HISTORIA    
     

Desde aquí haremos un pequeño seguimiento a cada uno de los mundiales disputados hasta el momento, haciendo referencia entre otras cosas al contexto histórico de la época y a los sucesos más importantes del momento...

 

   
   

Mundial del 30

 
Un terremoto sacudía el sur de Italia enterrando a mil quinientos napolitanos, Marlene Dietrich interpretaba El ángel azul, Stalin culminaba su usurpación de la revolución rusa, se suicidaba el poeta Vladimir Maiacovski. Los ingleses arrojaban a la cárcel a Mahatma Gandhi, que exigiendo independencia y queriendo su patria había paralizado a la India, mientras bajo las mismas banderas Augusto César Sandino alzaba a los campesinos de Nicaragua en las otras Indias, las nuestras, y los marines norteamericanos intentaban vencerlo por hambre incendiando las siembras.
 

En los Estados Unidos había quien bailaba el boggie-woogie, pero la euforia de los locos años veinte había sido noqueada por los feroces golpes de la crisis del 29. La bolsa de Nueva York había caído a pique y en su derrumbe había volteado los precios internacionales y estaba arrastrando al abismo a varios gobiernos latinoamericanos. En el despeñadero de la crisis mundial, la ruina del precio del estaño tumbaba al presidente Hernando Siles, en Bolivia, y colocaba en su lugar a un general, mientras el desplome de los precios de la carne y el trigo derribaba al presidente Hipólito Irigoyen, en la Argentina, y en su lugar instalaba a otro general. En la República Dominicana, la caída del precio del azúcar abría el largo ciclo de la dictadura del también general Rafael Leónidas Trujillo, que inauguraba su poder bautizando con su nombre a la capital y al puerto.

En el Uruguay, el golpe d estado iba a estallar tres años después. En 1930, el país sólo tenía ojos y oídos para el primer Campeonato Mundial de Fútbol. Las victorias uruguayas en las dos últimas olimpiadas, disputadas en Europa, habían convertido el Uruguay en el inevitable anfitrión del primer torneo.

Doce naciones llegaron al puerto de Montevideo. Toda Europa estaba invitada, pero sólo cuatro seleccionados europeos atravesaron el océano hacia estas playas del sur: "Eso está muy lejos de todo y el pasaje sale caro", decían en Europa.

Un barco trajo desde Francia el trofeo Jules Rimet, acompañado por el propio Don Jules, presidente de la FIFA, y por la selección francesa de fútbol, que vino a regañadientes.

Uruguay estrenó con bombos y platillos un monumental escenario construido en ocho meses. El estadio se llamó Centenario, para celebrar el cumpleaños de la Constitución que un siglo antes había negado los derechos civiles a las mujeres, a los analfabetos y a los pobres. En las tribunas no cabía un alfiler cuando Uruguay y Argentina disputaron la final del campeonato. El estadio era un mar de sombreros de paja. También los fotógrafos usaban sombreros, y cámaras con trípode. Los arqueros llevaban gorras y el juez lucía un bombachudo negro que le cubría las rodillas.

La final del Mundial del 30 no mereció más que una columna de veinte líneas en el diario italiano La Gazzetta dello Sport. Al fin y al cabo, se estaba repitiendo la historia de las Olimpiadas de Ámsterdam en 1928: los dos países del Río de la Plata ofendían a Europa mostrando donde estaba el mejor fútbol del mundo.

Como en 1928, Argentina quedó en segundo lugar. Uruguay, que iba perdiendo 2 a 1 en el primer tiempo, acabó ganando 4 a 2 y se consagró campeón. Para arbitrar la final, el belga John Langenus había exigido un seguro de vida, pero no ocurrió nada más grave que algunas trifulcas en las gradas. Después un gentío apedreó el consulado uruguayo en Buenos Aires.

El tercer lugar del campeonato correspondió a los Estados Unidos, que contaban en sus filas con unos cuantos jugadores escoceses recién nacionalizados, y el cuarto puesto fue para Yugoslavia.

Ni un sólo partido terminó empatado. El argentino Stábile encabezó la tabla de goleadores, con ocho tantos, seguido del uruguayo Cea, con cinco. El francés Louis Laurent hizo el primer gol de la historia de los mundiales, jugando contra México.

 

   
   

Mundial del 34

 
 
Johnny Weissmüller lanzaba su primer aullido de Tarzán, el primer desodorante industrial aparecía en el mercado, la policía de Louisiana acribillaba a balazos a Bonnie and Clyde. Bolivia y Paraguay, los dos países más pobres de América del Sur, se desangraban disputando el petróleo del Chaco en nombre de la Standard Oil y la Shell. Sandino, que había vencido a los marines en Nicaragua, caía acribillado en una emboscada y Somoza, el asesino, iniciaba su dinastía. Mao desataba la larga marcha de la revolución en los campos de China. En Alemania, Hitler se consagraba Führer del Tercer Reich y promulgaba la ley en defensa de la raza aria, que obligaba a esterilizar a los enfermos hereditarios y a los criminales, mientras que Mussolini inauguraba, en Italia, el segundo Campeonato Mundial de Fútbol.
 

Los carteles del campeonato mostraban un Hércules que hacía el saludo fascista con una pelota a sus pies. El Mundial del 34 en Roma fue, para il Duce, una gran operación de propaganda. Mussolini asistió a todos los partidos desde el palco de honor, el mentón alzado hacia las tribunas repletas de camisas negras, y los once jugadores del equipo italiano le dedicaron sus victorias con la palma extendida.

Pero el camino hacia el título no resultó fácil. El partido entre Italia y España fue el más triturador de la historia de los mundiales: la batalla duró 210 minutos y terminó al día siguiente, cuando varios jugadores habían quedado fuera de combate por las heridas de guerra o porque ya no daban más. Ganó Italia, sin cuatro de sus jugadores titulares. España terminó con siete titulares menos. Entre los españoles lastimados, estaban los dos mejores: el atacante Lángara y el arquero Zamora, el que hipnotizaba en el área.

En el estadio del partido Nacional Fascista, Italia disputó contra Checoslovaquia la final del campeonato. Ganó en el alargue, 2 a 1. Dos jugadores argentinos, recién nacionalizados italianos, aportaron lo suyo: Orsi metió el primer gol, gambeteando al arquero, y otro argentino, Guaita, sirvió el pase del gol de Schiavio que brindó a Italia su primera Copa Mundial.

En el 1934, participaron dieciséis países: doce europeos, tres americanos y Egipto, solitario representante del resto del mundo. El campeón, Uruguay, se negó a viajar, porque Italia no había venido al primer Mundial en Montevideo.

Detrás de Italia y Checoslovaquia, Alemania y Austria ganaron el tercer y cuarto puesto. El jugador checoslovaco Nejedly fue el goleador, con cinco tantos, seguido por Conen, de Alemania, y Schiavio, de Italia, con cuatro.
 
   
   

Mundial del 38

 
 
Max Theiler descubría la vacuna contra la fiebre amarilla, nacía la fotografía en colores, Walt Disney estrenaba Blancanieves, Einsestein filmaba Alejandro Nevski. El nailon, recién inventado por un profesor de Harvard, empezaba a convertirse en paracaídas y medias de mujer.
 

Se suicidaban los poetas argentinos Alfonsina Storni y Leopoldo Lugones. Lázaro Cárdenas nacionalizaba el petróleo en México y enfrentaba el bloqueo y otras furias de las potencias occidentales. Orson Welles inventaba una invasión de los marcianos a los Estados Unidos y la transmitía por radio, para asustar incautos, mientras la Standard Oil exigía que los Estados Unidos invadieran México de verdad, para castigar el sacrilegio de Cárdenas y prevenir el mal ejemplo.
 

En Italia se redactaba el Manifiesto sobre la raza, empezaban los atentados antisemitas, Alemania ocupaba Austria, Hitler se dedicaba a cazar judíos y a devorar territorios. El gobierno inglés enseñaba a los ciudadanos a defenderse de los gases asfixiantes y mandaba acopiar alimentos. Franco acorralaba los últimos bastiones de la República española y el Vaticano reconocía su gobierno. César Vallejo moría en París, quizás con aguacero, mientras Sartre publicaba "La náusea". Y ahí, en París, donde Picasso exhibía su Guernica denunciando el tiempo de la infamia, se inauguraba el tercer Campeonato Mundial de Fútbol bajo la sombra acechante de la guerra que se venía. En el estadio de Colombes, el presidente de Francia, Albert Lebrun, dio el puntapie inicial: apuntó a la pelota, pero pegó en el suelo.

Como el anterior, éste fue un campeonato de Europa. Sólo dos países americanos y once europeos, participaron en el Mundial del 38. La selección de Indonesia, que todavía se llamaba Indias Holandesas, llegó a París en solitaria representación de todo el resto del planeta. Alemania incorporó cinco jugadores de la recién anexada Austria. La escuadra alemana así reforzada irrumpió dándose aires de muy imbatible, con la cruz esvástica en el pecho y toda la simbología nazi del poder, pero tropezó y cayó ante la modesta Suiza. La derrota alemana ocurrió pocos días antes de que la supremacía aria sufriera un duro golpe en Nueva York, cuando el boxeador negro Joe Louis pulverizó al campeón germano Max Schmeling. Italia, en cambio, repitió su campaña de la Copa anterior. En las semifinales, los azzurri derrotaron al Brasil. Hubo un penal dudoso, los brasileños protestaron en vano. Como en el 34, todos los árbitros eran europeos.

Después llegó la final, que Italia disputó contra Hungría. Para Mussolini, este triunfo era una cuestión de Estado. En la víspera, los jugadores italianos recibieron, desde Roma, un telegrama de tres palabras, firmado por el jefe del fascismo: Vencer o morir. No hubo necesidad de morir, porque Italia ganó 4 a 2. Al día siguiente, los vencedores vistieron uniforme militar en la ceremonia de celebración, que il Duce presidió.

El diario La Gazzetta dello Sport exaltó entonces "la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza". Poco antes, la prensa oficial italiana había celebrado así la derrota de la selección brasileña: "Saludamos el triunfo de la itálica inteligencia sobre la fuerza bruta de los negros".

La prensa internacional eligió, mientras tanto, a los mejores jugadores del torneo. Entre ellos, dos negros, Leônidas y Domingos da Guia. Leônidas fue, además, el goleador, con ocho tantos, seguido por el húngaro Zsengeller, con siete. De los goles de Leônidas, el más hermoso fue hecho contra Polonia, a pie descalzo. Leónidas había perdido el zapato, en el barro del área, bajo la lluvia torrencial.
 
   
   

Mundial del 50

 
Nacía la televisión en colores, las computadores hacían mil sumas por segundo, Marilyn Monroe asomaba en Hollywood. Una película de Buñuel, "Los olvidados", se imponía en Cannes. El automóvil de Fangio triunfaba en Francia. Bertrand Russel ganaba el Nobel. Neruda publicaba su "Canto general" y aparecían las primeras ediciones de "La vida breve" de Onnetti y de "El laberinto de la soledad" de Octavio Paz.
 

Albizu Campos, que mucho había peleado por la independencia de Puerto Rico, era condenando en Estados Unidos a setenta y nueve años de prisión. Un delator entregaba a Salvatore Giuliano, el legendario bandido del sur de Italia, que caía acribillado por la policía. En China, el gobierno de Mao daba sus primeros pasos prohibiendo la poligamia y la venta de niños. Las tropas norteamericanas entraban a sangre y fuego en la península de Corea, envueltas en la bandera de las Naciones Unidas, mientras los jugadores de fútbol aterrizaban en Río de Janeiro para disputar la cuarta Copa Rimet, después del largo paréntesis de los años de la guerra mundial.
 

Siete países americanos y seis naciones europeas, recién resurgidas de los escombros, participaron en el torneo brasileño del 50. La FIFA prohibió que jugara Alemania. Por primera vez Inglaterra se hizo presente en el campeonato mundial. Hasta entonces, los ingleses no habían creído que tales escaramuzas fueran dignas de sus desvelos. El combinado inglés cayó derrotado ante los Estados Unidos, créase o no, y el gol de la victoria norteamericana no fue obra del general George Washington sino de un centrodelantero haitiano y negro llamado Larry Gaetjens.
Brasil y Uruguay se disputaron la final en Maracaná. El dueño de casa estrenaba el estadio más grande del mundo. Brasil era campeona ya, la final una fiesta. Los jugadores brasileños, que venían aplastando a todos sus rivales de goleada en goleada, recibieron, en la víspera, relojes de oro que al dorso decían: "Para los campeones del mundo". Las primeras páginas de los diarios se habían impreso por anticipado, ya estaba armado el inmenso carruaje de carnaval que iba a encabezar los festejos, ya se había vendido medio millón de camisetas con grandes letreros que celebraban la victoria inevitable.

Cuando el brasileño Friaça convirtió el primer gol, un trueno de doscientos mil gritos y muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ari Barroso, el músico autor de "Aquarela do Brasil", que estaba trasmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de fútbol.

Después del pitido final, los comentaristas brasileños definieron la derrota como "la peor tragedia de la historia de Brasil". Jules Rimet deambulaba por el campo, perdido, abrazado a la Copa que llevaba su nombre: "Me encontré solo, con la Copa en mis brazos y sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y se la entregué casi a escondidas. Le estreché la mano sin decir ni una palabra". En el bolsillo, Rimet tenía el discurso que había escrito en homenaje al campeón brasileño.

Uruguay se había impuesto limpiamente: la selección uruguaya cometió once faltas y la brasileña, 21.

El tercer puesto fue para Suecia. El cuarto para España. El brasileño Ademir encabezó la tabla de goleadores, con nueve tantos, seguido por el uruguayo Schiaffino, con seis, y el español Zarra con cinco.
 

 

   
   

Mundial del 54

 
 
Gelsomina y Zampanó brotaban de la mano mágica de Fellini y se echaban a payasear por La strada, sin apuro, mientras a toda velocidad Fangio se consagraba campeón mundial de automovilismo por segunda vez. Jonas Salk preparaba la vacuna contra la poliomelitis. En el Pacífico estallaba la primera bomba de hidrógeno. En Vietnam, el general Giap noqueaba al ejército francés en la fulminante batalla de Dien Bien Phu. En Argelia, otra colonia francesa, nacía la guerra de la independencia.
 

El general Stroessner era elegido presidente del Paraguay, en reñida competencia contra ningún candidato. En Brasil, se estrechaba el cerco de los militares y empresario, armas y dineros, contra el presidente Getúlio Vargas, que poco después se rompería el corazón de un balazo. Aviones norteamericanos bombardeaban Guatemala, con la bendición de la OEA, y un ejército fabricado en el norte invadía, mataba y vencía. Mientras en Suiza se cantaban los himnos de dieciséis países, inaugurando el quinto Campeonato Mundial de Fútbol, en Guatemala los vencedores cantaban el himno de los Estados Unidos celebrando la caída del presidente Arbenz, cuya ideología marxistaleninista estaba fuera de toda duda porque se había metido con las tierras de la United Fruit.

En el Mundial del 54, participaron once equipos europeos, tres americanos, Turquía y Corea del Sur. Brasil estrenó la camiseta amarilla con cuello verde, en vista de que la anterior camiseta, blanca, le había dado mala suerte en Maracaná. Pero el color canarinho no tuvo efecto inmediato: Brasil fue derrotado por Hungría en un partido violento, y no pudo llegar ni a las semifinales. La delegación brasileña denunció ante la FIFA al árbitro inglés, que había actuado «al servicio del comunismo internacional, contra la civilización occidental y cristiana».

Hungría era la gran favorita de esta Copa. El demoledor equipo de Puskas, Kocsis y Hidegkuti llevaba cuatro años invicto, y poco antes del Mundial había goleado a Inglaterra 7 a 1. Pero éste fue un campeonato extenuante. Tras el duro enfrentamiento con los brasileños, los húngaros exprimieron sus energías contra los uruguayos. Hungría y Uruguay jugaron a muerte, sin darse tregua, y se agotaron mutuamente hasta que dos goles de Kocsis definieron el partido en el alargue.

La final fue contra Alemania. Hungría ya la había derrotado por paliza, 8 a 3, al comienzo del Mundial, y en aquel partido había quedado fuera de combate el capitán Puskas. En la final, Puskas reapareció, jugando a duras penas con una sola pierna, al frente de un equipo brillante pero gastado. Hungría, que iba ganando 2 a 0, acabó perdiendo 3 a 2, y Alemania conquistó su primer título mundial. Austria obtuvo el tercer lugar. Uruguay, el cuarto.

El húngaro Kocsis fue el goleador de la Copa, con once tantos, seguido por el alemán Morlock, con ocho, y el austríaco Probst, con seis. De los once goles de Kocsis, el más golazo fue hecho contra Brasil. Kocsis se lanzó como un avión, voló un buen rato en el aire y cabeceó al ángulo.

 

   
   

Mundial del 58

 
 
Los Estados Unidos lanzaban un satélite a los altos cielos: la nueva lunita giraba en torno a la tierra, se cruzaba con los sputniks soviéticos y no los saludaba. Y mientras las grandes potencias competían en el más allá, en el más acá comenzaba la guerra civil del Líbano, Argelia ardía, se incendiaba Francia y el general De Gaulle alzaba sus dos metros de altura sobre las llamas y prometía la salvación. En Cuba fracasaba la huelga general de Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista, pero en Venezuela otra huelga general volteaba la dictadura de Pérez Jiménez. En Colombia, conservadores y liberales bendecían con elecciones su reparto del poder, al cabo de una década de guerra de exterminio mutuo, mientras Richard Nixon era recibido a pedradas en su gira latinoamericana. José María Arguedas publicaba Los ríos profundos. Aparecían La región más transparente, de Carlos Fuentes, y los Poemas de amor de Idea Vilariño.

En Hungría, caían fusilados Imre Nagy y otros rebeldes del 56, que habían querido democracia en lugar de burocracia, y en Haití morían los rebeldes que se habían alzado al asalto del palacio donde Papa Doc Duvalier reinaba rodeado de brujos y verdugos. Juan XXIII, Juan el Bueno, era el nuevo Papa de Roma, el príncipe Carlos era el futuro monarca de Inglaterra, Barbie era la nueva reina de las muñecas, João Havelange conquistaba la corona brasileña en el negocio del fútbol, mientras en el arte del fútbol un muchacho de diecisiete años, llamado Pelé, se consagraba rey del mundo.

 

La consagración de Pelé tuvo lugar en Suecia, durante el sexto Campeonato Mundial. Participaron del torneo doce equipos europeos, cuatro americanos y ninguno de otras latitudes.

 

Los suecos pudieron ver los partidos en las canchas y también en sus casas. Ésta fue la primera vez que la Copa se transmitió por televisión, aunque sólo llegó en vivo y en directo al ámbito nacional y el resto del mundo la recibió después.

 

Ésta fue, también, la primera vez que un país ganó la Copa jugando fuera de su continente. En el Mundial del 58, la selección brasileña empezó más o menos, pero fue arrolladora a partir del momento en que los jugadores se sublevaron y pudieron imponer al director técnico el equipo que ellos querían. Entonces, cinco suplentes se hicieron titulares. Entre ellos, Pelé, un adolescente desconocido, y Garrincha, que ya traía mucha fama desde Brasil y mucho se había lucido en los juegos previos, pero había sido excluido del Mundial porque los estudios psicotécnicos le habían diagnosticado debilidad mental. Ellos, suplentes negros de jugadores blancos, brillaron con luz propia en el nuevo equipo de estrellas, junto a otro negro de juego deslumbrante, Didí, que desde atrás les organizaba las magias.

 

Juego y fuego: el periódico World Sports, de Londres, dijo que había que restregarse los ojos para creer que aquello era cosa de este planeta. En las semifinales, contra la Francia de Kopa y Fontaine, los brasileños ganaron 5 a 2, y otra vez 5 a 2 en la final contra el dueño de casa. El capitán de Suecia, Liedholm, uno de los jugadores más limpios y elegantes de la historia del fútbol, convirtió el primer gol del partido, pero después Vavá, Pelé y Zagalo pusieron las cosas en su lugar, ante la atónita mirada del rey Gustavo Adolfo. Brasil fue campeón invicto. Cuando terminó el partido, los jugadores regalaron la pelota a su hincha más devoto, el negro Américo, masajista.

 
Francia ocupó el tercer lugar y Alemania Federal, el cuarto. El francés Fontaine encabezó la tabla de goleadores, con una lluvia de trece tantos, ocho de pierna derecha, cuatro de izquierda y uno de cabeza, seguido por Pelé y el alemán Helmut Rahn, que metieron seis.

 

   
   

Mundial del 62

 
 
Unos astrólogos hindúes y malayos habían anunciado el fin del mundo pero el mundo seguía girando, y entre vuelta y vuelta nacía una organización que se bautizaba con el nombre de Amnistía Internacional y Argelia daba sus primeros pasos de vida independiente, al cabo de más de siete años de guerra contra Francia. En Israel ahorcaban al criminal nazi Adolf Eichmann, los mineros de Asturias se alzaban en huelga, el papa Juan quería cambiar la Iglesia y devolverla a los pobres. Se fabricaban los primeros disquetes para computadoras, se realizaban las primeras operaciones con rayo láser, Marilyn Monroe perdía las ganas de vivir.

¿En cuánto se cotizaba el voto internacional de un país? Haití vendía su voto a cambio de quince millones de dólares, una carretera, una represa y un hospital y así otorgaba a la OEA la mayoría necesaria para expulsar a Cuba, la oveja negra del panamericanismo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. Setenta y cinco demandas de prohibición se presentaban ante los tribunales norteamericanos contra la novela Trópico de Cáncer, de Henry Miller, que por primera vez se había publicado sin censura. Linus Pauling, que estaba por recibir su segundo premio Nobel, caminaba ante la Casa Blanca portando un cartel de protesta contra las explosiones nucleares, mientras Benny Kid Paret, cubano, negro, analfabeto, caía muerto, aniquilado por los golpes, en el ring del Madison Square Garden.

En Memphis, Elvis Presley anunciaba su retiro, después de vender trescientos millones de discos, pero se arrepentía al ratito, y en Londres una empresa de discos, la Decca, se negaba a grabar canciones de unos músicos peludos que se llamaban los Beatles. Carpentier publicaba El siglo de las luces, Gelman publicaba Gotán, los militares argentinos volteaban al presidente Frondizi, moría el pintor brasileño Cándido Portinari. Aparecían las Primeras estórias, de Guimaraes Rosa, y los poemas que Vinícius de Moraes escribió para vivir um grande amor. João Gilberto susurraba el samba de uma nota só, en el Carnegie Hall, mientras los jugadores de Brasil aterrizaban en Chile, dispuestos a conquistar el séptimo Campeonato Mundial de Fútbol ante cinco países americanos y diez europeos.

En el Mundial del 62, Di Stéfano no tuvo buena suerte. Iba a jugar en la selección de España, su país de adopción. A los 36 años de edad, era su última oportunidad. En vísperas del estreno, se lastimó la rodilla derecha, y no hubo caso. Di Stéfano, la Saeta Rubia, uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, nunca pudo jugar un Mundial. Pelé, otra estrella de todos los tiempos, no llegó muy lejos en el Mundial de Chile: sufrió de entrada un desgarramiento muscular y quedó fuera. Y otro monstruo sagrado del fútbol, el ruso Yashin, anduvo también con mala pata: el mejor arquero del mundo se comió cuatro goles ante Colombia, porque parece que se le fue la mano con los traguitos que lo entonaban en el vestuario.

Brasil ganó el torneo. Sin Pelé, y bajo la batuta de Didí. Amarildo se lució en el difícil lugar de Pelé, atrás Djalma Santos fue una muralla y adelante Garrincha deliraba y hacía delirar. «¿De qué planeta procede Garrincha?», se preguntaba el diario El Mercurio, mientras Brasil liquidaba a los dueños de casa. Los chilenos se habían impuesto a Italia, en un partido que fue una batalla campal, y también habían vencido a Suiza y a la Unión Soviética. Se habían servido spaguettis, chocolate y vodka, pero se les atragantó el café: los brasileños ganaron 4 a 2.

En la final, Brasil derrotó a Checoslovaquia 3 a 1 y fue, como en el 58, campeón invicto. Por primera vez, la final de un campeonato mundial se pudo ver en directo por la televisión en transmisión internacional, aunque fue en blanco y negro y llegó a pocos países.

Chile conquistó el tercer lugar, la mejor clasificación de su historia, y Yugoslavia ganó el cuarto puesto gracias a un pájaro llamado Dragoslav Sekularac, que ninguna defensa pudo atrapar.

El campeonato no tuvo un goleador, pero varios jugadores convirtieron cuatro tantos: los brasileños Garrincha y Vavá, el chileno Sánchez, el yugoslavo Jerkovic, el húngaro Albert y el soviético Ivanov.

 

   
   

Mundial del 66

 
 
Los militares bañaban a Indonesia en sangre, medio millón de muertos, un millón, quién sabe, y el general Suharto iniciaba su larga dictadura asesinando a los pocos rojos, rosados o dudosos que quedaban vivos. Otros militares volteaban a N'Krumah, presidente de Guinea y profeta de la unidad africana, mientras sus colegas de Argentina desalojaban al presidente Illia por golpe de estado.

Por primera vez en la historia, una mujer, Indira Gandhi, gobernaba la India. Los estudiantes echaban abajo a la dictadura militar de Ecuador. La aviación de los Estados Unidos bombardeaba Hanoi, en una nueva ofensiva, pero en la opinión pública norteamericana crecía la certeza de que nunca debían haber entrado en Vietnam, que no debían haberse quedado y que debían salir cuanto antes.

Truman Capote publicaba A sangre fría. Aparecían Cien años de soledad, de García Márquez, y Paradiso, de Lezama Lima. El cura Camilo Torres caía peleando en las montañas de Colombia, el Che Guevara cabalgaba su flaco Rocinante por los campos de Bolivia, Mao desataba la revolución cultural en China. Varias bombas atómicas caían en la costa española de Almería, y aunque no estallaban, sembraban el pánico. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas.

En Londres, Harold Wilson mascaba su pipa y celebraba la victoria en las elecciones, las muchachas andaban en minifalda, Carnaby Street dictaba la moda y todo el mundo tarareaba las canciones de los Beatles, mientras se inauguraba el octavo Campeonato Mundial de Fútbol.

Éste fue el último Mundial de Garrincha, y también fue la despedida del arquero mexicano Antonio Carbajal, el único jugador que había estado cinco veces en el torneo.

Participaron dieciséis equipos: diez europeos, cinco americanos y, cosa rara, Corea del Norte. Asombrosamente, la selección coreana eliminó a Italia con gol de Pak, un dentista de la ciudad de Pyongyang que practicaba el fútbol en sus ratos libres. En la selección italiana jugaban nada menos que Gianni Rivera y Sandro Mazzola. Pier Paolo Pasolini decía que ellos jugaban al fútbol en buena prosa interrumpida por versos fulgurantes, pero el dentista los dejó mudos.

Por primera vez se transmitió todo el campeonato en directo, vía satélite, y el mundo entero pudo ver, todavía en blanco y negro, el show de los árbitros. En el Mundial anterior, los jueces europeos habían arbitrado los 26 partidos; en éste, dirigieron 24 de los 32 partidos disputados. Un juez alemán obsequió a Inglaterra el partido contra Argentina, mientras un juez inglés regalaba a Alemania el partido contra Uruguay. Brasil no tuvo mejor suerte: Pelé fue impunemente cazado a patadas por Bulgaria y Portugal, que lo desalojaron del campeonato.

La reina Isabel asistió a la final. No gritó ningún gol, pero aplaudió discretamente. El Mundial se definió entre la Inglaterra de Bobby Charlton, hombre de temible empuje y puntería, y la Alemania de Beckenbauer, que recién empezaba su carrera y ya jugaba de galera, guantes y bastón. Alguien había robado la Copa Rimet, pero un perro llamado Pickles la encontró tirada en un jardín de Londres. Así, el trofeo pudo llegar a tiempo a manos del vencedor. Inglaterra se impuso 4 a 2. Portugal entró tercero. En cuarto lugar, la Unión Soviética. La reina Isabel otorgó título de nobleza a Alf Ramsey, el director técnico de la selección triunfante, y el perro Pickles se convirtió en héroe nacional.

El Mundial del 66 fue usurpado por las tácticas defensivas. Todos los equipos practicaban el cerrojo y dejaban un jugador escoba barriendo la línea final detrás de los zagueros. Sin embargo, Eusebio, el artillero africano de Portugal, pudo atravesar nueve veces esas impenetrables murallas en las retaguardias rivales. Tras él, en la lista de goleadores, figuró el alemán Haller, con seis tantos.

 

   
   

Mundial del 70

 
 
En Praga moría Jiri Trnka, maestro del cine de marionetas, y en Londres moría Bertrand Russell, tras casi un siglo de vida mucha viva. A los veinte años de edad, el poeta Rugama caían en Managua, peleando solito contra un batallón de la dictadura de Somoza. El mundo perdía su música: se desintegraban los Beatles, por sobredosis de éxito, y por sobredosis de drogas se nos iban el guitarrista Jimi Hendrix y la cantante Janis Joplin.
 

Un ciclón arrasaba Pakistán y un terremoto borraba quince ciudades de los Andes peruanos. En Washington ya nadie creía en la guerra de Vietnam pero la guerra seguía, según el Pentágono los muertos sumaban un millón, mientras los generales norteamericanos huían hacia adelante invadiendo Camboya. Allende iniciaba su campaña hacia la presidencia de Chile, después de tres derrotas, y prometía dar leche a todos los niños y nacionalizar el cobre. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. Comenzaba la primera huelga en la historia del Vaticano, en Roma se cruzaban de brazos los funcionarios del Santo Padre, mientras en México movían las piernas los jugadores de dieciséis países y comenzaba el noveno Campeonato Mundial de Fútbol.

Participaron nueve equipos europeos, cinco americanos, Israel y Marruecos. En el partido inaugural, el árbitro alzó por primera vez una tarjeta amarilla. La tarjeta amarilla, señal de amonestación, y la tarjeta roja, señal de expulsión, no fueron las únicas novedades del Mundial de México. El reglamento autorizó a cambiar dos jugadores en el curso de cada partido. Hasta entonces, sólo el arquero podía ser sustituido, en caso de lesión; y no resultaba muy difícil reducir a patadas al elenco adversario.

Imágenes de la Copa del 70: la estampa de Beckenbauer, con un brazo atado, batiéndose hasta el último minuto; fervor de Tostão, recién operado de un ojo y aguantándose a pie firme todos los partidos; los vuelos de Pelé en su último Mundial: "saltamos juntos", contó Burgnich, el defensa italiano que lo marcaba, "pero cuando volví a tierra, ví que Pelé se mantenía suspendido en la altura".

Cuatro campeones del mundo, Brasil, Italia, Alemania y Uruguay, disputaron las semifinales. Alemania ocupó el tercer lugar, Uruguay el cuarto. En la final, Brasil apabulló a Italia 4 a 1. La prensa inglesa comentó: "Debería estar prohibido un fútbol tan bello". El último gol se recuerda de pie: la pelota pasó por todo Brasil, la tocaron los once, y por fin Pelé la puso en bandeja, sin mirar, para que rematara Carlos Alberto, que venía en tromba. El "Torpedo" Müller, de Alemania, encabezó la tabla de goleadores, con diez tantos, seguido por el brasileño Jairzinho, con siete. Campeón invicto por tercera vez, Brasil se quedó con la Copa Rimet en propiedad. A fines de 1983, la copa fue robada y vendida, después de ser reducida a casi dos quilos de oro puro. Una copia ocupa su lugar en las vitrinas.

 

   
   

Mundial del 74

 
 
El presidente Nixon estaba contra las cuerdas, las rodillas flojas, golpeado sin pausa por el escándalo del espionaje en el edificio Watergate, mientras una sonda especial viajaba hacia Júpiter y en Washington era declarado inocente el teniento del Ejército que había asesinado a cien civiles en Vietnam, que al fin y al cabo no habían sido más que cien, y civiles, y vietnamitas.

Morían los novelistas Miguel Ángel Asturias y Pär Lakgervist y el pintor David Alfaro Siquieros. Agonizaba el general Perón, que había marcado a fuego la historia argentina. Moría Duke Ellington, rey del jazz. La hija del rey de la prensa, Patricia Hearst, se enamoraba de sus secuestradores, denunciaba a su padre por cerdo burgués y se ponía a asaltar bancos. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas.

En Grecia caía la dictadura, y caía la dictadura en Portugal, donde al ritmo de la canción Grandola, vila morena, se desataba la revolución de los claveles. La dictadura de Augusto Pinochet se afirmaba en Chile y en España Francisco Franco ingresaba en el hospital Francisco Franco, enfermo del poder y de los años.

En un histórico plebiscito, los italianos votaban por el divorcio, que les parecía preferible a la daga, el veneno y demás métodos que la tradición recomendaba para resolver las disputas conyugales. En una votación no menos histórica, los dirigentes del fútbol mundial elegían a Joao Havelange presidente de la FIFA, y mientras Havelange desalojaba en Suiza al prestigioso Stanley Rous, en Alemania comenzaba el décimo Campeonato Mundial de Fútbol.

Se estrenaba nueva copa. Era más fea que la Rimet, pero la codiciaban nueve selecciones europeas, cinco americanas y también Australia y Zaire. La Unión Soviética había quedado afuera en la fase previa. Durante los partidos de clasificación para el Mundial, los soviéticos se habían negado a jugar en el Estadio Nacional de Chile, que poco antes había sido campo de concentración y patio de fusilamientos. Entonces la selección chilena había disputado, en ese estadio, el partido más patético de la historia del fútbol: había jugado contra nadie, y en el arco vacío había metido varios goles que fueron ovacionados por el público. Después, en el Mundial, Chile no ganó ningún partido.

Sorpresa: los jugadores holandeses viajaron a Alemania acompañados por sus esposas, novias o amigas, y con ellas se concentraron. Era la primera vez que semejante cosa ocurría. Y más sorpresa: los holandeses tenían pies alados y llegaron invictos a la final, con catorce goles a favor y un solo gol en contra, que lo había metido uno de ellos por pura mala suerte. El Mundial del 74 giró alrededor de la Naranja Mecánica, la fulminante invención de Cruyff, Neeskens, Rensenbrink, Krol y otros incansables jugadores impulsados por el técnico Rinus Michels.

Al comienzo del último partido, Cruyff intercambió banderines con Beckenbauer. Y ocurrió la tercera sorpresa: el Kaiser y los suyos aguaron la fiesta holandesa. Maier, que lo atajaba todo, Müller, que todo lo metía, y Breitner, que todo lo resolvió, se ocuparon de arrojar dos baldes de agua fría sobre el equipo favorito, y contra todo pronóstico los alemanes ganaron 2 a 1. Se repetía, así, la historia del 54 en Suiza, cuando Alemania había vencido a la invencible Hungría.

Detrás de Alemania Federal y de Holanda, entró Polonia. En cuarto lugar, Brasil, que no pudo ser el que había sido. Un jugador polaco, Lato, resultó goleador dela Copa, con siete tantos, seguido por otro polaco, Szarmach, y el holandés Neeskens, ambos con cinco.

 

   
   

 Mundial del 78

 
 
En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.
 

Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. El Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.

«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:

- Este país tiene un gran futuro a todo nivel.

Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos días después:

-Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso político.

Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.

La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.

A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.

Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada uno.

 

   
   

Mundial del 82

 
 
Mefisto, de István Szabó, una obra maestra sobre el arte y la traición, ganaba el Oscar de Hollywood, mientras en Alemania se apagaba temprano la vida de Fassbinder, un creador de cine de tormento y talento. Se suicidaba Romy Schneider, Sofía Loren marchaba presa por evadir impuestos. En Polonia iba a la cárcelo Lech Walesa, el jefe de los sindicatos obreros. García Márquez recibía el Nobel en nombre de los poetas, mendigos, músicos, profetas, guerreros y malandrines de América Latina. Matanza del ejército en una aldea de El Salvador: más de setecientos campesinos caían acribillados, la mitad eran niños. En Guatemala, el general Ríos Montt asaltaba el poder, para multiplicar la carnicería de los indios: proclamaba que Dios le había confiado el mando del país y anunciaba que el Espíritu Santo iba a dirigir sus servicios de inteligencia. Egipto recuperaba la península de Sinaí, ocupada por Israel desde la guerra de los seis días. El primer corazón artificial latía en el pecho de alguien. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Italia, el Papa sobrevivía a su segundo atentado. En Espña, recibían condena de treinta años los oficiales que habían organizado el asalto al Congreso de Diputados y Felipe González iniciaba su fulminante carrera hacia la presidencia del gobierno, mientras se inauguraba en Barcelona el duodécimo Campeonato Mundial de Fútbol. Participan veinticuatro países, ocho más que en el anterior, pero América no salió beneficiada en el nuevo reparto: hubo catorce equipos europeos, seis americanos y dos africanos, además de Kuwait y Nueva Zelanda. En la primera jornada, el equipo argentino, campeón mundial, cayó derrotado en Barcelona. Pocas horas después, muy lejos de allí, en las islas Malvinas, los militares argentinos fueron vencidos en su guerra contra Inglaterra. Los atroces generales, que en varios años de dictadura habían ganado la guerra contra sus propios compatriotas, se rindieron mansamente ante los militares ingleses. La televisión trasmitió la imagen: el oficial de Marina Alfredo Astiz, violador de todos los derechos humanos, inclinaba la cabeza y firmaba el documento de la humillación. A lo largo de los días siguientes, la tele mostró las imágenes de la Copa del 82: la túnida al viento de jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, que invadió la cancha para protestar un gol de Francia contra Kuwait; el gol del inglés Bryan Robson al medio minuto, el más rápido de la historia de los mundiales hasta entonces; la indiferencia del arquero alemán Schumacher, después de haber desmayado de un rodillazo al delantero francés Battiston (antes de ser guardameta, Schumacher había sido herrero). Europa ganó los primeros puestos del campeonato, aunque Brasil exhibió el mejor fútbol en los pies de Zico, Falcao y Sócrates. La selección brasileña no tuvo suerte pero deleitó al público, y Zico, que venía de ganar el título de mejor jugador de América, supo justificar una vez más la zicomanía de las tribunas. La Copa fue para Italia. La selección italiana había empezado mal, a los tropezones, de empate en empate, pero repuntó después, gracias a su buena armazón de conjunto y a las oportunas ráfagas de Paolo Rossi. En la final contra Alemania, Italia se impuso 3 a 1. Polonia, guiada por la buena música de Boniek, entró en tercer lugar. El cuarto puesto fue para Francia, que había merecido más por la eficacia europea y la alegría africana de su memorable línea media. El italiano Rossi encabezó la lista de goleadores, con seis goles, seguido por el alemán Rummenigge, que metió cinco tantos y prodigó fulgores.

 

   
   

 Mundial del 86

 
 
Baby Doc Duvalier huía de Haití, robándose todo, y robándose todo huía Ferdinand Marcos de Filipinas, mientras los archivos norteamericanos revelaban, más vale tarde que nunca, que Marcos, el alabado héroe filipino de la segunda guerra mundial, había sido en realidad un desertor.

El cometa Halley visitaba nuestro cielo después de mucha ausencia, se descubrían nueve lunas en torno al planeta Urano, aparecía el primer agujero en la capa de ozono que nos protege del sol. Se difundía una nueva droga, hija de la ingeniería genética, contra la leucemia. En el Japón se suicidaba una cantante de moda y tras ella elegían la muerte veintitrés de sus devotos. Un terremoto dejaba sin casa a doscientos mil salvadoreños y la catástrofe nuclear soviética de Chernobyl desataba una lluvia de veneno radioactivo, imposible de medir y de parar, sobre quién sabe cuántas leguas y gentes.

Felipe González decía a la OTAN, la alianza militar atlántica, después de haber gritado no, y un plebiscito bendecía el viraje mientras España y Portugal entraban al mercado común europeo. El mundo lloraba la muerte de Olof Palme, el primer ministro de Suecia, asesinado en la calle. Tiempos de luto para las artes y las letras: se nos iban el escultor Henry Moore y los escritores Simone de Beauvoir, Jean Genet, Juan Rulfo y Jorge Luis Borges.

Estallaba el escándalo Irangate, que implicaba al presidente Reagan, a la CIA y a los contras de Nicaragua en el tráfico de armas y de drogas, y estallaba la nave espacial Challenger, al despegar de Cabo Cañaveral, con siete tripulantes a bordo. La aviación norteamericana bombardeaba Libia y mataba a una hija del coronel Gaddafi, para castigar un atentado que años después se atribuyó a Irán.

En una cárcel de Lima morían ametrallados cuatrocientos presos. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. Se habían desplomado muchos edificios sin cimientos, con toda la gente adentro, cuando un terremoto había sacudido a la ciudad de México, el año anterior, y buena parte de la ciudad estaba todavía en ruinas mientras se inauguraba allí el decimotercer Campeonato Mundial de Fútbol.

En el Mundial del 86, participaron catorce países europeos y seis americanos, además de Marruecos, Corea del Sur, Irak y Argelia. En México nació la ola en las tribunas, que a partir de entonces suele mover a las hinchadas del mundo al ritmo de la mar bravía. Hubo partidos de esos que ponen los pelos de punta, como el de Francia contra Brasil, donde los jugadores infalibles, Platini, Zico, Sócrates, fracasaron en los penales; y hubo dos goleadas espectaculares de Dinamarca, que propinó seis tantos a Uruguay y recibió cinco de España.

Pero éste fue el Mundial de Maradona. Contra Inglaterra, Maradona vengó con dos goles de zurda al orgullo patrio malherido en las Malvinas: hizo uno con la mano izquierda, que él llamó mano de Dios, y el otro con la pierna izquierda, después de haber tumbado por los suelos a la defensa inglesa.

Argentina disputó la final contra Alemania. Fue de Maradona el pase decisivo, que dejó solo a Burruchaga para que Argentina se impusiera 3 a 2 y ganara el campeonato cuando ya el reloj señalaba el fin del partido, pero antes había ocurrido otro gol memorable: Valdano arrancó con la pelota desde el arco argentino, cruzó toda la cancha y cuando Schumacher le salió al cruce, la colocó contra el poste derecho. Valdano venía hablando con la pelota, le venía rogando:

—Por favor, entrá.

Francia se clasificó en tercer lugar, seguida por Bélgica. El inglés Lineker encabezó la tabla de goleadores, con seis tantos. Maradona hizo cinco goles, como el brasileño Careca y el español Butragueño.

 

   
    Mundial del 90

Existe un amplio consenso en el mundo del fútbol acerca de que el peor Mundial disputado hasta la fecha fue el de Italia 90, al menos en lo que concierne a nivel futbolístico e interés para el espectador. Los principios resultadistas de Bilardo, triunfadores cuatro años antes, y la nueva Edad de Oro del catenaccio (sólo discutida por el brillante Milán de Sacchi) dieron lugar a juego defensivo, poco riesgo, mucha especulación y escasez de goles; el promedio de tantos marcó un mínimo histórico, y hasta Brasil, comandado por Lazaroni, renunció a los principios del jogo bonito. Y se fue a casa más pronto que tarde.

Para consuelo de los que aún creen en la justicia poética, sí se puede decir sin temor a equivocarse que este campeonato se lo llevó el mejor, la República Federal Alemana. Entrenada por Beckenbauer, la Mannschaft unió a sus habituales virtudes de trabajo a destajo, poderío físico y fe inquebrantable en la victoria, una fenomenal generación de futbolistas. Combinación explosiva que significó un título.

La columna vertebral de la selección teutona estaba constituida por el “trío del Inter”. En la parte de atrás, Andreas Brehme asumía la responsabilidad desde el lateral izquierdo en su segunda participación mundialista, y recogía brillantemente el relevo de Briegel. Arriba, Jürgen Klinsmann cimentaba su fama como irredento cazagoles, y en el centro de operaciones Lothar Matthäus ejercía de director de orquesta. En particular, el medio de Erlangen, en la cumbre de su carrera, fue seguramente el jugador más destacado del torneo, con una jerarquía tal que hasta el propio Maradona afirmó de él “Es el mejor futbolista al que me he enfrentado jamás”.

Aparte de la conexión italiana, explotó también el liviano Thomas Hässler, un estupendo mediapunta que representaba la invención en el equipo alemán. A estos brillantes futbolistas acompañaba una pléyade de eficaces jugadores de complemento, como el arquero Bodo Illgner, el libre del Bayern Klaus Augenthaler, el maravilloso central Jürgen Kohler o un declinante pero aún válido Littbarski.

logo italia.jpg Estimulados por el encomiable espíritu ofensivo que supo insuflarles el Kaiser (fue uno de los pocos equipos del torneo que buscaban el gol después de marcar), los alemanes fueron pasando rondas sin sufrir excesivos agobios. En primera ronda dieron buena cuenta de Yugoslavia, Emiratos Árabes y Colombia, anotando diez goles y concediendo un único empate ante los sudamericanos, el famoso gol de Rincón. En octavos se impusieron por 2-1 a la Holanda de Koeman, Rijkaard, Gullit y Van Basten, campeona de Europa, siendo claramente superiores y encajando el gol ya en el descuento. Su siguiente rival fue Checoslovaquia, a la que derrotaron en San Siro con un gol de penalty de Matthäus, y donde de nuevo el resultado estuvo por debajo del juego teutón.

El único oponente que fue capaz de plantar cara a la maquinaria centroeuropea fue, como tantas veces ha ocurrido, Inglaterra. Fue un partido jugado de poder a poder, con extremado sentido táctico y duelos inolvidables, como el de Klinsmann con Walker o el de Lineker con Kohler. El afortunado tanto de Brehme fue contestado por el ex-ariete del Barcelona a poco tiempo para el final, y los inevitables penaltis dieron una vez más el pase a Alemania, tras fallo final del gran Chris Waddle. Fue el mejor encuentro del mundial.

En la final del Olímpico de Roma se encontraban los alemanes con Argentina, que contra todo pronóstico optaba a revalidar su título. Con un equipo netamente inferior al de México, colgado de un Maradona que jugó cojo casi todo el campeonato, de la habilidad del parapenaltis Goycoechea, de los goles de Caniggia y de los chispazos de Burruchaga, el equipo de Bilardo fue pasando rondas en una clasificación que fue un via crucis, y donde amplias dosis de fortuna sonrieron a los albicelestes.

Argentina comenzó su andadura en el Mundial siendo derrotada en el partido inaugural por Camerún, en un encuentro que confirmó la emergencia del fútbol africano. Una victoria ante Rusia –donde Maradona volvió a sacar a pasear la mano de Dios- y un agónico empate con Rumania le dio el pase a la albiceleste como tercera de grupo. Esto les deparó un enfrentamiento en Octavos con Brasil, en un partido donde los cariocas chocaron con los postes y el mal fario, y que decidió un relámpago de genio de la conexión Diego-Claudio a pocos minutos para el final. Un resultado increíble para lo visto en Delle Alpi, pero lo incontrolable siempre podía ocurrir si andaba Maradona en el césped. También fue el partido donde parece ser que Bilardo intoxicó intencionadamente al brasileño Branco.

En cuartos los sudamericanos se enfrentaron a Yugoslavia, que venía de eliminar a España y donde Stojkovic oficiaba de estrella. Los balcánicos fueron muy superiores en el primer tiempo, y no le perdieron la cara al partido en el segundo, a pesar de que a la media hora de juego Maradona ya había provocado la expulsión de Sabanadzovic. Fueron necesarios los penaltis, donde a pesar del fallo del Pelusa, el acierto de Goycoechea llevó a su equipo a la siguiente ronda. Yen las semifinales, en las peores condiciones posibles, contra el anfitrión imbatido, en un enloquecido San Paolo y recibiendo un gol de inicio, Argentina jugó su mejor partido y consiguó forzar la prórroga y la lotería del punto fatídico, donde Goyco volvió a ser caballo ganador. El bilardismo estaba de nuevo a las puertas de la gloria.

La final que se disputó en Roma fue sin duda la más desagradable disputada hasta ese momento en toda la historia de los Mundiales, y batió varios records negativos: se registró la primera expulsión en una final, por ejemplo, y fue la primera ocasión en que uno de los dos rivales se quedaba sin marcar. Argentina llegó disminuida por las sanciones, y no pudieron jugar ni Giusti, ni Batista, ni el lateral Olarticoechea, ni el punta Caniggia, clave en la semifinal.

Así, pues, el Narigón dispuso una estrategia incluso más defensiva que de ordinario, y dejó todo el peso del partido en las manos de Alemania. El bombeo de balones no se mostró efectivo durante el primer tiempo, en el cual Serrizuela y Ruggeri sujetaron perfectamente a los puntas europeos, y sólo las penetraciones de Brehme (que jugó más de centrocampista que de lateral) crearon un cierto peligro. Puede anotarse como la única ocasión clara de gol en el primer tiempo para cualquiera de los dos equipos un disparo del propio Brehme que atrapó Goycoechea sin grandes problemas.

El segundo tiempo comenzó de igual modo, con un ambiente netamente favorable a los germanos, pero con el centro del campo blanco cortocircuitado por el 3-3-3-1 de Bilardo y el trabajo incansable de Troglio y Sensini. Sin embargo, una jugada absurda cambió el signo del partido: una patada incalificable de Monzón a Klinsmann, que acarreó la inmediata y justa expulsión del argentino. A partir de ese momento, el conjunto sudamericano se encerró en su área y puso toda su fe en los penaltis y en Goycoechea. Y cómo no, la decisión del campeonato fue desde el punto fatídico, aunque no como esperaban los argentinos. Un supuesto agarrón, probablemente inexistente, de Sensini a Völler, llevó a Brehme a los once metros, y el rubio lateral, frente a frente con Goyco, ajustó su disparo raso al poste, imposible para el portero. El gol que a la postre sería definitivo.

Y sí, el penalty seguramente no fue, pero es casi imposible ganar si tu mejor jugador ni aparece en todo el partido (triste despedida de Maradona de la selección, entre lágrimas), si te ganas dos expulsiones, y sobre todo, si tú tiras una vez a puerta y tu rival lo hace dieciséis veces. Este fue Alemania, justo campeón.

ALINEACIONES. RFA: Illgner, Augenthaler, Berthold (Reuter m. 75), Kohler, Buchwald, Brehme, Hässler, Matthäus, Littbarski, Klinsmann y Völler. Argentina: Goycoechea, Simón, Serrizuela, Ruggeri (Monzón m. 46), Troglio, Sensini, Burruchaga (Calderón m. 54), Basualdo, Lorenzo, Dezotti y Maradona.

 
   
    Mundial del 94



Tras la renuncia de Colombia para organizar la Copa Mundial de Fútbol de 1986, Brasil, Canadá, México y Estados Unidos presentaron candidaturas para organizar el evento. Sin embargo, la candidatura estadounidense no tenía apoyo internacional, por lo que el gobierno de dicho país decidió renunciar y apoyar a su vecino del sur, el que es electo unánimemente, a cambio de tener el apoyo de la FIFA para ser la sede del evento de 1994, que debería volver a América.
Estados Unidos representaba para la FIFA un lugar de suma importancia, debido a su poder económico. Sin embargo, el soccer (como es llamado el fútbol en dicho país) no era un deporte popular e incluso ni siquiera existía una liga de fútbol profesional. Mientras la FIFA apoyó la candidatura de los Estados Unidos como una forma de extender la práctica del deporte en el país, gran parte de la comunidad internacional estuvo en contra de llevar el evento más importante del fútbol a un país en que no se practicaba masivamente. Marruecos y Brasil presentaron candidaturas, pero la del país africano representaba la posibilidad de realizar el torneo por primera vez en un continente en que el fútbol se desarrollaba rápidamente. Finalmente, y a pesar del rechazo de algunos grupos tradicionalistas, Estados Unidos fue electo por 10 votos a favor, 7 para los marroquíes y solo 2 para Brasil, el 4 de julio de 1988.
Tras ser otorgada la sede a los Estados Unidos, el gobierno de dicho país y la FIFA comenzaron con los preparativos del evento y a cumplir su promesa de incentivar el fútbol en la nación. A pesar de los intentos, entre los que se cuentan la creación de la Major League Soccer (MLS) en 1993, el público norteamericano no se interesó por el balompié. Una encuesta del USA Today realizada días antes del inicio de la Copa Mundial informó de que sólo un 25% de los estadounidenses sabían de la realización del evento y que un 15% de ellos vería un partido. Los diarios del país criticaron la organización del torneo: un periódico decía «Aquí el fútbol es el deporte del futuro, y siempre lo será», mientras una editorial del Washington Post señalaba que «el fútbol es un juego que los estadounidenses enseñamos a nuestros niños hasta que son suficientemente mayores para hacer algo interesante». Tras el inicio del torneo, un 10% de las noticias deportivas del New York Times hablaba de la Copa Mundial, mientras que un 70% estaba dedicado al béisbol.
Sin embargo, tras la histórica victoria de la selección local al combinado de Colombia, el público estadounidense comenzó a participar del evento. Una nueva encuesta del USA Today señalaba que el 88% de los norteamericanos sabía que el Mundial era realizado en los Estados Unidos y un 44% del total aseguró que vería al menos un partido por televisión. De igual forma, creció el número de espectadores locales en los partidos disputados a lo largo del país.
La Copa Mundial tuvo un récord de 144 países inscritos, entre los que destacaban el ingreso de los nuevos países formados de la desintegración de países de larga tradición futbolística como Yugoslavia, Checoslovaquia y la Unión Soviética. Con el fin de promover un juego más ofensivo, la FIFA determinó que los partidos ganados tendrían una ponderación de tres puntos durante la etapa de grupos.
Para la Copa Mundial, se establecieron 10 sedes a lo largo del país, ocupando estadios utilizados principalmente para la práctica del fútbol americano, debido a la inexistencia de campos especializados de soccer. La mayoría de estos estadios se ubicaban en suburbios ubicados cerca de las grandes ciudades. Debido a que gran parte de la población mundial desconocía la ubicación de estos suburbios, el Comité Organizador llamó a las sedes con el nombre del área metropolitana.
Sin embargo, y debido al desarrollo económico y a la infraestructura de dicho país, el evento tuvo un gran éxito marcando cifras históricas de asistencia de público y recaudación financiera, imbatibles hasta el día de hoy, e incluso permitió el desarrollo del soccer en Estados Unidos.
Así, la XV Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en los Estados Unidos, entre el 17 de junio y el 17 de julio de 1994. Su mascota era un perro llamado Striker.

En el grupo A de la anfitriona E.E.U.U., Rumanía quedaba líder de forma solvente. La Suiza de Chapuisat quedaba 2ª y la anfitriona se clasificaba al ser uno de las mejores terceros. Trágicamente, parte de esa clasificación se debió al partido contra Colombia, y a un gol en propia puerta del defensa colombiano Andrés Escobar. Ese gol días más tarde le costaría la vida en Medellín al ser asesino con 12 balazos a la salida de un restaurante.

En el grupo B, Brasil quedaba como una de las grandes favoritas tras quedar líder de grupo. 2ª sería Suecia que sería una de las dos grandes sorpresas de la competición. Eliminadas en este grupo Rusia y Camerún con dos datos: el primero era la retirada del legendario jugador de Camuerún, Roger Milla, y la segunda, los 5 goles que el ruso Salenko le endosó a la propia Camerún, quedando así como uno de los mayores artilleros del campeonato con 6 dianas.

En el grupo C la favorita era Alemania tras su último título. Matthäus, Klinsmann, Voller, Koller, Bodo Ilgner o Riedle llegaban al Mundial con el fin de reeditar el título. Confirmó las expectativas acabando como líder de grupo mientras España quedaba 2ª. Bolivia y Corea del Sur eran eliminadas.


En el grupo D, se encontraba la actual subcampeona, Argentina. Argentina llegaba al Mundial con un buen equipo con Maradona en la fase final de su carrera y buenos goleadores como Batistuta, Balbo o Caniggia. Sin embargo, el escándalo surgió cuando Maradona fue expulsado del torneo luego de detectarle efedrina en un control antidoping tras el partido ante Nigeria en la segunda jornada. El tercer partido de los argentinos lo jugaron ante Bulgaria y perdiendo por 2-0, notando así la ausencia de su crack. Nigeria, Bulgaria (la 2ª gran sorpresa del torneo) y Argentina se clasificaron con 6 puntos, mientras Grecia, se fue a casa sin puntuar.

En el E, se dió á curiosidad de que los 4 equipos acabaron con 4 puntos recurriendo al goal average para saber quien se clasificaba. México e Irlanda se clasificaron de forma directa mientras Italia lo hizo por ser una de las mejores 3ª selecciones. Noruega caía así eliminada.



Marruecos no ganó ni un solo punto en el F, quedando tres selecciones igualadas a 6 puntos las cuales se clasificaron de forma directa: Holanda, la sorprendente Arabia Saudí y Bélgica.

Ya en octavos de final, los favoritos comenzaron a perfilarse. Italia que llegaba con muchas dudas se enfrentaba a la emergente Nigeria. Nigeria llegaba al Mundial con posibilidades. Equipo fuerte y rápido, demostraba así la mejora del fútbol africano. Yekini, Amokachi, Okocha, Amunike o Finidi, llegaban al Mundial con la vitola de posible revelación. Italia por su parte que había sembrado más dudas que nunca por su clasificación en la primera fase, no tenía mal equipo. Bajo las órdenes de su entrenador Arrigo Sacchi, jugadores como R. Baggio, Massaro, D. Baggio, Baresi, Maldini, Albertini o Pagliuca formaban un equipo muy interesante. Sin embargo el juego italiano en este Mundial era el propio de la época del catenaccio, siendo su juego más efectivo que vistoso. Italia ganaba 2-1 a Nigeria con muchos problemas, aunque los cuartos ya estaban ahí.
Argentina llegaba a cuartos con la ausencia de Maradona, y le pasó factura. Rumanía que había realizado una buena primera fase, dejó fuera a la albiceleste por 3-2. Rumanía pasaba en este Mundial por tener uno de sus mejores equipos de su historia. Gica Hagi, Răducioiu, Petrescu, Popescu o Belodedici sorprendían al mundo tras esta victoria. Argentina quedaba fuera.
Brasil y Holanda derrotaron a la local, E.E.U.U. y a Irlanda en octavos enfrentándose así las dos selecciones en cuartos.
En su partido de octavos, México y Bulgaria llegaron a penalties, resueltos en favor de los búlgaros. Bulgaria, liderada por Stoichkov, se metía así en cuartos sin hacer demasiado ruído.
Suecia, Alemania y España (de forma brillante ante Suiza) llegaban también a cuartos.

Ya en cuartos, Holanda llegaba con un equipo ilusionante tras su ultimos fracasos mundialistas. La "nueva naranja mecánica", estaba formada por hombres con dilatada experiencia y jóvenes figuras emergentes que sobretodo salían de la cantera del Ajax. Rijkaard, Koeman, Witschge, Overmars, Bergkamp, Jonk, R. De Boer o Aaron Winter contaban con grandes aspiraciones. Pero lamentablemente, se cruzó en su camino Brasil, la gran favorita. Los cariocas tras años buscando la fórmula, habían encontrado por fin, un equipo hecho a medida. Romario, Bebeto, Mauro Silva, Dunga, Jorginho, Cafú, Taffarel... formaban un equipo poderoso. En un encuentro interesante, Brasil derrotó a Holanda por 3-2, mandando así a los tulipanes para casa.
Alemania también decía adiós tras caer sorprendentemente ante Bulgaria por 2-1., mientras Suecia, y por penalties, derrotaba a Rumanía.



Italia llegaba a cuartos con el afán de mejorar su juego y España no parecía un rival asequible. Los españoles habían mostrado en el partido previo ante Suiza, que su juego empezaba a carburar. Sin embargo y tras un partido reñidísimo, Julio Salinas fallaba solo ante Pagliuca en los últimos minutos del partido para adelantarse en el marcador. La diosa fortuna fue esquiva y el fallo de Salinas, propició segundos más tarde un contragolpe en el que R. Baggio certificaba el pase de los italianos a semifinales por 2-1.
Así llegaban las semis con dos equipos revelacion: la Suecia de Dahlin, Björklund, Tomas Brolin, Mild, Schwarz, Ravelli y un joven Larsson que se enfrantaría a Brasil y la Bulgaria de Stoichkov, Kostadinov, Balakov, Mikhailov, Ivanov, Kiriakov o Houbtchev que tendría como rivales a Italia.


Las dos selecciones con peso histórico derrotaron a las posibles sorpresas, repitiéndose así la final del Mundial de México '70. Se enfrentaron en la final en el Estadio Rose Bowl de Pasadena, cerca de Los Ángeles y ante 95.000 espectadores. Tras empatar sin goles, tanto en el tiempo reglamentario como en la prórroga, ambos equipos se enfrentaron en la primera final de una Copa Mundial determinada en una tanda de penalties. Finalmente, el equipo sudamericano se coronó tetracampeón luego que Roberto Baggio errara su último tiro, el cual sería la imagen del Mundial.

   
   
 
Mundial del 98
 


Francia fue elegida como sede de la Copa Mundial de 1998 por 12 votos a favor, mientras Marruecos obtuvo sólo 7 y Suiza había retirado previamente su candidatura. El Comité Organizador, presidido por Michel Platini y Fernand Sastre, presentó 10 sedes a lo largo del país, incluyendo la construcción del Stade de France, en Saint-Denis, en las afueras de París.
Nuevamente, este torneo marco un récord de países inscritos para participar: 170 selecciones que lucharon por participar en el evento final, en el que por primera vez participarían 32 selecciones. Con este incremento de cupos, el sistema de la primera ronda fue modificado, permitiendo la creación de ocho grupos en que clasificaban a la fase de eliminación directa los dos primeros del grupo, eliminando la posibilidad de clasificación que tenían previamente los mejores terceros.
Con esta nueva cifra de participantes, más equipos de las confederaciones de África y Asia pudieron participar en Francia 1998. Así, Jamaica, Japón y la recién independiente Croacia pudieron hacer su primera aparición, mientras Sudáfrica debutaba tras años de exclusión debido al apartheid. De igual forma, Chile, Irán y Túnez regresaban al torneo luego de años sin participación.
La XVI Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en Francia, entre el 10 de junio y el 12 de julio de 1998. La mascota del torneo fue Footix, un gallo azul, símbolo del país anfitrión.
Francia se convirtió en el tercer país en organizar dos campeonatos (tras México e Italia), 60 años después del mundial realizado en 1938. Por primera vez en la fase final de la Copa Mundial participaron 32 selecciones nacionales que se dividieron en una primera ronda de 8 grupos en los que clasificaban los dos primeros de cada uno a octavos de final y a un sistema de eliminación directa.


Ya en la primera fase y en el grupo A, cayó la actual campeona, Brasil. Con su entrenador Zagallo a la cabeza, Brasil llevaba un equipo similar al del mundial anterior, aunque con cambios. Taffarel, Cafú, Dunga, Bebeto, César Sampaio, Roberto Carlos, Rivaldo o Ronaldo, formaban el nuevo equipo carioca. Quedaron primeros de grupo sin demasiados problemas, a pesar de perder el último partido en su grupo contra la Noruega de Flo, Eggen o Rekdal, que se clasificó como segunda. Marruecos y Escocia quedaban eliminadas.
En el grupo B, Italia quedaba líder de grupo sin excesivos problemas. Tras el penalty fallado por R. Baggio en la final del Mundial anterior, Italia llegaba con ganas de revancha y un equipo ilusionante. Baggio seguía en la escuadra azzurra acompañado de hombres como Vieri, Di Baggio, Albertini, Maldini o Costacurta. 2ª en este grupo fue Chile, con la pareja Zamorano-Salas, que permitió la clasificación de los chilenos. Austria y Camerún eran eliminadas.



La selección local, Francia quedaba encuadrada en el grupo C. Los galos llegaba a este Mundial con un equipo sumamente interesante. Buena generación de veteranos junto a jóvenes jugadores que estaban empezando a brillar a nivel internacional. Zidane, Lizarazu, Blanc, Djorkaeff, Henry, Trezeguet, Dugarry, Petit, Deschamps, Thuram, Desailly, Vieira o el portero Barthez formaban parte de aquel equipo que disfrutaría de años gloriosos. Lógicamente, Francia era primera de grupo y segunda, Dinamarca, que con M. Laudrup a la cabeza, volvía a recordar en algunos aspectos a la selección danesa del Mundial del 86'. Junto a Laudrup, su hermano Brian, Sand, Helveg, Schmeichel o Nielsen, formaban la selección de Dinamarca. En este grupo quedaban eliminadas las débiles Arabia Saudí y Sudáfrica.
En el grupo D, partía como gran favorita España. Sin embargo, una derrota de los españoles en su primer partido ante Nigeria, complicó tanto las cosas que España quedó fuera. De nada sirvió ganar a Bulgaria en el último partido de grupo por 6-1. Así la España de Kiko, Luis Enrique, Raúl, Hierro y Morientes decía adiós al Mundial. Nigeria era la primera de grupo y volvía a demostrar la gran generación de jugadores que tuvo en los '90. Babangida, Oliseh, Finidi, Okocha, Mutiu eran muestra de ello. Segunda de grupo fue Paraguay con Chilavert, Gamarra, Benítez, Acuña o Cardozo como figuras representativas. Bulgaria que en el Mundial anterior había sido una de las sorpresas también era apeada, junto a España, a las primeras de cambio.
En el grupo E, Holanda y México pasaban a octavos mientras que Bélgica y Corea del Sur fueron eliminadas. La Holanda de Guus Hiddink llegaba al Mundial con un equipo que se presumía fuerte con Van der Sar, Cocu, Seedorf, Stam, Jonk, Bergkamp, Kluivert entre otros.


El grupo F, se presumía fácil para Alemania y así lo fue. Se clasificó como primera con los mismos puntos que los segundos, Yugoslavia. Irán y E.E.U.U. quedaban fuera. Tras la guerra de los Balcanes la separación de Yugoslavia provocó una nueva Yugoslavia con Mijatovic, Komljenovic, Mihajlovic o Stojkovic como grandes figuras.
En el grupo G, Rumanía sorprendía a Inglaterra quedando primera de grupo. Los británicos fueron segundos. Tras el buen Mundial de USA 94' que hizo Rumanía, éstos llegaban con un bloque parecido buscando nuevas metas. Hagi, Popescu, Illie, Moldovan o Petrescu llegaban a Francia con ansias de superar el 6º puesto en el mundial anterior. En este grupo, Colombia y Túnez no pasaron el corte.
Ya por último, en el grupo H, Argentina era la primera tras ganar todos sus partidos. Tras la marcha de Maradona la albiceleste quedaba al amparo de jugadores como Batistuta, Ayala, Crespo, Verón, Ortega o Zanetti. Segunda se clasificaba Croacia, en la que era su primera participación en un Mundial. Croacia llegaba al Mundial con una generación capaz de hacer soñar a sus aficionados. Tras su buen papel en la Eurocopa anterior, Croacia llegaba con un bloque formado por Suker, Jarni, Boban, Prosinecki, Tudor o Soldo entre otros. Jamaica y Japón decían adiós al Mundial.
Ya en los octavos de final Argentina e Inglaterra se cruzaron. Argentina se enfrentaba así a la Inglaterra de Owen, Shearer, Ince, Merson, Scholes o Beckham. En un partido trepidante que acabó en tablas a 2, Argentina ganó en la ronda de penalties tras fallar Batty el último para los ingleses. Por lo demás no hubo demasiadas sorpresas e Italia ganó a Noruega (1-0), Francia a Paraguay (1-0), Brasil a Chile (4-1), Dinamarca a Nigeria (4-1) y Holanda a Yugoslavia (1-0). Croacia también se clasificaba tras ganar a Rumanía por 1-0.
Por la última plaza para cuartos se enfrentaban México y Alemania. Los alemanes llegaban con Klinsmann, Bierhoff, Kohler, Matthaus, Moller, Kahn, Babbel o Hamann mientras que la México llegaba con figuras como Aspe, Hernández o C. Blanco. Los alemanes ganaron 2-1 y se metieron cuartos de final.
Ya en cuartos, Francia se metía por penalties en semis tras vencer a Italia. Brasil, en un emocionante encuentro ganaba a Dinamarca por 3-2. Holanda también pasaba a semifinales tras vencer a Argentina por 2-1, con gol de Bergkamp casi en el último minuto. Por último y dando la campanada, Croacia se cargaba a Alemania tras vencer por un contudente 0-3, con goles de Suker, Vlaovic y Jarni.


El enfrentamiento de semifinales entre Brasil y Holanda era el partido estrella de las semifinales. Tras acabar empatados a 1 los 90' minutos, Brasil llegaba a su 2ª final consecutiva tras ganar en la tanda de penalties. En la otra semifinal, Francia no dió lugar a sorpresas y ganaba a Croacia por 2-1, con dos goles de Thuram.
En la final del torneo realizada en el el nuevo Stade de France, en Saint-Denis, la selección local se coronó campeona por primera vez al derrotar a la selección de Brasil por 3-0 tras una brillante participación de Zinedine Zidane.



 

 

   
     Mundial del 2002



La elección de la sede de la Copa Mundial de Fútbol de 2002 se realizó en un ambiente similar al de la Copa Mundial de Fútbol de 1994. La FIFA deseaba que el torneo fuese albergado por un país sin tradición futbolística donde incentivar el desarrollo del deporte y con grandes capacidades de sustentabilidad económica, siendo Corea del Sur y Japón los favoritos para organizar el torneo. México, que había pensado en postular, retiró su candidatura y el Congreso Ejecutivo de la FIFA decidió unánimemente la realización del torneo en ambos países.
Por primera vez el torneo se realizaría en Asia y también por primera vez se realizaría en dos países. Esto provocó una serie de inconvenientes debido a la larga rivalidad histórica entre ambos países (principalmente a causa de la invasión nipona a la península coreana durante la Segunda Guerra Mundial) que, con el paso del tiempo lograron solucionarse. El torneo fue dividido equitativamente entre las 10 sedes de cada nación, siendo disputado el partido inaugural en la capital sudcoreana, Seúl, y la final en Yokohama. La falta de infraestructura futbolística en los dos países obligó a un gasto histórico en la construcción de estadios. De los 20 estadios, 18 fueron construidos especialmente para el torneo.
Durante el torneo clasificatorio, se inscribió un nuevo récord de participantes. Las principales sorpresas fueron las eliminaciones de Colombia, los Países Bajos y la República Checa. Uno de los principales hechos durante las clasificatorias fue la victoria más grande de la historia entre selecciones nacionales: Australia derrotó por 31 goles a cero a la selección de Samoa Americana. A pesar de esta rotunda victoria, el combinado oceánico no logró clasificar al ser derrotado finalmente por Uruguay en el partido de repesca intercontinental.
La Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002 es la XVII versión de la Copa Mundial de Fútbol y se realizó entre el 31 de mayo y el 30 de junio de 2002.
El torneo, en el que participaron 32 selecciones, tuvo fuertes contrastes. Algunos equipos considerados de segundo y tercer orden en el fútbol internacional lograron excelentes resultados, mientras por el contrario, algunos de los equipos favoritos fueron eliminados en la primera fase.



En el Grupo A, partía el vigente campeón como gran favorito. El bloque galo era muy fuerte con Zidane, Trezeguet, Henry, Makelele, Pires. Sin embargo en el partido inaugural celebrado en Seúl, caía estrepitosamente contra Senegal, por 1-0. La supesta baja forma de sus futbolistas, propició más tarde la eliminación de Francia en la primera fase. Empato 0-0 contra Uruguay y perdió por 2-0- contra Dinamarca, lo que supuso su eliminación además de obtener el récord negativo de un vigente campeón al obtener solo un punto en la fase de clasificación y no anotar ni un solo gol. Con todo, Dinamarca pasó como primera de grupo y Senegal como segunda. Uruguay sería el otro equipo eliminado.
España partía como gan favorita en el Grupo B. Tras su temprana eliminación del Mundial anterior, España llegaba al Mundial con las dudas sobre ella de siempre. Esas dudas empezaron a diluirse con su clasificación como primera de grupo y ganando todos sus partidos.
Segunda sería la Paraguay de Chilavert, Santa Cruz, Gamarra o Arce, mientras que Sudáfrica y la Eslovenia de Zahovic serían eliminadas.
Brasil llegaba al Mundial encuadrado en el Grupo C. Los cariocas llegaban con ánimos de venganza tras su derrota en la final de Francia '98, y el equipo que llevaba era de miedo: Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos, Lúcio, Cafú o Edmilson, formaban un equipo ofensivo, vistoso y muy peligroso. Ganaron sus tres partidos de la primera fase sin mayores problemas y con la vitola de principal favorita a llevarse el Mundial. Segunda de grupo fue Turquía, eliminando así a China y Costa Rica, con la que los turcos empataron a puntos, sin embargo el gol average no favoreció a los costarricenses.



En el Grupo D, una de las organizadoras, Corea del Sur, quedaba como primera de grupo con sensaciones contradictorias. Por un lado el juego de los asiáticos llevados por Guus Hiddink era atractivo a la vista, sin embargo, las sospechas de ayudas arbitrales no favoreció a sus intereses. Así en el último partido del grupo, Portugal y Corea se jugaron su clasifación. Una victoria por 1-0 de los coreanos eliminó a la Portugal de Figo, Pauleta o Rui Costa entre otros, que descargaron su eliminación en criticas en contra del arbitraje del arbitro argentino, Ángel Sánchez.
Junto a los coreanos se clasificó Estados Unidos y Polonia tambíén quedaría eliminada.
En el grupo E, la gran favorita era Alemania, que con un 8-0, contra Arabia Saudí, presentaba su candidatura al Mundial. Equipo no le faltaba: Klose, Ballack, Bierhoff, Kahn, Jeremies, Metzelder, Hamann o Frings, formaban un gran bloque seguro atrás y con grandes rematadores en su ataque. Segunda fue Irlanda que sorprendía así a Camerún y a Arabia Saudí, éstas últimas, eliminadas.
Argentina, Suecia, Nigeria e Inglaterra formaban el grupo F, o el grupo de la muerte. Las 4 selecciones llegaban al Mundial con jugadores de renombre a nivel internacional. Argentina llegaba como favorita por su historia y por sus jugadores (Zanetti, Batistuta, Crespo,Verón, Simeone, Almeyda, Samuel, Ayala,...). Suecia llegaba con un equipo rápido y técnicamente bien dotado (Larsson, Ljungberg, Ibrahimovic, Isaksson, Mellberg...), Nigeria (Kanu, West, Okocha, Lawal, Mutiu) e Inglaterra (Owen, Beckham, Scholes, A. Cole, Ferdinand, Campbell, Seaman).
Con Nigeria ya eliminada en el partido decisivo, todo se jugó entre las otras selecciones. Un empate de Suecia y Argentina 1-1, clasificó a los los suecos dejando fuera a Argentina. Un empate de Inglaterra con los nigerianos a ceros, clasificó a los británicos para la siguiente fase.
México fue la sorpresa en el grupo G, quedando primera por delante de Italia que también se clasificó. México acudía al Mundial con Márquez, Borgetti, Aspe o Blanco como grandes figuras.
Las elimadas fueron Ecuador y una sorprendente Croacia, que tras un mundial y una Eurocopa excelentes decía así adiós a una generación excepcional de jugadores como Suker, Prosinecki, Soldo o Boksic.
Por último en el Grupo H, la otra anfitriona, Japón, se clasificaba como primera de grupo y Bélgica como segunda. La Rusia de Mostovoi y Karpin quedaban fuera junto a Túnez.



En los octavos hubo sorpresas importantes. Alemania y Brasil ganaban sus partidos a Paraguay y Bélgica espectivamente. Suecia, perdía con Senegal en la prórroga por 0-2, con goles de Camara.
La suerte de los países organizadores fue dispar. La Corea del Sur de Seol, Ahn, Park o Hwang vencían en un partido muy polémico a la Italia de Vieri, Del Piero, Maldini, Cannavaro, Totti, Nesta o Buffon, por 2-1. Tras este partido se criticó abiertamente el pobre desempeño de los árbitros, acusados de favorecer a la selección sudcoreana.
Por contra, la Japón de Nakata e Inamoto, eran eliminados por Turquía. México que había arrasado en la primera fase, cayó en octavos ante E.E.U.U. por 2-0. La sorprendente selección norteaméricana se metía así en cuartos con jugadores como Mc Bride, Donovan o O'Brien.
España también se metía en cuartos, aunque sufriendo por penalties ante la Irlanda de Roy Keane. Por último, Inglaterra venció sin problemas a Dinamarca por 3-0-.

En los cuartos de final, el partido estrella era el Inglaterra contra Brasil. Inglaterra empezó marcando con gol de Owen, sin embargo, Ronaldinho y Rivaldo le dieron la vuelta al marcador para meterse los cariocas en semifinales. Alemania también pasaba tras ganar a E.E.U.U. por un ajustado 1-0.
Senegal y Turquía era otro de los enfrentamientos de 1/4. Dos selecciones que eran "desconocidas" a estas alturas de campeonato, tenían la posibilidad de hacer aún su historia más grande, con un puesto en semis. La Senegal de Diop, Camará, Cissé, Diouf o Fadiga contra la Turquía de Hakan Sukur, Nihat, Davala, Okan o Tugay, acabó con una victoria de los turcos por 0-1.
España y Corea jugaban el último encuentro de cuartos. Tras un desastroso arbitraje del egipcio Gamal Ghandour, la España de Raúl, Morientes, Hierro, Xavi, Joaquín o Valerón quedaba fuera en los penalties.

En semis, Brasil y Alemania se deshicieron de Turquía y Corea por el mismo resultado 1-0.
La final de la copa fue disputada por las dos principales potencias en la historia de la Copa Mundial: Brasil y Alemania. En Yokohama, Ronaldo batió en dos oportunidades al portero Oliver Kahn, lo que permitió que Brasil obtuviera su pentacampeonato y convirtiera a Sudamérica en el continente con más títulos en la historia del torneo.

   
    Mundial del 2006

 

La selección italiana reivindicó en Alemania la vigencia de su fútbol y conquistó un título mundial, tras imponerse en la tanda de penales de la final a Francia, con el que recupera la autoestima mientras en el país se decide cómo afrontar el proceso abierto por corrupción.

Italia fue más efectiva desde el punto de penalti en una final que quedará marcada por la expulsión de Zinedine Zidane, en su partido de despedida, y que cerró un Mundial con pocas revelaciones, porque los que más destacaron fueron treintañeros que hace tiempo que se consagraron.

Cuando peor lo tenía, mientras en el país se hablaba de descensos por la vía judicial, que afectaban a 13 de sus 23 internacionales, el conjunto de Marcello Lippi sacó casta, se hizo fuerte ante la adversidad y llevó a cabo la idea que expuso su técnico Marcello Lippi nada más hacerse cargo del grupo, hace dos años.

"Quiero el Italia FC, una selección que funcione como un club", dijo el ex técnico del Juventus y los "azzurri" respondieron como tal.

Apuntalada desde atrás por el extraordinario rendimiento del meta Gigi Buffon y del central Fabio Cannavaro, la selección italiana exhibió una cara más ofensiva que de costumbre, metió a Fabio Grosso entre los mejores laterales del torneo y sacó ventaja de la calidad de Andrea Pirlo y del atrevimiento de un conjunto que tuvo hasta una decena de goleadores.

En la final, el equipo de Lippi se sobrepuso al temprano gol de penalti de Zidane (m.7), empató por medio de Marco Materazzi y acabó aprovechando el peor estado anímico de los "bleus", que llegaron a la tanda decisiva en estado de "shock" por la expulsión de "Zizou", jubilado diez minutos antes del final de la prórroga por dar un cabezazo a Materazzi.

A Francia le quedó, mientras, un desconsuelo menor; el de morir en la orilla pero reivindicando el juego de la mejor generación de su historia, capitaneada por un gran Zidane que pareció acudir en su rescate hasta que perdió la cabeza y cerró en falso una portentosa carrera.

En un torneo en el que llegaron más lejos aquellas selecciones que mejor supieron defenderse, Francia alcanzó la final aupada por el juego de Zidane, que ocho años después de conducir a los "bleus" a su primer título, pudo darle el segundo si no se hubiese olvidado en el último momento del lema del equipo: "Vivir juntos, morir juntos".

La magia de Zidane y un fuerte concepto solidario del equipo, en el que la defensa comenzó por el propio "Zizou" y Thierry Henry, hicieron del conjunto que dirige Raymond Domenech un equipo incómodo, que creyó en sus posibilidades conforme avanzó el torneo.

Francia, que tuvo problemas para superar la primera fase, en la que empató con Suiza y Corea, se hizo fuerte frente a las críticas, se encerró en una burbuja y sacó ventaja de la segunda juventud de los campeones del 98 (Barthez, Thuram, Vieira, Zidane y Henry) y de la irrupción en la escena mundial del "cara cortada" Frank Ribery.

Por detrás de Italia y Francia, Alemania se contentó con un tercer puesto que le supo a gloria, porque hasta el comienzo de la Copa había temido por una eliminación prematura.

Jürgen Klinsmann, que había recibido críticas feroces, terminó casi adorado por una afición que se enganchó al juego del equipo, que exhibió con orgullo su bandera por todo el país y vivió el Mundial como una fiesta.

El cuarto puesto portugués es un buen premio y confirma la progresión de un conjunto al que el brasileño Luiz Felipe Scolari ha cambiado de mentalidad.

"Felipao", que condujo a Brasil al título en 2002, ha hecho de Portugal un equipo casi sudamericano, que sabe sacar ventaja de cualquier aspecto del juego y que ofreció a su capitán, Luis Figo, la mejor retirada internacional posible.

El Mundial terminó convertido en una Eurocopa por el descalabro brasileño y la mala fortuna argentina.

Si hay un perdedor absoluto es Brasil, que arribó a Alemania convencida de que le bastaría con la calidad individual de sus jugadores y lo abandonó entre reproches, con el crédito de sus figuras seriamente dañado.

No hubo nada normal en el pentacampeón mundial, que se debatió entre el peso de Ronaldo, la ineficacia de Ronaldinho y terminó por culpar a Roberto Carlos de la eliminación ante Francia, en los cuartos de final.

Argentina fue, junto a España, el equipo más vistoso de la primera fase, en la que logró la goleada del Mundial (6-0 a Serbia), pero dejó Alemania tras caer, en el estadio Olímpico de Berlín, en la tanda de penales de un partido que tuvo en su mano cuando un remate de cabeza de Roberto Ayala le puso en ventaja.

A José Pekerman, el entrenador albiceleste, se le reprocharon los cambios en ese encuentro y, sobre todo, no haber dado a Lionel Messi la oportunidad de demostrar que ya es una estrella mundial.

España, por último, acumuló una nueva decepción, después de ilusionar con un arranque explosivo, que le permitió adjudicarse los tres primeros partidos.

Sin embargo, llegado el momento de la verdad, los jóvenes españoles no supieron competir frente a la mayor experiencia francesa que, desde ese momento, ya sólo creyó en la victoria.

El Mundial demostró que Africa aún no está preparada para romper la alternancia en la cumbre de europeos y sudamericanos, que la CONCACAF sigue dependiendo de la actuación de México y que las cuatro plazas otorgadas a Asia parecen excesivas.

El torneo dejó para la historia el récord goleador de Ronaldo (15 tantos), un árbitro que dirigió el partido inaugural y el final, sin importarle expulsar a Zidane en su encuentro de despedida (el argentino Horacio Elizondo) y una gran organización, que ha puesto el listón muy alto a Sudáfrica, el país que albergará el primer Mundial africano, dentro de cuatro años.

 

   
     Mundial del 2010

 

 

Sudáfrica ha elegido como símbolo del Mundial de 2010 un remate de "chilena"

La mejor jugada de futbol jamás vista en el cine es la "chilena" de Pelé en la película "Escape a la victoria".

La mejor "chilena" de la historia del futbol bien pudo ser la que el brasileño Rivaldo anotó al Valencia el 17 de Junio de 2001 por su belleza y significado: la clasificación del Barcelona para la Champions League.

Sudáfrica ha elegido como símbolo del Mundial de 2010 un remate de "chilena".

¿Será una casualidad".

Este año se cumplieron cinco años de aquel remate de Rivaldo y 25 del estreno de la película de John Huston, que se basó en un partido real jugado en el Estadio "Zenith" de Kiev entre un equipo de jugadores del Dínamo y del Lokomotiv ucranianos, el "Start", y el conjunto alemán de las Fuerzas Aéreas "Flakelf", el 9 de Agosto de 1942.

Los ucranios ganan con facilidad 5-3 y la "Gestapo" toma represalias días después. Algunos jugadores son detenidos y torturados. Uno de ellos, Nikolai Korotkykh, muere. Otros tres son fusilados ya en el campo de concentración y tres logran escapar.

A las afueras del "Zenith", un monumento recuerda a los cuatro asesinados. La placa dice: "A los jugadores que murieron con la frente levantada ante el invasor nazi".

El guión del filme -estrenado el uno de Enero de 1981- narra que el Mayor Karl von Stern (Max von Sydow) visita el campo de Gensdorff, donde un grupo de prisioneros juega al futbol, en partidos que organiza el Capitán inglés John Colby (Michael Caine).

El Mayor había sido jugador de futbol y se le ocurre montar un partido entre una Selección Alemana y los prisioneros. Los aliados en un principio se niegan, pero comprenden que puede ser una ocasión única para evadirse y aceptan el reto.

El partido se celebra (el escenario fue el Estadio "Stade Columbus" de París), y al descanso, momento en el que los prisioneros piensan fugarse, se llega con victoria de los alemanes.

Sylvester Stallone hace el singular papel de portero, mientras como "extras" aparecen futbolistas reales como Pelé, Bobby Moore, Paul van Himst, Mike Summerbee, Hallvar Thoresen, Kzimierz Deyna y Osvaldo Ardiles.

El rodaje no estuvo exento de problemas, uno de ellos el afán de protagonismo de Stallone, que obligó, para contentarle, a añadir la escena en que para un penalti.

En una pausa del rodaje, "Rocky" apostó a Pelé 1000 dólares a que le paraba cinco penaltis de 10 penaltis. Perdió, claro.

Pelé sólo necesitó una toma para ejecutar la "chilena", pero se hizo otra, que fue mejor, por si acaso. Otra jugada espectacular que mostró Ford fue un "sombrero" de Ardiles.

La "chilena" de Rivaldo abrió un debate en las redacciones deportivas sobre si era mejor la suya o la de Pelé en la película. Se le dio mayor valor a la del jugador del Barcelona porque enganchó la pelota fuera del área mientras "O Rei" lo hizo dentro.

Esta es una jugada única, de una incomparable belleza plástica y de una tremenda dificultad de ejecución, ya contradice la función natural del delantero: jugar de cara a la portería y no de espaldas.

Como toda cosa única, hay disputas sobre su origen. Eduardo Galeano en "El fútbol. A sol y sombra" sostiene que su nombre nació en España, en una gira de Colo-Colo por Europa en 1927. David Arellano la exhibió y los periodistas españoles la bautizaron como "chilena" porque venía, volando, del país andino.

Hay quien remonta su origen a 1916 cuando en Buenos Aires, en el primer torneo sudamericano, la hizo varias veces Ramón Unzaga, que jugaba para Chile aunque era de origen español.

Y el periodista argentino Jorge Barraza, Director de la revista de la Confederación Sudamericana de Futbol, afirma que "todo indica" que el origen es peruano y se la conoce como "chalaca". Los primeros en hacerla fueron los negros del puerto de Callao, donde tuvo su nacimiento el futbol peruano.

Tenga el origen que tenga, los pocos jugadores que han conseguido marcar de esa manera coinciden en afirmar que es "el gol más maravilloso de su vida".

No es exagerado decir que la "chilena" es un símbolo de la liberación del alambre de espino de los campos de concentración, de la segregación racial (apartheid) que impuso sus leyes racistas en Sudáfrica durante 40 años, de toda las ansias del futbolista por conseguir la más difícil jugada que se pueda imaginar.

Sudáfrica la presentó ahora como símbolo en un país que sabe lo terrible y diabólico que puede ser el racismo.

¿Será una casualidad?

 

   
   

 

 

   
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