenzaron a llegar los resultados negativos para el Nápoles, que
resultó eliminado de la Copa de Europa en los octavos de final por el
Spartak de Moscú.
En febrero de 1991 Diego Armando Maradona fue acusado
de estar relacionado con el tráfico de drogas y la prostitución; el 2 de
abril de 1991, el Comité de Disciplina de la Federación Italiana de
Fútbol le impuso una sanción cautelar para jugar por haberse confirmado
en el contraanálisis su positivo por cocaína tras el partido
Nápoles-Bari, fue suspendido por este comité; y el Comité de Apelaciones
ratificó la sanción. Poco después fue detenido en Buenos Aires en una
redada policial antidroga.
El 28 de abril de 1992 quedó en libertad y tuvo que
afrontar la acusación por suministro de droga a título gratuito y
tenencia de droga.Tras varios meses de contactos y negociaciones, el
presidente del Nápoles firmó el traspaso de Maradona al Sevilla por 7,5
millones de dólares; el 28 de Septiembre de 1992, después de un año y
medio apartado de los terrenos de juego por sanción, debutó como jugador
del Sevilla en un partido amistoso contra el Bayern de Munich alemán. En
octubre debutó en competición oficial con el Sevilla en la Liga
española, ocho años después de jugar en ella por primera vez.En febrero
de 1993 Diego Armando Maradona volvió a vestir la camiseta de su
selección nacional, tras dos años y medio, en el partido
Argentina-Brasil disputado en Buenos Aires. Cuatro meses después fue
despedido del Sevilla F.C. antes de que terminara su contrato.
El 7 de noviembre de ese mismo año debutó como
jugador del club Newell´s Old Boys, argentino, tras once años de
ausencia en equipos de su país. Un año después la FIFA decidió
suspenderle cautelarmente de toda competición al dar positivo en un
control antidopaje realizado en la Copa del Mundo de Estados Unidos y,
poco después, la FIFA le impuso una multa de 15.500 dólares y una
suspensión de 15 meses.
Posteriormente pasó a ser entrenador, primero con el
Deportivo Mandiyú, que estaba situado en penúltima posición del torneo
de Apertura de la Primera División argentina y en el que no permaneció
mucho tiempo. Su segundo equipo como entrenador fue, a partir del mes de
diciembre del 94, el Racing Club de Avellaneda.Maradona firmó con el
Boca Juniors para regresar como jugador, al cumplir su sanción, el 30 de
septiembre de 1995. Su club ratificó el compromiso inicial y programó la
alineación de Diego para jugar en Seúl frente a la selección de Corea
del Sur, partido en el cual hizo su debut con el equipo bonaerense. Ese
mismo año recibió el Balón de Oro al mejor jugador de todos los tiempos.
El 30 de octubre de 1997 anunció su retirada después
de dar positivo en un control antidopaje. Perseguido por los problemas
con las drogas y los incidentes con la prensa, en 1999 sufrió una crisis
cardiaca por sobredosis de cocaína y se retiró a Cuba para seguir un
tratamiento de desintoxicación.Durante el año 2003 y 2004 Maradona ha
residido en Cuba, donde ha recibido tratamiento para desintoxicarse de
su adicción a las drogas.
Una crisis aguda le llevó a Argentina en abril y mayo
de 2004, donde fue tratado en una clínica psiquiátrica de las afueras de
Buenos Aires. Tras recuperarse en parte, regresó a Cuba para continuar
con el tratamiento, a pesar de que su familia se opuso, y después de que
un juez aceptara su traslado (fue ingresado en argentina contra su
voluntad, por expreso deseo de sus familiares).
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Pelé. Edson Arantes Do Nascimento

Nacido en Tres Coraçoes, Minas Gerais (Brasil) 23-10-1940
Tras empezar a jugar a los siete años en el Siete de Septiembre, tres
años más tarde comenzó a hacerlo en el Radium. Su etapa juvenil se
completa con su paso por el Canto do Rio, el Amerinquinha y en el Baurú
Atlético. En 1956 ficha por el Santos, logrando en el campeonato
siguiente conseguir 36 goles. En 1958 consigue ser el máximo realizador
del torneo, logrando 58 tantos, por lo que es llamado por el
seleccionador brasileño para participar en el Campeonato Mundial de
Suecia. Tiene tan solo 17 años y ya consigue su primer título mundial y
de su selección, al vencer al país anfitrión por 5 goles a 2, con dos
tantos del propio Pelé.
En 1959 consigue nada menos que 126 goles en 103
partidos, aunando no sólo eficacia sino belleza en cuanto a la
ejecución. El mejor representante de la escuela brasileña, Pelé mostraba
un excelente manejo del balón, apostando por el fútbol en su variante
más espectacular.
En 1962 nuevamente acudió a un Mundial, el de Chile,
en el que su selección, de la que él es el mejor estandarte, sale de
nuevo como campeona. En la final, la selección carioca consiguió vencer
a la de Checoslovaquia por 3 goles a 1, si bien Pelé no pudo estar
presente al sufrir una lesión. Los años siguientes se convierten en un
reguero de triunfos en el campeonato nacional, logrados con goles y
juego espectacular.
En 1966 disputa el Mundial de Inglaterra, en el que
el país anfitrión resulta vencedor. Este mismo año se casa con Rose Mary
Cholby, naciendo al año siguiente su hija Cristina. En 1969 consigue
marcar el tanto número 1.000. Un año después, en el Mundial de México,
se proclama nuevamente campeón con el seleccionado brasileño,
consiguiendo Pelé marcar el primer gol de la final. Brasil venció a
Italia por 4 a 1. Después de 109 partidos y 93 goles, se retira de la
selección brasileña el 18 de julio de 1971, en un partido jugado contra
Yugoslavia en el mítico estadio de Maracaná.
odavía jugará con el Santos hasta 1974, año de su
fichaje por el Cosmos de Nueva York. Al retirarse del fútbol brasileño,
consigue hacerlo nada menos que con 1.114 partido jugados y 1.090 goles.
Sus cifras no dejan de ser mareantes, pues, también con el Santos,
disputó 359 de 367 partidos internacionales, logrando anotar 367 tantos.
En el retiro dorado del Cosmos juega de 1975 a 1977, logrando la liga de
Estados Unidos este último año. Definitivamente se retira del fútbol el
1 de octubre de 1977, día en que se juega el partido Cosmos-Santos. Pelé
disputará un tiempo con cada equipo. En la cumbre de su fama, 700
millones de personas ven por televisión el espectáculo.
Como futbolista, Pelé ha conseguido los máximos
galardones, estableciendo records muy difíciles de batir. En doce
ocasiones ganó el Campeonato Paulista, siendo además durante nueve años
seguidos el máximo goleador del torneo; cinco veces se proclamó campeón
de la Copa de Brasil. Es el máximo goleador en un solo encuentro, en el
que marcó 8 tantos. También ha sido el futbolista que más puntos ha
conseguido con su selección, 108. Tras dejar el fútbol se dedicó a los
negocios, actividad en la que también consiguió el éxito.
Su actividad es casi frenética. Hace de comentarista
deportivo, columnista de periódico, actor ("Evasión o victoria"), asesor
de la federación Brasileña de Fútbol y un largo etcétera. Su popularidad
ha llamado la atención de los políticos, realizándole ofertas para
apoyar sus candidaturas e incluso pretendiendo que se postulase como
presidente de Brasil, lo que principio rechazará.
Sin embargo, en 1994 acepta su nombramiento como
Secretario Especial de Deportes en el gobierno de Cardoso, presentando,
tres años más tarde, la "Ley Pelé", según la cual pretende eliminar la
relación demasiado estrecha entre política y fútbol existente en Brasil
y organizar un Campeonato del Mundo y unas Olimpiadas. Enfrentado al
presidente de la FIFA, el también brasileño Joao Havelange, por
denunciar la corrupción en el seno de Confederación Brasileña de Futbol,
la selección de Brasil está a punto de no asistir a los Mundiales de
Francia. Ha sido también "Embajador Honorífico Turístico de Brasil",
cargo que le hizo viajar por numerosos países y entrevistarse con otras
personalidades.
En 1991, la ONU le nombró Embajador sobre el Medio
Ambiente y el desarrollo (UNCED), y en 1994 designado embajador de la
UNESCO. El Presidente de Brasil, Collor de Mello, otorgó a Pele la Orden
del Mérito Nacional. Personalidad de primer orden de la vida pública
brasileña, cualquier acontecimiento en torno a su figura ocupa ríos de
tinta en los periódicos de su país, como sus matrimonios y amoríos
-después de divorciarse de Rosa Mary Colby, se relacionó con la
presentadora Xuxa; más tarde con Miss Brasil 1989, Flavia Cavalcanti y,
desde 1994, con la médico Assiria Seixas Lemos-. |
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Ruud Gullit
Ruud
Gullit nació el 1 de septiembre de 1962 en Amsterdam, Holanda.
Para un niño holandés tener una prueba con el Ajax es un sueño.
Ser rechazado por la mejor escuela de fútbol de Europa, como le
sucedió a Gullit, se puede convertir en una pesadilla.
Ruud Gullit lo siguió
intentando y el Haarlem le aceptó. Los ojeadores supieron
descubrir en aquel joven líbero el potencial de uno de los
mejores jugadores que ha dado Holanda en todos los tiempos.
La primera medida que tomaron
fue la de cambiarle de posición. Gullit jugaba en aquel entonces
de líbero, posición que no aprovechaba una de sus mejores
cualidades, la velocidad (11 segundos en los 100 metros). Ruud
abandonaría esa posición y no volvería a desempeñarla hasta el
final de su carrera, cuando ocupó el papel de entrenador y
jugador del Chelsea.
A pesar del excedente de
estrellas, el fútbol holandés sabe reconocer el talento
emergente y tres años después de debutar en el Haarlem Gullit
era convocado por la selección nacional holandesa.
Del Haarlem pasó al Feyenoord
en 1982 y de ahí al PSV en 1985 antes de abandonar
definitivamente el fútbol holandés. Al marchar en dirección al
calcio italiano en
1987, Gullit dejaba detrás de él tres Ligas Holandesas (con el
Feyenoord en 1984 y con el PSV en 1986 y 1987) y una Copa (con
el Feyenoord en 1984). La llamada del AC Milan, respaldada por
cinco millones de dólares era demasiado potente como para
ignorarla.
El proyecto de Berlusconi y
Sacchi se basaba en el talento holandés. Van Basten, Rijkaard y
Gullit fueron el triangulo básico de aquel Milan que asombró a
Europa y que destrozó a todos los rivales que se pusieron en su
camino.
Si Van Basten fue el puñal de
aquel Milan histórico, Gullit fue el espíritu, la base del
equipo y el eje que lo hacía funcionar. Hábil, inteligente,
dotado de gran clase y con llegada al gol, Gullit fue elegido
mejor jugador europeo del año en 1988, año en el que ganó la
Eurocopa con Holanda y la Liga Italiana con el Milan (ganaría
otras dos Ligas en 1992 y 1993 y dos Copas de Europa y dos Copas
Intercontinentales en 1989 y 1990).
Los rivales de Holanda
respiraron aliviados cuando Gullit anunció que no iría al
Mundial de Estados Unidos de 1994. En una decisión difícil de
comprender, Ruud Gullit privó a Holanda de su mejor jugador, él
mismo, alterando el curso de aquel Mundial en el que Holanda,
una vez más no triunfó.
Tras un breve y fugaz paso
por la Sampdoria, donde ganó la Copa de Italia en 1994, el
Tulipán negro regresó
al Milan. Poco más tarde escuchó otra llamada, esta vez la del
Chelsea. Allí volvió a jugar de líbero, retomando el puesto de
su juventud e inició una nueva carrera, la de técnico que
alternó con la de jugador una temporada. En Inglaterra dejó otro
título, el de la Copa Inglesa en 1997, al igual que en Holanda y
Italia con anterioridad. En toda su carrera, marcaría 235 goles
en 629 partidos oficiales.
Su carrera como futbolista ha
terminado pero la de entrenador no ha hecho más que empezar.
Ya ha entrenado el Newcastle
inglés, el Feyenoord holandés y las selecciones de base de
Holanda.
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Johan Cruyff
Hendrik
Johannes Cruijff nació en Amsterdam, Holanda, el 25 de abril de
1947. Es considerado por los aficionados al balompié y por la
FIFA como uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol del
siglo XX, junto a Pelé, Diego Armando Maradona y Alfredo Di
Stéfano, y el mejor jugador nacido en Europa de todos los
tiempos.
La infancia de Johan Cruyff
estuvo ligada a un balón de fútbol y al Ajax de Amsterdam, pues
con sólo diez años fue escogido entre otros 300 niños para
formar parte de las categorías inferiores del club, creciendo en
la universidad del fútbol de ataque.
A la edad de doce años perdió
a su padre, por lo que se vio obligado a ayudar a su hermano con
la economía familiar. Un par de años después, encontraría una
nueva figura paterna en el cuidador del campo del Ajax al que
ayudaba en su trabajo.
Dentro de la estructura del
Ajax pasó rápidamente por todas las categorías inferiores
(incluidos trabajos como el de limpiabotas y cuidador del
vestuario), hasta que consiguió llegar a la primera plantilla, y
debutar en la Liga Holandesa a la edad de 16 años.
El partido del debut se
celebró el 15 de noviembre de 1964, enfrentándose al GVAV
Groningen. Se producía así el inicio de la carrera del
considerado mejor jugador europeo de la historia, que
contribuiría en hacer al Ajax el claro dominador del fútbol del
viejo continente, consiguiendo 6 Ligas y 4 Copas Holandesas, 3
Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental y 1 Supercopa de
Europa.
Cuando el Ajax destrozó al
Liverpool por 5-1 fue evidente que aquel delgado adolescente de
pelo largo no era un jugador corriente y cuando levantó su
tercera Copa de Europa consecutiva en 1973 todo el mundo sabía
ya que era uno de los mejores jugadores de la historia. Su
figura se convirtió en un referente del mundo del fútbol,
consiguiendo en tres ocasiones el Balón de Oro, otorgado por la
revista francesa
France
Football, en los años
1971, 1973 y 1974 (estos dos últimos vistiendo ya la camiseta
del F. C. Barcelona).
Si Maradona y Pelé son
recordados por lucir el número 10 en sus camisetas, Cruyff lo es
por el dorsal número 14, algo en principio extraño, pues en los
años 1970, cuando no existían las camisetas personalizadas, los
números superiores al 11 estaba reservados a los suplentes.
La ruptura con el Ajax llegó
en la temporada 1973-74, cuando el club de la capital holandesa
negoció el traspaso de Cruyff al Real Madrid. Al saberlo el
jugador, hizo muestra de una rebeldía que también le caracterizó
durante toda su carrera, y decidió no fichar por el Real Madrid,
sino por su máximo rival, el F. C. Barcelona, club por el que
tenía mayor estima en su juventud. El traspaso de Cruyff al
Barcelona se convirtió en el más caro en la historia del fútbol
hasta ese momento (60 millones de pesetas) y firmó un contrato
de 12.000 dólares mensuales.
Cruyff fue recibido en
Barcelona como un auténtico ídolo, y es que la afición blaugrana
veía en él la única esperanza de que su equipo saliese a flote,
pues hacía catorce años que no ganaba la Liga. Y Johan no
defraudó a nadie. El equipo dio un giro desde entonces,
consiguiendo no perder ni un sÓlo encuentro desde la llegada del
apodado
el Flaco, y logrando
ganar por fin el Campeonato Español. Además, el equipo consiguió
un hito que todavía no ha conseguido igualar, y es que venció
por 0-5 en su visita al Santiago Bernabéu del Real Madrid, el 17
de febrero de 1974, con un gol antológico del holandés. Acabó
esa primera temporada con 24 goles en su haber.
En el verano de 1974 disputó
como capitán de la selección holandesa el Mundial de Alemania.
El conjunto holandés desplegó un juego que pasaría a la
posteridad como
fútbol
total, y que giraba en
torno a la figura de Johan Cruyff. Esta selección de los Países
Bajos sería recordada como la
Naranja
Mecánica, siendo
considerada uno de los equipos más grandes de la historia del
fútbol. La final la disputó contra Alemania Federal, tras
machacar a Brasil y a Argentina en rondas anteriores. Los
anfitriones, encabezados por Franz Beckenbauer, se impusieron 2
a 1. Pero Cruyff fue designado como el mejor jugador del
Mundial.
En 1978 decidió no participar
del Mundial de Argentina debido a la violación masiva de
derechos humanos que realizaba la dictadura imperante.
Su estancia en el F. C.
Barcelona duraría tres temporadas más, en las que sólo
conseguiría ganar una Copa del Rey, aunque continuó marcando
diferencias como estrella futbolística. Problemas con la
directiva le llevaron a tomar la decisión de abandonar el club.
Sin embargo, su estancia en Barcelona dejó una gran huella en su
persona, pues se integró muy rápidamente en la cultura catalana.
Tras un breve período de
inactividad, en el que se le hizo un partido homenaje por parte
del Ajax, decidió enrolarse en la Liga Estadounidense, fichando
en 1979 por Los Angeles Aztecs. La temporada siguiente la
jugaría con los Washington Diplomats, y el año de 1981 lo
empezaría la segunda división española, jugando varios meses con
el Levante, para posteriormente finalizarlo en Washington de
nuevo.
La carrera de Cruyff parecía
estar llegando a su fin, pero sorprendentemente fichó de nuevo
por el Ajax con la edad de 34 años. Durante sus dos temporadas
en el club de su infancia consiguió ganar las dos veces la Liga
Holandea, además de una Copa. En su última temporada en el Ajax,
la 1982-83 , Cruyff, creó el penal indirecto. En lugar de tirar
a puerta sirvió una asistencia para su compañero Jesper Olsen,
quien le devolvió el pase para que Cruyff pudiera marcar. Esa
última temporada resultó especialmente complicada para el
jugador, ya que se produjo la muerte del que había sido para él
su segundo padre. Cruyff cayó en un bajo estado de ánimo, y el
presidente del Ajax llegó a declarar que al jugador ya le
faltaban capacidades para seguir jugando en la primera división
holandesa.
Y es así como salió a relucir
de nuevo el espíritu rebelde de Cruyff, que decidió fichar por
el máximo rival, el Feyenoord de Rotterdam, contando ya con 37
años. En la que fue su última temporada consiguió hacer doblete,
ganando la Liga y la Copa, además de ser designado como mejor
jugador del campeonato liguero. Su carrera como jugador no pudo
terminar de manera más triunfal.
Cruyff jugaba en el centro
del campo, pero al igual que Pelé, Di Stéfano o Beckenbauer,
Cruyff rediseñó su posición y trajo al fútbol algo nunca visto
hasta entonces, el fútbol total. Para Cruyff el fútbol era
ataque y en este residía la belleza del juego.
Además de dirigir a sus
compañeros con una inteligencia poco común, individualmente
Cruiff era un jugador superdotado. Es difícil describir las
cosas que hacía con el balón, pero basta un ejemplo.
Tras sufrir un infarto de
miocardio que estuvo a punto de costarle la vida, Cruyff hizo un
comercial en España contra el tabaco. Filmado en una sola toma
Johan sacó una cajetilla de tabaco y por veinte segundos la tocó
con el pie, la rodilla, la cabeza, el pecho, se la preparó y en
una media volea la sacó de la imagen. Eso era lo que hacía con
una cajetilla de tabaco. Imaginénse con un balón.
No pasó mucho tiempo desde su
retiro como jugador profesional hasta su vuelta a los terrenos
de juego. Como entrenador del Ajax conquistó una Recopa de
Europa y dos Copas Holandesas. De nuevo fue llamado por el F. C.
Barcelona y lo que no conquistó como jugador blaugrana lo hizo
como entrenador ensamblando el que se llamó
Dream
Team. Cuatro Ligas
consecutivas, una Copa del Rey, una Recopa de Europa y
finalmente la Copa de Europa en 1992.
Hoy no entrena ningún equipo,
pero sus dos equipos del corazón (Ajax y F. C. Barcelona), aún
están impregnados de su filosofía de juego de ataque.
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Michel Platini
Era
sólo un partido amistoso, pero con los italianos en fútbol nunca
hay amistad. Francia perdía por 1-0 cuando el árbitro decretó
una falta. Michel Platini la lanzó y marcó. El árbitro no
concedió el tanto. Platini recogió el balón, lo colocó en el
mismo lugar, se preparó para lanzar y colocó el balón en el
fondo de la red por el mismo sitio donde lo había colocado
segundos antes.
Platini empezó su carrera en las ligas regionales del fútbol
francés y fue escalando a través de la maraña de categorías y
equipos hasta llegar a la selección francesa. En su partido de
debut ante Checoslovaquia se produjo una falta en el área checa.
Platini se acercó al capitán de su selección, Henri Michel, y le
dijo, "si me la dejas, la coloco en el fondo". Henri le cedió el
balón y en un lanzamiento con una parábola perfecta Platini
cumplió su palabra.
El lanzamiento de faltas, en las que era un maestro, era sólo
una de las facetas del juego de Michel Platini. Dotado de una
técnica exquisita Platini podía lanzar un pase de cuarenta
metros al pie de un compañero desmarcado después de haber
regateado a tres rivales. Su dominio del balón era total. Su
inteligencia como director, también.
Platini nació el 21 de junio de 1955 en Joeuf (Francia), una
localidad cercana a Nancy. Fue el segundo hijo de padres
italianos apasionados por el fútbol, de la región de Piamonte,
que tenían un restaurante italiano.
Se puede decir que el fútbol francés se divide en dos eras,
antes y después de Platini, Le
Roi. Con su llegada al equipo nacional, Francia volvió al
concierto internacional y tras realizar un brillante papel en el
Mundial de Argentina del 78, fue en el Mundial de España del 82
en el que el mundo pudo asistir a la demostración del talento de
Platini en estado puro.
Tras convertir en campeones al Nancy y al Saint-Etienne, Michel
Platini fue a la Juventus. Allí
il Francese dejó lo
mejor de su fútbol. En su primer año conquistó la Copa de Italia
y fue elegido Balón de Oro. En su segundo año Platini ganó su
segundo Balón de Oro, fue
cappocannonieri del Campeonato Italiano, conquistó el
título de Liga Italiana y la Recopa de Europa.
Ese mismo año, 1984, Platini hizo a su país campeón de Europa
gracias a sus goles a balón parado, a su dirección del juego y a
su talento. Al siguiente año, en 1985, otro Balón de Oro, otra
vez máximo goleador del calcio
italiano, otra vez campeón de Liga y, por primera vez,
campeón de la Copa de Europa. Era el dueño del fútbol europeo.
Por última vez Platini acudió a un Mundial, esta vez en México
en 1986. Il Francese
tenía treinta años y una vez más Francia brilló gracias a él. En
un partido inolvidable ante Brasil, Francia eliminaba a los
canarinhos en los
penaltis gracias a un lanzamiento de Platini. Al año siguiente,
con todavía mucho fútbol para dar Platini se retiró. Pero no se
alejó del balompié ni mucho menos porque quedó enquistado en la
elite de la FIFA.
Fue gracias a su empeño y determinación que Francia fue sede del
Mundial de 1998, cita en el que por primera vez una selección
gala obtuvo el título mundial. Y Platini estuvo ahí, no como
jugador sino como el ilustre organizador del evento.
Para quienes vieron el triunfo francés ante Brasil y el momento
cumbre en que Zinedine Zidane levantó el cetro más bello del
fútbol, no podrán olvidar los ojos humedecidos por la emoción de
Monsieur Platini,
porque después de todo él también era dueño de ese triunfo,
aunque no estuvo con el pantalón corto pidiendo el balón para
dirigir la orquesta.
Desde 2007 preside la UEFA, el organismo internacional del
fútbol europeo, y como ayer en una cancha, actúa con la misma
frialdad y temple que lo caracterizaron en sus años de
futbolista. Para Michel Platini, el balompié es un juego antes
que un producto, un espectáculo antes que un negocio y un
deporte antes que un mercado. Hace bien.
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Alfredo Di Stéfano
La
Saeta Rubia, tal como
se le apodó, es considerado como uno de los mejores jugadores de
fútbol de la historia, junto a Maradona, Pelé y Cruyff. Durante
su carrera, jugó más de 1.100 partidos, anotó 818 goles y ganó 5
Copas de Europa con el Real Madrid.
Nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires. A los 15 años fue
inscrito en el club River Plate de Argentina y un año más tarde
debutó en el primer equipo como puntero derecho pero en esa
década del 40 no tuvo cabida en la institución millonaria y
debió jugar a préstamo en el club Huracán donde jugó 24 partidos
y marcó 11 goles.
En 1947 regresó a River Plate para integrar un trío de ataque
histórico: José Manuel Moreno, Alfredo Di Stéfano y Ángel
Labruna, coronándose campeón argentino de la temporada 1946-47
además de ser el goleador del certamen con 27 goles en 30
partidos. Ese mismo año ganaría también con Argentina el
Campeonato Sudamericano. Tenía apenas 21 años de edad y ya era
para muchos argentinos, el mejor delantero del momento.
En 1949 y debido a la huelga de jugadores que se declaró en
Argentina, emigró a Colombia para jugar en la División Mayor del
Fútbol Colombiano, entonces una liga pirata de fútbol. En el
club Millonarios jugó cuatro años, participando en 292 partidos
y anotando 267 goles, convirtiéndose en el segundo goleador de
la historia de Millonarios, que se clasificó campeón en los
cuatro años que jugó Di Stéfano: 1949, 1951, 1952 y 1953.
Asimismo representó a la selección cafetera en cuatro
oportunidades. En 1953, con 27 años de edad, fue considerado el
mejor jugador de América del Sur. Y en mismo 1953, su vida, y
quizás la del Real Madrid y el fútbol en general, cambiaron para
siempre.
Luego de una gira europea de Millonarios y por 70 mil dólares,
el goleador pasó a las filas del Real Madrid, en donde se le
apodó La Saeta Rubia,
después de una batalla en los despachos entre el F. C. Barcelona
y el Real Madrid.
Con el Real Madrid fue campeón de Liga en ocho oportunidades,
campeón de la Copa del Generalísimo en una oportunidad, y
campeón de la Copa de Europa cinco veces: 1956, 1957, 1958, 1959
y 1960, año en que la institución española también ganó la Copa
Intercontinental. Además de premios individuales como 2 Balón de
Oro (1957 y 1959) y 5 trofeos
Pichichi como máximo goleador de la Liga Española.
Jugador de toda la cancha, zurdo pero a la vez capaz de jugar
con pierna derecha, tenía una habilidad distinta a la de un Pelé
o Maradona. Lo hábil de Di Stéfano consistía en saber cuando
buscar una pared, aplicar un freno o un amague, colocar un pase
largo e incluso, cuando rematar al arco, ya que también poseía
un fuerte disparo de media y larga distancia. Integró la
selección española en 31 partidos logrando convertir 23 goles,
aunque nunca llegó a jugar por diversas circunstancias un
Mundial.
Hoy por hoy su nombre continúa siendo base de polémica porque
para muchos expertos del ámbito futbolístico internacional,
Alfredo Di Stéfano está a la par, sino más arriba, de Pelé o
Maradona.
Durante toda su carrera profesional marcó 654 goles y en 1991,
la revista France Football,
luego de una encuesta entre los principales periodistas
europeos, le otorgó el premio Jugador Europeo de Todos los
Tiempos.
Después de retirarse y entrenar varios clubs (como el River
Plate, Boca Juniors, Real Madrid, Valencia, Sporting de
Lisboa...), actualmente es el Presidente Honorífico del Real
Madrid.
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Eusébio
Bauer,
el gran defensa brasileño de los años 50, le vio jugar durante
una visita a Mozambique e inmediatamente se puso en contacto con
su amigo Bela Guttman, el entonces entrenador del Benfica. Bauer
había descubierto al mozambiqueño Eusébio da Silva Ferreira.
Inmediatamente se dio cuenta
del potencial de aquel joven y supo convencer a Guttman de que
aquel muchacho era un fenómeno. El Benfica inició las gestiones
y en pocos días aquel joven genio de diecisiete años que
pertenecía al Sporting Club de Lourenço Marques, estampaba su
firma en un contrato. Los problemas surgieron casi
inmediatamente.
El Sporting de Lisboa, el
mayor rival del Benfica, tenía un acuerdo con el Lourenço
Marques que le daba opción sobre sus jugadores. El Benfica,
conocedor de la situación, llevó a Eusébio a Portugal, donde lo
mantuvo escondido mientras amainaba la tormenta deportiva que se
produjo cuando el Sporting descubrió que le habían quitado a su
estrella.
Todo aquello por un joven de
17 años. Pero el Benfica sabía que había encontrado oro puro. El
Benfica acababa de ganar la Copa de Europa en ese mismo año ante
el F. C. Barcelona (1961) y la llegada de Eusébio convirtió al
equipo en el mejor de Europa.
Ese año tuvo que demostrarlo
en la final de la Copa de Europa de 1962 ante el Real Madrid de
Di Stéfano, que ya había ganado cinco Copas de Europa. En aquel
partido, una de las mejores finales de la historia de la Copa de
Europa, el Benfica ganó al Madrid por 5-3 con dos goles de
Eusébio.
Gracias a aquel partido su
nombre dio la vuelta al mundo y Eusébio se convirtió en una de
las mayores estrellas del fútbol. Se le comparaba con Pelé, lo
que da una idea de su calidad, pero se trataba de un jugador
diferente.
Eusebio era técnicamente
perfecto y a diferencia de Pelé, físicamente era un toro. Su
potencia de disparo era enorme, de esas que deja boquiabiertos a
los espectadores, completamente ambidiestro y tremendamente
ágil, Eusébio era un depredador del área. A lo largo de su
carrera en el Benfica conseguiría 46 goles en Europa, sólo Di
Stéfano marcó más que él (49).
Como todos los grandes
jugadores, Eusébio tuvo su cita con la afición mundial. En su
caso fue en el Mundial de Inglaterra de 1966. Portugal eliminó a
Checoslovaquia, subcampeones del mundo en Chile, y más tarde a
Bulgaria y Hungría, dos potencias mundiales en aquella época.
A continuación llegó el
Brasil de Pelé, vigente campeón del mundo. Portugal dejó fuera a
Pelé primero y a Brasil después gracias a los goles de Eusebio y
a la criminal defensa de Portugal. El siguiente partido
convirtió a Eusébio en una leyenda. Portugal perdía con Corea
del Norte por 3 a 0. El partido acabó 5-3 para Portugal gracias
a cuatro goles de Eusebio. Portugal caería en semifinales ante
los futuros campeones, pero conquistó el tercer puesto, la mejor
clasificación en la historia del país lusitano. Además se
llevaría la Bota de Oro como máximo goleador con 9 goles del
Mundial del 66.
La
pantera negra estaba
en la cumbre de su carrera y en la cúspide de su fama. De los 15
años que pasó en el Benfica portugués sólo en dos ocasiones el
club no ganó un título. En total, fueron 13 Ligas Portuguesas, 5
Copas y 1 Copa de Europa, además de premios individuales como el
Balón de Oro en 1965 como mejor jugador europeo del año, y más
de 1.000 goles en toda su carrera.
Bauer tenía razón. Todos
aquellos problemas merecieron la pena.
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Mario Kempes
Mario
Alberto Kempes nació el 15 de julio de 1954 en la ciudad de Bel
Ville, provincia de Córdoba. Desde pequeño demostró una
habilidad nata para el fútbol integrando diversos planteles
infantiles en equipos de su ciudad hasta que a los 16 años fue
campeón de la liga local con el conjunto Biblioteca Bell.
De Bell pasó a uno de los
conjuntos más importantes de la provincia de Córdoba: Instituto,
equipo con el que se consagró campeón de la liga cordobesa y por
ende participó en el Torneo Nacional Argentino de 1973. En dicho
certamen fue fichado por Rosario Central de la primera división
del fútbol argentino, en donde marcó 85 goles en 105 partidos en
dos temporadas (1974-1976).
Con 19 años de edad integró
la selección argentina que intervino en el Mundial de Alemania
de 1974, torneo en el que el seleccionado gaucho pasó sin pena
ni gloria y Kempes no consiguió anotar ningún gol.
No obstante su presencia en
las áreas rivales interesaban a los empresarios europeos y el
Valencia de la Liga Española lo contrató en 1976. Fue anterior a
esa transacción que el periodista radial argentino, José María
Muñoz, le colocó el mote de
El
Matador.
En el club valenciano se
coronó goleador de la Liga Española en la temporada 1976-77 con
24 tantos, el promedio más elevado de los últimos diez años. En
la temporada 1977-78 logró 28 goles y por ser el goleador máximo
de esas dos temporadas consecutivas recibió el premio Pichichi
del fútbol español. Con el Valencia logró en 1979 la Copa del
Rey y la Recopa de Europa de 1980.
Pero el momento más elocuente
de su carrera como jugador fue su exitosa participación en el
Mundial de Argentina del 78 en donde además de salir campeón
mundial con el representativo albiceleste, fue el máximo
goleador del Mundial con 6 goles y la prensa internacional lo
consideró el mejor jugador del certamen.
En el partido final frente a
Holanda dio un recital de guapeza y pasión futbolística para
ponerse el equipo al hombro además de convertir dos de los goles
con que Argentina venció 3-1 al conjunto naranja.
El éxito lo acompañó otra vez
en 1981 al ser campeón con River Plate de Argentina, regresando
luego al Valencia y para pasar posteriormente al Hércules de
España. Desde 1986 a 1994 continuó su carrera en Austria (Wienner,
Saint Polten y Krems) para terminarla en 1995, a los 41 años de
edad en el Fernández Vidal de Chile. Desde ese año a la fecha se
ha desenvuelto como entrenador de equipos de fútbol en diversos
países del planeta así como comentarista deportivo.
Kempes fue un zurdo de tranco
largo que desplegaba en velocidad una habilidad no muy común al
aplicar a la perfección el freno y el enganche. Su arranque
buscando perfil para el disparo de larga y media distancia era
letal, y a todo esto había que sumarle una gran capacidad para
administrar el oxígeno lo que le permitía entregarse por
completo durante todo el partido.
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Marco Van Basten
 Marco
Van Basten nació el 31 de octubre de 1964 en Utrecht y como
jugador se inició en el legendario Ajax Amsterdam de Holanda,
desde donde dio el gran salto futbolero al firmar con el Milan
de Italia.
A la temprana edad de 16 años debutó en primera división
holandesa con el Ajax, con el que pronto comenzó a destacar en
la posición de delantero centro, y ganó 3 ligas, 3 copas y una
Recopa de Europa en el 87. Fue en 3 ocasiones máximo goleador de
la Liga Holandesa, y en el 86 se llevó la Bota de Oro, por ser
el máximo goleador europeo. En total, con el Ajax jugó 133
partidos marcando 128 goles unos números asombrosos para esa
época.
Viendo su talento, el mandatario italiano Silvio Berlusconi,
presidente del Milan, compró sus servicios junto a Ruud Gullit
en 1987, y los de Frank Rijkaard en 1988. En el primer año con
el Milan Van Basten logró un
scudetto, algo que el club italiano hacía ocho años que
no conseguía.
Desde esa época data su lesión fastidiosa en el tobillo, a pesar
de eso, en 1988 salió campeón en la Eurocopa con una actuación
excelente, incluyendo tres goles contra Inglaterra y una volea
espectacular en la final ante la Unión Soviética.
Fue el futbolista europeo del año en la temporada 1988-89,
anotando 19 goles en la Serie A con el Milan que se coronó
campeón de la Copa de Europa ante el Steaua de Bucarest (al año
siguiente repitiría título ante el Benfica). Fue goleador de la
Liga Italiana en 1989-90. En 1991-92, se coronó campeón con la
escuadra italiana y también goleador con 25 tantos. Ganaría aún
otro título italiano más en 1992-93.
Con la selección de su país jugó 58 encuentros y fue en total
tres veces futbolista europeo, un éxito semicompleto en su
curriculum deportivo debido a su reincidente lesión.
Su último partido lo jugó para el Milan en la Liga de Campeones
en aquella final perdida ante el Marsella, corría el año 1993 y
San Marco, como lo
llamaban los hinchas milaneses, apenas tenía 29 años cumplidos,
final prematuro para una carrera que pudo seguir siendo exitosa.
Pero siguió ligado al fútbol, tanto que el antiguo gran goleador
y tres veces Balón de Oro (1988, 1989 y 1992), es seleccionador
holandés desde el 29 de julio de 2004.
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Zbigniew Boniek
Cuando
Polonia se clasificó para el Mundial de España 1982 nadie
consideró a aquel equipo como favorito. Hasta que Boniek empezó
a jugar.
Uno de los mayores talentos
europeos del fútbol de los 80, Boniek entendía el fútbol.
Apoyado en aquella selección por otro gran jugador, Latto,
Polonia se abrió paso por un Mundial plagado de grandes
selecciones (la Argentina de Maradona, el Brasil de Zico, la
Francia de Platini, la Alemania de Rummenigge...) hasta las
semifinales.
Aquel talento duró poco en
Polonia. Del impronunciable Zawisza Bydgoszcz pasó a la Juventus
de Turín en la que encontró a otro gran futbolista con el que
conversar: Michel Platini.
Los grandes jugadores hablan
un idioma aparte, el del fútbol. Ese idioma no se juega con
palabras, ni se dan gritos. Al menos esa es la sensación que da
cuando se ve a dos grandes entenderse sin palabras sobre el
campo.
Ese era el espectáculo que
Boniek y Platini brindaban cada domingo y que les llevó a
conquistar la Recopa de Europa de 1984 y la Copa de Europa de
1985.
Considerado el mejor jugador
polaco de todos los tiempos, Boniek tenía talento suficiente
para jugar en Italia y triunfar. Y lo hizo. Podía jugar en el
vértice del área y driblar hasta encontrar un hueco o podía
arrancar desde atrás e irse por velocidad. La manera en la que
lo hacía era lo bonito.
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Hugo Sánchez
Hugo
llegó más lejos que nadie en el fútbol de México. Sus logros
fueron muchos y ampliamente reconocidos internacionalmente. Fue
sin dudas el jugador más destacado a nivel internacional del
fútbol mexicano. Un verdadero mito que colmó de prestigio al
balompié de la nación azteca.
Uno de los artilleros más
prolíficos del fútbol internacional fue este mexicano que, a
diferencia de muchos de sus compatriotas, invadió el Viejo
Continente con la seguridad de instalarse para siempre en la
historia del balompié español.
Tal vez por venir de un país
cuyos jugadores no acostumbran a recurrir al extranjero (la liga
mexicana de fútbol es una de las que mejor paga en el mundo), lo
cierto es que pocos creían en las dotes de goleador de Hugo
Sánchez Márquez. Tanto adentro como afuera de su México lindo y
querido.
Su contratación despertó
ciertas suspicacias en las oficinas del Atlético de Madrid, el
primer club español que contó con sus servicios. Pero Hugo
convenció con sus goles a todos por igual. Vaya si los
convenció...
Como suele decirse en el
ámbito deportivo internacional, el futbolista más famoso de
México nació en el Distrito Federal el 11 de julio de 1958.
Desde niño mostró el atrevimiento típico de los que pretenden
sobresalir. Sus aptitudes deportivas, específicamente las
relacionadas al fútbol, lo motivaron a buscar nuevos horizontes
llevando consigo el elogiable empeño de no dejar nunca de
aprender, virtud destinada sólo a los grandes de verdad.
En 1975 inició su brillante
carrera con Los Pumas de la Universidad Autónoma de México, en
donde su equipo se consagró campeón de Liga en las temporadas
1976-77 y 1980-81, subcampeón de la Concacaf en 1981 y campeón
de la Copa Interamericana en 1981. En 1979, y por partida doble,
alternó su actividad entre este equipo y el San Diego Sockers,
de la NASL, liga estadounidense de fútbol-soccer
anterior a la actual
MLS.
Pero fue aquel año de 1981,
cargado de ilusión y coraje, cuando partió hacia su primera
escala española, el Atlético de Madrid. Tres años después, en la
temporada 1984-85, logró su consagración al hacerse acreedor,
merced a 19 goles, al prestigioso
Pichichi
, el trofeo de
goleador máximo de la Liga. Además ganó con el club colchonero
la Copa del Rey.
Después cambiaría de barrio
pero no de ciudad. El Real Madrid, una de las instituciones
legendarias del planeta futbolero, depositó en él su confianza,
y lo contrató. Hugo, siempre listo para aceptar con hidalguía
cualquier reto, se lanzó al ruedo, allí, en el corazón del
balompié español.
Así, la historia de Sánchez
en el Real y por ende, en el fútbol ibérico, se convirtió en una
de las más distinguidas de cuanto extranjero haya pisado las
canchas de la
madre
patria.
Con el Real fue campeón de
Liga en las temporadas 1985-86, 1986-87, 1987-88, 1988-89 y
1989-90, y también campeón de la Copa de la Uefa en 1985-86,
campeón de la Copa del Rey en 1988-89 y campeón de la Supercopa
de España de 1989, además de la Bota de Oro europea en la
temporada 1989-90. En total marcó 162 goles y 4 premios
Pichichi
igualando al argentino
Alfredo Di Stéfano y al español Quini.
Por supuesto, aquel equipo
merengue de Hugo contaba con jugadores de la talla de Butragueño,
Michel, Gordillo, Martín Vázquez y Valdano. Asimismo el
embajador más conocido del fútbol mexicano tuvo su propio apodo:
Hugol.
A los 33 años y sufriendo ya
algunas lesiones, jugó su última temporada (1991-92) en el Real
Madrid. Pero no dejó el fútbol.
Regresó a casa para jugar en
el América por una temporada. Después, de vuelta en España se
mudó cerca del Real Madrid, a la zona de Vallecas. Allí jugó en
el Rayo Vallecano la temporada 1993-94 marcando 16 goles. Cifra
de consideración para un conjunto entonces humilde como era el
Rayo.
Luego regresó a casa y en
1994-95 jugó para el Atlante de México. En 1995-96 lo hizo en el
Linz de Austria. En 1996 para el Dallas Burn de Estados Unidos y
se despidió del fútbol vistiendo el uniforme del Celaya, otra
vez en casa. Allí compartió con sus ex compañeros del Real,
Butragueño y Michel la temporada 1996-97.
Lógico es que un jugador de
estas características no puede estar alejado del seleccionado
nacional de su país. De hecho, el recorrido de Hugo vistiendo el
tradicional uniforme tricolor también fue notable: con los
juveniles ganó el Torneo Cannes 1975, el Campeonato Panamericano
de 1975 en México y el torneo juvenil de 1976 de la Concacaf.
Con los mayores intervino en
el Mundial de Argentina 78, México 86 y Estados Unidos 94 y
logró el subcampeonato de la Copa América 1993 en Ecuador.
Una carrera digna y
encomiable la de este Hugo del área. Jugador audaz, pícaro, e
inteligente frente a las defensas contrarias. Fue rápido para la
definición tanto en el juego aéreo como en la definición de
media y larga distancia.
Los defensores pagaban caro
sus errores cuando Hugo merodeaba en el área. Adquiría
importancia de tres cuartos de cancha hacia la zona rival por
ser un constante buscador de devoluciones de paredes al vacío.
Sus volteretas celebrando cada gol que convertía han quedado en
la retina de todos aquellos que lo vieron jugar, en vivo o a
través del televisor.
En definitiva resultó ser un
ganador nato, a veces polémico en sus declaraciones pero no
menos convincente a la hora del encuentro. En el extranjero
marcó un sendero a sus compatriotas futbolistas, difícil tal vez
de emular, aunque listo para quién desee transitarlo.
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Romário
Romário
es rápido. Siempre lo fue. Desde que nació en Río de Janeiro, el
29 de febrero de 1966, con 43cm y 1,853kg. Sin embargo, creció
sano en la favela de Jacarezinho, donde a los tres años de edad
ya le daba patadas al balón. Y se fue perfeccionando hasta que
su padre creara el Estrelinha, equipo en el cual fue visto en
1979 por unos ojeadores
vascaínos. En la época, su familia vivía en Vila da Penha
y, anheloso, el futuro ídolo hizo tests en el club de Sao
Januário. Aunque sin éxito, pues, por cuenta de su tamaño, un
técnico lo rechazó, diciéndole que "sólo servía para limpiar
coches". Entonces, desolado, el hijo del señor Edevair se fue a
brillar en el infantil del Olaria Atlético Clube.
De repente, en 1980, a los
14 años, Romário volvió al Vasco y fue aceptado. Allá, se comió
el balón y en 1985 le pusieron en el equipo juvenil, cuando se
profesionalizó. En el club, antes de ser bicampeón carioca en
1987 y 1988, se estrenó en la selección principal de Brasil el
23 de mayo de 1987 y, al año siguiente, se fue a la Olímpiada de
Seúl a ser subcampeón, así como ganar torneos menores con la
selección. Eso le sirvió a Romário de escaparate para el mundo
y, en consecuencia, para ser vendido al PSV Eindhoven holandés.
Antes de ir a Europa, se casó con Mónica, con quien tendría dos
hijos. En el equipo de Eindhoven, el delantero fue tricampeón
nacional y ganó dos Copas de Holanda. Por la selección, ganó la
Copa América de 1989, en Río. y, al año siguiente, con molestias
en su pierna izquierda, Romário estuvo en el Mundial de Italia
para disputar apenas la primera parte del partido contra
Escocia.
Se quedaría en PSV hasta mediados de 1993, cuando se fue al
Barcelona. Ese mismo año, fue el héroe brasileño en la fase de
clasificación para el Mundial del 94 y fue campeón de la Liga
Española. En 1994, además de repetir título con el Barça, se
consagraría campeón mundial en los Estados Unidos, siendo
elegido por la FIFA como mejor jugador del Mundial del 94 y del
planeta.
Durante todo ese tiempo la marca de Romário fue su inigualable
facilidad goleadora. Sin embargo, en 1995, antes de jugar en el
Flamengo, el ídolo -a esa altura, apodado de
Baixinho- deshizo su
matrimonio y se enfrentó con directivos y técnicos -incluso
Carlos Alberto Parreira y Zagallo, que (según Romário) sólo lo
convocaron para salbar el país en 1993 y 1994 a pedido del
presidente de CBF.
En Río, después de disfrutar de las noches y de las mujeres en
Europa, el Baixinho siguió con su rutina nocturna. Pero ese tipo
de vida y su antipatía al entrenamiento físico y a las
concentraciones, jamás repercutió en él en el campo. Hasta
porque, en el terreno de juego, Romário casi no corría, pudiendo
irrumpir de repente, sobre todo en el área grande, su hábitat
natural. Pero, próximo de completar los 30 años, afloró en él un
divinismo que le hizo discriminar hasta a sus colegas de
profesión del propio club y otros
cracks brasileños.
Después, su postura con la prensa pasó a ser imperial y, poco a
poco, el Baixinho se
fue alejando y siendo alejado de la selección, minado por todos
los lados, aunque aplaudido por quien lo reconocía como
crack.
En 1996, después de haber jugado el Campeonato Carioca con el
Flamengo, Romário se transfirió al Valencia, club en el cual
tuvo pasaje meteórico y roces con el entrenador. Sin ambiente en
España, volvería cedido al Flamengo para ser campeón carioca de
1997. Y, después, volvió al Valencia lesionado, sin ánimos y
fuera de forma. En la época, se recién casaba con Daniele, que
le daría más hijos -todos de la marca Romário de Souza Faria, su
nombre dinástico. Pero, de repente, aún en 1997, volvería a la
Gávea. Y por el seleccionado brasileño sería campeón de la Copa
América, en Bolivia, y de la Copa de las Confederaciones, en
Arabia Saudí.
La presencia de Romário en la selección que fue al Mundial de
1998 elevó la expectativa general. Se esperaba que con Ronaldo
formara una pareja del área imbatible. Y eso tenía sentido. Pero
la inflamada pantorrilla derecha del hijo del señor Edevair hizo
con que fuera cortado antes del inicio de la competición en
Francia.
En la distancia, frustado, Romário vio el Mundial y, al servicio
de la televisión brasileña, hizo comentarios isentos sobre la
selección. En el partido contra Marruecos, con el poder de
síntesis de los mejores periodistas, resumió la entrada de
Edmundo en el lugar de Bebeto así: "Entró quién no debía, salió
quién debía". El pueblo entendió su simplicidad. Y concordó.
Terminada la emoción del Mundial, en ese mismo 1998, cuando lo
imaginaban abandonado por el balón, el
Baixinho en cinco
partidos con el Flamengo fue el máximo goleador del Campeonato
Carioca (15 goles). Al año siguiente, repitió en la tabla de
goleadores (16 tantos), hizo el Flamengo campeón carioca, fue
máximo goleador de la Copa Mercosul (8) y Bota de Oro de la
revista Placar. Pero,
de repente, en 2000 volvió al Vasco, donde no sólo repitió el
premio al máximo goleador del Campeonato Carioca (19) y de la
Copa Mercosul (11) y Bota de Oro de la revista
Placar, como también
fue el pichichi del Torneo Rio-Sao Paulo (12), campeón
brasileño, elegido el mejor jugador de las Américas, y se
convirtió en el máximo goleador de la historia del Vasco da
Gama, superando a Roberto Dinamite. Al año siguiente, ganó la
Taça Río, fue el máximo goleador del Campeonato Brasileño (21) y
repitió el título de mejor de las Américas. Por tales hechos y
por lo que dio al fútbol-arte, el Vasco da Gama decidió retirar
la camiseta número 11, con la cual el artista ha actuado en el
Sao Januário.
Entre el Mundial del 98 y el de 2002, Romário fue convocado con
la selección incomprensiblemente tan sólo cuatro veces. Luis
Felipe Scolari lo quiso en la Copa América de 2001, pero el
delantero, alegando una cirurgía (que no hubo), lo descartó, lo
que irritaría al técnico. Se dice que tal incidente habría sido
el principal motivo de la no ida de Romário al Mundial de Corea
y Japón en 2002.
Aún así, Romário de Souza Faria ya dio pruebas inapelables que
ha sido uno de los nombres más geniales del fútbol. Pero,
infelizmente, en el afán de ser convocado a los 26 años para el
Mundial, el ídolo con su tamaña envergadura hizo tontería al
rogar en la prensa -en pedido patético y mal planeado por
asesores- que el técnico Scolari lo llamara. Su trayectoria
profesional, por sí misma, lo desautorizaría a tomar esa actitud
de pedir por la prensa una convocatoria. Entonces, aún con
Brasil ganando el Mundial de Asia, el delantero fue el derrotado
número uno. Y, sabiendo de eso, se transfirió en 2002 al
Fluminense, tal vez queriendo decir que su imagen sobreviviría a
todo -hasta al fútbol mediocre de Catar, que lo contrataría por
tres meses por 1,5 millones de doláres, en 2003. Pero, al año
siguiente, Romário volvió al Flu para jugar de vez en cuando e
irse del club peleado con el entrenador interino. En 2005, de
repente, cuando se esperaba que lo dejara, el delantero vuelve
al Vasco para ser llamado irónicamente de "ex-jugador en
actividad".
Igualemente cómo, dónde y cuándo colgar las botas, el
Baixinho entrará en la
Historia del Fútbol. Tanto que el brillante Tostao, respondiendo
si Romário tendría sitio en aquellla selección del Mundial del
70, dijo con humildad y talento: "si eso fuera posible, yo le
daría mi camiseta". Y es de suponerse que cualquier otro
crack hiciera lo mismo
al tratarse de Romário
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Sócrates
Él
fue la antítesis del buen atleta: estaba en contra de los
entrenamientos individuales o colectivos y de la abstinencia
-sobre todo del sexo, alcohol, tabaco, juerga nocturna y
guitarra (que tocaba). Hasta su nombre se escapaba de lo
convencional: Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de
Oliveira. Estudió medicina mientras jugaba, se expuso en la
política y vio el binomio directivo-jugador desde la óptica de
las relaciones laborales. Se entregó a la ciudadanía con ahínco,
siendo intransigentemente solidario con los compañeros de
profesión. Para emplear el término típico de la inútil y necia
dictadura militar brasileña, Sócrates era subversivo. Aunque,
desde el punto de vista estrictamente democrático, un cordial y
saludable subversivo -de gran utilidad a la humanidad.
Por casualidad, nació en Belém del Pará el 19 de febrero de 1954
y se creó en la ciudad paulista de Ribeirao Preto, donde a los
16 años ya actuaba en el Botafogo Futebol Clube
paulista. A los 18, en
la faculdad de medicina, Sócrates supo conciliar el curso con la
vida de crack. Desde
entonces, atraidos por el soberbio manejo de balón del
centrocampista y atacante esencialmente técnico, varios equipos
brasileños lo querían. Mucha gente más veterana pasó a ver en él
a la reedición de Ipojucan, el excepcional
vascaíno de, también,
1,91m de estatura, de juego muy clásico, que usaba con propiedad
el tacón y hacía desplazamientos largos increíbles. Sin embargo,
Sócrates, que nunca había visto a Ipojucan, escuchó esas
comparaciones agradecido. Por ese tiempo, decidió sólo irse del
Botinha (apodo
académico del Botafogo de Ribeirao Preto) cuando concluyera el
curso universitario. Y en el 76, ya profesional en el fútbol, el
universitario fue el máximo goleador del Campeonato Paulista con
15 goles. Dos años más tarde, como prometiera, Sócrates permitió
que fuera negociado con el Sport Club Corinthians
paulista. Y en la
ocasión ya era médico.
De cara, sin rodeos, así que llegó al club de la capital se dijo
enemigo de las concentraciones: "si cada jugador cuidara de la
propia resistencia, sería más responsable". Los conservadores de
todos los matices pusieron la barba en remojo -aunque el barbudo
fuera él, Sócrates. Y peludo también. Después, con tranquilidad,
dijo que fumaba, bebía y tocaba la guitarra. Aún así, lo que los
fanáticos hinchas corintianos
tuvieron dificultades de tragar fue cuando reveló que su
corazón era santista.
Pero todo eso no sería nada comparado alo que el apodado
Magrao hizo jugando en
el campo y en los despachos del Corinthians. En 1979, Sócrates
venció el Campeonato Paulista e, inspirada en él, se instaló en
el club la democracia
corintiana -conjunto de acciones que hizo, por ejemplo,
que el voto del jugador suplente tuviera igual valor al del
directivo de fútbol y que las decisiones sólo valieran se
expresasen la voluntad de la mayoría. Hoy, eso es normal, hace
parte del cotidiano de Brail, pero en la época del execrable
régimen militar...
En ese mismo año del 79, Sócrates se estrenó en la selección
brasileña el 15 de mayo. Disputó la Copa América (también del
83) y el Mundialito, firmándose en el equipo titular hasta el
Mundial de España, en 1982, cuando formó con Zico, Falcao y
Cerezo el cuadrado mágico que encantó al planeta, a pesar de que
Brasil no lo hubiera ganado. De vuelta al club blanquinegro, el
Doutor -nombre que le
fue dado en función del título universitario y por el hecho de
saber todo sobre fútbol- hizo al equipo campeón paulista. Y
repetiría al año siguiente, llevando a la masa
corintiana al delirio.
Por verlo hacer jugadas mágicas con el tacón,
Magrao recibió de Pelé
un comentario curioso: "Juega aún mejor de espaldas que de
frente". A esa altura, el
Doutor era buscado por emisarios europeos queriendo
llevárselo, todos viendo en él a un
crack que efectivamente
aplicaba la inteligencia. Pero Sócrates -con 302 partidos y 166
goles por el Corinthians- insistía en quedar en Brasil.
Pero la enmienda del diputado Dante de Oliveira -que restituía
al País el derecho a realizar elecciones democráticas directas
en todos los niveles- no se aprobó en el Congreso Nacional y,
frustrado, Magrao se
fue a la Fiorentina, en 1984. En Italia tuvo varios motivos para
no adaptarse -uno de ellos, además del frío, el exceso de
entrenamiento físico, ya que estaba en contra de la práctica. Se
quedó en Florencia hasta 1986, aprovechando el tiempo para
aprimorarse en materia de arte e historia natural.
En su primer retorno a Brasil, se fue a la
campineira Ponte Preta.
Sin embargo, en Campinas se dio cuenta que las promesas que le
había hecho no se cumplió y que, ni siquiera, su dinero le fue
pagado. Resultado: Sócrates volvió a Firenze. Y a seguir,
felizmente, sería adquirido por cesión por el Flamengo y fijó
residencia en Río de Janeiro. Una de las cosas que lo animó a
desembarcar en la Gávea fue la posibilidad de hacer pareja con
Zico -su ídolo y compañero de travesuras. Y que con el
Doutor perdió el
Mundial de aquel mismo 1986 -año en que ambos concluirían sus
participaciones con el combinado nacional. Jugando 65 partidos y
marcando 25 goles por la selección.
Para su tristeza y la de Zico, en el rojinegro sólo actuarían
una vez juntos. Durante más de un año, cuando el
Doutor tenía
condiciones de juego, el Galo
estaba lesionado; cuando Zico podía, era él el que se
encontraba en el departamento médico. Eso, sin embargo, no
impidió a Sócrates de recibir la banda de campeón carioca de
1986. Al año siguiente, por divergencias financieras,
Magrao se fue del
Flamengo. Y quiso abandonar el fútbol, yéndose al interior de
Sao Paulo a jugar partidillos y ejercer la medicina.
Entre tanto, sin que lo esperara, le llegó una invitación del
Santos Futebol Clube para que vistiera la camiseta blanca, la
misma que sirvió de manto para
O Rei Pelé y otros
cracks santistas. Sócrates, sin mucha elucubración
-olvidado de que sus piernas sentían el peso inexorable de los
34 años de bohemia y sin casi ninguna preparación física-, se
fue a la Vila Belmiro. Para quien sabía dar cadencia a un
partido como él, no le fue difícil jugar aquel Campeonato
Paulista de 1988 con el Peixe.
Sin embargo, también ya no se adaptaba a los viajes constantes,
que lo hacían ausentar de casa, donde sus hijos crecían. Y paró
otra vez.
De vuelta a Ribeirao Preto para ser solamente médico,
Magrao no resistió y
aún disputaría algunos partidos del Campeonato Paulista de 1989
con Botafogo local, el mismo
Botinha que le dio a conocer. Y, después de despedirse de
los campos, efectivamente fue ejercer la profesión exclusiva de
médico. Aún así, cuando se entendía conformado sin fútbol y
disfrutando los últimos años de ídolo de su hermano Raí, tuvo
una recaída y asumió, a pedido de su ex-compañero de selección
Leandro, la dirección técnica de la Associaçao Atlética Cabo-friense,
en el interior del estado de Río. Su éxito fue llevar al club a
la primera división del Campeonato Carioca. No obstante, en Cabo
Frio el Doctor Sócrates se dio por satisfecho con eso y volvió a
Ribeirao Preto para -por fin- ser sólo médico.
En el terreno de las ideas políticas, se mantuvo en la
militancia de izquierdas, sin alardes, en el Partidos dos
Trabalhadores, organización que eligió a Luiz Inácio Lula da
Silva presidente de la República, autoridad con quien el
Doutor, en Brasília, ha
jugado algunos partiditos entre amigos. Sin embargo, Magrao
nunca pretendió ser político.
En el fondo, él es igual a esta frase de una revista: "Sócrates
jamás se esforzó para ser un crack. Sencillamente lo era".
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Eric Cantona
Como
todos sabréis Eric Cantona lo conocéis también por el famoso anuncio, en
que tiraba un penalty poniéndose el cuello de la camiseta hacia arriba y
diciendo Au Revoir (Adiós). Pues si, este mítico francés se merece
entrar en esta página .Eric Cantona nació en Marsella el 24 de Mayo del
1966. Inició su carrera en el Auxerre en 1981.
En 1985 es cedido al Martigues en el que juega trece partidos. Al año
siguiente vuelve al Auxerre donde juega 2 temporadas buenas, gracias a
estas temporadas Cantona ficha por el Olympique de Marsella,el
todopoderoso de esa época. Su fichaje cuesta 2 millones de dólares, una
cifra record en Francia. En ese momento es convocado por la selección
francesa.
Parecía que iba bien la carrera pero se trunco en el momento que le
propino un balonazo a un arbitro frances en 1989,por lo que el Olympique
le sanciona. Pasa a jugar en equipos mas pequeños y se plantea dejar el
fútbol, pero el mismo se dijo:Me voy de Francia! Se marcho a la rival
Inglaterra, donde ficho por el Leeds United el año 1992, allí demostró
su calidad, hasta el punto que sorprendio a Ferguson, el técnico del
Manchester United, que el mismo noviembre de ese año lo ficha para el
Manchester United. No tardaría en conquistar los corazones de la afición
de los REDS, le apodarían Eric El Rojo.
Todo fue perfecto, títulos de liga, copa, etc.. pero el 25 de enero
del 1995 en un encuentro contra el Crystal Palace se le salto el chip
violento, le propino una patada kárate a Matthew Simmons, un hincha
radical. Eric es condenado a pagar 10.00 libras y a dos semanas de
cárcel que paga realizando 120 horas de servicios comunitarios.
En 1997 cuando era un reclamo publicitario y de cine, decide anunciar
su retirada del fútbol a los 31 años. Después de su retirada, se dedico
a jugar en la selección francesa de fútbol playa y participa en anuncios
de Joga Bonito de NIKE. |
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Luís Pereira
En
Juazeiro, en el norestino estado de Bahia y en el margen derecho
del río São Francisco, quien -el 29 de junio de 1949- vio aquel
bebé venir al mundo con la tibia torcida, jamás imaginaría que
él se volviera uno de los mejores zagueros del planeta. Pero la
familia del recién nacido Luís Edmundo Pereira no se quedó mucho
en esa ciudad del sertão
siempre a merced de las consecuencias sociales de la
sequía. Y, con los padres, la familia esperanzada se fue para
São Paulo, que aún era el dorado brasileño, con empleos y
oportunidades de sipervivencia.
Pronto, el de Juazeiro
supo en los partidillos que su puesto en el fútbol sería el
de zaguero. Y apareció en el equipo benjamín de la General
Motors, en São Caetano do Sul, ciudad de la región
metropolitana de São Paulo. Por eso, lo llamarían "Chevrolet",
un coche de esa multinacional. Pero, necesitando trabajar,
Luís tuvo que olvidarse de ese equipo de niños y así hacer
de tornero mecánico y, después, ensacador de harina. Y, con
las ganas de ser jugador profesional, cada día libre, hacía
un test en un club. Así fue como le contrató el club azul y
blanco São Bento, de Sorocaba, en 1967. En esa ciudad
paulista del interior, le llamarían "Luís Chevrolet". Hasta
mediados del 68, cuando el Palmeiras lo adquirió para ser
suplente de Baldocchi. Ya actuó las primeras veces para
vencer el prestigioso torneo Roberto Gomes Pedrosa de 1969.
Por fin, el nuevo defensa se impuso con su nombre de
bautismo: Luís Pereira. Y con sus 1,81m, los pies virados
para dentro por culpa de la tibia deformada, con técnica,
firmeza en el drible, óptimo cabeceo, perfección en el
posicionamiento y la cobertura, el bahiano jugó con mayor
frecuencia en el equipo verdiblanco -ese bonito equipo
llamado "la Academia"- durante el Campeonato del Estado de
São Paulo.
En 1970, mientras
Baldocchi era suplente en la
seleção del Mundial
de México, Luís Pereira pisó firme en el Palmeiras. Al año
siguiente, ya fue titular absoluto. Y con un estilo distinto
al de esta posición: iba al ataque en arrancadas súbitas,
siendo por eso hasta hoy el zaguero nacional con el mayor
número de goles marcados. Desde el inicio de su carrera, esa
lista de cualidades, lo convirtió en el defensa más seguro
de la historia del Palmeiras. Él fue la base de aquel equipo
que contaba con astros radiosos como Leão, Dudu, Leivinha y
Ademir da Guia en las conquistas de los Campeonatos
Brasileños (1972-1973) y Paulista (1972 y 1974). En la
consecución de ese último, Luís tuvo un papel básico en la
jugada del gol del Palmeiras contra el Corinthians, en la
final: fue él quien robó el balón a Rivellino en el
centrocampo y, conduciéndola, se fue al ataque, donde la
cedió al punta Jair Gonçalves y éste la ofreció en bandeja
para que Ronaldo marcara. Eso marcará la historia de
Palmeiras y ayudó también a Luís Pereira a ser un ídolo en
la seleção, en la
cual se estrenó en junio del 1973, en Túnez. Así que, cuando
al año siguiente demostró claramente su categoría en el
Mundial de Alemania, el resto del mundo también lo
admiraría. Hasta al punto de entender la expulsión del
defensa negro que -a los 25 años- perdió la cabeza contra la
magnífica selección de Holanda en dicho Mundial del 74.
Con el historial de títulos y el paso por la selección
brasileña, el prestigio de Luís era enorme en España cuando
el conjunto paulista hizo allí una gira en 1975 -venciendo
por tercera vez el torneo Ramón de Carranza, en Cádiz. En
esa ocasión, boquiabierto con el desempeño de los
palmeirenses -sobretodo al vencer al Real Madrid por 3 a 1-,
el célebre crack y técnico del Atlético madrileño, Luis
Aragonés, convenció al vice-presidente Salvador Santos
Campano de adquirir a Pereira y a Leivinha. Así, esos ídolos
de Brasil firmaron contrato con los rojiblancos españoles. A
partir de entonces, ambos se ilustrarían en los campos
europeos -y en particular, obviamente en el estadio
atleticano, el Vicente Calderón, donde ambos se estrenaron,
el centrocampista Leivinha firmando tres goles en la
victoria 4 a 0 sobre el Salamanca.
Al llegar al club, sin embargo, el defensa quizás no
imaginaba que, con la apertura política, consecuencia del
fin del franquismo, el fútbol español también se abría al
mundo. Tanto que el Barça se hizo "holandés" con los
extraordinarios Cruyff y Neeskens. El Real Madrid,
"germano", trayendo a Breitner y Netzer. Y el Atlético -que,
años antes, contó con los brasileños Ramiro y Vavá- optó por
los suramericanos. De tal forma que Luís -jugando como
líbero- y Leivinha se unieron a los argentinos Ayala y
Heredia (más tarde vendría el paraguayo Benegas también)
para hacer de ese Atlético madrileño el campeón
incontestable de la Liga Española en la temporada 1976-1977.
A esa altura, Pereira era "el Mago" de la hinchada "Peña
Atlética", que fue creada en su homenaje. Y, como en Brasil,
todos lo aplaudían cuando subía al ataque. Todos, menos el
portero del Atlético Miguel Reina, que casi moría de infarto
ante tales arrancadas. Y con ese estilo ofensivo, en julio
de 1977, Luís jugaría su último partido con Brasil,
cumpliendo 38 partidos -de los cuales ganó 24. A partir del
78, el líbero negro, vistiendo la camiseta nº5, sería el
capitán del Atlético de Madrid. Sin embargo, eso duró sólo
hasta 1980, cuando, enfrentando una crisis económica, el
club terminó en 13º lugar en la Liga, siendo entonces tal
puesto el más bajo de su historia. Así que, al fin del
primer semestre del 80 -con 171 partidos y 17 tantos para el
Atlético-, "el Mago" dijo adiós a España y aterrizó en Río
de Janeiro para defender, por cinco meses pero sin éxito, el
Clube de Regatas do Flamengo.
Tras la experiencia carioca, el Palmeiras de "la Academia",
deshecho, lo contrataría en 1981. Y una vez más, en el
Parque Antarctica, ese crack excepcional, siempre sonriendo,
con piernas torcidas y el cuerpo desarticulado cautivó el
público y el pueblo, siendo a partir de allí el líder del
Palmeiras con el nombre de Luisão. Aunque, el equipo
blanquiverde de la época era mediocre y sin estrellas, y no
tenía nada que ver con lo que fue otrora. Y en él, Luisão
dio aún buena imagen, aunque sin ese ímpetu característico
para atacar, por el peso de los años que le pasaba factura.
Así fue hasta 1984, cuando falló en una jugada frente al
Santos, tirando contra su propia portería un balón que
acabaría en el travesaño. La directiva del Palmeiras,
pensando que era viejo, se deshizo de Luís Pereira. Pero la
ingratitud y la injusticia del fútbol no pueden negar eso:
en casi 11 años de blanquiverde, el zaguero central
disputaría 562 partidos. Y marcó 34 goles, que aún es el
récord de los defensas en Brasil.
En 1985, el bueno del bahiano Luís Edmundo Pereira, con
derroche de firmeza y liderazgo, fue uno de los artífices de
la Portuguesa de Desportos que llegó a ser subcampeón
paulista. Año siguiente, para la tristeza de los
palmeirenses, se vistió con la camiseta blanquinegra del
Corinthians, donde firmó buenas actuaciones en una sóla
temporada. Luego, Luisão prestó sus servicios a equipos
paulistas medianos, como los Santo André, Central Cotia y
São Caetano. Por fin, para cerrar su carrera a los 41 años,
ese excepcional artista trabajaría en el Esporte Clube São
Bento, de Sorocaba, donde empezó su trayectoria.
Pero, el crack no vivió alejado del balón mucho tiempo. Fue
el técnico del São Bento, además de otras experiencias en
esa función con el Sãocarlense y el São Caetano, todos en el
interior de São Paulo. Fue también técnico adjunto del
Atlético de Madrid, con que mantiene aún grandes lazos. Y
repartió y reparte cursos en numerosas escuelas de fútbol.
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Ladislao Kubala
Nacido
en la capital húngara, Budapest, el 10 de junio de 1927,
Ladislao Kubala Stecz tuvo una dilatada carrera como futbolista
en la que destaca su etapa en el FC Barcelona, club en el que
actuó once temporadas (1950-1961), jugó 345 partidos y marcó 274
goles.
Tras iniciarse en el fútbol
en la Escuela de la Federación Húngara, llegó en su etapa
infantil con 11 años al Ganz, un modesto equipo de la tercera
división húngara (1939-44), del que dio el salto a sus 17 años
al Ferencvaros, de primera división, y con 18 a la selección
húngara.
Tras el fallecimiento de su
padre, emigró a Bratislava, de donde procedía su madre de origen
eslovaca. Su buen juego en el Bratislava y el origen eslovaco de
su madre, le facilitó entonces conseguir la nacionalidad
checoslovaca y debutar con la selección de ese país.
Tras fichar otra vez por el
Vasas húngaro (nueva denominación del Ferencvaros), volvió a
jugar con la selección húngara, pero en 1948 decidió huir del
país magiar, asfixiado por la rigidez del régimen comunista, que
entre otras cosas no le permitía reencontrarse con su mujer y
con su hijo recién nacido, que se encontraban en Checoslovaquia.
Tras huir de Hungría se
estableció en Italia, donde varios equipos intentaron ficharle,
pero la FIFA no le permitió alinearse en partidos oficiales al
no concederle la baja el Vasas húngaro.
Varios jugadores húngaros,
polacos, rumanos, yugoslavos y checos que se encontraban en la
misma situación formaron entonces un equipo de refugiados para
jugar partidos amistosos de exhibición, bajo el nombre de
Hungaria.
Durante sus exhibiciones por
España, el Real Madrid y el FC Barcelona se interesaron por
ficharle, pero el equipo blanco desistió debido a la negativa de
la FIFA de concederle autorización para jugar partidos
oficiales.
El FC Barcelona, con su
presidente Agustín Montal Galobar y su secretario técnico Pepe
Samitier al frente, apostaron, sin embargo fuerte por ficharle y
le contrataron en junio de 1950. Tras fuertes gestiones ante la
FIFA del club y la Federación Española, pudo jugar su primer
partido oficial como azulgrana el 29 de abril de 1951, un
encuentro de Copa del Generalísimo contra el Sevilla.
El Barcelona ganó ese año la
Copa y vivió una década triunfal con Kubala, que concluyó con la
disputa de la final de la Copa de Europa de 1961, en la que el
equipo catalán perdió por 3-2 ante el Benfica portugués, en un
partido de auténtica mala suerte en el que envió cuatro balones
al poste además de fallar otras claras oportunidades.
En su palmarés azulgrana
figuran en total 4 Ligas Españolas, 5 Copas del Generalísimo, 2
Copas de Ferias, 1 Copa Latina y 2 Copas Eva Duarte de Perón, en
11 años en e club como jugador (1951-1962).
Como jugador, después de
nacionalizarse español, debutó con la selección nacional el 5 de
julio de 1953 frente a Argentina. Fue internacional con España
19 veces, la última frente a Francia el 2 de abril de 1961, y
marcó 10 goles.
El balance en esos partidos
fue de 9 victorias, 6 empates y 4 derrotas y su momento más
amargo fue la curiosa eliminación de España en la fase de
clasificación para el Mundial de Suiza de 1954, tras jugar un
partido de desempate contra Turquía.
Antes del partido llegó un
telegrama de la FIFA que le prohibía a España alinear a Kubala.
El futbolista no jugó y España quedó apeada tras empatar aquel
partido 2-2 y, como procedía, salir designada Turquía al elegir
al azar su papeleta un niño.
Considerado uno de los
mejores jugadores de toda la historia, Kubala jugó dos partidos
con una selección mundial de la FIFA contra Inglaterra, en los
que anotó tres goles.
En 1957, obtuvo el título de
preparador nacional con el número uno de su promoción, igualado
con Alfredo Di Stéfano, y su primera experiencia en el banquillo
fue con el FC Barcelona en 1962, aunque duró poco, igual que su
paso por el Murcia, en el que sólo estuvo un mes.
En agosto de 1963 volvió a
jugar y fichó por el Espanyol, club en el que fue jugador y, a
la vez, entrenador durante año y medio. En el Espanyol coincidió
con Di Stéfano, con quien podría haber formado años antes un
tándem inigualable en el FC Barcelona, pero que acabó jugando en
el Real Madrid.
La temporada siguiente
dirigió al Toronto Falcon's (1965-66) y la posterior al Toronto
City. En 1968 volvió a España y entrenó al Córdoba, desde el que
dio el gran salto a la selección española, a la que dirigió
durante casi once años, desde el 15 de octubre de 1969 hasta el
18 de junio de 1980.
Ningún otro seleccionador
español ha estado tantos años en el cargo ni dirigido tantos
partidos como Kubala, con un balance de 68 encuentros en ese
período, 36 de ellos oficiales, de los que ganó 31 victorias,
empató 21 y perdió 16.
En su etapa como
seleccionador no pudo clasificar a España para el Mundial de
Alemania en 1974 y sí lo hizo para el de Argentina de 1978, en
el que quedó apeada en la primera fase ante Austria. Fue
destituido el 18 de junio de 1980 tras ser eliminada España de
la Eurocopa de ese año que se disputaba en Italia.
Tras su periplo en la
selección volvió fugazmente al banquillo del Barcelona, en el
que fracasó por segunda vez, y después fue entrenador del Al
Hilal de Arabia Saudí (1982-86), con el que fue subcampeón de
Liga y semifinalista en la Copa en su primera temporada.
Después regresó a España,
donde dirigió a varios equipos: Real Murcia (1986-87), Málaga
(1987-88) y Elche (1988-89).
En 1991 y tras ser elegido
presidente de la Asociación de ex-jugadores del Barcelona
(1990), se incorporó, como adjunto de Vicente Miera a la
selección olímpica española, que ganó la medalla de oro en los
Juegos de Barcelona'92.
El 24 de abril de 1993 Kubala
recibió el homenaje de la afición en un encuentro en el estadio
Olímpico de Montjuic entre España, dirigida por Javier Clemente,
y la selección de Cataluña (4-4). Se recaudaron unos 40 millones
de pesetas y 12 instituciones se sumaron a la celebración.
En febrero de 1995 fue
contratado por la Federación de Paraguay para dirigir a la
selección en la fase de clasificación del Mundial de Francia del
98, pero en diciembre de ese año renunció al cargo, ya que,
según dijo, no estaba acostumbrado a tanta desorganización. Pese
a ello disputó 10 encuentros y sólo encajó dos derrotas.
En los últimos años se
instaló definitivamente en Barcelona, donde era conocida su
obsesión por mantener su físico, hasta el punto de que con 66
años a sus espaldas recorría de 40 a 70 kilómetros en bicicleta
los lunes y jueves, jugaba a fútbol los martes, viernes y
domingos y disputaba tres sets de tenis los miércoles y sábados.
En la Navidad de 1996,
después de 20 años, visitó Budapest, donde ya no tenía familia,
mientras que el 9 de febrero de 2000 recibió la Gran Cruz de la
Real Orden del Mérito Deportivo, junto a Alfredo Di Stefano.
Ladislao Kubala Stecz murió
el 17 de mayo de 2002 en Barcelona, España.
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Bobby Charlton
Robert
Charlton,
sir
Charlton, nació en
Ashington, Northumberland el 11 de octubre de 1937. Su historia
futbolera empezó siendo, como muchas otras, una mezcla de
consecuencias y giros del destino que a la postre lo llevaron a
ocupar el pedestal más alto del balompié de su país, sitio que
todavía sigue ocupando, por sus logros tanto en la selección
inglesa como en su club, el Manchester United, siendo el jugador
con más partidos jugados y goles de la historia del Manchester
United, con 249 goles en 759 apariciones.
Fue uno de los primeros en
pegar un golpe sobre la mesa en Inglaterra y echar el balón al
suelo. Mirar al cielo, lo justo. El 6 de febrero de 1948,
Bobby
Charlton se convertía
en uno de los supervivientes del accidente aéreo que sufrieron
los
Busby
Babes, en el que
perdieron la vida ocho compañeros suyos. Un duro golpe para un
chaval de 21 años.
El fútbol era la mejor manera
de superar aquello. El homenaje y la emotividad llegaron diez
años después, cuando el Manchester United ganaba la Copa de
Europa al Benfica por 4-1 (dos goles suyos). Nada había hecho
prever 15 años antes que aquel chico bajito, regordete, con un
físico nada futbolero, que se presentó en las instalaciones de
los
Red
Devils llegaría a ser
uno de los mejores futbolistas del mundo. Ganaría también 3
Ligas Inglesas (1957, 1965 y 1967) y una Copa (1963) vistiendo
la camiseta roja, además de un Balón de Oro en 1966 como mejor
jugador europeo del año.
Además, demostró las dotes
que le convertirían en el líder de la selección inglesa, a la
que hizo campeona en el Mundial de Inglaterra de 1966, la única
hasta el presente que consiguió el balompié británico,
subiéndose definitivamente al pedestal de los elegidos. Fue el
eje sobre el que se cimentó el éxito inglés, especialmente
espléndido en la semifinal ante Portugal, quebradero constante
de cabeza, tanto por sus letales pases como por sus goles (2).
En la final, mantuvo un duelo épico con Beckenbauer, uno sombra
del otro. Inglaterra se impuso y Charlton se fundió en un
emotivo abrazo con su hermano Jackie, baluarte de la defensa
inglesa.
Bobby, o
sir
Williams, sobresalió en todas las posiciones en las que jugó,
como delantero, como extremo y finalmente como organizador.
Versatilidad de medio campo para arriba, durante más de 100
partidos fue el cerebro, motor y manantial de juego de la
pérfida Albión. Visión de juego milimétrica y un pie prodigioso
para trazar con escuadra y cartabón pases de ensueño. Disputaría
otros tres Mundiales. Tan sólo en una ocasión fue sustituido en
la selección: en el Mundial de 1970, cuando Inglaterra ganaba
2-1 a Alemania en cuartos. Pésima decisión, los alemanes
remontaron. Charlton era la fuente.
Dotado de un disparo
devastador que desarrolló a base de disparar contra una pared,
tenía un regate no visto hasta entonces y una magnífica visión
de juego que le permitía lanzar a su equipo por medio de
extraordinarios pases largos. Jugador de instinto, no era
extraño que abandonara su posición para sumarse al ataque,
desatendiendo sus marcas, pero normalmente, cuando Charlton
seguía su instinto, no fallaba.
En Inglaterra fue y es
considerado una institución. Su porte y presencia representan la
quinta esencia del caballero inglés y la muestra perfecta del
jugador que basó su estilo en el talento, tanto que en 1994 fue
nombrado
Sir
por la reina Isabel II
y es embajador oficial del Manchester United.
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Osvaldo Ardiles
Osvaldo
César Ardiles nació el 3 de agosto de 1952 en la provincia
argentina de Córdoba. De estatura mediana y contextura física
delgada, la presencia de Ardiles en el medio campo del fútbol
internacional se pareció más a la de un estratega que al del
típico volante de contención. Fue un habilidoso en terreno
reducido y preciso para el pase de larga distancia.
Ardiles fue creciendo
futbolísticamente después de arribar al primer equipo de Huracán
a mediados de los años 70. Su paso por Huracán fue importante
para su formación y se convirtió en el pilar de la institución
capitalina que logró dos subcampeonatos consecutivos, el de 1975
y 1976.
Cuando el técnico César Luis
Menotti, quién había dirigido al conjunto huracanense antes de
ser nombrado seleccionador de la selección argentina, puso los
ojos en él. Sin embargo, muchos periodistas y una buena parte de
la afición, no lo estimaron capaz de ocupar el puesto de armador
del representativo albiceleste con miras al certamen mundialista
de 1978. Por supuesto, todos se equivocaron menos el propio
Menotti, ya que Ardiles fue, conjuntamente con Mario Kempes,
responsable de las jugadas de gol hilvanadas desde la media
cancha hacia delante.
En la selección gaucha fue
paulatinamente adueñándose del medio campo argentino, alternando
su habilidad natural con un preciso juego de distribución que
hizo las delicias de miles de gargantas argentinas. Se coronó
campeón mundial en 1978 y en total representó al seleccionado
rioplatense en 11 encuentros mundialistas: seis en 1978 y cinco
en 1982.
En lo que se consideró una
transferencia inusual para la época, Ardiles se mudó a
Inglaterra para jugar en el Tottenham Hotspurs, convirtiéndose
en figura e ídolo de la hinchada que cariñosamente lo terminó
apodando
Ossie,
diminutivo de Oswald (Osvaldo). Con el Tottenham Hotspurs logró
la Copa UEFA en 1984. También integró el Paris Saint Germain de
Francia y el Blackburn Rovers, el Queen's Park Rangers y el
Swindon Town, todos de Inglaterra.
En el conflicto bélico de
1982 entre Argentina e Inglaterra por las islas Malvinas, se
ganó el respeto de la mayoría del pueblo inglés, a pesar de
hacer público en la misma Inglaterra su respaldo hacia el pueblo
argentino.
Adeudando pocas materias para
graduarse de abogado, Ardiles supo enfocar su vida más allá del
fútbol y continúa siendo un trotamundos con el título de técnico
bajo el brazo, con suerte esquiva en tal profesión, y también
comentarista deportivo para empresas británicas e hispanas.
Pero de una manera u otra ha
quedado en el mundo del fútbol como lo que realmente fue: un
notable estratega aceptado y elogiado por todo el ámbito del
fútbol internacional.
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George Best
Pelé
dijo de él que era el mejor jugador del mundo. Y si Pelé lo dijo
no vamos a discutirlo. George Best fue sin duda alguna el
jugador de más talento que ha nacido en las Islas Británicas.
"George Best fue único",
aclara
sir
Alex Ferguson acerca
del ex-futbolista, uno de los más grandes talentos del balompié
británico y que posee un fabuloso récord: 137 goles en 361
partidos de Liga Inglesa y un total de 179 en 466 encuentros
vistiendo la camiseta del Manchester United.
La figura de Best (nacido en
Belfast el 22 de mayo de 1946) fue respetada y temida en todos
los terrenos de juego ingleses, especialmente entre 1964 y 1969.
En ese lustro, Best explotó todo su talento y condiciones
físicas, que le convirtieron entonces en el mejor futbolista de
la Liga Inglesa. George Best regaló a sus hinchas momentos
futbolísticos inolvidables, como aquel 21 de octubre de 1967
contra Escocia, cuando el público le bautizó como "el mejor" (the
best).
Con 20 años y una
personalidad arrolladora, Best enloqueció con sus regates,
remates y visión del espacio libre a la entendida afición
inglesa de los años 60, la década en la cual Inglaterra se
proclamó campeona del mundo (1966) en el estadio de Wembley al
vencer por 4-2 en la final a la selección de Alemania.
Durante los once años que
pasó en el Manchester United, con el que ganó la Liga Inglesa en
1965 y 1967, escribió algunas de las páginas más bellas del
fútbol, junto a Bobby Charlton y Dennis Law, sus compañeros en
el
Dream
Team dirigido por el
mítico Matt Busby.
Esa formidable armada
conquistó la Copa de Europa, una primicia para un club inglés
entonces, el 29 de mayo de 1968, contra el Benfica de Lisboa del
gran Eusébio en el estadio Wembley. El entonces técnico del
Manchester United, Matt Busby, se abrazó efusivamente a Best
tras golear por 4-1 al Benfica portugués. Bobby Charlton abrió y
cerró la cuenta anotadora del conjunto inglés, entonces llamados
los
Busby
Boys, pero Best fue el
autor del 2-1 que quebró la igualdad en el minuto 92.
Ese fue el año de Best.
Además del trofeo europeo, fue elegido Balón de Oro como mejor
jugador europeo en 1968. Con su cabello largo, se convirtió en
toda una estrella que recibía más de 10.000 cartas por semana.
Su reputación hizo de él una estrella deportiva pero también un
ídolo al que sus admiradoras ponían al mismo nivel que los
Beatles, gracias a su simpatía y su atractivo. Pero otra de sus
peculiaridades era su gusto excesivo por la vida nocturna.
Tal fue su estilo inigualable
y enorme calidad que algunos analistas ingleses incluyen a Best
en el grupo de elite en el que figuran Di Stéfano, Cruyff,
Maradona y Pelé. Probablemente, durante esa época Pelé fue el
mejor futbolista del planeta. Ahora bien, entre 1966 y 1969,
Best fue imparable.
Charlton, que compartió
éxitos y fatigas en las filas del Manchester, opina que el
estilo de Best podría ser semejante al que exhibió Cruyff quince
años después. "George era más valiente, pero Cruyff tenía la
gran capacidad de organización", apunta Charlton. "Él (Best) era
el número uno y cuidaba esa condición, pero nunca dictaba las
tácticas o daba las charlas sobre lo que teníamos que hacer",
añade.
"Si entonces hubiéramos
sabido lo que ahora, quizá este trágico final podría haber sido
diferente. En el Manchester han aprendido de aquella experiencia
con el caso de Eric Cantona. Quizá teníamos que haberlo tratado
de forma diferente. Si en vez de ser hostiles con él hubiésemos
tratado de apoyarle un poco... ¿quién sabe?", añadió Charlton al
conocer el estado terminal de Best.
La fama de
Georgie
o
Bestie
era tal que se le
consideraba el primer futbolista
superstar
y muchos se referían a
él como
el quinto
Beatle. "Gasté mucho
dinero en bebida, en mujeres y autos deportivos. El resto,
simplemente lo malgasté", declaró un día a modo de resumen de su
vida. Otra joya suya: "en 1969 dejé las mujeres y el alcohol;
fueron los peores 20 minutos de mi vida".
Seleccionado 37 veces con
Irlanda del Norte entre 1964 y 1977, George Best nunca disputó
un encuentro de un Mundial porque, a pesar de su inmenso
talento, no pudo sacar del anonimato a la modesta selección de
su país.
Su carácter rebelde y su
debilidad por el alcohol le perderían. Dejó el Manchester a los
27 años para errar de un club a otro de Escocia a Estados Unidos
pasando por Irlanda. A los 28 años Best tomó una senda
equivocada, empapada por el alcohol y vestida con la fugacidad
de la noche.
Ya no se hablaba de él más
que en la crónica de sucesos. En marzo de 2000, se revelan los
efectos de tantos años de excesos y bebida: tiene el hígado muy
afectado y se teme por su vida. En febrero de 2001 es
hospitalizado por una neumonía y el 30 de julio de 2002 se
somete a un trasplante de hígado.
Pese a las insistentes
advertencias de los médicos, vuelve a beber poco después del
trasplante. Su estado se fue degradando progresivamente y
llevaba varios días inconsciente hasta que falleció el 24 de
noviembre del 2005 a los 59 años.
Un triste final para el que
muchos veían como el jugador con más talento que nunca hayan
dado las Islas Británicas.
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Luis Suárez
Es
difícil entender como un equipo con Di Stéfano, Kubala, Gento y
Luis Súarez nunca ganó nada. Pero así es el fútbol. Cuatro de
los mejores jugadores de la historia jugando juntos en la mejor
selección que probablemente haya tenido España, y sin embargo el
único título que la selección española consiguió fue la Eurocopa
de 1964 cuando ya la mayoría de ellos se habían retirado (sólo
estaban Gento y Luis Suárez de los mencionados).
Dicen que esa es la grandeza
del fútbol, y su historia está llena de estrellas que nunca
consiguieron ningún título mundial. Una de ellas fue Luis
Suárez. Elegido mejor jugador de Europa en 1960, Luis Súarez fue
uno de los mejores jugadores nacidos en el viejo continente.
Luis Suárez Miramontes nació
en La Coruña el 2 de mayo de 1935. Inició su carrera en el
Deportivo de la Coruña y sólo hizo falta un partido, el de su
debut, para que el F. C. Barcelona se decidiera a ficharle.
Helenio Herrera que entrenó al Barcelona en los años 50, decidió
llevárselo al Inter de Milán en 1961. En el Barcelona, ganaría 2
Ligas Españolas, 2 Copas del Generalísimo, 2 Copas de Ferias y
llegaría a su primera final continental, perdida contra el
Benfica de Eusébio en 1961.
Allí creció más si cabe la
leyenda de
El
arquitecto, que aún se
mantiene viva en Italia, donde se le recuerda aún más que en
España. Como jugador Súarez tenía una técnica impecable. Podía
jugar en cualquier posición y en todas destacaba. Tenía un gran
disparo, era un magnífico pasador, un excelente director de
juego y tenía una gran visión de juego. Conquistaría junto al
entrenador Helenio Herrera, los máximos títulos futbolísticos
del mundo, siendo en este equipo, conocido como el
Gran
Inter, el auténtico
lider en el campo. Ganó 3 Ligas Italianas, 2 Copas de Europa
(1964 y 1965) y 2 Copas Intercontinentales con el club milanés.
Con España fue internacional
en 30 ocasiones, en las que consiguió 13 goles. Tras retirarse
como jugador Luis Súarez pasó al banquillo y fue seleccionador
nacional español y entrenador del Inter, equipo al que continúa
ligado en la actualidad.
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Gerd Müller
Cuando
Gerd Müller llegó al Bayer Munich su entrenador, Tschik
Cajkovski, comentó que no podía poner a "ese pequeño elefante
entre mis purasangres".
Aquel jugador, al que
Cajkovski apodó como "el molinero gordito" pasaría a la historia
del fútbol con otro apodo. Uno que le hacía justicia:
Torpedo
Müller.
Más de 600 goles en su
carrera profesional, de ellos 365 en la Bundesliga, récord no
igualado, 14 goles en Mundiales (sólo Ronaldo tiene más)... y
entre otras cosas 68 goles en tan sólo 62 partidos como
internacional con la selección alemana. Gerd Müller recibió el
sobrenombre del bombardero,
der
Bomber, gracias a sus
goles.
En su primera temporada con
el Bayern de Munich, que no jugaba aún la Bundesliga (competía
en la inferior Regionalliga Süd), Müller ganó la Copa de
Alemania. Al año siguiente en la final de la Recopa de Europa,
consiguió el gol de la victoria en la prórroga y un año más
tarde abrazó el título de la Bundesliga, su primero de los
cuatro que conseguiría con el club bávaro.
En el Mundial de México de
1970 fue una de las máximas estrellas con 10 goles y fue
nombrado jugador europeo del año. Finalmente su momento de
gloria llegó en la final del Mundial de Alemania de 1974 cuando
marcó un gol contra Holanda. Además entre ambos Mundiales,
participó en la Eurocopa de 1972 saliendo campeón y con el
título de goleador.
Müller era un jugador
inteligente, oportunista y devastador. Vivía en el área y tenía
un impecable sentido de la colocación. Sus compañeros sabían que
si centraban el balón al área Müller estaría allí. Demoledor en
el juego aéreo, Müller era tremendamente eficaz con los dos
pies.
Una lesión de la que nunca
llegó a recuperarse truncó los años finales de su carrera en los
que se retiró a Estados Unidos para jugar en el Strikers de Fort
Lauderdale de la NASL (ahora MLS). Aunque el bombardero dejó de
volar sobre las áreas rivales, sus récords siguen ahí, y nadie
ha podido todavía acercarse a ellos.
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Karl Heinz Rummenigge
Karl
Heinz Rummenige fue el último de la estirpe de grandes
delanteros nacidos en Alemania. Heredero de la tradición
iniciada por Uwe Seeler y continuada por Gerd Muller, Karl Heinz
Rummenige era un delantero letal como aquellos, pero adaptado a
los tiempos modernos.
Poseedor de una gran técnica,
Rummenigge unía a su demoledora capacidad de remate de cabeza la
habilidad en el regate en sus dos piernas que le pemitía marcar
también fuera del área.
Rummenigge llegó al Bayern de
Munich en 1974, equipo en el que jugó 10 años, antes de emigrar
a Italia, al Inter de Milán. A los seis años de llegar y junto a
Paul Breitner formaron la sociedad conocida como
FC
Breitnigge, que le dio
al Bayer el título de la Bundesliga. Rummenigge ascendió a la
categoría de ídolo. Sus actuaciones en el equipo rojo le
valieron al Bayer tres Bundesligas, dos Copas de Alemania y tres
Copas de Europa, además de conquistar 2 Balón de Oro al mejor
futbolista europeo en 1980 y 1981.En sus diez temporadas con los
muniqueses que marcó 162 goles.
Con la camiseta blanca de la
selección alemana, Rummenige debutó en la Eurocopa de 1980 y
llegó al Mundial de España ya consagrado como estrella. En uno
de los mundiales más disputados de la historia, en el que
estaban Maradona, Platini, Zico, Boniek, Blokhin y Zoff,
Rummenige lideró a su equipo hasta la final tras conseguir el
gol que dejaba a Francia en la cuneta en semifinales. Sin
embargo en la final, jugó lesionado y Alemania fue vencida por
Italia.
Cuatro años más tarde, los
germanos se volvieron a colar en la final contra Argentina. El
veterano Rummenige tuvo una actuación destacada con un gol. Sin
embargo, no pudo con Maradona y Alemania cayó derrotada por 3-2.
Rummenige figura en la lista
de grandes estrellas que nunca consiguieron un Mundial. En su
caso particular, Karl Heinz Rummenigge llevó a su equipo a dos
finales, y en ninguna de ellas no pudo jugar al cien por cien.
La misma lesión, de rodilla, le dejó fuera.
En 1984 pasó a jugar al Inter
de Milán, y en 1987 al Servette de Ginebra, hasta 1989, cuando
se despidió del fútbol en un partido que extrañamente convocó
sólo a 2.200 personas.
Desde 1991, ocupa el cargo de
vicepresidente de su club del corazón, el Bayern de Munich
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Hristo Stoichkov
Fue
uno de los futbolistas más polémicos de los años noventa, pero
también uno de los mejores y más carismáticos. Lo ganó casi
todo. Cuatro ligas españolas y una Copa de Europa con el F.C.
Barcelona, un cuarto puesto en el Mundial de Estados Unidos con
Bulgaria en 1994 y un Balón de Oro como mejor futbolista del
mundo.
Stoitchkov ha sido el mejor
futbolista búlgaro de la historia y su curriculum es
impresionante. Este delantero de raza nació en Plovdiv,
Bulgaria, el 8 de febrero de 1966, y debutó en el fútbol
profesional a los 19 años con el CSKA de Sofía. Durante seis
años, defendió la camiseta del club más prestigioso de Bulgaria
donde disputó 119 encuentros, cosechó 81 goles, y ganó cuatro
ligas y otras varias copas búlgaras.
En su primera temporada con
el CSKA ganó el Campeonato y la Copa Búlgara. En la campaña
siguiente, y como consecuencia de su furia y temperamento fue
suspendido un año por agredir a un árbitro. Regresó a los campos
de juego en la temporada 1986-87 donde repitió Campeonato y
Copa.
En la temporada 1989-90 ganó
su cuarto Campeonato Búlgaro anotando 38 goles y recibió el
premio de Bota de Oro, trofeo al máximo goleador europeo. Su
demostración goleadora llamó la atención de los grandes clubes
europeos y fue contratado por el F.C. Barcelona de España por
4.5 millones de dólares. Con el Barcelona ganó cuatro ligas y
una Copa de Europa en 1992, formando parte angular del famoso
Dream Team de Cruyff.
En la temporada 1994-95 fue
vendido al Parma del fútbol italiano. Su estancia en el
complicado
calcio
sólo duró un año, y
regresó al Barcelona. Su segunda estancia en el club español, no
fue exitosa y en 1998, Stoitchkov y el Barcelona se divorciaron
de manera definitiva y regresó al club de sus orígenes, el CSKA,
donde se preparó para el Mundial de Francia de 1998.
Después tuvo experiencias
fugaces por los clubes Al Nasr de Arabia Saudita, Kashiwa Reysol
de Japón, Chicago Fire y D.C. United de Estados Unidos, tras lo
cual decidió retirarse.
Fue votado mejor futbolista
de su país en cinco años consecutivos; 1989, 1990, 1991, 1992,
1992, 1993, y 1994. Su consagración llegó en el año 1994 y en
suelo americano. De la mano de Stoitchkov, Bulgaria fue la
sorpresa del Mundial y finalizó en el cuarto lugar, marcando 6
goles. Debutó con la selección búlgara el 23 de septiembre de
1987 con la que acumuló un total de 84 selecciones y 37 goles.
En el encuentro de cuartos
contra Alemania, Bulgaria tenía el marcador en contra por uno a
cero, y en ese momento surgió Stoichkov con una fabulosa
exhibición de raza que cambió el rumbo del partido. Creó una
falta con la cual anotó un gol e igualó el marcador y después
envió el centro para el gol de la victoria del calvo Letchkov.
Por esto, más su trayectoria
con su club, el F.C. Barcelona, el rebelde búlgaro recibió el
Balón de Oro, trofeo al mejor futbolista en Europa, y el trofeo
FIFA al jugador del mundo del año 1994. El búlgaro es un hombre
de raza y temperamento, y en un mundo marcado por la disciplina
táctica y el esfuerzo físico, Stoichkov, es un rebelde de las
canchas dominado por los sistemas.
Es un ganador y hace lo que
sea para lograr la victoria. A veces esa ambición le ha llevado
a cometer graves excesos, como agredir a árbitros o pisar a
jugadores contrarios, como en un encuentro de Liga Española
cuando propinó un pisotón a un colegial después de recibir una
tarjeta roja.
Después de su experiencia
como seleccionador búlgaro, actualmente dirige al Celta de Vigo
español.
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Telmo Zarra
Algo
del fútbol español se perdió cuando el legendario delantero del
Athletic Club de Bilbao y de la selección española, Telmo
Zarraonandia,
Zarra,
falleció en Bilbao a la edad de 85 años a causa de un infarto.
El que fuera componente de
una de las delanteras más famosas del Athletic, junto con
Iriondo, Venancio, Panizo y Gainza, jugó 15 temporadas en el
equipo bilbaíno y fue internacional en 20 ocasiones, en las que
marcó 20 goles.
A lo largo de su carrera en
el Athletic Club, entre 1940 y 1955, el jugador nacido en la
localidad vizcaína de Asua el 20 de enero de 1921 disputó 353
partidos. En ellos marcó 334 goles, es decir, 0,95 tantos por
encuentro.
Ese impresionante promedio lo
superó con la selección española, en la que marcó un gol por
partido. Zarra ha sido el jugador más veces máximo goleador de
la Liga Española, con un total de seis ocasiones, en las
temporadas 1944-1945, 1945-1946, 1946-1947, 1949-1950, 1950-1951
y 1952-1953, marca que no ha igualado nadie.
Con la marca establecida en
la temporada 1950-1951, 38 goles, alcanzó el récord goleador en
una temporada, que posteriormente le igualó Hugo Sánchez, si
bien el delantero del Athletic lo logró cuando se jugaban 30
partidos de liga y el del Real Madrid ya cuando se disputaban
38.
Como internacional, su mejor
marca la logró en una amistoso España-Suiza disputado el 18 de
febrero de 1951, en el que marcó 4 tantos. No obstante, el más
famoso de sus goles fue el que le marcó a Inglaterra en la Copa
del Mundo de Brasil de 1950, ya que significó la victoria del
combinado nacional y su mejor clasificación en la historia al
lograr el cuarto puesto.
En su palmarés, aparece un
título de Liga, el de la temporada 1942-1943, y cuatro de Copa
del Rey, en las campañas 1942-1943, 1943-1944, 1944-1945 y
1949-1950. En Liga le marcó cinco tantos al Celta en un 10-0 en
San Mamés (11-01-1942) y en Copa obtuvo otros cinco ante la
Cultural Leonesa también en La Catedral en un encuentro que
acabó 8-2 (21-01-1945).
Además de en el Athletic
Club, en el que debutó el 29 de septiembre de 1940 en un
Valencia 2-Athletic 2, Zarra jugó en otros tres equipos: Erandio
(1939-1940), Indautxu (1955-1956) y Baracaldo (1956-1957), con
todos ellos en Segunda División.
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Daniel Passarella
 Se
convirtió en leyenda en 1978 cuando llegó a ser capitán del
seleccionado argentino campeón del mundo. Pero su personalidad
dentro de un terreno de juego venía forjándose con anterioridad,
en River Plate, donde también era capitán y figura del conjunto
capitalino. Después seguiría jugando en Europa y más tarde,
continuaría ligado al deporte al convertirse en técnico.
Nació en 1953 y debutó en la primera división de Argentina con
River Plate a los 21 años de edad. Desde ese momento se
convirtió en el baluarte del equipo de la banda roja,
desarrollando un estilo propio, de jugador con carácter pero
también hábil con el balón y potente en el juego aéreo.
El entonces técnico del seleccionado argentino, César Luis
Menotti, no dudó en llamarlo para integrar el equipo que a la
postre participaría en el Mundial de 1978 en el país rioplatense
y que luego se coronó campeón mundial. Passarella no sólo fue el
capitán de ese representativo sino que también se convirtió en
una de sus figuras principales.
Frontal tanto para hablar como para jugar, fue el representante
perfecto del equipo dirigido por Menotti. De River Plate fue
transferido a la Fiorentina (marcanndo 39 goles y convirtiéndose
en uno de los mejores jugadores que hayan pisado la institución)
y luego al Inter de Milán, en donde también descolló en el
fútbol italiano. Su temple y fuerte personalidad lo impulsaron a
los primeros planos del fútbol de la península.
El gran Capitán
intervino también en la selección que jugó en 1982 en España.
También fue el capitán de ese equipo y a pesar de que Argentina
no brilló como se esperaba fue casualmente él quién resaltó por
su entrega en los partidos en que participó la selección antes
de ser eliminada.
Para 1986 formó parte del equipo que se clasificó al Mundial de
México del 86. Una jugada suya le dio a Argentina el empate
frente a Perú que a la postre significó el pasaje a tierras
mexicanas. Sin embargo, no fue titular de la selección argentina
que se coronó campeona del mundo y aún hoy persisten los rumores
del motivo por el cual el técnico Carlos Bilardo no lo incluyó
en el primer equipo.
En 1989, se retira y meses después, ya como técnico, sacó
campeón argentino al club de sus amores, River Plate. Después
Passarella dirigió con críticas y elogios a la selección
argentina que jugó el Mundial de Francia de 1998. Basado en una
disciplina férrea con sus dirigidos, Passarella no logró llevar
al equipo a lo más alto.
No obstante su trayectoria sirvió para que la Federación
Uruguaya de Fútbol lo nombrara técnico del equipo celeste.
Después de pasajes como seleccionador de Uruguay y entrenador
del Parma italiano, del Monterry mexicano y del Corinthians
brasileño, vuelve a entrenar al River Plate de sus amores.
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Carlos Valderrama
De
cabello rubio frondoso y ensortijado, de piel blanca caribeña y
de escasas palabras, Carlos
El Pibe
Valderrama, el mejor
futbolista colombiano de todos los tiempos, continúa enamorado
de la pelota y con pocas ganas de quitarse el 10 de su espalda.
El Pibe,
como simplemente el fútbol le conoce, matriculó su nombre y su
estilo de juego en la época más brillante del balompié cafetero.
Los años noventa lo recordarán como aquel capitán que con un
ritmo pausado y seguro fue capaz de burlar la táctica con la
precisión de la magia.
El Flaco
César Luis Menotti, en una charla de café y cigarrillo,
describió a Valderrama, uno de sus preferidos en el campo, como
"un mago de la inteligencia, que sabe la ubicación de sus
compañeros casi sin mirarlos y que les entrega el balón como con
la mano".
Francisco
Pacho
Maturana, quien lo
dirigió en los Mundiales de Italia 90 y de Estados Unidos 94, y
fugazmente en el Real Valladolid de España, en 1991, lo recuerda
como "el cerebro de la selección colombiana". "Con sólo tenerlo
en el campo Colombia ya ganaba en lo anímico 1-0 y el rival
sentía eso en el campo", asegura
Pacho.
No en vano, Valderrama fue
considerado como el mejor futbolista de América en 1987 y 1993,
y en sus actuaciones en Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia
98, su última Copa del Mundo y bajo la tutela de Hernán Darío
Bolillo Gómez, siempre
apareció en la galería de las estrellas.
"Para un futbolista el
Mundial es lo máximo, es como la fiesta de 15 años para una
señorita o el grado para un profesional. Eso es el Mundial para
mí: una fiesta de los mejores jugadores y selecciones del
mundo", dijo Valderrama en una entrevista.
Pero la historia del
Pibe,
esa que comenzó escribiendo en las ardientes canchas
polvorientas de Pescaíto, su barrio natal en Santa Marta (costa
del Caribe), también tiene interesantes capítulos exitosos y
otros muy discretos en los diez clubes para los que ha jugado:
cinco de Colombia, uno de Francia, uno de España y tres de
Estados Unidos.
Los locales Unión Magdalena,
donde dio los primeros pasos como profesional, Millonarios de
Bogotá, Deportivo Cali, donde alcanzó el estrellato en los años
ochenta, Independiente Medellín y Junior de Barranquilla, con el
que consiguió los títulos nacionales de 1993 y 1995, disfrutaron
de la luz de Valderrama.
También lo hizo el
Montpellier de Francia, entre 1988 y 1991, donde alineó, entre
otros, junto al campeón mundial Laurent Blanc y al legendario
Roger Milla. Sin embargo la piedra en el zapato fue el Real
Valladolid, donde al lado de sus compatriotas René Higuita y
Leonel Álvarez sufrió la amargura del rechazo y de un fútbol que
no le abrió las puertas.
Fue en el Colorado Rapids de
la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos donde esbozó sus
últimas pinceladas, las que también dibujó cuando defendió los
colores del Miami Fusion y del Tampa Bay Mutiny, su primer club
en la liga estadounidense.
"Me llevaron para que ayudara
a llevar el fútbol a todos los Estados Unidos y creo que he
cumplido", confesó a su llegada a Colombia. Pero Valderrama no
se rinde: "Quisiera ser técnico de la selección colombiana. Hay
mucho camino por delante, hay que aprender, pero con paciencia
sabré llegar".
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