Jugadores Míticos    
    He aquí una muestra de los jugadores clásico más importantes, ya sea por su forma de ser o por su juego, que a mi parecer han pasado por un mundial. Sin duda jugadores que han pasado a la historia y que han dejado y dejarán huella en las nuevas y no tan nuevas generaciones, jugadores únicos e irrepeltibles...

 

   
   

Diego Armando Maradona

 Nació un 30 de octubre de 1960 en Lanús, provincia de Buenos Aires. Se crió entre potreros y pobreza en Villa Fiorito, donde descubrió su amor por la pelota. Esas eran épocas de sueños donde Diego anhelaba jugar en la Selección Argentina y ser campeón del mundo.

Considerado como el mejor jugador de los últimos tiempos, destacó por su habilidad con el balón y su depurada técnica.De familia humilde, Diego Armando Maradona empezó a jugar al fútbol con sus amigos de Villa Fiorito, un barrio suburbano de chabolas situado en la afueras de Buenos Aires. Apodado El Pelusa y Pibe de Oro, siendo muy pequeño consiguió un puesto de titular en el equipo infantil de Estrella Roja, de Fiorito. El entrenador Francisco Cornejo le vio jugar en este equipo y le propuso ir al Argentinos Juniors. A los 12 años ya era campeón con la novena división del Argentinos Juniors. En dos años ascendió ocho divisiones, de novena a primera.
 

El 27 de febrero de 1977 debutó con la selección absoluta argentina, en un partido contra Hungría en el que jugó sólo unos minutos. Dos años después ganó el Mundial Juvenil con la selección argentina y fue proclamado el mejor jugador argentino. Con su equipo, el Argentinos Juniors, consiguió llegar a las semifinales del Campeonato de Liga y consiguió el galardón de máximo goleador. Del Argentinos Juniors pasó a jugar al Boca Juniors, aunque el River Plate también intentó contratarlo. En el Boca jugó dos temporadas y consiguió el título de liga con este equipo.En 1982 Diego Armando Maradona firmó un contrato con el Barcelona por 1.200 millones de pesetas. Debutó oficialmente en el club blaugrana el 5 de septiembre de 1982 en un partido contra el Valencia. Jugó 39 partidos y fue el máximo goleador del equipo con 27 tantos.En 1984 firmó un contrato con el Nápoles por 1.300 millones de pesetas y en el que se comprometía a permanecer hasta 1989. Si bien en las dos primeras temporadas no logró el título de Liga, Maradona sí lo consiguió en la temporada 1986-87, en la cual el Nápoles también conquistó la Copa de Italia. Poco antes, en 1986, Maradona había obtenido el título mundial con la selección Argentina en el Campeonato del Mundo celebrado en México, donde demostró ser el mejor jugador desde Pelé o Cruyff.
 

El Nápoles y Maradona se tomaron la revancha deportiva en la campaña siguiente, 1988-89; en ella los napolitanos obtuvieron la primera competición europea de su historia, la Copa de la UEFA. En la temporada 1989-90 el club napolitano obtuvo su segundo título de Liga. Ese año se casó con con Claudia Villafañe, de la que tendría dos hijas, Dalma y Giannina. La temporada siguiente se inició de forma esperanzadora para el futbolista argentino, pues consiguió su club la Supercopa de Italia. Pero sólo fue un espejismo, ya que pronto comenzaron a llegar los resultados negativos para el Nápoles, que resultó eliminado de la Copa de Europa en los octavos de final por el Spartak de Moscú.

En febrero de 1991 Diego Armando Maradona fue acusado de estar relacionado con el tráfico de drogas y la prostitución; el 2 de abril de 1991, el Comité de Disciplina de la Federación Italiana de Fútbol le impuso una sanción cautelar para jugar por haberse confirmado en el contraanálisis su positivo por cocaína tras el partido Nápoles-Bari, fue suspendido por este comité; y el Comité de Apelaciones ratificó la sanción. Poco después fue detenido en Buenos Aires en una redada policial antidroga.

El 28 de abril de 1992 quedó en libertad y tuvo que afrontar la acusación por suministro de droga a título gratuito y tenencia de droga.Tras varios meses de contactos y negociaciones, el presidente del Nápoles firmó el traspaso de Maradona al Sevilla por 7,5 millones de dólares; el 28 de Septiembre de 1992, después de un año y medio apartado de los terrenos de juego por sanción, debutó como jugador del Sevilla en un partido amistoso contra el Bayern de Munich alemán. En octubre debutó en competición oficial con el Sevilla en la Liga española, ocho años después de jugar en ella por primera vez.En febrero de 1993 Diego Armando Maradona volvió a vestir la camiseta de su selección nacional, tras dos años y medio, en el partido Argentina-Brasil disputado en Buenos Aires. Cuatro meses después fue despedido del Sevilla F.C. antes de que terminara su contrato.

El 7 de noviembre de ese mismo año debutó como jugador del club Newell´s Old Boys, argentino, tras once años de ausencia en equipos de su país. Un año después la FIFA decidió suspenderle cautelarmente de toda competición al dar positivo en un control antidopaje realizado en la Copa del Mundo de Estados Unidos y, poco después, la FIFA le impuso una multa de 15.500 dólares y una suspensión de 15 meses.
 

Posteriormente pasó a ser entrenador, primero con el Deportivo Mandiyú, que estaba situado en penúltima posición del torneo de Apertura de la Primera División argentina y en el que no permaneció mucho tiempo. Su segundo equipo como entrenador fue, a partir del mes de diciembre del 94, el Racing Club de Avellaneda.Maradona firmó con el Boca Juniors para regresar como jugador, al cumplir su sanción, el 30 de septiembre de 1995. Su club ratificó el compromiso inicial y programó la alineación de Diego para jugar en Seúl frente a la selección de Corea del Sur, partido en el cual hizo su debut con el equipo bonaerense. Ese mismo año recibió el Balón de Oro al mejor jugador de todos los tiempos.

El 30 de octubre de 1997 anunció su retirada después de dar positivo en un control antidopaje. Perseguido por los problemas con las drogas y los incidentes con la prensa, en 1999 sufrió una crisis cardiaca por sobredosis de cocaína y se retiró a Cuba para seguir un tratamiento de desintoxicación.Durante el año 2003 y 2004 Maradona ha residido en Cuba, donde ha recibido tratamiento para desintoxicarse de su adicción a las drogas.

Una crisis aguda le llevó a Argentina en abril y mayo de 2004, donde fue tratado en una clínica psiquiátrica de las afueras de Buenos Aires. Tras recuperarse en parte, regresó a Cuba para continuar con el tratamiento, a pesar de que su familia se opuso, y después de que un juez aceptara su traslado (fue ingresado en argentina contra su voluntad, por expreso deseo de sus familiares).

 

 

 

   
   

Pelé. Edson Arantes Do Nascimento

 



Nacido en Tres Coraçoes, Minas Gerais (Brasil) 23-10-1940
Tras empezar a jugar a los siete años en el Siete de Septiembre, tres años más tarde comenzó a hacerlo en el Radium. Su etapa juvenil se completa con su paso por el Canto do Rio, el Amerinquinha y en el Baurú Atlético. En 1956 ficha por el Santos, logrando en el campeonato siguiente conseguir 36 goles. En 1958 consigue ser el máximo realizador del torneo, logrando 58 tantos, por lo que es llamado por el seleccionador brasileño para participar en el Campeonato Mundial de Suecia. Tiene tan solo 17 años y ya consigue su primer título mundial y de su selección, al vencer al país anfitrión por 5 goles a 2, con dos tantos del propio Pelé.

En 1959 consigue nada menos que 126 goles en 103 partidos, aunando no sólo eficacia sino belleza en cuanto a la ejecución. El mejor representante de la escuela brasileña, Pelé mostraba un excelente manejo del balón, apostando por el fútbol en su variante más espectacular.

En 1962 nuevamente acudió a un Mundial, el de Chile, en el que su selección, de la que él es el mejor estandarte, sale de nuevo como campeona. En la final, la selección carioca consiguió vencer a la de Checoslovaquia por 3 goles a 1, si bien Pelé no pudo estar presente al sufrir una lesión. Los años siguientes se convierten en un reguero de triunfos en el campeonato nacional, logrados con goles y juego espectacular.

En 1966 disputa el Mundial de Inglaterra, en el que el país anfitrión resulta vencedor. Este mismo año se casa con Rose Mary Cholby, naciendo al año siguiente su hija Cristina. En 1969 consigue marcar el tanto número 1.000. Un año después, en el Mundial de México, se proclama nuevamente campeón con el seleccionado brasileño, consiguiendo Pelé marcar el primer gol de la final. Brasil venció a Italia por 4 a 1. Después de 109 partidos y 93 goles, se retira de la selección brasileña el 18 de julio de 1971, en un partido jugado contra Yugoslavia en el mítico estadio de Maracaná.

odavía jugará con el Santos hasta 1974, año de su fichaje por el Cosmos de Nueva York. Al retirarse del fútbol brasileño, consigue hacerlo nada menos que con 1.114 partido jugados y 1.090 goles. Sus cifras no dejan de ser mareantes, pues, también con el Santos, disputó 359 de 367 partidos internacionales, logrando anotar 367 tantos. En el retiro dorado del Cosmos juega de 1975 a 1977, logrando la liga de Estados Unidos este último año. Definitivamente se retira del fútbol el 1 de octubre de 1977, día en que se juega el partido Cosmos-Santos. Pelé disputará un tiempo con cada equipo. En la cumbre de su fama, 700 millones de personas ven por televisión el espectáculo.

Como futbolista, Pelé ha conseguido los máximos galardones, estableciendo records muy difíciles de batir. En doce ocasiones ganó el Campeonato Paulista, siendo además durante nueve años seguidos el máximo goleador del torneo; cinco veces se proclamó campeón de la Copa de Brasil. Es el máximo goleador en un solo encuentro, en el que marcó 8 tantos. También ha sido el futbolista que más puntos ha conseguido con su selección, 108. Tras dejar el fútbol se dedicó a los negocios, actividad en la que también consiguió el éxito.

Su actividad es casi frenética. Hace de comentarista deportivo, columnista de periódico, actor ("Evasión o victoria"), asesor de la federación Brasileña de Fútbol y un largo etcétera. Su popularidad ha llamado la atención de los políticos, realizándole ofertas para apoyar sus candidaturas e incluso pretendiendo que se postulase como presidente de Brasil, lo que principio rechazará.

Sin embargo, en 1994 acepta su nombramiento como Secretario Especial de Deportes en el gobierno de Cardoso, presentando, tres años más tarde, la "Ley Pelé", según la cual pretende eliminar la relación demasiado estrecha entre política y fútbol existente en Brasil y organizar un Campeonato del Mundo y unas Olimpiadas. Enfrentado al presidente de la FIFA, el también brasileño Joao Havelange, por denunciar la corrupción en el seno de Confederación Brasileña de Futbol, la selección de Brasil está a punto de no asistir a los Mundiales de Francia. Ha sido también "Embajador Honorífico Turístico de Brasil", cargo que le hizo viajar por numerosos países y entrevistarse con otras personalidades.

En 1991, la ONU le nombró Embajador sobre el Medio Ambiente y el desarrollo (UNCED), y en 1994 designado embajador de la UNESCO. El Presidente de Brasil, Collor de Mello, otorgó a Pele la Orden del Mérito Nacional. Personalidad de primer orden de la vida pública brasileña, cualquier acontecimiento en torno a su figura ocupa ríos de tinta en los periódicos de su país, como sus matrimonios y amoríos -después de divorciarse de Rosa Mary Colby, se relacionó con la presentadora Xuxa; más tarde con Miss Brasil 1989, Flavia Cavalcanti y, desde 1994, con la médico Assiria Seixas Lemos-.

   
   

Ruud Gullit

 
 
Ruud Gullit nació el 1 de septiembre de 1962 en Amsterdam, Holanda. Para un niño holandés tener una prueba con el Ajax es un sueño. Ser rechazado por la mejor escuela de fútbol de Europa, como le sucedió a Gullit, se puede convertir en una pesadilla.

Ruud Gullit lo siguió intentando y el Haarlem le aceptó. Los ojeadores supieron descubrir en aquel joven líbero el potencial de uno de los mejores jugadores que ha dado Holanda en todos los tiempos.

La primera medida que tomaron fue la de cambiarle de posición. Gullit jugaba en aquel entonces de líbero, posición que no aprovechaba una de sus mejores cualidades, la velocidad (11 segundos en los 100 metros). Ruud abandonaría esa posición y no volvería a desempeñarla hasta el final de su carrera, cuando ocupó el papel de entrenador y jugador del Chelsea.

A pesar del excedente de estrellas, el fútbol holandés sabe reconocer el talento emergente y tres años después de debutar en el Haarlem Gullit era convocado por la selección nacional holandesa.

Del Haarlem pasó al Feyenoord en 1982 y de ahí al PSV en 1985 antes de abandonar definitivamente el fútbol holandés. Al marchar en dirección al calcio italiano en 1987, Gullit dejaba detrás de él tres Ligas Holandesas (con el Feyenoord en 1984 y con el PSV en 1986 y 1987) y una Copa (con el Feyenoord en 1984). La llamada del AC Milan, respaldada por cinco millones de dólares era demasiado potente como para ignorarla.

El proyecto de Berlusconi y Sacchi se basaba en el talento holandés. Van Basten, Rijkaard y Gullit fueron el triangulo básico de aquel Milan que asombró a Europa y que destrozó a todos los rivales que se pusieron en su camino.

Si Van Basten fue el puñal de aquel Milan histórico, Gullit fue el espíritu, la base del equipo y el eje que lo hacía funcionar. Hábil, inteligente, dotado de gran clase y con llegada al gol, Gullit fue elegido mejor jugador europeo del año en 1988, año en el que ganó la Eurocopa con Holanda y la Liga Italiana con el Milan (ganaría otras dos Ligas en 1992 y 1993 y dos Copas de Europa y dos Copas Intercontinentales en 1989 y 1990).

Los rivales de Holanda respiraron aliviados cuando Gullit anunció que no iría al Mundial de Estados Unidos de 1994. En una decisión difícil de comprender, Ruud Gullit privó a Holanda de su mejor jugador, él mismo, alterando el curso de aquel Mundial en el que Holanda, una vez más no triunfó.

Tras un breve y fugaz paso por la Sampdoria, donde ganó la Copa de Italia en 1994, el Tulipán negro regresó al Milan. Poco más tarde escuchó otra llamada, esta vez la del Chelsea. Allí volvió a jugar de líbero, retomando el puesto de su juventud e inició una nueva carrera, la de técnico que alternó con la de jugador una temporada. En Inglaterra dejó otro título, el de la Copa Inglesa en 1997, al igual que en Holanda y Italia con anterioridad. En toda su carrera, marcaría 235 goles en 629 partidos oficiales.

Su carrera como futbolista ha terminado pero la de entrenador no ha hecho más que empezar.
Ya ha entrenado el Newcastle inglés, el Feyenoord holandés y las selecciones de base de Holanda.
 
   
   

Johan Cruyff

 
 
Hendrik Johannes Cruijff nació en Amsterdam, Holanda, el 25 de abril de 1947. Es considerado por los aficionados al balompié y por la FIFA como uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol del siglo XX, junto a Pelé, Diego Armando Maradona y Alfredo Di Stéfano, y el mejor jugador nacido en Europa de todos los tiempos.

La infancia de Johan Cruyff estuvo ligada a un balón de fútbol y al Ajax de Amsterdam, pues con sólo diez años fue escogido entre otros 300 niños para formar parte de las categorías inferiores del club, creciendo en la universidad del fútbol de ataque.

A la edad de doce años perdió a su padre, por lo que se vio obligado a ayudar a su hermano con la economía familiar. Un par de años después, encontraría una nueva figura paterna en el cuidador del campo del Ajax al que ayudaba en su trabajo.

Dentro de la estructura del Ajax pasó rápidamente por todas las categorías inferiores (incluidos trabajos como el de limpiabotas y cuidador del vestuario), hasta que consiguió llegar a la primera plantilla, y debutar en la Liga Holandesa a la edad de 16 años.

El partido del debut se celebró el 15 de noviembre de 1964, enfrentándose al GVAV Groningen. Se producía así el inicio de la carrera del considerado mejor jugador europeo de la historia, que contribuiría en hacer al Ajax el claro dominador del fútbol del viejo continente, consiguiendo 6 Ligas y 4 Copas Holandesas, 3 Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental y 1 Supercopa de Europa.

Cuando el Ajax destrozó al Liverpool por 5-1 fue evidente que aquel delgado adolescente de pelo largo no era un jugador corriente y cuando levantó su tercera Copa de Europa consecutiva en 1973 todo el mundo sabía ya que era uno de los mejores jugadores de la historia. Su figura se convirtió en un referente del mundo del fútbol, consiguiendo en tres ocasiones el Balón de Oro, otorgado por la revista francesa France Football, en los años 1971, 1973 y 1974 (estos dos últimos vistiendo ya la camiseta del F. C. Barcelona).

Si Maradona y Pelé son recordados por lucir el número 10 en sus camisetas, Cruyff lo es por el dorsal número 14, algo en principio extraño, pues en los años 1970, cuando no existían las camisetas personalizadas, los números superiores al 11 estaba reservados a los suplentes.

La ruptura con el Ajax llegó en la temporada 1973-74, cuando el club de la capital holandesa negoció el traspaso de Cruyff al Real Madrid. Al saberlo el jugador, hizo muestra de una rebeldía que también le caracterizó durante toda su carrera, y decidió no fichar por el Real Madrid, sino por su máximo rival, el F. C. Barcelona, club por el que tenía mayor estima en su juventud. El traspaso de Cruyff al Barcelona se convirtió en el más caro en la historia del fútbol hasta ese momento (60 millones de pesetas) y firmó un contrato de 12.000 dólares mensuales.

Cruyff fue recibido en Barcelona como un auténtico ídolo, y es que la afición blaugrana veía en él la única esperanza de que su equipo saliese a flote, pues hacía catorce años que no ganaba la Liga. Y Johan no defraudó a nadie. El equipo dio un giro desde entonces, consiguiendo no perder ni un sÓlo encuentro desde la llegada del apodado el Flaco, y logrando ganar por fin el Campeonato Español. Además, el equipo consiguió un hito que todavía no ha conseguido igualar, y es que venció por 0-5 en su visita al Santiago Bernabéu del Real Madrid, el 17 de febrero de 1974, con un gol antológico del holandés. Acabó esa primera temporada con 24 goles en su haber.

En el verano de 1974 disputó como capitán de la selección holandesa el Mundial de Alemania. El conjunto holandés desplegó un juego que pasaría a la posteridad como fútbol total, y que giraba en torno a la figura de Johan Cruyff. Esta selección de los Países Bajos sería recordada como la Naranja Mecánica, siendo considerada uno de los equipos más grandes de la historia del fútbol. La final la disputó contra Alemania Federal, tras machacar a Brasil y a Argentina en rondas anteriores. Los anfitriones, encabezados por Franz Beckenbauer, se impusieron 2 a 1. Pero Cruyff fue designado como el mejor jugador del Mundial.

En 1978 decidió no participar del Mundial de Argentina debido a la violación masiva de derechos humanos que realizaba la dictadura imperante.

Su estancia en el F. C. Barcelona duraría tres temporadas más, en las que sólo conseguiría ganar una Copa del Rey, aunque continuó marcando diferencias como estrella futbolística. Problemas con la directiva le llevaron a tomar la decisión de abandonar el club. Sin embargo, su estancia en Barcelona dejó una gran huella en su persona, pues se integró muy rápidamente en la cultura catalana.

Tras un breve período de inactividad, en el que se le hizo un partido homenaje por parte del Ajax, decidió enrolarse en la Liga Estadounidense, fichando en 1979 por Los Angeles Aztecs. La temporada siguiente la jugaría con los Washington Diplomats, y el año de 1981 lo empezaría la segunda división española, jugando varios meses con el Levante, para posteriormente finalizarlo en Washington de nuevo.

La carrera de Cruyff parecía estar llegando a su fin, pero sorprendentemente fichó de nuevo por el Ajax con la edad de 34 años. Durante sus dos temporadas en el club de su infancia consiguió ganar las dos veces la Liga Holandea, además de una Copa. En su última temporada en el Ajax, la 1982-83 , Cruyff, creó el penal indirecto. En lugar de tirar a puerta sirvió una asistencia para su compañero Jesper Olsen, quien le devolvió el pase para que Cruyff pudiera marcar. Esa última temporada resultó especialmente complicada para el jugador, ya que se produjo la muerte del que había sido para él su segundo padre. Cruyff cayó en un bajo estado de ánimo, y el presidente del Ajax llegó a declarar que al jugador ya le faltaban capacidades para seguir jugando en la primera división holandesa.

Y es así como salió a relucir de nuevo el espíritu rebelde de Cruyff, que decidió fichar por el máximo rival, el Feyenoord de Rotterdam, contando ya con 37 años. En la que fue su última temporada consiguió hacer doblete, ganando la Liga y la Copa, además de ser designado como mejor jugador del campeonato liguero. Su carrera como jugador no pudo terminar de manera más triunfal.

Cruyff jugaba en el centro del campo, pero al igual que Pelé, Di Stéfano o Beckenbauer, Cruyff rediseñó su posición y trajo al fútbol algo nunca visto hasta entonces, el fútbol total. Para Cruyff el fútbol era ataque y en este residía la belleza del juego.

Además de dirigir a sus compañeros con una inteligencia poco común, individualmente Cruiff era un jugador superdotado. Es difícil describir las cosas que hacía con el balón, pero basta un ejemplo.

Tras sufrir un infarto de miocardio que estuvo a punto de costarle la vida, Cruyff hizo un comercial en España contra el tabaco. Filmado en una sola toma Johan sacó una cajetilla de tabaco y por veinte segundos la tocó con el pie, la rodilla, la cabeza, el pecho, se la preparó y en una media volea la sacó de la imagen. Eso era lo que hacía con una cajetilla de tabaco. Imaginénse con un balón.

No pasó mucho tiempo desde su retiro como jugador profesional hasta su vuelta a los terrenos de juego. Como entrenador del Ajax conquistó una Recopa de Europa y dos Copas Holandesas. De nuevo fue llamado por el F. C. Barcelona y lo que no conquistó como jugador blaugrana lo hizo como entrenador ensamblando el que se llamó Dream Team. Cuatro Ligas consecutivas, una Copa del Rey, una Recopa de Europa y finalmente la Copa de Europa en 1992.

Hoy no entrena ningún equipo, pero sus dos equipos del corazón (Ajax y F. C. Barcelona), aún están impregnados de su filosofía de juego de ataque.
 
   
   

Michel Platini

 
 
Era sólo un partido amistoso, pero con los italianos en fútbol nunca hay amistad. Francia perdía por 1-0 cuando el árbitro decretó una falta. Michel Platini la lanzó y marcó. El árbitro no concedió el tanto. Platini recogió el balón, lo colocó en el mismo lugar, se preparó para lanzar y colocó el balón en el fondo de la red por el mismo sitio donde lo había colocado segundos antes.
 

Platini empezó su carrera en las ligas regionales del fútbol francés y fue escalando a través de la maraña de categorías y equipos hasta llegar a la selección francesa. En su partido de debut ante Checoslovaquia se produjo una falta en el área checa. Platini se acercó al capitán de su selección, Henri Michel, y le dijo, "si me la dejas, la coloco en el fondo". Henri le cedió el balón y en un lanzamiento con una parábola perfecta Platini cumplió su palabra.

El lanzamiento de faltas, en las que era un maestro, era sólo una de las facetas del juego de Michel Platini. Dotado de una técnica exquisita Platini podía lanzar un pase de cuarenta metros al pie de un compañero desmarcado después de haber regateado a tres rivales. Su dominio del balón era total. Su inteligencia como director, también.

Platini nació el 21 de junio de 1955 en Joeuf (Francia), una localidad cercana a Nancy. Fue el segundo hijo de padres italianos apasionados por el fútbol, de la región de Piamonte, que tenían un restaurante italiano.

Se puede decir que el fútbol francés se divide en dos eras, antes y después de Platini, Le Roi. Con su llegada al equipo nacional, Francia volvió al concierto internacional y tras realizar un brillante papel en el Mundial de Argentina del 78, fue en el Mundial de España del 82 en el que el mundo pudo asistir a la demostración del talento de Platini en estado puro.

Tras convertir en campeones al Nancy y al Saint-Etienne, Michel Platini fue a la Juventus. Allí il Francese dejó lo mejor de su fútbol. En su primer año conquistó la Copa de Italia y fue elegido Balón de Oro. En su segundo año Platini ganó su segundo Balón de Oro, fue cappocannonieri del Campeonato Italiano, conquistó el título de Liga Italiana y la Recopa de Europa.

Ese mismo año, 1984, Platini hizo a su país campeón de Europa gracias a sus goles a balón parado, a su dirección del juego y a su talento. Al siguiente año, en 1985, otro Balón de Oro, otra vez máximo goleador del calcio italiano, otra vez campeón de Liga y, por primera vez, campeón de la Copa de Europa. Era el dueño del fútbol europeo.

Por última vez Platini acudió a un Mundial, esta vez en México en 1986. Il Francese tenía treinta años y una vez más Francia brilló gracias a él. En un partido inolvidable ante Brasil, Francia eliminaba a los canarinhos en los penaltis gracias a un lanzamiento de Platini. Al año siguiente, con todavía mucho fútbol para dar Platini se retiró. Pero no se alejó del balompié ni mucho menos porque quedó enquistado en la elite de la FIFA.

Fue gracias a su empeño y determinación que Francia fue sede del Mundial de 1998, cita en el que por primera vez una selección gala obtuvo el título mundial. Y Platini estuvo ahí, no como jugador sino como el ilustre organizador del evento.

Para quienes vieron el triunfo francés ante Brasil y el momento cumbre en que Zinedine Zidane levantó el cetro más bello del fútbol, no podrán olvidar los ojos humedecidos por la emoción de Monsieur Platini, porque después de todo él también era dueño de ese triunfo, aunque no estuvo con el pantalón corto pidiendo el balón para dirigir la orquesta.

Desde 2007 preside la UEFA, el organismo internacional del fútbol europeo, y como ayer en una cancha, actúa con la misma frialdad y temple que lo caracterizaron en sus años de futbolista. Para Michel Platini, el balompié es un juego antes que un producto, un espectáculo antes que un negocio y un deporte antes que un mercado. Hace bien.

 

   
   

Alfredo Di Stéfano

 
 
La Saeta Rubia, tal como se le apodó, es considerado como uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia, junto a Maradona, Pelé y Cruyff. Durante su carrera, jugó más de 1.100 partidos, anotó 818 goles y ganó 5 Copas de Europa con el Real Madrid.
 

Nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires. A los 15 años fue inscrito en el club River Plate de Argentina y un año más tarde debutó en el primer equipo como puntero derecho pero en esa década del 40 no tuvo cabida en la institución millonaria y debió jugar a préstamo en el club Huracán donde jugó 24 partidos y marcó 11 goles.

En 1947 regresó a River Plate para integrar un trío de ataque histórico: José Manuel Moreno, Alfredo Di Stéfano y Ángel Labruna, coronándose campeón argentino de la temporada 1946-47 además de ser el goleador del certamen con 27 goles en 30 partidos. Ese mismo año ganaría también con Argentina el Campeonato Sudamericano. Tenía apenas 21 años de edad y ya era para muchos argentinos, el mejor delantero del momento.

En 1949 y debido a la huelga de jugadores que se declaró en Argentina, emigró a Colombia para jugar en la División Mayor del Fútbol Colombiano, entonces una liga pirata de fútbol. En el club Millonarios jugó cuatro años, participando en 292 partidos y anotando 267 goles, convirtiéndose en el segundo goleador de la historia de Millonarios, que se clasificó campeón en los cuatro años que jugó Di Stéfano: 1949, 1951, 1952 y 1953.

Asimismo representó a la selección cafetera en cuatro oportunidades. En 1953, con 27 años de edad, fue considerado el mejor jugador de América del Sur. Y en mismo 1953, su vida, y quizás la del Real Madrid y el fútbol en general, cambiaron para siempre.

Luego de una gira europea de Millonarios y por 70 mil dólares, el goleador pasó a las filas del Real Madrid, en donde se le apodó La Saeta Rubia, después de una batalla en los despachos entre el F. C. Barcelona y el Real Madrid.

Con el Real Madrid fue campeón de Liga en ocho oportunidades, campeón de la Copa del Generalísimo en una oportunidad, y campeón de la Copa de Europa cinco veces: 1956, 1957, 1958, 1959 y 1960, año en que la institución española también ganó la Copa Intercontinental. Además de premios individuales como 2 Balón de Oro (1957 y 1959) y 5 trofeos Pichichi como máximo goleador de la Liga Española.

Jugador de toda la cancha, zurdo pero a la vez capaz de jugar con pierna derecha, tenía una habilidad distinta a la de un Pelé o Maradona. Lo hábil de Di Stéfano consistía en saber cuando buscar una pared, aplicar un freno o un amague, colocar un pase largo e incluso, cuando rematar al arco, ya que también poseía un fuerte disparo de media y larga distancia. Integró la selección española en 31 partidos logrando convertir 23 goles, aunque nunca llegó a jugar por diversas circunstancias un Mundial.

Hoy por hoy su nombre continúa siendo base de polémica porque para muchos expertos del ámbito futbolístico internacional, Alfredo Di Stéfano está a la par, sino más arriba, de Pelé o Maradona.

Durante toda su carrera profesional marcó 654 goles y en 1991, la revista France Football, luego de una encuesta entre los principales periodistas europeos, le otorgó el premio Jugador Europeo de Todos los Tiempos.

Después de retirarse y entrenar varios clubs (como el River Plate, Boca Juniors, Real Madrid, Valencia, Sporting de Lisboa...), actualmente es el Presidente Honorífico del Real Madrid.

 

   
         
   

Eusébio

 
 
Bauer, el gran defensa brasileño de los años 50, le vio jugar durante una visita a Mozambique e inmediatamente se puso en contacto con su amigo Bela Guttman, el entonces entrenador del Benfica. Bauer había descubierto al mozambiqueño Eusébio da Silva Ferreira.

Inmediatamente se dio cuenta del potencial de aquel joven y supo convencer a Guttman de que aquel muchacho era un fenómeno. El Benfica inició las gestiones y en pocos días aquel joven genio de diecisiete años que pertenecía al Sporting Club de Lourenço Marques, estampaba su firma en un contrato. Los problemas surgieron casi inmediatamente.

El Sporting de Lisboa, el mayor rival del Benfica, tenía un acuerdo con el Lourenço Marques que le daba opción sobre sus jugadores. El Benfica, conocedor de la situación, llevó a Eusébio a Portugal, donde lo mantuvo escondido mientras amainaba la tormenta deportiva que se produjo cuando el Sporting descubrió que le habían quitado a su estrella.

Todo aquello por un joven de 17 años. Pero el Benfica sabía que había encontrado oro puro. El Benfica acababa de ganar la Copa de Europa en ese mismo año ante el F. C. Barcelona (1961) y la llegada de Eusébio convirtió al equipo en el mejor de Europa.

Ese año tuvo que demostrarlo en la final de la Copa de Europa de 1962 ante el Real Madrid de Di Stéfano, que ya había ganado cinco Copas de Europa. En aquel partido, una de las mejores finales de la historia de la Copa de Europa, el Benfica ganó al Madrid por 5-3 con dos goles de Eusébio.

Gracias a aquel partido su nombre dio la vuelta al mundo y Eusébio se convirtió en una de las mayores estrellas del fútbol. Se le comparaba con Pelé, lo que da una idea de su calidad, pero se trataba de un jugador diferente.

Eusebio era técnicamente perfecto y a diferencia de Pelé, físicamente era un toro. Su potencia de disparo era enorme, de esas que deja boquiabiertos a los espectadores, completamente ambidiestro y tremendamente ágil, Eusébio era un depredador del área. A lo largo de su carrera en el Benfica conseguiría 46 goles en Europa, sólo Di Stéfano marcó más que él (49).

Como todos los grandes jugadores, Eusébio tuvo su cita con la afición mundial. En su caso fue en el Mundial de Inglaterra de 1966. Portugal eliminó a Checoslovaquia, subcampeones del mundo en Chile, y más tarde a Bulgaria y Hungría, dos potencias mundiales en aquella época.

A continuación llegó el Brasil de Pelé, vigente campeón del mundo. Portugal dejó fuera a Pelé primero y a Brasil después gracias a los goles de Eusebio y a la criminal defensa de Portugal. El siguiente partido convirtió a Eusébio en una leyenda. Portugal perdía con Corea del Norte por 3 a 0. El partido acabó 5-3 para Portugal gracias a cuatro goles de Eusebio. Portugal caería en semifinales ante los futuros campeones, pero conquistó el tercer puesto, la mejor clasificación en la historia del país lusitano. Además se llevaría la Bota de Oro como máximo goleador con 9 goles del Mundial del 66.

La pantera negra estaba en la cumbre de su carrera y en la cúspide de su fama. De los 15 años que pasó en el Benfica portugués sólo en dos ocasiones el club no ganó un título. En total, fueron 13 Ligas Portuguesas, 5 Copas y 1 Copa de Europa, además de premios individuales como el Balón de Oro en 1965 como mejor jugador europeo del año, y más de 1.000 goles en toda su carrera.

Bauer tenía razón. Todos aquellos problemas merecieron la pena.

 

   
   

Mario Kempes

 
 
Mario Alberto Kempes nació el 15 de julio de 1954 en la ciudad de Bel Ville, provincia de Córdoba. Desde pequeño demostró una habilidad nata para el fútbol integrando diversos planteles infantiles en equipos de su ciudad hasta que a los 16 años fue campeón de la liga local con el conjunto Biblioteca Bell.

De Bell pasó a uno de los conjuntos más importantes de la provincia de Córdoba: Instituto, equipo con el que se consagró campeón de la liga cordobesa y por ende participó en el Torneo Nacional Argentino de 1973. En dicho certamen fue fichado por Rosario Central de la primera división del fútbol argentino, en donde marcó 85 goles en 105 partidos en dos temporadas (1974-1976).

Con 19 años de edad integró la selección argentina que intervino en el Mundial de Alemania de 1974, torneo en el que el seleccionado gaucho pasó sin pena ni gloria y Kempes no consiguió anotar ningún gol.

No obstante su presencia en las áreas rivales interesaban a los empresarios europeos y el Valencia de la Liga Española lo contrató en 1976. Fue anterior a esa transacción que el periodista radial argentino, José María Muñoz, le colocó el mote de El Matador.

En el club valenciano se coronó goleador de la Liga Española en la temporada 1976-77 con 24 tantos, el promedio más elevado de los últimos diez años. En la temporada 1977-78 logró 28 goles y por ser el goleador máximo de esas dos temporadas consecutivas recibió el premio Pichichi del fútbol español. Con el Valencia logró en 1979 la Copa del Rey y la Recopa de Europa de 1980.

Pero el momento más elocuente de su carrera como jugador fue su exitosa participación en el Mundial de Argentina del 78 en donde además de salir campeón mundial con el representativo albiceleste, fue el máximo goleador del Mundial con 6 goles y la prensa internacional lo consideró el mejor jugador del certamen.

En el partido final frente a Holanda dio un recital de guapeza y pasión futbolística para ponerse el equipo al hombro además de convertir dos de los goles con que Argentina venció 3-1 al conjunto naranja.

El éxito lo acompañó otra vez en 1981 al ser campeón con River Plate de Argentina, regresando luego al Valencia y para pasar posteriormente al Hércules de España. Desde 1986 a 1994 continuó su carrera en Austria (Wienner, Saint Polten y Krems) para terminarla en 1995, a los 41 años de edad en el Fernández Vidal de Chile. Desde ese año a la fecha se ha desenvuelto como entrenador de equipos de fútbol en diversos países del planeta así como comentarista deportivo.

Kempes fue un zurdo de tranco largo que desplegaba en velocidad una habilidad no muy común al aplicar a la perfección el freno y el enganche. Su arranque buscando perfil para el disparo de larga y media distancia era letal, y a todo esto había que sumarle una gran capacidad para administrar el oxígeno lo que le permitía entregarse por completo durante todo el partido.

 

   
   

Marco Van Basten

 
 
Marco Van Basten nació el 31 de octubre de 1964 en Utrecht y como jugador se inició en el legendario Ajax Amsterdam de Holanda, desde donde dio el gran salto futbolero al firmar con el Milan de Italia.

A la temprana edad de 16 años debutó en primera división holandesa con el Ajax, con el que pronto comenzó a destacar en la posición de delantero centro, y ganó 3 ligas, 3 copas y una Recopa de Europa en el 87. Fue en 3 ocasiones máximo goleador de la Liga Holandesa, y en el 86 se llevó la Bota de Oro, por ser el máximo goleador europeo. En total, con el Ajax jugó 133 partidos marcando 128 goles unos números asombrosos para esa época.

Viendo su talento, el mandatario italiano Silvio Berlusconi, presidente del Milan, compró sus servicios junto a Ruud Gullit en 1987, y los de Frank Rijkaard en 1988. En el primer año con el Milan Van Basten logró un scudetto, algo que el club italiano hacía ocho años que no conseguía.

Desde esa época data su lesión fastidiosa en el tobillo, a pesar de eso, en 1988 salió campeón en la Eurocopa con una actuación excelente, incluyendo tres goles contra Inglaterra y una volea espectacular en la final ante la Unión Soviética.

Fue el futbolista europeo del año en la temporada 1988-89, anotando 19 goles en la Serie A con el Milan que se coronó campeón de la Copa de Europa ante el Steaua de Bucarest (al año siguiente repitiría título ante el Benfica). Fue goleador de la Liga Italiana en 1989-90. En 1991-92, se coronó campeón con la escuadra italiana y también goleador con 25 tantos. Ganaría aún otro título italiano más en 1992-93.

Con la selección de su país jugó 58 encuentros y fue en total tres veces futbolista europeo, un éxito semicompleto en su curriculum deportivo debido a su reincidente lesión.

Su último partido lo jugó para el Milan en la Liga de Campeones en aquella final perdida ante el Marsella, corría el año 1993 y San Marco, como lo llamaban los hinchas milaneses, apenas tenía 29 años cumplidos, final prematuro para una carrera que pudo seguir siendo exitosa.

Pero siguió ligado al fútbol, tanto que el antiguo gran goleador y tres veces Balón de Oro (1988, 1989 y 1992), es seleccionador holandés desde el 29 de julio de 2004.

 

   
   

Zbigniew Boniek

 
 
Cuando Polonia se clasificó para el Mundial de España 1982 nadie consideró a aquel equipo como favorito. Hasta que Boniek empezó a jugar.

Uno de los mayores talentos europeos del fútbol de los 80, Boniek entendía el fútbol. Apoyado en aquella selección por otro gran jugador, Latto, Polonia se abrió paso por un Mundial plagado de grandes selecciones (la Argentina de Maradona, el Brasil de Zico, la Francia de Platini, la Alemania de Rummenigge...) hasta las semifinales.

Aquel talento duró poco en Polonia. Del impronunciable Zawisza Bydgoszcz pasó a la Juventus de Turín en la que encontró a otro gran futbolista con el que conversar: Michel Platini.

Los grandes jugadores hablan un idioma aparte, el del fútbol. Ese idioma no se juega con palabras, ni se dan gritos. Al menos esa es la sensación que da cuando se ve a dos grandes entenderse sin palabras sobre el campo.

Ese era el espectáculo que Boniek y Platini brindaban cada domingo y que les llevó a conquistar la Recopa de Europa de 1984 y la Copa de Europa de 1985.

Considerado el mejor jugador polaco de todos los tiempos, Boniek tenía talento suficiente para jugar en Italia y triunfar. Y lo hizo. Podía jugar en el vértice del área y driblar hasta encontrar un hueco o podía arrancar desde atrás e irse por velocidad. La manera en la que lo hacía era lo bonito.

 

   
   

Hugo Sánchez

 
 
Hugo llegó más lejos que nadie en el fútbol de México. Sus logros fueron muchos y ampliamente reconocidos internacionalmente. Fue sin dudas el jugador más destacado a nivel internacional del fútbol mexicano. Un verdadero mito que colmó de prestigio al balompié de la nación azteca.

Uno de los artilleros más prolíficos del fútbol internacional fue este mexicano que, a diferencia de muchos de sus compatriotas, invadió el Viejo Continente con la seguridad de instalarse para siempre en la historia del balompié español.

Tal vez por venir de un país cuyos jugadores no acostumbran a recurrir al extranjero (la liga mexicana de fútbol es una de las que mejor paga en el mundo), lo cierto es que pocos creían en las dotes de goleador de Hugo Sánchez Márquez. Tanto adentro como afuera de su México lindo y querido.

Su contratación despertó ciertas suspicacias en las oficinas del Atlético de Madrid, el primer club español que contó con sus servicios. Pero Hugo convenció con sus goles a todos por igual. Vaya si los convenció...

Como suele decirse en el ámbito deportivo internacional, el futbolista más famoso de México nació en el Distrito Federal el 11 de julio de 1958. Desde niño mostró el atrevimiento típico de los que pretenden sobresalir. Sus aptitudes deportivas, específicamente las relacionadas al fútbol, lo motivaron a buscar nuevos horizontes llevando consigo el elogiable empeño de no dejar nunca de aprender, virtud destinada sólo a los grandes de verdad.

En 1975 inició su brillante carrera con Los Pumas de la Universidad Autónoma de México, en donde su equipo se consagró campeón de Liga en las temporadas 1976-77 y 1980-81, subcampeón de la Concacaf en 1981 y campeón de la Copa Interamericana en 1981. En 1979, y por partida doble, alternó su actividad entre este equipo y el San Diego Sockers, de la NASL, liga estadounidense de fútbol-soccer anterior a la actual MLS.

Pero fue aquel año de 1981, cargado de ilusión y coraje, cuando partió hacia su primera escala española, el Atlético de Madrid. Tres años después, en la temporada 1984-85, logró su consagración al hacerse acreedor, merced a 19 goles, al prestigioso Pichichi , el trofeo de goleador máximo de la Liga. Además ganó con el club colchonero la Copa del Rey.

Después cambiaría de barrio pero no de ciudad. El Real Madrid, una de las instituciones legendarias del planeta futbolero, depositó en él su confianza, y lo contrató. Hugo, siempre listo para aceptar con hidalguía cualquier reto, se lanzó al ruedo, allí, en el corazón del balompié español.

Así, la historia de Sánchez en el Real y por ende, en el fútbol ibérico, se convirtió en una de las más distinguidas de cuanto extranjero haya pisado las canchas de la madre patria.

Con el Real fue campeón de Liga en las temporadas 1985-86, 1986-87, 1987-88, 1988-89 y 1989-90, y también campeón de la Copa de la Uefa en 1985-86, campeón de la Copa del Rey en 1988-89 y campeón de la Supercopa de España de 1989, además de la Bota de Oro europea en la temporada 1989-90. En total marcó 162 goles y 4 premios Pichichi igualando al argentino Alfredo Di Stéfano y al español Quini.

Por supuesto, aquel equipo merengue de Hugo contaba con jugadores de la talla de Butragueño, Michel, Gordillo, Martín Vázquez y Valdano. Asimismo el embajador más conocido del fútbol mexicano tuvo su propio apodo: Hugol.

A los 33 años y sufriendo ya algunas lesiones, jugó su última temporada (1991-92) en el Real Madrid. Pero no dejó el fútbol.

Regresó a casa para jugar en el América por una temporada. Después, de vuelta en España se mudó cerca del Real Madrid, a la zona de Vallecas. Allí jugó en el Rayo Vallecano la temporada 1993-94 marcando 16 goles. Cifra de consideración para un conjunto entonces humilde como era el Rayo.

Luego regresó a casa y en 1994-95 jugó para el Atlante de México. En 1995-96 lo hizo en el Linz de Austria. En 1996 para el Dallas Burn de Estados Unidos y se despidió del fútbol vistiendo el uniforme del Celaya, otra vez en casa. Allí compartió con sus ex compañeros del Real, Butragueño y Michel la temporada 1996-97.

Lógico es que un jugador de estas características no puede estar alejado del seleccionado nacional de su país. De hecho, el recorrido de Hugo vistiendo el tradicional uniforme tricolor también fue notable: con los juveniles ganó el Torneo Cannes 1975, el Campeonato Panamericano de 1975 en México y el torneo juvenil de 1976 de la Concacaf.

Con los mayores intervino en el Mundial de Argentina 78, México 86 y Estados Unidos 94 y logró el subcampeonato de la Copa América 1993 en Ecuador.

Una carrera digna y encomiable la de este Hugo del área. Jugador audaz, pícaro, e inteligente frente a las defensas contrarias. Fue rápido para la definición tanto en el juego aéreo como en la definición de media y larga distancia.

Los defensores pagaban caro sus errores cuando Hugo merodeaba en el área. Adquiría importancia de tres cuartos de cancha hacia la zona rival por ser un constante buscador de devoluciones de paredes al vacío. Sus volteretas celebrando cada gol que convertía han quedado en la retina de todos aquellos que lo vieron jugar, en vivo o a través del televisor.

En definitiva resultó ser un ganador nato, a veces polémico en sus declaraciones pero no menos convincente a la hora del encuentro. En el extranjero marcó un sendero a sus compatriotas futbolistas, difícil tal vez de emular, aunque listo para quién desee transitarlo.

 

   
   

Romário

 
 
Romário es rápido. Siempre lo fue. Desde que nació en Río de Janeiro, el 29 de febrero de 1966, con 43cm y 1,853kg. Sin embargo, creció sano en la favela de Jacarezinho, donde a los tres años de edad ya le daba patadas al balón. Y se fue perfeccionando hasta que su padre creara el Estrelinha, equipo en el cual fue visto en 1979 por unos ojeadores vascaínos. En la época, su familia vivía en Vila da Penha y, anheloso, el futuro ídolo hizo tests en el club de Sao Januário. Aunque sin éxito, pues, por cuenta de su tamaño, un técnico lo rechazó, diciéndole que "sólo servía para limpiar coches". Entonces, desolado, el hijo del señor Edevair se fue a brillar en el infantil del Olaria Atlético Clube.
 

De repente, en 1980, a los 14 años, Romário volvió al Vasco y fue aceptado. Allá, se comió el balón y en 1985 le pusieron en el equipo juvenil, cuando se profesionalizó. En el club, antes de ser bicampeón carioca en 1987 y 1988, se estrenó en la selección principal de Brasil el 23 de mayo de 1987 y, al año siguiente, se fue a la Olímpiada de Seúl a ser subcampeón, así como ganar torneos menores con la selección. Eso le sirvió a Romário de escaparate para el mundo y, en consecuencia, para ser vendido al PSV Eindhoven holandés. Antes de ir a Europa, se casó con Mónica, con quien tendría dos hijos. En el equipo de Eindhoven, el delantero fue tricampeón nacional y ganó dos Copas de Holanda. Por la selección, ganó la Copa América de 1989, en Río. y, al año siguiente, con molestias en su pierna izquierda, Romário estuvo en el Mundial de Italia para disputar apenas la primera parte del partido contra Escocia.

Se quedaría en PSV hasta mediados de 1993, cuando se fue al Barcelona. Ese mismo año, fue el héroe brasileño en la fase de clasificación para el Mundial del 94 y fue campeón de la Liga Española. En 1994, además de repetir título con el Barça, se consagraría campeón mundial en los Estados Unidos, siendo elegido por la FIFA como mejor jugador del Mundial del 94 y del planeta.

Durante todo ese tiempo la marca de Romário fue su inigualable facilidad goleadora. Sin embargo, en 1995, antes de jugar en el Flamengo, el ídolo -a esa altura, apodado de Baixinho- deshizo su matrimonio y se enfrentó con directivos y técnicos -incluso Carlos Alberto Parreira y Zagallo, que (según Romário) sólo lo convocaron para salbar el país en 1993 y 1994 a pedido del presidente de CBF.

En Río, después de disfrutar de las noches y de las mujeres en Europa, el Baixinho siguió con su rutina nocturna. Pero ese tipo de vida y su antipatía al entrenamiento físico y a las concentraciones, jamás repercutió en él en el campo. Hasta porque, en el terreno de juego, Romário casi no corría, pudiendo irrumpir de repente, sobre todo en el área grande, su hábitat natural. Pero, próximo de completar los 30 años, afloró en él un divinismo que le hizo discriminar hasta a sus colegas de profesión del propio club y otros cracks brasileños. Después, su postura con la prensa pasó a ser imperial y, poco a poco, el Baixinho se fue alejando y siendo alejado de la selección, minado por todos los lados, aunque aplaudido por quien lo reconocía como crack.

En 1996, después de haber jugado el Campeonato Carioca con el Flamengo, Romário se transfirió al Valencia, club en el cual tuvo pasaje meteórico y roces con el entrenador. Sin ambiente en España, volvería cedido al Flamengo para ser campeón carioca de 1997. Y, después, volvió al Valencia lesionado, sin ánimos y fuera de forma. En la época, se recién casaba con Daniele, que le daría más hijos -todos de la marca Romário de Souza Faria, su nombre dinástico. Pero, de repente, aún en 1997, volvería a la Gávea. Y por el seleccionado brasileño sería campeón de la Copa América, en Bolivia, y de la Copa de las Confederaciones, en Arabia Saudí.

La presencia de Romário en la selección que fue al Mundial de 1998 elevó la expectativa general. Se esperaba que con Ronaldo formara una pareja del área imbatible. Y eso tenía sentido. Pero la inflamada pantorrilla derecha del hijo del señor Edevair hizo con que fuera cortado antes del inicio de la competición en Francia.

En la distancia, frustado, Romário vio el Mundial y, al servicio de la televisión brasileña, hizo comentarios isentos sobre la selección. En el partido contra Marruecos, con el poder de síntesis de los mejores periodistas, resumió la entrada de Edmundo en el lugar de Bebeto así: "Entró quién no debía, salió quién debía". El pueblo entendió su simplicidad. Y concordó. Terminada la emoción del Mundial, en ese mismo 1998, cuando lo imaginaban abandonado por el balón, el Baixinho en cinco partidos con el Flamengo fue el máximo goleador del Campeonato Carioca (15 goles). Al año siguiente, repitió en la tabla de goleadores (16 tantos), hizo el Flamengo campeón carioca, fue máximo goleador de la Copa Mercosul (8) y Bota de Oro de la revista Placar. Pero, de repente, en 2000 volvió al Vasco, donde no sólo repitió el premio al máximo goleador del Campeonato Carioca (19) y de la Copa Mercosul (11) y Bota de Oro de la revista Placar, como también fue el pichichi del Torneo Rio-Sao Paulo (12), campeón brasileño, elegido el mejor jugador de las Américas, y se convirtió en el máximo goleador de la historia del Vasco da Gama, superando a Roberto Dinamite. Al año siguiente, ganó la Taça Río, fue el máximo goleador del Campeonato Brasileño (21) y repitió el título de mejor de las Américas. Por tales hechos y por lo que dio al fútbol-arte, el Vasco da Gama decidió retirar la camiseta número 11, con la cual el artista ha actuado en el Sao Januário.

Entre el Mundial del 98 y el de 2002, Romário fue convocado con la selección incomprensiblemente tan sólo cuatro veces. Luis Felipe Scolari lo quiso en la Copa América de 2001, pero el delantero, alegando una cirurgía (que no hubo), lo descartó, lo que irritaría al técnico. Se dice que tal incidente habría sido el principal motivo de la no ida de Romário al Mundial de Corea y Japón en 2002.

Aún así, Romário de Souza Faria ya dio pruebas inapelables que ha sido uno de los nombres más geniales del fútbol. Pero, infelizmente, en el afán de ser convocado a los 26 años para el Mundial, el ídolo con su tamaña envergadura hizo tontería al rogar en la prensa -en pedido patético y mal planeado por asesores- que el técnico Scolari lo llamara. Su trayectoria profesional, por sí misma, lo desautorizaría a tomar esa actitud de pedir por la prensa una convocatoria. Entonces, aún con Brasil ganando el Mundial de Asia, el delantero fue el derrotado número uno. Y, sabiendo de eso, se transfirió en 2002 al Fluminense, tal vez queriendo decir que su imagen sobreviviría a todo -hasta al fútbol mediocre de Catar, que lo contrataría por tres meses por 1,5 millones de doláres, en 2003. Pero, al año siguiente, Romário volvió al Flu para jugar de vez en cuando e irse del club peleado con el entrenador interino. En 2005, de repente, cuando se esperaba que lo dejara, el delantero vuelve al Vasco para ser llamado irónicamente de "ex-jugador en actividad".

Igualemente cómo, dónde y cuándo colgar las botas, el Baixinho entrará en la Historia del Fútbol. Tanto que el brillante Tostao, respondiendo si Romário tendría sitio en aquellla selección del Mundial del 70, dijo con humildad y talento: "si eso fuera posible, yo le daría mi camiseta". Y es de suponerse que cualquier otro crack hiciera lo mismo al tratarse de Romário

 

   
   

Sócrates

 
 
Él fue la antítesis del buen atleta: estaba en contra de los entrenamientos individuales o colectivos y de la abstinencia -sobre todo del sexo, alcohol, tabaco, juerga nocturna y guitarra (que tocaba). Hasta su nombre se escapaba de lo convencional: Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. Estudió medicina mientras jugaba, se expuso en la política y vio el binomio directivo-jugador desde la óptica de las relaciones laborales. Se entregó a la ciudadanía con ahínco, siendo intransigentemente solidario con los compañeros de profesión. Para emplear el término típico de la inútil y necia dictadura militar brasileña, Sócrates era subversivo. Aunque, desde el punto de vista estrictamente democrático, un cordial y saludable subversivo -de gran utilidad a la humanidad.
 

Por casualidad, nació en Belém del Pará el 19 de febrero de 1954 y se creó en la ciudad paulista de Ribeirao Preto, donde a los 16 años ya actuaba en el Botafogo Futebol Clube paulista. A los 18, en la faculdad de medicina, Sócrates supo conciliar el curso con la vida de crack. Desde entonces, atraidos por el soberbio manejo de balón del centrocampista y atacante esencialmente técnico, varios equipos brasileños lo querían. Mucha gente más veterana pasó a ver en él a la reedición de Ipojucan, el excepcional vascaíno de, también, 1,91m de estatura, de juego muy clásico, que usaba con propiedad el tacón y hacía desplazamientos largos increíbles. Sin embargo, Sócrates, que nunca había visto a Ipojucan, escuchó esas comparaciones agradecido. Por ese tiempo, decidió sólo irse del Botinha (apodo académico del Botafogo de Ribeirao Preto) cuando concluyera el curso universitario. Y en el 76, ya profesional en el fútbol, el universitario fue el máximo goleador del Campeonato Paulista con 15 goles. Dos años más tarde, como prometiera, Sócrates permitió que fuera negociado con el Sport Club Corinthians paulista. Y en la ocasión ya era médico.

De cara, sin rodeos, así que llegó al club de la capital se dijo enemigo de las concentraciones: "si cada jugador cuidara de la propia resistencia, sería más responsable". Los conservadores de todos los matices pusieron la barba en remojo -aunque el barbudo fuera él, Sócrates. Y peludo también. Después, con tranquilidad, dijo que fumaba, bebía y tocaba la guitarra. Aún así, lo que los fanáticos hinchas corintianos tuvieron dificultades de tragar fue cuando reveló que su corazón era santista. Pero todo eso no sería nada comparado alo que el apodado Magrao hizo jugando en el campo y en los despachos del Corinthians. En 1979, Sócrates venció el Campeonato Paulista e, inspirada en él, se instaló en el club la democracia corintiana -conjunto de acciones que hizo, por ejemplo, que el voto del jugador suplente tuviera igual valor al del directivo de fútbol y que las decisiones sólo valieran se expresasen la voluntad de la mayoría. Hoy, eso es normal, hace parte del cotidiano de Brail, pero en la época del execrable régimen militar...

En ese mismo año del 79, Sócrates se estrenó en la selección brasileña el 15 de mayo. Disputó la Copa América (también del 83) y el Mundialito, firmándose en el equipo titular hasta el Mundial de España, en 1982, cuando formó con Zico, Falcao y Cerezo el cuadrado mágico que encantó al planeta, a pesar de que Brasil no lo hubiera ganado. De vuelta al club blanquinegro, el Doutor -nombre que le fue dado en función del título universitario y por el hecho de saber todo sobre fútbol- hizo al equipo campeón paulista. Y repetiría al año siguiente, llevando a la masa corintiana al delirio. Por verlo hacer jugadas mágicas con el tacón, Magrao recibió de Pelé un comentario curioso: "Juega aún mejor de espaldas que de frente". A esa altura, el Doutor era buscado por emisarios europeos queriendo llevárselo, todos viendo en él a un crack que efectivamente aplicaba la inteligencia. Pero Sócrates -con 302 partidos y 166 goles por el Corinthians- insistía en quedar en Brasil.

Pero la enmienda del diputado Dante de Oliveira -que restituía al País el derecho a realizar elecciones democráticas directas en todos los niveles- no se aprobó en el Congreso Nacional y, frustrado, Magrao se fue a la Fiorentina, en 1984. En Italia tuvo varios motivos para no adaptarse -uno de ellos, además del frío, el exceso de entrenamiento físico, ya que estaba en contra de la práctica. Se quedó en Florencia hasta 1986, aprovechando el tiempo para aprimorarse en materia de arte e historia natural.

En su primer retorno a Brasil, se fue a la campineira Ponte Preta. Sin embargo, en Campinas se dio cuenta que las promesas que le había hecho no se cumplió y que, ni siquiera, su dinero le fue pagado. Resultado: Sócrates volvió a Firenze. Y a seguir, felizmente, sería adquirido por cesión por el Flamengo y fijó residencia en Río de Janeiro. Una de las cosas que lo animó a desembarcar en la Gávea fue la posibilidad de hacer pareja con Zico -su ídolo y compañero de travesuras. Y que con el Doutor perdió el Mundial de aquel mismo 1986 -año en que ambos concluirían sus participaciones con el combinado nacional. Jugando 65 partidos y marcando 25 goles por la selección.

Para su tristeza y la de Zico, en el rojinegro sólo actuarían una vez juntos. Durante más de un año, cuando el Doutor tenía condiciones de juego, el Galo estaba lesionado; cuando Zico podía, era él el que se encontraba en el departamento médico. Eso, sin embargo, no impidió a Sócrates de recibir la banda de campeón carioca de 1986. Al año siguiente, por divergencias financieras, Magrao se fue del Flamengo. Y quiso abandonar el fútbol, yéndose al interior de Sao Paulo a jugar partidillos y ejercer la medicina.

Entre tanto, sin que lo esperara, le llegó una invitación del Santos Futebol Clube para que vistiera la camiseta blanca, la misma que sirvió de manto para O Rei Pelé y otros cracks santistas. Sócrates, sin mucha elucubración -olvidado de que sus piernas sentían el peso inexorable de los 34 años de bohemia y sin casi ninguna preparación física-, se fue a la Vila Belmiro. Para quien sabía dar cadencia a un partido como él, no le fue difícil jugar aquel Campeonato Paulista de 1988 con el Peixe. Sin embargo, también ya no se adaptaba a los viajes constantes, que lo hacían ausentar de casa, donde sus hijos crecían. Y paró otra vez.

De vuelta a Ribeirao Preto para ser solamente médico, Magrao no resistió y aún disputaría algunos partidos del Campeonato Paulista de 1989 con Botafogo local, el mismo Botinha que le dio a conocer. Y, después de despedirse de los campos, efectivamente fue ejercer la profesión exclusiva de médico. Aún así, cuando se entendía conformado sin fútbol y disfrutando los últimos años de ídolo de su hermano Raí, tuvo una recaída y asumió, a pedido de su ex-compañero de selección Leandro, la dirección técnica de la Associaçao Atlética Cabo-friense, en el interior del estado de Río. Su éxito fue llevar al club a la primera división del Campeonato Carioca. No obstante, en Cabo Frio el Doctor Sócrates se dio por satisfecho con eso y volvió a Ribeirao Preto para -por fin- ser sólo médico.

En el terreno de las ideas políticas, se mantuvo en la militancia de izquierdas, sin alardes, en el Partidos dos Trabalhadores, organización que eligió a Luiz Inácio Lula da Silva presidente de la República, autoridad con quien el Doutor, en Brasília, ha jugado algunos partiditos entre amigos. Sin embargo, Magrao nunca pretendió ser político.

En el fondo, él es igual a esta frase de una revista: "Sócrates jamás se esforzó para ser un crack. Sencillamente lo era".

 

   
    Eric Cantona

 

Como todos sabréis Eric Cantona lo conocéis también por el famoso anuncio, en que tiraba un penalty poniéndose el cuello de la camiseta hacia arriba y diciendo Au Revoir (Adiós). Pues si, este mítico francés se merece entrar en esta página .Eric Cantona nació en Marsella el 24 de Mayo del 1966. Inició su carrera en el Auxerre en 1981.

En 1985 es cedido al Martigues en el que juega trece partidos. Al año siguiente vuelve al Auxerre donde juega 2 temporadas buenas, gracias a estas temporadas Cantona ficha por el Olympique de Marsella,el todopoderoso de esa época. Su fichaje cuesta 2 millones de dólares, una cifra record en Francia. En ese momento es convocado por la selección francesa.

Parecía que iba bien la carrera pero se trunco en el momento que le propino un balonazo a un arbitro frances en 1989,por lo que el Olympique le sanciona. Pasa a jugar en equipos mas pequeños y se plantea dejar el fútbol, pero el mismo se dijo:Me voy de Francia! Se marcho a la rival Inglaterra, donde ficho por el Leeds United el año 1992, allí demostró su calidad, hasta el punto que sorprendio a Ferguson, el técnico del Manchester United, que el mismo noviembre de ese año lo ficha para el Manchester United. No tardaría en conquistar los corazones de la afición de los REDS, le apodarían Eric El Rojo.

Todo fue perfecto, títulos de liga, copa, etc.. pero el 25 de enero del 1995 en un encuentro contra el Crystal Palace se le salto el chip violento, le propino una patada kárate a Matthew Simmons, un hincha radical. Eric es condenado a pagar 10.00 libras y a dos semanas de cárcel que paga realizando 120 horas de servicios comunitarios.

En 1997 cuando era un reclamo publicitario y de cine, decide anunciar su retirada del fútbol a los 31 años. Después de su retirada, se dedico a jugar en la selección francesa de fútbol playa y participa en anuncios de Joga Bonito de NIKE.

   
   

Luís Pereira

 
 
En Juazeiro, en el norestino estado de Bahia y en el margen derecho del río São Francisco, quien -el 29 de junio de 1949- vio aquel bebé venir al mundo con la tibia torcida, jamás imaginaría que él se volviera uno de los mejores zagueros del planeta. Pero la familia del recién nacido Luís Edmundo Pereira no se quedó mucho en esa ciudad del sertão siempre a merced de las consecuencias sociales de la sequía. Y, con los padres, la familia esperanzada se fue para São Paulo, que aún era el dorado brasileño, con empleos y oportunidades de sipervivencia.
 

Pronto, el de Juazeiro supo en los partidillos que su puesto en el fútbol sería el de zaguero. Y apareció en el equipo benjamín de la General Motors, en São Caetano do Sul, ciudad de la región metropolitana de São Paulo. Por eso, lo llamarían "Chevrolet", un coche de esa multinacional. Pero, necesitando trabajar, Luís tuvo que olvidarse de ese equipo de niños y así hacer de tornero mecánico y, después, ensacador de harina. Y, con las ganas de ser jugador profesional, cada día libre, hacía un test en un club. Así fue como le contrató el club azul y blanco São Bento, de Sorocaba, en 1967. En esa ciudad paulista del interior, le llamarían "Luís Chevrolet". Hasta mediados del 68, cuando el Palmeiras lo adquirió para ser suplente de Baldocchi. Ya actuó las primeras veces para vencer el prestigioso torneo Roberto Gomes Pedrosa de 1969. Por fin, el nuevo defensa se impuso con su nombre de bautismo: Luís Pereira. Y con sus 1,81m, los pies virados para dentro por culpa de la tibia deformada, con técnica, firmeza en el drible, óptimo cabeceo, perfección en el posicionamiento y la cobertura, el bahiano jugó con mayor frecuencia en el equipo verdiblanco -ese bonito equipo llamado "la Academia"- durante el Campeonato del Estado de São Paulo.

En 1970, mientras Baldocchi era suplente en la seleção del Mundial de México, Luís Pereira pisó firme en el Palmeiras. Al año siguiente, ya fue titular absoluto. Y con un estilo distinto al de esta posición: iba al ataque en arrancadas súbitas, siendo por eso hasta hoy el zaguero nacional con el mayor número de goles marcados. Desde el inicio de su carrera, esa lista de cualidades, lo convirtió en el defensa más seguro de la historia del Palmeiras. Él fue la base de aquel equipo que contaba con astros radiosos como Leão, Dudu, Leivinha y Ademir da Guia en las conquistas de los Campeonatos Brasileños (1972-1973) y Paulista (1972 y 1974). En la consecución de ese último, Luís tuvo un papel básico en la jugada del gol del Palmeiras contra el Corinthians, en la final: fue él quien robó el balón a Rivellino en el centrocampo y, conduciéndola, se fue al ataque, donde la cedió al punta Jair Gonçalves y éste la ofreció en bandeja para que Ronaldo marcara. Eso marcará la historia de Palmeiras y ayudó también a Luís Pereira a ser un ídolo en la seleção, en la cual se estrenó en junio del 1973, en Túnez. Así que, cuando al año siguiente demostró claramente su categoría en el Mundial de Alemania, el resto del mundo también lo admiraría. Hasta al punto de entender la expulsión del defensa negro que -a los 25 años- perdió la cabeza contra la magnífica selección de Holanda en dicho Mundial del 74.

Con el historial de títulos y el paso por la selección brasileña, el prestigio de Luís era enorme en España cuando el conjunto paulista hizo allí una gira en 1975 -venciendo por tercera vez el torneo Ramón de Carranza, en Cádiz. En esa ocasión, boquiabierto con el desempeño de los palmeirenses -sobretodo al vencer al Real Madrid por 3 a 1-, el célebre crack y técnico del Atlético madrileño, Luis Aragonés, convenció al vice-presidente Salvador Santos Campano de adquirir a Pereira y a Leivinha. Así, esos ídolos de Brasil firmaron contrato con los rojiblancos españoles. A partir de entonces, ambos se ilustrarían en los campos europeos -y en particular, obviamente en el estadio atleticano, el Vicente Calderón, donde ambos se estrenaron, el centrocampista Leivinha firmando tres goles en la victoria 4 a 0 sobre el Salamanca.

Al llegar al club, sin embargo, el defensa quizás no imaginaba que, con la apertura política, consecuencia del fin del franquismo, el fútbol español también se abría al mundo. Tanto que el Barça se hizo "holandés" con los extraordinarios Cruyff y Neeskens. El Real Madrid, "germano", trayendo a Breitner y Netzer. Y el Atlético -que, años antes, contó con los brasileños Ramiro y Vavá- optó por los suramericanos. De tal forma que Luís -jugando como líbero- y Leivinha se unieron a los argentinos Ayala y Heredia (más tarde vendría el paraguayo Benegas también) para hacer de ese Atlético madrileño el campeón incontestable de la Liga Española en la temporada 1976-1977.

A esa altura, Pereira era "el Mago" de la hinchada "Peña Atlética", que fue creada en su homenaje. Y, como en Brasil, todos lo aplaudían cuando subía al ataque. Todos, menos el portero del Atlético Miguel Reina, que casi moría de infarto ante tales arrancadas. Y con ese estilo ofensivo, en julio de 1977, Luís jugaría su último partido con Brasil, cumpliendo 38 partidos -de los cuales ganó 24. A partir del 78, el líbero negro, vistiendo la camiseta nº5, sería el capitán del Atlético de Madrid. Sin embargo, eso duró sólo hasta 1980, cuando, enfrentando una crisis económica, el club terminó en 13º lugar en la Liga, siendo entonces tal puesto el más bajo de su historia. Así que, al fin del primer semestre del 80 -con 171 partidos y 17 tantos para el Atlético-, "el Mago" dijo adiós a España y aterrizó en Río de Janeiro para defender, por cinco meses pero sin éxito, el Clube de Regatas do Flamengo.

Tras la experiencia carioca, el Palmeiras de "la Academia", deshecho, lo contrataría en 1981. Y una vez más, en el Parque Antarctica, ese crack excepcional, siempre sonriendo, con piernas torcidas y el cuerpo desarticulado cautivó el público y el pueblo, siendo a partir de allí el líder del Palmeiras con el nombre de Luisão. Aunque, el equipo blanquiverde de la época era mediocre y sin estrellas, y no tenía nada que ver con lo que fue otrora. Y en él, Luisão dio aún buena imagen, aunque sin ese ímpetu característico para atacar, por el peso de los años que le pasaba factura. Así fue hasta 1984, cuando falló en una jugada frente al Santos, tirando contra su propia portería un balón que acabaría en el travesaño. La directiva del Palmeiras, pensando que era viejo, se deshizo de Luís Pereira. Pero la ingratitud y la injusticia del fútbol no pueden negar eso: en casi 11 años de blanquiverde, el zaguero central disputaría 562 partidos. Y marcó 34 goles, que aún es el récord de los defensas en Brasil.

En 1985, el bueno del bahiano Luís Edmundo Pereira, con derroche de firmeza y liderazgo, fue uno de los artífices de la Portuguesa de Desportos que llegó a ser subcampeón paulista. Año siguiente, para la tristeza de los palmeirenses, se vistió con la camiseta blanquinegra del Corinthians, donde firmó buenas actuaciones en una sóla temporada. Luego, Luisão prestó sus servicios a equipos paulistas medianos, como los Santo André, Central Cotia y São Caetano. Por fin, para cerrar su carrera a los 41 años, ese excepcional artista trabajaría en el Esporte Clube São Bento, de Sorocaba, donde empezó su trayectoria.

Pero, el crack no vivió alejado del balón mucho tiempo. Fue el técnico del São Bento, además de otras experiencias en esa función con el Sãocarlense y el São Caetano, todos en el interior de São Paulo. Fue también técnico adjunto del Atlético de Madrid, con que mantiene aún grandes lazos. Y repartió y reparte cursos en numerosas escuelas de fútbol.

 

   
   

Ladislao Kubala

 
 
Nacido en la capital húngara, Budapest, el 10 de junio de 1927, Ladislao Kubala Stecz tuvo una dilatada carrera como futbolista en la que destaca su etapa en el FC Barcelona, club en el que actuó once temporadas (1950-1961), jugó 345 partidos y marcó 274 goles.

Tras iniciarse en el fútbol en la Escuela de la Federación Húngara, llegó en su etapa infantil con 11 años al Ganz, un modesto equipo de la tercera división húngara (1939-44), del que dio el salto a sus 17 años al Ferencvaros, de primera división, y con 18 a la selección húngara.

Tras el fallecimiento de su padre, emigró a Bratislava, de donde procedía su madre de origen eslovaca. Su buen juego en el Bratislava y el origen eslovaco de su madre, le facilitó entonces conseguir la nacionalidad checoslovaca y debutar con la selección de ese país.

Tras fichar otra vez por el Vasas húngaro (nueva denominación del Ferencvaros), volvió a jugar con la selección húngara, pero en 1948 decidió huir del país magiar, asfixiado por la rigidez del régimen comunista, que entre otras cosas no le permitía reencontrarse con su mujer y con su hijo recién nacido, que se encontraban en Checoslovaquia.

Tras huir de Hungría se estableció en Italia, donde varios equipos intentaron ficharle, pero la FIFA no le permitió alinearse en partidos oficiales al no concederle la baja el Vasas húngaro.

Varios jugadores húngaros, polacos, rumanos, yugoslavos y checos que se encontraban en la misma situación formaron entonces un equipo de refugiados para jugar partidos amistosos de exhibición, bajo el nombre de Hungaria.

Durante sus exhibiciones por España, el Real Madrid y el FC Barcelona se interesaron por ficharle, pero el equipo blanco desistió debido a la negativa de la FIFA de concederle autorización para jugar partidos oficiales.

El FC Barcelona, con su presidente Agustín Montal Galobar y su secretario técnico Pepe Samitier al frente, apostaron, sin embargo fuerte por ficharle y le contrataron en junio de 1950. Tras fuertes gestiones ante la FIFA del club y la Federación Española, pudo jugar su primer partido oficial como azulgrana el 29 de abril de 1951, un encuentro de Copa del Generalísimo contra el Sevilla.

El Barcelona ganó ese año la Copa y vivió una década triunfal con Kubala, que concluyó con la disputa de la final de la Copa de Europa de 1961, en la que el equipo catalán perdió por 3-2 ante el Benfica portugués, en un partido de auténtica mala suerte en el que envió cuatro balones al poste además de fallar otras claras oportunidades.

En su palmarés azulgrana figuran en total 4 Ligas Españolas, 5 Copas del Generalísimo, 2 Copas de Ferias, 1 Copa Latina y 2 Copas Eva Duarte de Perón, en 11 años en e club como jugador (1951-1962).

Como jugador, después de nacionalizarse español, debutó con la selección nacional el 5 de julio de 1953 frente a Argentina. Fue internacional con España 19 veces, la última frente a Francia el 2 de abril de 1961, y marcó 10 goles.

El balance en esos partidos fue de 9 victorias, 6 empates y 4 derrotas y su momento más amargo fue la curiosa eliminación de España en la fase de clasificación para el Mundial de Suiza de 1954, tras jugar un partido de desempate contra Turquía.

Antes del partido llegó un telegrama de la FIFA que le prohibía a España alinear a Kubala. El futbolista no jugó y España quedó apeada tras empatar aquel partido 2-2 y, como procedía, salir designada Turquía al elegir al azar su papeleta un niño.

Considerado uno de los mejores jugadores de toda la historia, Kubala jugó dos partidos con una selección mundial de la FIFA contra Inglaterra, en los que anotó tres goles.

En 1957, obtuvo el título de preparador nacional con el número uno de su promoción, igualado con Alfredo Di Stéfano, y su primera experiencia en el banquillo fue con el FC Barcelona en 1962, aunque duró poco, igual que su paso por el Murcia, en el que sólo estuvo un mes.

En agosto de 1963 volvió a jugar y fichó por el Espanyol, club en el que fue jugador y, a la vez, entrenador durante año y medio. En el Espanyol coincidió con Di Stéfano, con quien podría haber formado años antes un tándem inigualable en el FC Barcelona, pero que acabó jugando en el Real Madrid.

La temporada siguiente dirigió al Toronto Falcon's (1965-66) y la posterior al Toronto City. En 1968 volvió a España y entrenó al Córdoba, desde el que dio el gran salto a la selección española, a la que dirigió durante casi once años, desde el 15 de octubre de 1969 hasta el 18 de junio de 1980.

Ningún otro seleccionador español ha estado tantos años en el cargo ni dirigido tantos partidos como Kubala, con un balance de 68 encuentros en ese período, 36 de ellos oficiales, de los que ganó 31 victorias, empató 21 y perdió 16.

En su etapa como seleccionador no pudo clasificar a España para el Mundial de Alemania en 1974 y sí lo hizo para el de Argentina de 1978, en el que quedó apeada en la primera fase ante Austria. Fue destituido el 18 de junio de 1980 tras ser eliminada España de la Eurocopa de ese año que se disputaba en Italia.

Tras su periplo en la selección volvió fugazmente al banquillo del Barcelona, en el que fracasó por segunda vez, y después fue entrenador del Al Hilal de Arabia Saudí (1982-86), con el que fue subcampeón de Liga y semifinalista en la Copa en su primera temporada.

Después regresó a España, donde dirigió a varios equipos: Real Murcia (1986-87), Málaga (1987-88) y Elche (1988-89).

En 1991 y tras ser elegido presidente de la Asociación de ex-jugadores del Barcelona (1990), se incorporó, como adjunto de Vicente Miera a la selección olímpica española, que ganó la medalla de oro en los Juegos de Barcelona'92.

El 24 de abril de 1993 Kubala recibió el homenaje de la afición en un encuentro en el estadio Olímpico de Montjuic entre España, dirigida por Javier Clemente, y la selección de Cataluña (4-4). Se recaudaron unos 40 millones de pesetas y 12 instituciones se sumaron a la celebración.

En febrero de 1995 fue contratado por la Federación de Paraguay para dirigir a la selección en la fase de clasificación del Mundial de Francia del 98, pero en diciembre de ese año renunció al cargo, ya que, según dijo, no estaba acostumbrado a tanta desorganización. Pese a ello disputó 10 encuentros y sólo encajó dos derrotas.

En los últimos años se instaló definitivamente en Barcelona, donde era conocida su obsesión por mantener su físico, hasta el punto de que con 66 años a sus espaldas recorría de 40 a 70 kilómetros en bicicleta los lunes y jueves, jugaba a fútbol los martes, viernes y domingos y disputaba tres sets de tenis los miércoles y sábados.

En la Navidad de 1996, después de 20 años, visitó Budapest, donde ya no tenía familia, mientras que el 9 de febrero de 2000 recibió la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, junto a Alfredo Di Stefano.

Ladislao Kubala Stecz murió el 17 de mayo de 2002 en Barcelona, España.

 

   
   

Bobby Charlton

 
 
Robert Charlton, sir Charlton, nació en Ashington, Northumberland el 11 de octubre de 1937. Su historia futbolera empezó siendo, como muchas otras, una mezcla de consecuencias y giros del destino que a la postre lo llevaron a ocupar el pedestal más alto del balompié de su país, sitio que todavía sigue ocupando, por sus logros tanto en la selección inglesa como en su club, el Manchester United, siendo el jugador con más partidos jugados y goles de la historia del Manchester United, con 249 goles en 759 apariciones.

Fue uno de los primeros en pegar un golpe sobre la mesa en Inglaterra y echar el balón al suelo. Mirar al cielo, lo justo. El 6 de febrero de 1948, Bobby Charlton se convertía en uno de los supervivientes del accidente aéreo que sufrieron los Busby Babes, en el que perdieron la vida ocho compañeros suyos. Un duro golpe para un chaval de 21 años.

El fútbol era la mejor manera de superar aquello. El homenaje y la emotividad llegaron diez años después, cuando el Manchester United ganaba la Copa de Europa al Benfica por 4-1 (dos goles suyos). Nada había hecho prever 15 años antes que aquel chico bajito, regordete, con un físico nada futbolero, que se presentó en las instalaciones de los Red Devils llegaría a ser uno de los mejores futbolistas del mundo. Ganaría también 3 Ligas Inglesas (1957, 1965 y 1967) y una Copa (1963) vistiendo la camiseta roja, además de un Balón de Oro en 1966 como mejor jugador europeo del año.

Además, demostró las dotes que le convertirían en el líder de la selección inglesa, a la que hizo campeona en el Mundial de Inglaterra de 1966, la única hasta el presente que consiguió el balompié británico, subiéndose definitivamente al pedestal de los elegidos. Fue el eje sobre el que se cimentó el éxito inglés, especialmente espléndido en la semifinal ante Portugal, quebradero constante de cabeza, tanto por sus letales pases como por sus goles (2). En la final, mantuvo un duelo épico con Beckenbauer, uno sombra del otro. Inglaterra se impuso y Charlton se fundió en un emotivo abrazo con su hermano Jackie, baluarte de la defensa inglesa.

Bobby, o sir Williams, sobresalió en todas las posiciones en las que jugó, como delantero, como extremo y finalmente como organizador. Versatilidad de medio campo para arriba, durante más de 100 partidos fue el cerebro, motor y manantial de juego de la pérfida Albión. Visión de juego milimétrica y un pie prodigioso para trazar con escuadra y cartabón pases de ensueño. Disputaría otros tres Mundiales. Tan sólo en una ocasión fue sustituido en la selección: en el Mundial de 1970, cuando Inglaterra ganaba 2-1 a Alemania en cuartos. Pésima decisión, los alemanes remontaron. Charlton era la fuente.

Dotado de un disparo devastador que desarrolló a base de disparar contra una pared, tenía un regate no visto hasta entonces y una magnífica visión de juego que le permitía lanzar a su equipo por medio de extraordinarios pases largos. Jugador de instinto, no era extraño que abandonara su posición para sumarse al ataque, desatendiendo sus marcas, pero normalmente, cuando Charlton seguía su instinto, no fallaba.

En Inglaterra fue y es considerado una institución. Su porte y presencia representan la quinta esencia del caballero inglés y la muestra perfecta del jugador que basó su estilo en el talento, tanto que en 1994 fue nombrado Sir por la reina Isabel II y es embajador oficial del Manchester United.

 

   
   

Osvaldo Ardiles

 
 
Osvaldo César Ardiles nació el 3 de agosto de 1952 en la provincia argentina de Córdoba. De estatura mediana y contextura física delgada, la presencia de Ardiles en el medio campo del fútbol internacional se pareció más a la de un estratega que al del típico volante de contención. Fue un habilidoso en terreno reducido y preciso para el pase de larga distancia.

Ardiles fue creciendo futbolísticamente después de arribar al primer equipo de Huracán a mediados de los años 70. Su paso por Huracán fue importante para su formación y se convirtió en el pilar de la institución capitalina que logró dos subcampeonatos consecutivos, el de 1975 y 1976.

Cuando el técnico César Luis Menotti, quién había dirigido al conjunto huracanense antes de ser nombrado seleccionador de la selección argentina, puso los ojos en él. Sin embargo, muchos periodistas y una buena parte de la afición, no lo estimaron capaz de ocupar el puesto de armador del representativo albiceleste con miras al certamen mundialista de 1978. Por supuesto, todos se equivocaron menos el propio Menotti, ya que Ardiles fue, conjuntamente con Mario Kempes, responsable de las jugadas de gol hilvanadas desde la media cancha hacia delante.

En la selección gaucha fue paulatinamente adueñándose del medio campo argentino, alternando su habilidad natural con un preciso juego de distribución que hizo las delicias de miles de gargantas argentinas. Se coronó campeón mundial en 1978 y en total representó al seleccionado rioplatense en 11 encuentros mundialistas: seis en 1978 y cinco en 1982.

En lo que se consideró una transferencia inusual para la época, Ardiles se mudó a Inglaterra para jugar en el Tottenham Hotspurs, convirtiéndose en figura e ídolo de la hinchada que cariñosamente lo terminó apodando Ossie, diminutivo de Oswald (Osvaldo). Con el Tottenham Hotspurs logró la Copa UEFA en 1984. También integró el Paris Saint Germain de Francia y el Blackburn Rovers, el Queen's Park Rangers y el Swindon Town, todos de Inglaterra.

En el conflicto bélico de 1982 entre Argentina e Inglaterra por las islas Malvinas, se ganó el respeto de la mayoría del pueblo inglés, a pesar de hacer público en la misma Inglaterra su respaldo hacia el pueblo argentino.

Adeudando pocas materias para graduarse de abogado, Ardiles supo enfocar su vida más allá del fútbol y continúa siendo un trotamundos con el título de técnico bajo el brazo, con suerte esquiva en tal profesión, y también comentarista deportivo para empresas británicas e hispanas.

Pero de una manera u otra ha quedado en el mundo del fútbol como lo que realmente fue: un notable estratega aceptado y elogiado por todo el ámbito del fútbol internacional.

 

   
   

George Best

 
 
Pelé dijo de él que era el mejor jugador del mundo. Y si Pelé lo dijo no vamos a discutirlo. George Best fue sin duda alguna el jugador de más talento que ha nacido en las Islas Británicas.

"George Best fue único", aclara sir Alex Ferguson acerca del ex-futbolista, uno de los más grandes talentos del balompié británico y que posee un fabuloso récord: 137 goles en 361 partidos de Liga Inglesa y un total de 179 en 466 encuentros vistiendo la camiseta del Manchester United.

La figura de Best (nacido en Belfast el 22 de mayo de 1946) fue respetada y temida en todos los terrenos de juego ingleses, especialmente entre 1964 y 1969. En ese lustro, Best explotó todo su talento y condiciones físicas, que le convirtieron entonces en el mejor futbolista de la Liga Inglesa. George Best regaló a sus hinchas momentos futbolísticos inolvidables, como aquel 21 de octubre de 1967 contra Escocia, cuando el público le bautizó como "el mejor" (the best).

Con 20 años y una personalidad arrolladora, Best enloqueció con sus regates, remates y visión del espacio libre a la entendida afición inglesa de los años 60, la década en la cual Inglaterra se proclamó campeona del mundo (1966) en el estadio de Wembley al vencer por 4-2 en la final a la selección de Alemania.

Durante los once años que pasó en el Manchester United, con el que ganó la Liga Inglesa en 1965 y 1967, escribió algunas de las páginas más bellas del fútbol, junto a Bobby Charlton y Dennis Law, sus compañeros en el Dream Team dirigido por el mítico Matt Busby.

Esa formidable armada conquistó la Copa de Europa, una primicia para un club inglés entonces, el 29 de mayo de 1968, contra el Benfica de Lisboa del gran Eusébio en el estadio Wembley. El entonces técnico del Manchester United, Matt Busby, se abrazó efusivamente a Best tras golear por 4-1 al Benfica portugués. Bobby Charlton abrió y cerró la cuenta anotadora del conjunto inglés, entonces llamados los Busby Boys, pero Best fue el autor del 2-1 que quebró la igualdad en el minuto 92.

Ese fue el año de Best. Además del trofeo europeo, fue elegido Balón de Oro como mejor jugador europeo en 1968. Con su cabello largo, se convirtió en toda una estrella que recibía más de 10.000 cartas por semana. Su reputación hizo de él una estrella deportiva pero también un ídolo al que sus admiradoras ponían al mismo nivel que los Beatles, gracias a su simpatía y su atractivo. Pero otra de sus peculiaridades era su gusto excesivo por la vida nocturna.

Tal fue su estilo inigualable y enorme calidad que algunos analistas ingleses incluyen a Best en el grupo de elite en el que figuran Di Stéfano, Cruyff, Maradona y Pelé. Probablemente, durante esa época Pelé fue el mejor futbolista del planeta. Ahora bien, entre 1966 y 1969, Best fue imparable.

Charlton, que compartió éxitos y fatigas en las filas del Manchester, opina que el estilo de Best podría ser semejante al que exhibió Cruyff quince años después. "George era más valiente, pero Cruyff tenía la gran capacidad de organización", apunta Charlton. "Él (Best) era el número uno y cuidaba esa condición, pero nunca dictaba las tácticas o daba las charlas sobre lo que teníamos que hacer", añade.

"Si entonces hubiéramos sabido lo que ahora, quizá este trágico final podría haber sido diferente. En el Manchester han aprendido de aquella experiencia con el caso de Eric Cantona. Quizá teníamos que haberlo tratado de forma diferente. Si en vez de ser hostiles con él hubiésemos tratado de apoyarle un poco... ¿quién sabe?", añadió Charlton al conocer el estado terminal de Best.

La fama de Georgie o Bestie era tal que se le consideraba el primer futbolista superstar y muchos se referían a él como el quinto Beatle. "Gasté mucho dinero en bebida, en mujeres y autos deportivos. El resto, simplemente lo malgasté", declaró un día a modo de resumen de su vida. Otra joya suya: "en 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida".

Seleccionado 37 veces con Irlanda del Norte entre 1964 y 1977, George Best nunca disputó un encuentro de un Mundial porque, a pesar de su inmenso talento, no pudo sacar del anonimato a la modesta selección de su país.

Su carácter rebelde y su debilidad por el alcohol le perderían. Dejó el Manchester a los 27 años para errar de un club a otro de Escocia a Estados Unidos pasando por Irlanda. A los 28 años Best tomó una senda equivocada, empapada por el alcohol y vestida con la fugacidad de la noche.

Ya no se hablaba de él más que en la crónica de sucesos. En marzo de 2000, se revelan los efectos de tantos años de excesos y bebida: tiene el hígado muy afectado y se teme por su vida. En febrero de 2001 es hospitalizado por una neumonía y el 30 de julio de 2002 se somete a un trasplante de hígado.

Pese a las insistentes advertencias de los médicos, vuelve a beber poco después del trasplante. Su estado se fue degradando progresivamente y llevaba varios días inconsciente hasta que falleció el 24 de noviembre del 2005 a los 59 años.

Un triste final para el que muchos veían como el jugador con más talento que nunca hayan dado las Islas Británicas.

 

   
   

Luis Suárez

 
 
Es difícil entender como un equipo con Di Stéfano, Kubala, Gento y Luis Súarez nunca ganó nada. Pero así es el fútbol. Cuatro de los mejores jugadores de la historia jugando juntos en la mejor selección que probablemente haya tenido España, y sin embargo el único título que la selección española consiguió fue la Eurocopa de 1964 cuando ya la mayoría de ellos se habían retirado (sólo estaban Gento y Luis Suárez de los mencionados).

Dicen que esa es la grandeza del fútbol, y su historia está llena de estrellas que nunca consiguieron ningún título mundial. Una de ellas fue Luis Suárez. Elegido mejor jugador de Europa en 1960, Luis Súarez fue uno de los mejores jugadores nacidos en el viejo continente.

Luis Suárez Miramontes nació en La Coruña el 2 de mayo de 1935. Inició su carrera en el Deportivo de la Coruña y sólo hizo falta un partido, el de su debut, para que el F. C. Barcelona se decidiera a ficharle. Helenio Herrera que entrenó al Barcelona en los años 50, decidió llevárselo al Inter de Milán en 1961. En el Barcelona, ganaría 2 Ligas Españolas, 2 Copas del Generalísimo, 2 Copas de Ferias y llegaría a su primera final continental, perdida contra el Benfica de Eusébio en 1961.

Allí creció más si cabe la leyenda de El arquitecto, que aún se mantiene viva en Italia, donde se le recuerda aún más que en España. Como jugador Súarez tenía una técnica impecable. Podía jugar en cualquier posición y en todas destacaba. Tenía un gran disparo, era un magnífico pasador, un excelente director de juego y tenía una gran visión de juego. Conquistaría junto al entrenador Helenio Herrera, los máximos títulos futbolísticos del mundo, siendo en este equipo, conocido como el Gran Inter, el auténtico lider en el campo. Ganó 3 Ligas Italianas, 2 Copas de Europa (1964 y 1965) y 2 Copas Intercontinentales con el club milanés.

Con España fue internacional en 30 ocasiones, en las que consiguió 13 goles. Tras retirarse como jugador Luis Súarez pasó al banquillo y fue seleccionador nacional español y entrenador del Inter, equipo al que continúa ligado en la actualidad.

 

   
   

Gerd Müller

 
 
Cuando Gerd Müller llegó al Bayer Munich su entrenador, Tschik Cajkovski, comentó que no podía poner a "ese pequeño elefante entre mis purasangres".

Aquel jugador, al que Cajkovski apodó como "el molinero gordito" pasaría a la historia del fútbol con otro apodo. Uno que le hacía justicia: Torpedo Müller.

Más de 600 goles en su carrera profesional, de ellos 365 en la Bundesliga, récord no igualado, 14 goles en Mundiales (sólo Ronaldo tiene más)... y entre otras cosas 68 goles en tan sólo 62 partidos como internacional con la selección alemana. Gerd Müller recibió el sobrenombre del bombardero, der Bomber, gracias a sus goles.

En su primera temporada con el Bayern de Munich, que no jugaba aún la Bundesliga (competía en la inferior Regionalliga Süd), Müller ganó la Copa de Alemania. Al año siguiente en la final de la Recopa de Europa, consiguió el gol de la victoria en la prórroga y un año más tarde abrazó el título de la Bundesliga, su primero de los cuatro que conseguiría con el club bávaro.

En el Mundial de México de 1970 fue una de las máximas estrellas con 10 goles y fue nombrado jugador europeo del año. Finalmente su momento de gloria llegó en la final del Mundial de Alemania de 1974 cuando marcó un gol contra Holanda. Además entre ambos Mundiales, participó en la Eurocopa de 1972 saliendo campeón y con el título de goleador.

Müller era un jugador inteligente, oportunista y devastador. Vivía en el área y tenía un impecable sentido de la colocación. Sus compañeros sabían que si centraban el balón al área Müller estaría allí. Demoledor en el juego aéreo, Müller era tremendamente eficaz con los dos pies.

Una lesión de la que nunca llegó a recuperarse truncó los años finales de su carrera en los que se retiró a Estados Unidos para jugar en el Strikers de Fort Lauderdale de la NASL (ahora MLS). Aunque el bombardero dejó de volar sobre las áreas rivales, sus récords siguen ahí, y nadie ha podido todavía acercarse a ellos.

 

   
   

Karl Heinz Rummenigge

 
 
Karl Heinz Rummenige fue el último de la estirpe de grandes delanteros nacidos en Alemania. Heredero de la tradición iniciada por Uwe Seeler y continuada por Gerd Muller, Karl Heinz Rummenige era un delantero letal como aquellos, pero adaptado a los tiempos modernos.

Poseedor de una gran técnica, Rummenigge unía a su demoledora capacidad de remate de cabeza la habilidad en el regate en sus dos piernas que le pemitía marcar también fuera del área.

Rummenigge llegó al Bayern de Munich en 1974, equipo en el que jugó 10 años, antes de emigrar a Italia, al Inter de Milán. A los seis años de llegar y junto a Paul Breitner formaron la sociedad conocida como FC Breitnigge, que le dio al Bayer el título de la Bundesliga. Rummenigge ascendió a la categoría de ídolo. Sus actuaciones en el equipo rojo le valieron al Bayer tres Bundesligas, dos Copas de Alemania y tres Copas de Europa, además de conquistar 2 Balón de Oro al mejor futbolista europeo en 1980 y 1981.En sus diez temporadas con los muniqueses que marcó 162 goles.

Con la camiseta blanca de la selección alemana, Rummenige debutó en la Eurocopa de 1980 y llegó al Mundial de España ya consagrado como estrella. En uno de los mundiales más disputados de la historia, en el que estaban Maradona, Platini, Zico, Boniek, Blokhin y Zoff, Rummenige lideró a su equipo hasta la final tras conseguir el gol que dejaba a Francia en la cuneta en semifinales. Sin embargo en la final, jugó lesionado y Alemania fue vencida por Italia.

Cuatro años más tarde, los germanos se volvieron a colar en la final contra Argentina. El veterano Rummenige tuvo una actuación destacada con un gol. Sin embargo, no pudo con Maradona y Alemania cayó derrotada por 3-2.

Rummenige figura en la lista de grandes estrellas que nunca consiguieron un Mundial. En su caso particular, Karl Heinz Rummenigge llevó a su equipo a dos finales, y en ninguna de ellas no pudo jugar al cien por cien. La misma lesión, de rodilla, le dejó fuera.

En 1984 pasó a jugar al Inter de Milán, y en 1987 al Servette de Ginebra, hasta 1989, cuando se despidió del fútbol en un partido que extrañamente convocó sólo a 2.200 personas.

Desde 1991, ocupa el cargo de vicepresidente de su club del corazón, el Bayern de Munich

 

   
   

Hristo Stoichkov

 
 
Fue uno de los futbolistas más polémicos de los años noventa, pero también uno de los mejores y más carismáticos. Lo ganó casi todo. Cuatro ligas españolas y una Copa de Europa con el F.C. Barcelona, un cuarto puesto en el Mundial de Estados Unidos con Bulgaria en 1994 y un Balón de Oro como mejor futbolista del mundo.

Stoitchkov ha sido el mejor futbolista búlgaro de la historia y su curriculum es impresionante. Este delantero de raza nació en Plovdiv, Bulgaria, el 8 de febrero de 1966, y debutó en el fútbol profesional a los 19 años con el CSKA de Sofía. Durante seis años, defendió la camiseta del club más prestigioso de Bulgaria donde disputó 119 encuentros, cosechó 81 goles, y ganó cuatro ligas y otras varias copas búlgaras.

En su primera temporada con el CSKA ganó el Campeonato y la Copa Búlgara. En la campaña siguiente, y como consecuencia de su furia y temperamento fue suspendido un año por agredir a un árbitro. Regresó a los campos de juego en la temporada 1986-87 donde repitió Campeonato y Copa.

En la temporada 1989-90 ganó su cuarto Campeonato Búlgaro anotando 38 goles y recibió el premio de Bota de Oro, trofeo al máximo goleador europeo. Su demostración goleadora llamó la atención de los grandes clubes europeos y fue contratado por el F.C. Barcelona de España por 4.5 millones de dólares. Con el Barcelona ganó cuatro ligas y una Copa de Europa en 1992, formando parte angular del famoso Dream Team de Cruyff.

En la temporada 1994-95 fue vendido al Parma del fútbol italiano. Su estancia en el complicado calcio sólo duró un año, y regresó al Barcelona. Su segunda estancia en el club español, no fue exitosa y en 1998, Stoitchkov y el Barcelona se divorciaron de manera definitiva y regresó al club de sus orígenes, el CSKA, donde se preparó para el Mundial de Francia de 1998.

Después tuvo experiencias fugaces por los clubes Al Nasr de Arabia Saudita, Kashiwa Reysol de Japón, Chicago Fire y D.C. United de Estados Unidos, tras lo cual decidió retirarse.

Fue votado mejor futbolista de su país en cinco años consecutivos; 1989, 1990, 1991, 1992, 1992, 1993, y 1994. Su consagración llegó en el año 1994 y en suelo americano. De la mano de Stoitchkov, Bulgaria fue la sorpresa del Mundial y finalizó en el cuarto lugar, marcando 6 goles. Debutó con la selección búlgara el 23 de septiembre de 1987 con la que acumuló un total de 84 selecciones y 37 goles.

En el encuentro de cuartos contra Alemania, Bulgaria tenía el marcador en contra por uno a cero, y en ese momento surgió Stoichkov con una fabulosa exhibición de raza que cambió el rumbo del partido. Creó una falta con la cual anotó un gol e igualó el marcador y después envió el centro para el gol de la victoria del calvo Letchkov.

Por esto, más su trayectoria con su club, el F.C. Barcelona, el rebelde búlgaro recibió el Balón de Oro, trofeo al mejor futbolista en Europa, y el trofeo FIFA al jugador del mundo del año 1994. El búlgaro es un hombre de raza y temperamento, y en un mundo marcado por la disciplina táctica y el esfuerzo físico, Stoichkov, es un rebelde de las canchas dominado por los sistemas.

Es un ganador y hace lo que sea para lograr la victoria. A veces esa ambición le ha llevado a cometer graves excesos, como agredir a árbitros o pisar a jugadores contrarios, como en un encuentro de Liga Española cuando propinó un pisotón a un colegial después de recibir una tarjeta roja.

Después de su experiencia como seleccionador búlgaro, actualmente dirige al Celta de Vigo español.

 

   
   

Telmo Zarra

 
 
Algo del fútbol español se perdió cuando el legendario delantero del Athletic Club de Bilbao y de la selección española, Telmo Zarraonandia, Zarra, falleció en Bilbao a la edad de 85 años a causa de un infarto.

El que fuera componente de una de las delanteras más famosas del Athletic, junto con Iriondo, Venancio, Panizo y Gainza, jugó 15 temporadas en el equipo bilbaíno y fue internacional en 20 ocasiones, en las que marcó 20 goles.

A lo largo de su carrera en el Athletic Club, entre 1940 y 1955, el jugador nacido en la localidad vizcaína de Asua el 20 de enero de 1921 disputó 353 partidos. En ellos marcó 334 goles, es decir, 0,95 tantos por encuentro.

Ese impresionante promedio lo superó con la selección española, en la que marcó un gol por partido. Zarra ha sido el jugador más veces máximo goleador de la Liga Española, con un total de seis ocasiones, en las temporadas 1944-1945, 1945-1946, 1946-1947, 1949-1950, 1950-1951 y 1952-1953, marca que no ha igualado nadie.

Con la marca establecida en la temporada 1950-1951, 38 goles, alcanzó el récord goleador en una temporada, que posteriormente le igualó Hugo Sánchez, si bien el delantero del Athletic lo logró cuando se jugaban 30 partidos de liga y el del Real Madrid ya cuando se disputaban 38.

Como internacional, su mejor marca la logró en una amistoso España-Suiza disputado el 18 de febrero de 1951, en el que marcó 4 tantos. No obstante, el más famoso de sus goles fue el que le marcó a Inglaterra en la Copa del Mundo de Brasil de 1950, ya que significó la victoria del combinado nacional y su mejor clasificación en la historia al lograr el cuarto puesto.

En su palmarés, aparece un título de Liga, el de la temporada 1942-1943, y cuatro de Copa del Rey, en las campañas 1942-1943, 1943-1944, 1944-1945 y 1949-1950. En Liga le marcó cinco tantos al Celta en un 10-0 en San Mamés (11-01-1942) y en Copa obtuvo otros cinco ante la Cultural Leonesa también en La Catedral en un encuentro que acabó 8-2 (21-01-1945).

Además de en el Athletic Club, en el que debutó el 29 de septiembre de 1940 en un Valencia 2-Athletic 2, Zarra jugó en otros tres equipos: Erandio (1939-1940), Indautxu (1955-1956) y Baracaldo (1956-1957), con todos ellos en Segunda División.

 

   
   

Daniel Passarella

 
 
Se convirtió en leyenda en 1978 cuando llegó a ser capitán del seleccionado argentino campeón del mundo. Pero su personalidad dentro de un terreno de juego venía forjándose con anterioridad, en River Plate, donde también era capitán y figura del conjunto capitalino. Después seguiría jugando en Europa y más tarde, continuaría ligado al deporte al convertirse en técnico.

Nació en 1953 y debutó en la primera división de Argentina con River Plate a los 21 años de edad. Desde ese momento se convirtió en el baluarte del equipo de la banda roja, desarrollando un estilo propio, de jugador con carácter pero también hábil con el balón y potente en el juego aéreo.

El entonces técnico del seleccionado argentino, César Luis Menotti, no dudó en llamarlo para integrar el equipo que a la postre participaría en el Mundial de 1978 en el país rioplatense y que luego se coronó campeón mundial. Passarella no sólo fue el capitán de ese representativo sino que también se convirtió en una de sus figuras principales.

Frontal tanto para hablar como para jugar, fue el representante perfecto del equipo dirigido por Menotti. De River Plate fue transferido a la Fiorentina (marcanndo 39 goles y convirtiéndose en uno de los mejores jugadores que hayan pisado la institución) y luego al Inter de Milán, en donde también descolló en el fútbol italiano. Su temple y fuerte personalidad lo impulsaron a los primeros planos del fútbol de la península.

El gran Capitán intervino también en la selección que jugó en 1982 en España. También fue el capitán de ese equipo y a pesar de que Argentina no brilló como se esperaba fue casualmente él quién resaltó por su entrega en los partidos en que participó la selección antes de ser eliminada.

Para 1986 formó parte del equipo que se clasificó al Mundial de México del 86. Una jugada suya le dio a Argentina el empate frente a Perú que a la postre significó el pasaje a tierras mexicanas. Sin embargo, no fue titular de la selección argentina que se coronó campeona del mundo y aún hoy persisten los rumores del motivo por el cual el técnico Carlos Bilardo no lo incluyó en el primer equipo.

En 1989, se retira y meses después, ya como técnico, sacó campeón argentino al club de sus amores, River Plate. Después Passarella dirigió con críticas y elogios a la selección argentina que jugó el Mundial de Francia de 1998. Basado en una disciplina férrea con sus dirigidos, Passarella no logró llevar al equipo a lo más alto.

No obstante su trayectoria sirvió para que la Federación Uruguaya de Fútbol lo nombrara técnico del equipo celeste. Después de pasajes como seleccionador de Uruguay y entrenador del Parma italiano, del Monterry mexicano y del Corinthians brasileño, vuelve a entrenar al River Plate de sus amores.

 

   
   

Carlos Valderrama

 
 
De cabello rubio frondoso y ensortijado, de piel blanca caribeña y de escasas palabras, Carlos El Pibe Valderrama, el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos, continúa enamorado de la pelota y con pocas ganas de quitarse el 10 de su espalda.

El Pibe, como simplemente el fútbol le conoce, matriculó su nombre y su estilo de juego en la época más brillante del balompié cafetero. Los años noventa lo recordarán como aquel capitán que con un ritmo pausado y seguro fue capaz de burlar la táctica con la precisión de la magia.

El Flaco César Luis Menotti, en una charla de café y cigarrillo, describió a Valderrama, uno de sus preferidos en el campo, como "un mago de la inteligencia, que sabe la ubicación de sus compañeros casi sin mirarlos y que les entrega el balón como con la mano".

Francisco Pacho Maturana, quien lo dirigió en los Mundiales de Italia 90 y de Estados Unidos 94, y fugazmente en el Real Valladolid de España, en 1991, lo recuerda como "el cerebro de la selección colombiana". "Con sólo tenerlo en el campo Colombia ya ganaba en lo anímico 1-0 y el rival sentía eso en el campo", asegura Pacho.

No en vano, Valderrama fue considerado como el mejor futbolista de América en 1987 y 1993, y en sus actuaciones en Italia 90, Estados Unidos 94 y Francia 98, su última Copa del Mundo y bajo la tutela de Hernán Darío Bolillo Gómez, siempre apareció en la galería de las estrellas.

"Para un futbolista el Mundial es lo máximo, es como la fiesta de 15 años para una señorita o el grado para un profesional. Eso es el Mundial para mí: una fiesta de los mejores jugadores y selecciones del mundo", dijo Valderrama en una entrevista.

Pero la historia del Pibe, esa que comenzó escribiendo en las ardientes canchas polvorientas de Pescaíto, su barrio natal en Santa Marta (costa del Caribe), también tiene interesantes capítulos exitosos y otros muy discretos en los diez clubes para los que ha jugado: cinco de Colombia, uno de Francia, uno de España y tres de Estados Unidos.

Los locales Unión Magdalena, donde dio los primeros pasos como profesional, Millonarios de Bogotá, Deportivo Cali, donde alcanzó el estrellato en los años ochenta, Independiente Medellín y Junior de Barranquilla, con el que consiguió los títulos nacionales de 1993 y 1995, disfrutaron de la luz de Valderrama.

También lo hizo el Montpellier de Francia, entre 1988 y 1991, donde alineó, entre otros, junto al campeón mundial Laurent Blanc y al legendario Roger Milla. Sin embargo la piedra en el zapato fue el Real Valladolid, donde al lado de sus compatriotas René Higuita y Leonel Álvarez sufrió la amargura del rechazo y de un fútbol que no le abrió las puertas.

Fue en el Colorado Rapids de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos donde esbozó sus últimas pinceladas, las que también dibujó cuando defendió los colores del Miami Fusion y del Tampa Bay Mutiny, su primer club en la liga estadounidense.

"Me llevaron para que ayudara a llevar el fútbol a todos los Estados Unidos y creo que he cumplido", confesó a su llegada a Colombia. Pero Valderrama no se rinde: "Quisiera ser técnico de la selección colombiana. Hay mucho camino por delante, hay que aprender, pero con paciencia sabré llegar".
 
   
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