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Desde aquí haremos un pequeño seguimiento a cada uno de los
mundiales disputados hasta el momento, haciendo referencia entre otras
cosas al contexto histórico de la época y a los sucesos más importantes
del momento...
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Mundial del 30
Un
terremoto sacudía el sur de Italia enterrando a mil quinientos
napolitanos, Marlene Dietrich interpretaba
El ángel azul, Stalin
culminaba su usurpación de la revolución rusa, se suicidaba el poeta
Vladimir Maiacovski. Los ingleses arrojaban a la cárcel a Mahatma
Gandhi, que exigiendo independencia y queriendo su patria había
paralizado a la India, mientras bajo las mismas banderas Augusto
César Sandino alzaba a los campesinos de Nicaragua en las otras
Indias, las nuestras, y los
marines norteamericanos intentaban vencerlo por hambre
incendiando las siembras.
En los Estados Unidos había
quien bailaba el boggie-woogie,
pero la euforia de los locos años veinte había sido noqueada por
los feroces golpes de la crisis del 29. La bolsa de Nueva York
había caído a pique y en su derrumbe había volteado los precios
internacionales y estaba arrastrando al abismo a varios
gobiernos latinoamericanos. En el despeñadero de la crisis
mundial, la ruina del precio del estaño tumbaba al presidente
Hernando Siles, en Bolivia, y colocaba en su lugar a un general,
mientras el desplome de los precios de la carne y el trigo
derribaba al presidente Hipólito Irigoyen, en la Argentina, y en
su lugar instalaba a otro general. En la República Dominicana,
la caída del precio del azúcar abría el largo ciclo de la
dictadura del también general Rafael Leónidas Trujillo, que
inauguraba su poder bautizando con su nombre a la capital y al
puerto.
En el Uruguay, el golpe d
estado iba a estallar tres años después. En 1930, el país sólo
tenía ojos y oídos para el primer Campeonato Mundial de Fútbol.
Las victorias uruguayas en las dos últimas olimpiadas,
disputadas en Europa, habían convertido el Uruguay en el
inevitable anfitrión del primer torneo.
Doce naciones llegaron al
puerto de Montevideo. Toda Europa estaba invitada, pero sólo
cuatro seleccionados europeos atravesaron el océano hacia estas
playas del sur: "Eso
está muy lejos de todo y el pasaje sale caro", decían en Europa.
Un barco trajo desde Francia
el trofeo Jules Rimet, acompañado por el propio Don Jules,
presidente de la FIFA, y por la selección francesa de fútbol,
que vino a regañadientes.
Uruguay estrenó con bombos y
platillos un monumental escenario construido en ocho meses. El
estadio se llamó Centenario, para celebrar el cumpleaños de la
Constitución que un siglo antes había negado los derechos
civiles a las mujeres, a los analfabetos y a los pobres. En las
tribunas no cabía un alfiler cuando Uruguay y Argentina
disputaron la final del campeonato. El estadio era un mar de
sombreros de paja. También los fotógrafos usaban sombreros, y
cámaras con trípode. Los arqueros llevaban gorras y el juez
lucía un bombachudo negro que le cubría las rodillas.
La final del Mundial del 30
no mereció más que una columna de veinte líneas en el diario
italiano La Gazzetta dello
Sport. Al fin y al cabo, se estaba repitiendo la historia
de las Olimpiadas de Ámsterdam en 1928: los dos países del Río
de la Plata ofendían a Europa mostrando donde estaba el mejor
fútbol del mundo.
Como en 1928, Argentina quedó
en segundo lugar. Uruguay, que iba perdiendo 2 a 1 en el primer
tiempo, acabó ganando 4 a 2 y se consagró campeón. Para arbitrar
la final, el belga John Langenus había exigido un seguro de
vida, pero no ocurrió nada más grave que algunas trifulcas en
las gradas. Después un gentío apedreó el consulado uruguayo en
Buenos Aires.
El tercer lugar del
campeonato correspondió a los Estados Unidos, que contaban en
sus filas con unos cuantos jugadores escoceses recién
nacionalizados, y el cuarto puesto fue para Yugoslavia.
Ni un sólo partido terminó
empatado. El argentino Stábile encabezó la tabla de goleadores,
con ocho tantos, seguido del uruguayo Cea, con cinco. El francés
Louis Laurent hizo el primer gol de la historia de los
mundiales, jugando contra México.
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Mundial del 34
Johnny
Weissmüller lanzaba su primer aullido de Tarzán, el primer
desodorante industrial aparecía en el mercado, la policía de
Louisiana acribillaba a balazos a Bonnie and Clyde. Bolivia y
Paraguay, los dos países más pobres de América del Sur, se
desangraban disputando el petróleo del Chaco en nombre de la
Standard Oil y la Shell. Sandino, que había vencido a los
marines en Nicaragua, caía acribillado en una emboscada y Somoza,
el asesino, iniciaba su dinastía. Mao desataba la larga marcha
de la revolución en los campos de China. En Alemania, Hitler se
consagraba Führer del Tercer Reich y promulgaba la ley en
defensa de la raza aria, que obligaba a esterilizar a los
enfermos hereditarios y a los criminales, mientras que Mussolini
inauguraba, en Italia, el segundo Campeonato Mundial de Fútbol.
Los carteles del
campeonato mostraban un Hércules que hacía el saludo
fascista con una pelota a sus pies. El Mundial del 34 en
Roma fue, para il Duce,
una gran operación de propaganda. Mussolini asistió a todos
los partidos desde el palco de honor, el mentón alzado hacia
las tribunas repletas de camisas negras, y los once
jugadores del equipo italiano le dedicaron sus victorias con
la palma extendida.
Pero el camino hacia el
título no resultó fácil. El partido entre Italia y España
fue el más triturador de la historia de los mundiales: la
batalla duró 210 minutos y terminó al día siguiente, cuando
varios jugadores habían quedado fuera de combate por las
heridas de guerra o porque ya no daban más. Ganó Italia, sin
cuatro de sus jugadores titulares. España terminó con siete
titulares menos. Entre los españoles lastimados, estaban los
dos mejores: el atacante Lángara y el arquero Zamora, el que
hipnotizaba en el área.
En el estadio del partido
Nacional Fascista, Italia disputó contra Checoslovaquia la
final del campeonato. Ganó en el alargue, 2 a 1. Dos
jugadores argentinos, recién nacionalizados italianos,
aportaron lo suyo: Orsi metió el primer gol, gambeteando al
arquero, y otro argentino, Guaita, sirvió el pase del gol de
Schiavio que brindó a Italia su primera Copa Mundial.
En el 1934, participaron
dieciséis países: doce europeos, tres americanos y Egipto,
solitario representante del resto del mundo. El campeón,
Uruguay, se negó a viajar, porque Italia no había venido al
primer Mundial en Montevideo.
Detrás de Italia y
Checoslovaquia, Alemania y Austria ganaron el tercer y
cuarto puesto. El jugador checoslovaco Nejedly fue el
goleador, con cinco tantos, seguido por Conen, de Alemania,
y Schiavio, de Italia, con cuatro.
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Mundial del 38
Max
Theiler descubría la vacuna contra la fiebre amarilla, nacía la
fotografía en colores, Walt Disney estrenaba Blancanieves,
Einsestein filmaba Alejandro Nevski. El nailon, recién inventado
por un profesor de Harvard, empezaba a convertirse en paracaídas
y medias de mujer.
Se suicidaban los poetas
argentinos Alfonsina Storni y Leopoldo Lugones. Lázaro
Cárdenas nacionalizaba el petróleo en México y enfrentaba el
bloqueo y otras furias de las potencias occidentales. Orson
Welles inventaba una invasión de los marcianos a los Estados
Unidos y la transmitía por radio, para asustar incautos,
mientras la Standard Oil exigía que los Estados Unidos
invadieran México de verdad, para castigar el sacrilegio de
Cárdenas y prevenir el mal ejemplo.
En Italia se redactaba el Manifiesto sobre la raza, empezaban
los atentados antisemitas, Alemania ocupaba Austria, Hitler se
dedicaba a cazar judíos y a devorar territorios. El gobierno
inglés enseñaba a los ciudadanos a defenderse de los gases
asfixiantes y mandaba acopiar alimentos. Franco acorralaba los
últimos bastiones de la República española y el Vaticano
reconocía su gobierno. César Vallejo moría en París, quizás con
aguacero, mientras Sartre publicaba "La náusea". Y ahí, en
París, donde Picasso exhibía su Guernica denunciando el tiempo
de la infamia, se inauguraba el tercer Campeonato Mundial de
Fútbol bajo la sombra acechante de la guerra que se venía. En el
estadio de Colombes, el presidente de Francia, Albert Lebrun,
dio el puntapie inicial: apuntó a la pelota, pero pegó en el
suelo.
Como el anterior, éste fue un campeonato de Europa. Sólo dos
países americanos y once europeos, participaron en el Mundial
del 38. La selección de Indonesia, que todavía se llamaba Indias
Holandesas, llegó a París en solitaria representación de todo el
resto del planeta. Alemania incorporó cinco jugadores de la
recién anexada Austria. La escuadra alemana así reforzada
irrumpió dándose aires de muy imbatible, con la cruz esvástica
en el pecho y toda la simbología nazi del poder, pero tropezó y
cayó ante la modesta Suiza. La derrota alemana ocurrió pocos
días antes de que la supremacía aria sufriera un duro golpe en
Nueva York, cuando el boxeador negro Joe Louis pulverizó al
campeón germano Max Schmeling. Italia, en cambio, repitió su
campaña de la Copa anterior. En las semifinales, los azzurri
derrotaron al Brasil. Hubo un penal dudoso, los brasileños
protestaron en vano. Como en el 34, todos los árbitros eran
europeos.
Después llegó la final, que Italia disputó contra Hungría. Para
Mussolini, este triunfo era una cuestión de Estado. En la
víspera, los jugadores italianos recibieron, desde Roma, un
telegrama de tres palabras, firmado por el jefe del fascismo:
Vencer o morir. No hubo necesidad de morir, porque Italia ganó 4
a 2. Al día siguiente, los vencedores vistieron uniforme militar
en la ceremonia de celebración, que
il Duce presidió.
El diario La Gazzetta dello
Sport exaltó entonces "la apoteosis del deporte fascista
en esta victoria de la raza". Poco antes, la prensa oficial
italiana había celebrado así la derrota de la selección
brasileña: "Saludamos el triunfo de la itálica inteligencia
sobre la fuerza bruta de los negros".
La prensa internacional eligió, mientras tanto, a los mejores
jugadores del torneo. Entre ellos, dos negros, Leônidas y
Domingos da Guia. Leônidas fue, además, el goleador, con ocho
tantos, seguido por el húngaro Zsengeller, con siete. De los
goles de Leônidas, el más hermoso fue hecho contra Polonia, a
pie descalzo. Leónidas había perdido el zapato, en el barro del
área, bajo la lluvia torrencial.
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Mundial del 50
Nacía
la televisión en colores, las computadores hacían mil sumas por
segundo, Marilyn Monroe asomaba en Hollywood. Una película de
Buñuel, "Los olvidados", se imponía en Cannes. El automóvil de
Fangio triunfaba en Francia. Bertrand Russel ganaba el Nobel.
Neruda publicaba su "Canto general" y aparecían las primeras
ediciones de "La vida breve" de Onnetti y de "El laberinto de la
soledad" de Octavio Paz.
Albizu Campos, que mucho
había peleado por la independencia de Puerto Rico, era
condenando en Estados Unidos a setenta y nueve años de
prisión. Un delator entregaba a Salvatore Giuliano, el
legendario bandido del sur de Italia, que caía acribillado
por la policía. En China, el gobierno de Mao daba sus
primeros pasos prohibiendo la poligamia y la venta de niños.
Las tropas norteamericanas entraban a sangre y fuego en la
península de Corea, envueltas en la bandera de las Naciones
Unidas, mientras los jugadores de fútbol aterrizaban en Río
de Janeiro para disputar la cuarta Copa Rimet, después del
largo paréntesis de los años de la guerra mundial.
Siete países americanos y
seis naciones europeas, recién resurgidas de los escombros,
participaron en el torneo brasileño del 50. La FIFA prohibió que
jugara Alemania. Por primera vez Inglaterra se hizo presente en
el campeonato mundial. Hasta entonces, los ingleses no habían
creído que tales escaramuzas fueran dignas de sus desvelos. El
combinado inglés cayó derrotado ante los Estados Unidos, créase
o no, y el gol de la victoria norteamericana no fue obra del
general George Washington sino de un centrodelantero haitiano y
negro llamado Larry Gaetjens.
Brasil y Uruguay se
disputaron la final en Maracaná. El dueño de casa estrenaba el
estadio más grande del mundo. Brasil era campeona ya, la final
una fiesta. Los jugadores brasileños, que venían aplastando a
todos sus rivales de goleada en goleada, recibieron, en la
víspera, relojes de oro que al dorso decían: "Para los campeones
del mundo". Las primeras páginas de los diarios se habían
impreso por anticipado, ya estaba armado el inmenso carruaje de
carnaval que iba a encabezar los festejos, ya se había vendido
medio millón de camisetas con grandes letreros que celebraban la
victoria inevitable.
Cuando el brasileño Friaça
convirtió el primer gol, un trueno de doscientos mil gritos y
muchos cohetes sacudió al monumental estadio. Pero después
Schiaffino clavó el gol del empate y un tiro cruzado de Ghiggia
otorgó el campeonato a Uruguay, que acabó ganando 2 a 1. Cuando
llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en Maracaná, el más
estrepitoso silencio de la historia del fútbol, y Ari Barroso,
el músico autor de "Aquarela do Brasil", que estaba trasmitiendo
el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el
oficio de relator de fútbol.
Después del pitido final, los
comentaristas brasileños definieron la derrota como "la peor
tragedia de la historia de Brasil". Jules Rimet deambulaba por
el campo, perdido, abrazado a la Copa que llevaba su nombre:
"Me encontré solo, con la
Copa en mis brazos y sin saber qué hacer. Terminé por descubrir
al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y se la entregué casi a
escondidas. Le estreché la mano sin decir ni una palabra".
En el bolsillo, Rimet tenía
el discurso que había escrito en homenaje al campeón brasileño.
Uruguay se había impuesto
limpiamente: la selección uruguaya cometió once faltas y la
brasileña, 21.
El tercer puesto fue para
Suecia. El cuarto para España. El brasileño Ademir encabezó la
tabla de goleadores, con nueve tantos, seguido por el uruguayo
Schiaffino, con seis, y el español Zarra con cinco.
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Mundial del 54
Gelsomina
y Zampanó brotaban de la mano mágica de Fellini y se echaban a
payasear por
La strada,
sin apuro, mientras a toda velocidad Fangio se consagraba
campeón mundial de automovilismo por segunda vez. Jonas Salk
preparaba la vacuna contra la poliomelitis. En el Pacífico
estallaba la primera bomba de hidrógeno. En Vietnam, el general
Giap noqueaba al ejército francés en la fulminante batalla de
Dien Bien Phu. En Argelia, otra colonia francesa, nacía la
guerra de la independencia.
El general Stroessner era
elegido presidente del Paraguay, en reñida competencia
contra ningún candidato. En Brasil, se estrechaba el cerco
de los militares y empresario, armas y dineros, contra el
presidente Getúlio Vargas, que poco después se rompería el
corazón de un balazo. Aviones norteamericanos bombardeaban
Guatemala, con la bendición de la OEA, y un ejército
fabricado en el norte invadía, mataba y vencía. Mientras en
Suiza se cantaban los himnos de dieciséis países,
inaugurando el quinto Campeonato Mundial de Fútbol, en
Guatemala los vencedores cantaban el himno de los Estados
Unidos celebrando la caída del presidente Arbenz, cuya
ideología marxistaleninista estaba fuera de toda duda porque
se había metido con las tierras de la United Fruit.
En el Mundial del 54,
participaron once equipos europeos, tres americanos, Turquía
y Corea del Sur. Brasil estrenó la camiseta amarilla con
cuello verde, en vista de que la anterior camiseta, blanca,
le había dado mala suerte en Maracaná. Pero el color
canarinho no tuvo
efecto inmediato: Brasil fue derrotado por Hungría en un
partido violento, y no pudo llegar ni a las semifinales. La
delegación brasileña denunció ante la FIFA al árbitro
inglés, que había actuado «al servicio del comunismo
internacional, contra la civilización occidental y
cristiana».
Hungría era la gran
favorita de esta Copa. El demoledor equipo de Puskas, Kocsis
y Hidegkuti llevaba cuatro años invicto, y poco antes del
Mundial había goleado a Inglaterra 7 a 1. Pero éste fue un
campeonato extenuante. Tras el duro enfrentamiento con los
brasileños, los húngaros exprimieron sus energías contra los
uruguayos. Hungría y Uruguay jugaron a muerte, sin darse
tregua, y se agotaron mutuamente hasta que dos goles de
Kocsis definieron el partido en el alargue.
La final fue contra
Alemania. Hungría ya la había derrotado por paliza, 8 a 3,
al comienzo del Mundial, y en aquel partido había quedado
fuera de combate el capitán Puskas. En la final, Puskas
reapareció, jugando a duras penas con una sola pierna, al
frente de un equipo brillante pero gastado. Hungría, que iba
ganando 2 a 0, acabó perdiendo 3 a 2, y Alemania conquistó
su primer título mundial. Austria obtuvo el tercer lugar.
Uruguay, el cuarto.
El húngaro Kocsis fue el
goleador de la Copa, con once tantos, seguido por el alemán
Morlock, con ocho, y el austríaco Probst, con seis. De los
once goles de Kocsis, el más golazo fue hecho contra Brasil.
Kocsis se lanzó como un avión, voló un buen rato en el aire
y cabeceó al ángulo.
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Mundial del 58
Los
Estados Unidos lanzaban un satélite a los altos cielos: la nueva
lunita giraba en torno a la tierra, se cruzaba con los
sputniks soviéticos y
no los saludaba. Y mientras las grandes potencias competían en
el más allá, en el más acá comenzaba la guerra civil del Líbano,
Argelia ardía, se incendiaba Francia y el general De Gaulle
alzaba sus dos metros de altura sobre las llamas y prometía la
salvación. En Cuba fracasaba la huelga general de Fidel Castro
contra la dictadura de Fulgencio Batista, pero en Venezuela otra
huelga general volteaba la dictadura de Pérez Jiménez. En
Colombia, conservadores y liberales bendecían con elecciones su
reparto del poder, al cabo de una década de guerra de exterminio
mutuo, mientras Richard Nixon era recibido a pedradas en su gira
latinoamericana. José María Arguedas publicaba
Los ríos profundos.
Aparecían La región más
transparente, de Carlos
Fuentes, y los Poemas de
amor de Idea Vilariño.
En Hungría,
caían fusilados Imre Nagy y otros rebeldes del 56, que habían
querido democracia en lugar de burocracia, y en Haití morían los
rebeldes que se habían alzado al asalto del palacio donde Papa
Doc Duvalier reinaba rodeado de brujos y verdugos. Juan XXIII,
Juan el Bueno, era el nuevo Papa de Roma, el príncipe Carlos era el
futuro monarca de Inglaterra, Barbie era la nueva reina de las
muñecas, João Havelange conquistaba la corona brasileña en el
negocio del fútbol, mientras en el arte del fútbol un muchacho de
diecisiete años, llamado Pelé, se consagraba rey del mundo.
La consagración
de Pelé tuvo lugar en Suecia, durante el sexto Campeonato Mundial.
Participaron del torneo doce equipos europeos, cuatro americanos y
ninguno de otras latitudes.
Los suecos
pudieron ver los partidos en las canchas y también en sus casas.
Ésta fue la primera vez que la Copa se transmitió por televisión,
aunque sólo llegó en vivo y en directo al ámbito nacional y el resto
del mundo la recibió después.
Ésta fue,
también, la primera vez que un país ganó la Copa jugando fuera de su
continente. En el Mundial del 58, la selección brasileña empezó más
o menos, pero fue arrolladora a partir del momento en que los
jugadores se sublevaron y pudieron imponer al director técnico el
equipo que ellos querían. Entonces, cinco suplentes se hicieron
titulares. Entre ellos, Pelé, un adolescente desconocido, y
Garrincha, que ya traía mucha fama desde Brasil y mucho se había
lucido en los juegos previos, pero había sido excluido del Mundial
porque los estudios psicotécnicos le habían diagnosticado debilidad
mental. Ellos, suplentes negros de jugadores blancos, brillaron con
luz propia en el nuevo equipo de estrellas, junto a otro negro de
juego deslumbrante, Didí, que desde atrás les organizaba las magias.
Juego y fuego:
el periódico World Sports, de Londres, dijo que había que
restregarse los ojos para creer que aquello era cosa de este
planeta. En las semifinales, contra la Francia de Kopa y Fontaine,
los brasileños ganaron 5 a 2, y otra vez 5 a 2 en la final contra el
dueño de casa. El capitán de Suecia, Liedholm, uno de los jugadores
más limpios y elegantes de la historia del fútbol, convirtió el
primer gol del partido, pero después Vavá, Pelé y Zagalo pusieron
las cosas en su lugar, ante la atónita mirada del rey Gustavo
Adolfo. Brasil fue campeón invicto. Cuando terminó el partido, los
jugadores regalaron la pelota a su hincha más devoto, el negro
Américo, masajista.
Francia ocupó el tercer lugar y Alemania Federal, el cuarto. El
francés Fontaine encabezó la tabla de goleadores, con una lluvia
de trece tantos, ocho de pierna derecha, cuatro de izquierda y
uno de cabeza, seguido por Pelé y el alemán Helmut Rahn, que
metieron seis.
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Mundial del 62
Unos
astrólogos hindúes y malayos habían anunciado el fin del mundo
pero el mundo seguía girando, y entre vuelta y vuelta nacía una
organización que se bautizaba con el nombre de Amnistía
Internacional y Argelia daba sus primeros pasos de vida
independiente, al cabo de más de siete años de guerra contra
Francia. En Israel ahorcaban al criminal nazi Adolf Eichmann,
los mineros de Asturias se alzaban en huelga, el papa Juan
quería cambiar la Iglesia y devolverla a los pobres. Se
fabricaban los primeros disquetes para computadoras, se
realizaban las primeras operaciones con rayo láser, Marilyn
Monroe perdía las ganas de vivir.
¿En cuánto se cotizaba el
voto internacional de un país? Haití vendía su voto a cambio de
quince millones de dólares, una carretera, una represa y un
hospital y así otorgaba a la OEA la mayoría necesaria para
expulsar a Cuba, la oveja negra del panamericanismo. Fuentes
bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel
Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. Setenta y
cinco demandas de prohibición se presentaban ante los tribunales
norteamericanos contra la novela
Trópico de Cáncer,
de Henry Miller, que por primera vez se había publicado sin
censura. Linus Pauling, que estaba por recibir su segundo premio
Nobel, caminaba ante la Casa Blanca portando un cartel de
protesta contra las explosiones nucleares, mientras Benny Kid
Paret, cubano, negro, analfabeto, caía muerto, aniquilado por
los golpes, en el ring
del Madison Square Garden.
En Memphis, Elvis Presley
anunciaba su retiro, después de vender trescientos millones de
discos, pero se arrepentía al ratito, y en Londres una empresa
de discos, la Decca, se negaba a grabar canciones de unos
músicos peludos que se llamaban los Beatles. Carpentier
publicaba El siglo de
las luces, Gelman
publicaba Gotán,
los militares argentinos volteaban al presidente Frondizi, moría
el pintor brasileño Cándido Portinari. Aparecían las
Primeras estórias,
de Guimaraes Rosa, y los poemas que Vinícius de Moraes escribió
para vivir um grande
amor. João Gilberto
susurraba el samba de
uma nota só, en el
Carnegie Hall, mientras los jugadores de Brasil aterrizaban en
Chile, dispuestos a conquistar el séptimo Campeonato Mundial de
Fútbol ante cinco países americanos y diez europeos.
En el Mundial del 62, Di
Stéfano no tuvo buena suerte. Iba a jugar en la selección de
España, su país de adopción. A los 36 años de edad, era su
última oportunidad. En vísperas del estreno, se lastimó la
rodilla derecha, y no hubo caso. Di Stéfano,
la Saeta Rubia,
uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, nunca
pudo jugar un Mundial. Pelé, otra estrella de todos los tiempos,
no llegó muy lejos en el Mundial de Chile: sufrió de entrada un
desgarramiento muscular y quedó fuera. Y otro monstruo sagrado
del fútbol, el ruso Yashin, anduvo también con mala pata: el
mejor arquero del mundo se comió cuatro goles ante Colombia,
porque parece que se le fue la mano con los traguitos que lo
entonaban en el vestuario.
Brasil ganó el torneo. Sin
Pelé, y bajo la batuta de Didí. Amarildo se lució en el difícil
lugar de Pelé, atrás Djalma Santos fue una muralla y adelante
Garrincha deliraba y hacía delirar. «¿De qué planeta procede
Garrincha?», se preguntaba el diario
El Mercurio,
mientras Brasil liquidaba a los dueños de casa. Los chilenos se
habían impuesto a Italia, en un partido que fue una batalla
campal, y también habían vencido a Suiza y a la Unión Soviética.
Se habían servido spaguettis, chocolate y vodka, pero se les
atragantó el café: los brasileños ganaron 4 a 2.
En la final, Brasil derrotó a
Checoslovaquia 3 a 1 y fue, como en el 58, campeón invicto. Por
primera vez, la final de un campeonato mundial se pudo ver en
directo por la televisión en transmisión internacional, aunque
fue en blanco y negro y llegó a pocos países.
Chile conquistó el tercer
lugar, la mejor clasificación de su historia, y Yugoslavia ganó
el cuarto puesto gracias a un pájaro llamado Dragoslav Sekularac,
que ninguna defensa pudo atrapar.
El campeonato no tuvo un
goleador, pero varios jugadores convirtieron cuatro tantos: los
brasileños Garrincha y Vavá, el chileno Sánchez, el yugoslavo
Jerkovic, el húngaro Albert y el soviético Ivanov.
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Mundial del 66
Los
militares bañaban a Indonesia en sangre, medio millón de
muertos, un millón, quién sabe, y el general Suharto iniciaba su
larga dictadura asesinando a los pocos rojos, rosados o dudosos
que quedaban vivos. Otros militares volteaban a N'Krumah,
presidente de Guinea y profeta de la unidad africana, mientras
sus colegas de Argentina desalojaban al presidente Illia por
golpe de estado.
Por primera vez en la
historia, una mujer, Indira Gandhi, gobernaba la India. Los
estudiantes echaban abajo a la dictadura militar de Ecuador. La
aviación de los Estados Unidos bombardeaba Hanoi, en una nueva
ofensiva, pero en la opinión pública norteamericana crecía la
certeza de que nunca debían haber entrado en Vietnam, que no
debían haberse quedado y que debían salir cuanto antes.
Truman Capote publicaba
A sangre fría.
Aparecían Cien años de
soledad, de García
Márquez, y Paradiso,
de Lezama Lima. El cura Camilo Torres caía peleando en las
montañas de Colombia, el Che Guevara cabalgaba su flaco
Rocinante por los campos de Bolivia, Mao desataba la revolución
cultural en China. Varias bombas atómicas caían en la costa
española de Almería, y aunque no estallaban, sembraban el
pánico. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente
caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de
horas.
En Londres, Harold Wilson
mascaba su pipa y celebraba la victoria en las elecciones, las
muchachas andaban en minifalda, Carnaby Street dictaba la moda y
todo el mundo tarareaba las canciones de los Beatles, mientras
se inauguraba el octavo Campeonato Mundial de Fútbol.
Éste fue el último Mundial de
Garrincha, y también fue la despedida del arquero mexicano
Antonio Carbajal, el único jugador que había estado cinco veces
en el torneo.
Participaron dieciséis
equipos: diez europeos, cinco americanos y, cosa rara, Corea del
Norte. Asombrosamente, la selección coreana eliminó a Italia con
gol de Pak, un dentista de la ciudad de Pyongyang que practicaba
el fútbol en sus ratos libres. En la selección italiana jugaban
nada menos que Gianni Rivera y Sandro Mazzola. Pier Paolo
Pasolini decía que ellos jugaban al fútbol en buena prosa
interrumpida por versos fulgurantes, pero el dentista los dejó
mudos.
Por primera vez se transmitió
todo el campeonato en directo, vía satélite, y el mundo entero
pudo ver, todavía en blanco y negro, el
show
de los árbitros. En el Mundial anterior, los jueces europeos
habían arbitrado los 26 partidos; en éste, dirigieron 24 de los
32 partidos disputados. Un juez alemán obsequió a Inglaterra el
partido contra Argentina, mientras un juez inglés regalaba a
Alemania el partido contra Uruguay. Brasil no tuvo mejor suerte:
Pelé fue impunemente cazado a patadas por Bulgaria y Portugal,
que lo desalojaron del campeonato.
La reina Isabel asistió a la
final. No gritó ningún gol, pero aplaudió discretamente. El
Mundial se definió entre la Inglaterra de Bobby Charlton, hombre
de temible empuje y puntería, y la Alemania de Beckenbauer, que
recién empezaba su carrera y ya jugaba de galera, guantes y
bastón. Alguien había robado la Copa Rimet, pero un perro
llamado Pickles la encontró tirada en un jardín de Londres. Así,
el trofeo pudo llegar a tiempo a manos del vencedor. Inglaterra
se impuso 4 a 2. Portugal entró tercero. En cuarto lugar, la
Unión Soviética. La reina Isabel otorgó título de nobleza a Alf
Ramsey, el director técnico de la selección triunfante, y el
perro Pickles se convirtió en héroe nacional.
El Mundial del 66 fue
usurpado por las tácticas defensivas. Todos los equipos
practicaban el cerrojo
y dejaban un jugador
escoba barriendo la
línea final detrás de los zagueros. Sin embargo, Eusebio, el
artillero africano de Portugal, pudo atravesar nueve veces esas
impenetrables murallas en las retaguardias rivales. Tras él, en
la lista de goleadores, figuró el alemán Haller, con seis
tantos.
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Mundial del 70
En
Praga moría Jiri Trnka, maestro del cine de marionetas, y en
Londres moría Bertrand Russell, tras casi un siglo de vida mucha
viva. A los veinte años de edad, el poeta Rugama caían en
Managua, peleando solito contra un batallón de la dictadura de
Somoza. El mundo perdía su música: se desintegraban los Beatles,
por sobredosis de éxito, y por sobredosis de drogas se nos iban
el guitarrista Jimi Hendrix y la cantante Janis Joplin.
Un ciclón arrasaba Pakistán y un terremoto borraba quince
ciudades de los Andes peruanos. En Washington ya nadie creía
en la guerra de Vietnam pero la guerra seguía, según el
Pentágono los muertos sumaban un millón, mientras los
generales norteamericanos huían hacia adelante invadiendo
Camboya. Allende iniciaba su campaña hacia la presidencia de
Chile, después de tres derrotas, y prometía dar leche a
todos los niños y nacionalizar el cobre. Fuentes bien
informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel
Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas.
Comenzaba la primera huelga en la historia del Vaticano, en
Roma se cruzaban de brazos los funcionarios del Santo Padre,
mientras en México movían las piernas los jugadores de
dieciséis países y comenzaba el noveno Campeonato Mundial de
Fútbol.
Participaron nueve equipos europeos, cinco americanos,
Israel y Marruecos. En el partido inaugural, el árbitro alzó
por primera vez una tarjeta amarilla. La tarjeta amarilla,
señal de amonestación, y la tarjeta roja, señal de
expulsión, no fueron las únicas novedades del Mundial de
México. El reglamento autorizó a cambiar dos jugadores en el
curso de cada partido. Hasta entonces, sólo el arquero podía
ser sustituido, en caso de lesión; y no resultaba muy
difícil reducir a patadas al elenco adversario.
Imágenes de la Copa del 70: la estampa de Beckenbauer, con
un brazo atado, batiéndose hasta el último minuto; fervor de
Tostão, recién operado de un ojo y aguantándose a pie firme
todos los partidos; los vuelos de Pelé en su último Mundial:
"saltamos juntos", contó Burgnich, el defensa italiano que
lo marcaba, "pero cuando volví a tierra, ví que Pelé se
mantenía suspendido en la altura".
Cuatro campeones del mundo, Brasil, Italia, Alemania y
Uruguay, disputaron las semifinales. Alemania ocupó el
tercer lugar, Uruguay el cuarto. En la final, Brasil
apabulló a Italia 4 a 1. La prensa inglesa comentó: "Debería
estar prohibido un fútbol tan bello". El último gol se
recuerda de pie: la pelota pasó por todo Brasil, la tocaron
los once, y por fin Pelé la puso en bandeja, sin mirar, para
que rematara Carlos Alberto, que venía en tromba. El
"Torpedo" Müller, de Alemania, encabezó la tabla de
goleadores, con diez tantos, seguido por el brasileño
Jairzinho, con siete. Campeón invicto por tercera vez,
Brasil se quedó con la Copa Rimet en propiedad. A fines de
1983, la copa fue robada y vendida, después de ser reducida
a casi dos quilos de oro puro. Una copia ocupa su lugar en
las vitrinas.
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Mundial del 74
El
presidente Nixon estaba contra las cuerdas, las rodillas flojas,
golpeado sin pausa por el escándalo del espionaje en el edificio
Watergate, mientras una sonda especial viajaba hacia Júpiter y
en Washington era declarado inocente el teniento del Ejército
que había asesinado a cien civiles en Vietnam, que al fin y al
cabo no habían sido más que cien, y civiles, y vietnamitas.
Morían los novelistas Miguel
Ángel Asturias y Pär Lakgervist y el pintor David Alfaro
Siquieros. Agonizaba el general Perón, que había marcado a fuego
la historia argentina. Moría Duke Ellington, rey del
jazz. La hija del rey
de la prensa, Patricia Hearst, se enamoraba de sus
secuestradores, denunciaba a su padre por cerdo burgués y se
ponía a asaltar bancos. Fuentes bien informadas de Miami
anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a
desplomarse en cuestión de horas.
En Grecia caía la dictadura,
y caía la dictadura en Portugal, donde al ritmo de la canción
Grandola, vila morena,
se desataba la revolución de los claveles. La dictadura de
Augusto Pinochet se afirmaba en Chile y en España Francisco
Franco ingresaba en el hospital Francisco Franco, enfermo del
poder y de los años.
En un histórico plebiscito,
los italianos votaban por el divorcio, que les parecía
preferible a la daga, el veneno y demás métodos que la tradición
recomendaba para resolver las disputas conyugales. En una
votación no menos histórica, los dirigentes del fútbol mundial
elegían a Joao Havelange presidente de la FIFA, y mientras
Havelange desalojaba en Suiza al prestigioso Stanley Rous, en
Alemania comenzaba el décimo Campeonato Mundial de Fútbol.
Se estrenaba nueva copa. Era
más fea que la Rimet, pero la codiciaban nueve selecciones
europeas, cinco americanas y también Australia y Zaire. La Unión
Soviética había quedado afuera en la fase previa. Durante los
partidos de clasificación para el Mundial, los soviéticos se
habían negado a jugar en el Estadio Nacional de Chile, que poco
antes había sido campo de concentración y patio de
fusilamientos. Entonces la selección chilena había disputado, en
ese estadio, el partido más patético de la historia del fútbol:
había jugado contra nadie, y en el arco vacío había metido
varios goles que fueron ovacionados por el público. Después, en
el Mundial, Chile no ganó ningún partido.
Sorpresa: los jugadores
holandeses viajaron a Alemania acompañados por sus esposas,
novias o amigas, y con ellas se concentraron. Era la primera vez
que semejante cosa ocurría. Y más sorpresa: los holandeses
tenían pies alados y llegaron invictos a la final, con catorce
goles a favor y un solo gol en contra, que lo había metido uno
de ellos por pura mala suerte. El Mundial del 74 giró alrededor
de la Naranja Mecánica,
la fulminante invención de Cruyff, Neeskens, Rensenbrink, Krol y
otros incansables jugadores impulsados por el técnico Rinus
Michels.
Al comienzo del último
partido, Cruyff intercambió banderines con Beckenbauer. Y
ocurrió la tercera sorpresa: el Kaiser y los suyos aguaron la
fiesta holandesa. Maier, que lo atajaba todo, Müller, que todo
lo metía, y Breitner, que todo lo resolvió, se ocuparon de
arrojar dos baldes de agua fría sobre el equipo favorito, y
contra todo pronóstico los alemanes ganaron 2 a 1. Se repetía,
así, la historia del 54 en Suiza, cuando Alemania había vencido
a la invencible Hungría.
Detrás de Alemania Federal y
de Holanda, entró Polonia. En cuarto lugar, Brasil, que no pudo
ser el que había sido. Un jugador polaco, Lato, resultó goleador
dela Copa, con siete tantos, seguido por otro polaco, Szarmach,
y el holandés Neeskens, ambos con cinco.
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Mundial del 78
En
Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el
Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se
legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida,
una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas
asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a
devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo.
Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída
de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En
Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba
la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una
multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios
y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una
huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato
toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La
dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y
para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de
Fútbol.
Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y
Túnez. El Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha
militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia
de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A
unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz
argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de
Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los
aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.
«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la
Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de
la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:
- Este país tiene un gran futuro a todo nivel.
Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada
inicial, declaró unos días después:
-Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a
ningún preso político.
Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron
ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final
contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles.
Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la
goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los
bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar
a Lima.
La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue.
Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue
posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco
argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese
palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de
honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De
todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de
Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la
pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.
A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se
negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El
tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.
Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador,
con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el
holandés Rensenbrink, con cinco goles cada uno.
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Mundial del 82
Mefisto,
de István Szabó, una obra maestra sobre el arte y la traición,
ganaba el Oscar de Hollywood, mientras en Alemania se apagaba
temprano la vida de Fassbinder, un creador de cine de tormento y
talento. Se suicidaba Romy Schneider, Sofía Loren marchaba presa
por evadir impuestos. En Polonia iba a la cárcelo Lech Walesa,
el jefe de los sindicatos obreros.
García Márquez recibía el
Nobel en nombre de los poetas, mendigos, músicos, profetas,
guerreros y malandrines de América Latina. Matanza del ejército
en una aldea de El Salvador: más de setecientos campesinos caían
acribillados, la mitad eran niños. En Guatemala, el general Ríos
Montt asaltaba el poder, para multiplicar la carnicería de los
indios: proclamaba que Dios le había confiado el mando del país
y anunciaba que el Espíritu Santo iba a dirigir sus servicios de
inteligencia. Egipto
recuperaba la península de Sinaí, ocupada por Israel desde la
guerra de los seis días. El primer corazón artificial latía en
el pecho de alguien. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban
la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en
cuestión de horas. En Italia, el Papa sobrevivía a su segundo
atentado. En Espña, recibían condena de treinta años los
oficiales que habían organizado el asalto al Congreso de
Diputados y Felipe González iniciaba su fulminante carrera hacia
la presidencia del gobierno, mientras se inauguraba en Barcelona
el duodécimo Campeonato Mundial de Fútbol.
Participan veinticuatro
países, ocho más que en el anterior, pero América no salió
beneficiada en el nuevo reparto: hubo catorce equipos europeos,
seis americanos y dos africanos, además de Kuwait y Nueva
Zelanda. En la primera
jornada, el equipo argentino, campeón mundial, cayó derrotado en
Barcelona. Pocas horas después, muy lejos de allí, en las islas
Malvinas, los militares argentinos fueron vencidos en su guerra
contra Inglaterra. Los atroces generales, que en varios años de
dictadura habían ganado la guerra contra sus propios
compatriotas, se rindieron mansamente ante los militares
ingleses. La televisión trasmitió la imagen: el oficial de
Marina Alfredo Astiz, violador de todos los derechos humanos,
inclinaba la cabeza y firmaba el documento de la humillación.
A lo largo de los días
siguientes, la tele mostró las imágenes de la Copa del 82: la
túnida al viento de jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, que invadió
la cancha para protestar un gol de Francia contra Kuwait; el gol
del inglés Bryan Robson al medio minuto, el más rápido de la
historia de los mundiales hasta entonces; la indiferencia del
arquero alemán Schumacher, después de haber desmayado de un
rodillazo al delantero francés Battiston (antes de ser
guardameta, Schumacher había sido herrero).
Europa ganó los primeros
puestos del campeonato, aunque Brasil exhibió el mejor fútbol en
los pies de Zico, Falcao y Sócrates. La selección brasileña no
tuvo suerte pero deleitó al público, y Zico, que venía de ganar
el título de mejor jugador de América, supo justificar una vez
más la
zicomanía
de las tribunas.
La Copa fue para Italia. La
selección italiana había empezado mal, a los tropezones, de
empate en empate, pero repuntó después, gracias a su buena
armazón de conjunto y a las oportunas ráfagas de Paolo Rossi. En
la final contra Alemania, Italia se impuso 3 a 1.
Polonia, guiada por la buena
música de Boniek, entró en tercer lugar. El cuarto puesto fue
para Francia, que había merecido más por la eficacia europea y
la alegría africana de su memorable línea media.
El italiano Rossi encabezó la
lista de goleadores, con seis goles, seguido por el alemán
Rummenigge, que metió cinco tantos y prodigó fulgores.
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Mundial del 86
Baby
Doc Duvalier huía de
Haití, robándose todo, y robándose todo huía Ferdinand Marcos de
Filipinas, mientras los archivos norteamericanos revelaban, más
vale tarde que nunca, que Marcos, el alabado héroe filipino de
la segunda guerra mundial, había sido en realidad un desertor.
El cometa Halley visitaba
nuestro cielo después de mucha ausencia, se descubrían nueve
lunas en torno al planeta Urano, aparecía el primer agujero en
la capa de ozono que nos protege del sol. Se difundía una nueva
droga, hija de la ingeniería genética, contra la leucemia. En el
Japón se suicidaba una cantante de moda y tras ella elegían la
muerte veintitrés de sus devotos. Un terremoto dejaba sin casa a
doscientos mil salvadoreños y la catástrofe nuclear soviética de
Chernobyl desataba una lluvia de veneno radioactivo, imposible
de medir y de parar, sobre quién sabe cuántas leguas y gentes.
Felipe González decía
sí
a la OTAN, la alianza militar
atlántica, después de haber gritado
no,
y un plebiscito bendecía el viraje mientras España y Portugal
entraban al mercado común europeo. El mundo lloraba la muerte de
Olof Palme, el primer ministro de Suecia, asesinado en la calle.
Tiempos de luto para las artes y las letras: se nos iban el
escultor Henry Moore y los escritores Simone de Beauvoir, Jean
Genet, Juan Rulfo y Jorge Luis Borges.
Estallaba el escándalo
Irangate,
que implicaba al presidente Reagan, a la CIA y a los
contras
de Nicaragua en el
tráfico de armas y de drogas, y estallaba la nave espacial
Challenger, al despegar de Cabo Cañaveral, con siete tripulantes
a bordo. La aviación norteamericana bombardeaba Libia y mataba a
una hija del coronel Gaddafi, para castigar un atentado que años
después se atribuyó a Irán.
En una cárcel de Lima morían
ametrallados cuatrocientos presos. Fuentes bien informadas de
Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a
desplomarse en cuestión de horas. Se habían desplomado muchos
edificios sin cimientos, con toda la gente adentro, cuando un
terremoto había sacudido a la ciudad de México, el año anterior,
y buena parte de la ciudad estaba todavía en ruinas mientras se
inauguraba allí el decimotercer Campeonato Mundial de Fútbol.
En el Mundial del 86,
participaron catorce países europeos y seis americanos, además
de Marruecos, Corea del Sur, Irak y Argelia. En México nació
la
ola en las tribunas,
que a partir de entonces suele mover a las hinchadas del mundo
al ritmo de la mar bravía. Hubo partidos de esos que ponen los
pelos de punta, como el de Francia contra Brasil, donde los
jugadores infalibles, Platini, Zico, Sócrates, fracasaron en los
penales; y hubo dos goleadas espectaculares de Dinamarca, que
propinó seis tantos a Uruguay y recibió cinco de España.
Pero éste fue el Mundial de
Maradona. Contra Inglaterra, Maradona vengó con dos goles de
zurda al orgullo patrio malherido en las Malvinas: hizo uno con
la mano izquierda, que él llamó
mano de
Dios, y el otro con la
pierna izquierda, después de haber tumbado por los suelos a la
defensa inglesa.
Argentina disputó la final
contra Alemania. Fue de Maradona el pase decisivo, que dejó solo
a Burruchaga para que Argentina se impusiera 3 a 2 y ganara el
campeonato cuando ya el reloj señalaba el fin del partido, pero
antes había ocurrido otro gol memorable: Valdano arrancó con la
pelota desde el arco argentino, cruzó toda la cancha y cuando
Schumacher le salió al cruce, la colocó contra el poste derecho.
Valdano venía hablando con la pelota, le venía rogando:
—Por favor, entrá.
Francia se clasificó en
tercer lugar, seguida por Bélgica. El inglés Lineker encabezó la
tabla de goleadores, con seis tantos. Maradona hizo cinco goles,
como el brasileño Careca y el español Butragueño.
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Mundial del 90 Existe un amplio consenso en el mundo del
fútbol acerca de que el peor Mundial disputado hasta la fecha fue el de
Italia 90, al menos en lo que concierne a nivel futbolístico e interés
para el espectador. Los principios resultadistas de
Bilardo,
triunfadores cuatro años antes, y la nueva Edad de Oro del
catenaccio (sólo discutida por el brillante Milán de Sacchi) dieron
lugar a juego defensivo, poco riesgo, mucha especulación y escasez de
goles; el promedio de tantos marcó un mínimo histórico, y hasta Brasil,
comandado por Lazaroni, renunció a los principios del jogo bonito.
Y se fue a casa más pronto que tarde.
Para consuelo de los que aún creen en la justicia poética, sí se
puede decir sin temor a equivocarse que este campeonato se lo llevó el
mejor, la República Federal Alemana. Entrenada por
Beckenbauer,
la Mannschaft unió a sus habituales virtudes de trabajo a
destajo, poderío físico y fe inquebrantable en la victoria, una
fenomenal generación de futbolistas. Combinación explosiva que significó
un título.
La columna vertebral de la selección teutona estaba constituida por el
“trío del Inter”. En la parte de atrás,
Andreas Brehme
asumía la responsabilidad desde el lateral izquierdo en su segunda
participación mundialista, y recogía brillantemente el relevo de Briegel.
Arriba, Jürgen Klinsmann cimentaba su fama como
irredento cazagoles, y en el centro de operaciones
Lothar
Matthäus ejercía de director de orquesta. En particular, el
medio de Erlangen, en la cumbre de su carrera, fue seguramente el
jugador más destacado del torneo, con una jerarquía tal que hasta el
propio Maradona afirmó de él “Es el mejor futbolista al que me he
enfrentado jamás”.
Aparte de la conexión italiana, explotó también el liviano
Thomas Hässler, un estupendo mediapunta que
representaba la invención en el equipo alemán. A estos brillantes
futbolistas acompañaba una pléyade de eficaces jugadores de complemento,
como el arquero Bodo Illgner, el libre del Bayern
Klaus Augenthaler, el maravilloso central
Jürgen Kohler o un declinante pero aún válido
Littbarski.
Estimulados por el encomiable espíritu ofensivo que supo insuflarles el
Kaiser (fue uno de los pocos equipos del torneo que buscaban el
gol después de marcar), los alemanes fueron pasando rondas sin sufrir
excesivos agobios. En primera ronda dieron buena cuenta de Yugoslavia,
Emiratos Árabes y Colombia, anotando diez goles y concediendo un único
empate ante los sudamericanos, el famoso gol de Rincón. En octavos se
impusieron por 2-1 a la Holanda de Koeman, Rijkaard, Gullit y Van
Basten, campeona de Europa, siendo claramente superiores y encajando el
gol ya en el descuento. Su siguiente rival fue Checoslovaquia, a la que
derrotaron en San Siro con un gol de penalty de Matthäus, y donde de
nuevo el resultado estuvo por debajo del juego teutón.
El único oponente que fue capaz de plantar cara a la maquinaria
centroeuropea fue, como tantas veces ha ocurrido, Inglaterra. Fue un
partido jugado de poder a poder, con extremado sentido táctico y duelos
inolvidables, como el de Klinsmann con Walker o el de Lineker con
Kohler. El afortunado tanto de Brehme fue contestado por el ex-ariete
del Barcelona a poco tiempo para el final, y los inevitables penaltis
dieron una vez más el pase a Alemania, tras fallo final del gran Chris
Waddle. Fue el mejor encuentro del mundial.
En la final del Olímpico de Roma se encontraban los alemanes con
Argentina, que contra todo pronóstico optaba a revalidar su título. Con
un equipo netamente inferior al de México, colgado de un
Maradona que jugó cojo casi todo el campeonato, de la habilidad
del parapenaltis Goycoechea, de los goles de
Caniggia y de los chispazos de
Burruchaga, el
equipo de Bilardo fue pasando rondas en una clasificación que fue un via
crucis, y donde amplias dosis de fortuna sonrieron a los albicelestes.
Argentina comenzó su andadura en el Mundial siendo derrotada en el
partido inaugural por Camerún, en un encuentro que confirmó la
emergencia del fútbol africano. Una victoria ante Rusia –donde Maradona
volvió a sacar a pasear la mano de Dios- y un agónico empate
con Rumania le dio el pase a la albiceleste como tercera de grupo. Esto
les deparó un enfrentamiento en Octavos con Brasil, en un partido donde
los cariocas chocaron con los postes y el mal fario, y que decidió un
relámpago de genio de la conexión Diego-Claudio a pocos minutos para el
final. Un resultado increíble para lo visto en Delle Alpi, pero lo
incontrolable siempre podía ocurrir si andaba Maradona en el césped.
También fue el partido donde parece ser que Bilardo intoxicó
intencionadamente al brasileño Branco.
En cuartos los sudamericanos se enfrentaron a Yugoslavia, que venía
de eliminar a España y donde Stojkovic oficiaba de estrella. Los
balcánicos fueron muy superiores en el primer tiempo, y no le perdieron
la cara al partido en el segundo, a pesar de que a la media hora de
juego Maradona ya había provocado la expulsión de Sabanadzovic. Fueron
necesarios los penaltis, donde a pesar del fallo del Pelusa, el
acierto de Goycoechea llevó a su equipo a la siguiente ronda. Yen las
semifinales, en las peores condiciones posibles, contra el anfitrión
imbatido, en un enloquecido San Paolo y recibiendo un gol de inicio,
Argentina jugó su mejor partido y consiguó forzar la prórroga y la
lotería del punto fatídico, donde Goyco volvió a ser caballo ganador. El
bilardismo estaba de nuevo a las puertas de la gloria.
La final que se disputó en Roma fue sin duda la más desagradable
disputada hasta ese momento en toda la historia de los Mundiales, y
batió varios records negativos: se registró la primera expulsión en una
final, por ejemplo, y fue la primera ocasión en que uno de los dos
rivales se quedaba sin marcar. Argentina llegó disminuida por las
sanciones, y no pudieron jugar ni Giusti, ni Batista, ni el lateral
Olarticoechea, ni el punta Caniggia, clave en la semifinal.
Así, pues, el Narigón dispuso una estrategia incluso más
defensiva que de ordinario, y dejó todo el peso del partido en las manos
de Alemania. El bombeo de balones no se mostró efectivo durante el
primer tiempo, en el cual Serrizuela y Ruggeri sujetaron perfectamente a
los puntas europeos, y sólo las penetraciones de Brehme (que jugó más de
centrocampista que de lateral) crearon un cierto peligro. Puede anotarse
como la única ocasión clara de gol en el primer tiempo para cualquiera
de los dos equipos un disparo del propio Brehme que atrapó Goycoechea
sin grandes problemas.
El segundo tiempo comenzó de igual modo, con un ambiente netamente
favorable a los germanos, pero con el centro del campo blanco
cortocircuitado por el 3-3-3-1 de Bilardo y el trabajo incansable de
Troglio y Sensini. Sin embargo, una jugada absurda cambió el signo del
partido: una patada incalificable de Monzón a Klinsmann, que acarreó la
inmediata y justa expulsión del argentino. A partir de ese momento, el
conjunto sudamericano se encerró en su área y puso toda su fe en los
penaltis y en Goycoechea. Y cómo no, la decisión del campeonato fue
desde el punto fatídico, aunque no como esperaban los argentinos. Un
supuesto agarrón, probablemente inexistente, de Sensini a Völler, llevó
a Brehme a los once metros, y el rubio lateral, frente a frente con
Goyco, ajustó su disparo raso al poste, imposible para el portero. El
gol que a la postre sería definitivo.
Y sí, el penalty seguramente no fue, pero es casi imposible ganar si
tu mejor jugador ni aparece en todo el partido (triste despedida de
Maradona de la selección, entre lágrimas), si te ganas dos expulsiones,
y sobre todo, si tú tiras una vez a puerta y tu rival lo hace dieciséis
veces. Este fue Alemania, justo campeón.
ALINEACIONES. RFA: Illgner, Augenthaler, Berthold (Reuter m. 75),
Kohler, Buchwald, Brehme, Hässler, Matthäus, Littbarski, Klinsmann y
Völler. Argentina: Goycoechea, Simón, Serrizuela, Ruggeri (Monzón m.
46), Troglio, Sensini, Burruchaga (Calderón m. 54), Basualdo, Lorenzo,
Dezotti y Maradona.
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Mundial del 94

Tras la renuncia de Colombia para organizar la
Copa Mundial de Fútbol de 1986,
Brasil,
Canadá,
México y
Estados
Unidos presentaron candidaturas para organizar el evento. Sin
embargo, la candidatura estadounidense no tenía apoyo internacional, por
lo que el gobierno de dicho país decidió renunciar y apoyar a su vecino
del sur, el que es electo unánimemente, a cambio de tener el apoyo de la
FIFA para
ser la sede del evento de 1994, que debería volver a América.
Estados Unidos representaba para la FIFA un lugar de suma importancia,
debido a su poder económico. Sin embargo, el
soccer
(como es llamado el fútbol en dicho país) no era un deporte popular e
incluso ni siquiera existía una liga de fútbol profesional. Mientras la
FIFA apoyó la candidatura de los Estados Unidos como
una forma de extender la práctica del deporte en el país, gran parte de
la comunidad internacional estuvo en contra de llevar el evento más
importante del fútbol a un país en que no se practicaba masivamente.
Marruecos y
Brasil presentaron
candidaturas, pero la del país africano representaba la posibilidad de
realizar el torneo por primera vez en un continente en que el fútbol se
desarrollaba rápidamente. Finalmente, y a pesar del rechazo de algunos
grupos tradicionalistas, Estados Unidos fue electo por 10 votos a favor,
7 para los marroquíes y solo 2 para Brasil, el 4 de julio de 1988.
Tras ser otorgada la sede a los Estados Unidos, el gobierno de dicho
país y la FIFA comenzaron con los preparativos del evento y a cumplir su
promesa de incentivar el fútbol en la nación. A pesar de los intentos,
entre los que se cuentan la creación de la
Major League Soccer (MLS)
en 1993, el público norteamericano no se interesó por el balompié. Una
encuesta del USA Today realizada días antes del inicio de la
Copa Mundial informó de que sólo un 25% de los estadounidenses sabían de
la realización del evento y que un 15% de ellos vería un partido. Los
diarios del país criticaron la organización del torneo: un periódico
decía «Aquí el fútbol es el deporte del futuro, y siempre lo será»,
mientras una editorial del Washington Post señalaba que «el fútbol
es un juego que los estadounidenses enseñamos a nuestros niños hasta que
son suficientemente mayores para hacer algo interesante». Tras el
inicio del torneo, un 10% de las noticias deportivas del New York
Times hablaba de la Copa Mundial, mientras que un 70% estaba
dedicado al béisbol.
Sin embargo, tras la histórica victoria de la selección local al
combinado de Colombia, el público estadounidense
comenzó a participar del evento. Una nueva encuesta del USA Today
señalaba que el 88% de los norteamericanos sabía que el Mundial era
realizado en los Estados Unidos y un 44% del total aseguró que vería al
menos un partido por televisión. De igual forma, creció el número de
espectadores locales en los partidos disputados a lo largo del país.
La Copa Mundial tuvo un récord de 144 países inscritos, entre los que
destacaban el ingreso de los nuevos países formados de la desintegración
de países de larga tradición futbolística como
Yugoslavia,
Checoslovaquia y la
Unión Soviética.
Con el fin de promover un juego más ofensivo, la FIFA determinó que los
partidos ganados tendrían una ponderación de tres puntos durante la
etapa de grupos.
Para la Copa Mundial, se establecieron 10 sedes a lo largo del país,
ocupando estadios utilizados principalmente para la práctica del fútbol
americano, debido a la inexistencia de campos especializados de soccer.
La mayoría de estos estadios se ubicaban en suburbios ubicados cerca de
las grandes ciudades. Debido a que gran parte de la población mundial
desconocía la ubicación de estos suburbios, el Comité Organizador llamó
a las sedes con el nombre del área metropolitana.
Sin embargo, y debido al desarrollo económico y a la infraestructura de
dicho país, el evento tuvo un gran éxito marcando cifras históricas de
asistencia de público y recaudación financiera, imbatibles hasta el día
de hoy, e incluso permitió el desarrollo del soccer en Estados Unidos.
Así, la XV Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en los Estados Unidos,
entre el 17 de junio y el 17 de julio de 1994. Su mascota era un perro
llamado Striker.
En el grupo A de la anfitriona E.E.U.U.,
Rumanía quedaba líder de forma solvente. La
Suiza
de Chapuisat
quedaba 2ª y la anfitriona se clasificaba al ser uno de las mejores
terceros. Trágicamente, parte de esa clasificación se debió al partido
contra Colombia, y a un gol en propia puerta del
defensa colombiano Andrés
Escobar. Ese gol días más tarde le costaría la vida en
Medellín al ser asesino con 12 balazos a la salida de un restaurante.
En el grupo B, Brasil quedaba como una de las grandes
favoritas tras quedar líder de grupo. 2ª sería
Suecia
que sería una de las dos grandes sorpresas de la competición. Eliminadas
en este grupo Rusia y Camerún con dos datos: el primero
era la retirada del legendario jugador de
Camuerún,
Roger Milla,
y la segunda, los 5 goles que el ruso
Salenko le endosó
a la propia Camerún, quedando así como uno de los mayores artilleros del
campeonato con 6 dianas.
En el grupo C la favorita era Alemania tras su último
título. Matthäus,
Klinsmann,
Voller,
Koller,
Bodo Ilgner
o Riedle
llegaban al Mundial con el fin de reeditar el título. Confirmó las
expectativas acabando como líder de grupo mientras
España
quedaba 2ª. Bolivia y
Corea del Sur
eran eliminadas.

En el grupo D, se encontraba la actual subcampeona,
Argentina.
Argentina llegaba al Mundial con un buen equipo con
Maradona en la
fase final de su carrera y buenos goleadores como
Batistuta,
Balbo o
Caniggia.
Sin embargo, el escándalo surgió cuando Maradona fue expulsado del
torneo luego de detectarle efedrina en un control antidoping tras el
partido ante Nigeria en la segunda jornada. El tercer
partido de los argentinos lo jugaron ante
Bulgaria y
perdiendo por 2-0, notando así la ausencia de su crack. Nigeria,
Bulgaria (la 2ª gran sorpresa del torneo) y Argentina se clasificaron
con 6 puntos, mientras Grecia, se fue a casa sin
puntuar.
En el E, se dió á curiosidad de que los 4 equipos acabaron con 4 puntos
recurriendo al goal average para saber quien se clasificaba.
México e Irlanda se clasificaron de forma
directa mientras Italia lo hizo por ser una de las
mejores 3ª selecciones. Noruega caía así eliminada.

Marruecos no ganó ni un solo punto en el F, quedando
tres selecciones igualadas a 6 puntos las cuales se clasificaron de
forma directa: Holanda, la sorprendente
Arabia
Saudí y Bélgica.
Ya en octavos de final, los favoritos comenzaron a perfilarse.
Italia que llegaba con muchas dudas se enfrentaba a la
emergente Nigeria. Nigeria llegaba al Mundial con
posibilidades. Equipo fuerte y rápido, demostraba así la mejora del
fútbol africano. Yekini,
Amokachi,
Okocha,
Amunike o
Finidi,
llegaban al Mundial con la vitola de posible revelación. Italia por su
parte que había sembrado más dudas que nunca por su clasificación en la
primera fase, no tenía mal equipo. Bajo las órdenes de su entrenador
Arrigo Sacchi, jugadores como
R. Baggio,
Massaro,
D. Baggio,
Baresi, Maldini,
Albertini o
Pagliuca formaban
un equipo muy interesante. Sin embargo el juego italiano en este Mundial
era el propio de la época del catenaccio, siendo su juego más
efectivo que vistoso. Italia ganaba 2-1 a Nigeria con muchos problemas,
aunque los cuartos ya estaban ahí.
Argentina llegaba a cuartos con la ausencia de
Maradona, y le
pasó factura. Rumanía que había realizado una buena
primera fase, dejó fuera a la albiceleste por 3-2. Rumanía pasaba en
este Mundial por tener uno de sus mejores equipos de su historia.
Gica Hagi, Răducioiu,
Petrescu,
Popescu o
Belodedici
sorprendían al mundo tras esta victoria. Argentina quedaba fuera.
Brasil y
Holanda derrotaron a la
local, E.E.U.U. y a Irlanda en octavos enfrentándose así las dos
selecciones en cuartos.
En su partido de octavos, México y Bulgaria llegaron a
penalties, resueltos en favor de los búlgaros. Bulgaria, liderada por
Stoichkov,
se metía así en cuartos sin hacer demasiado ruído.
Suecia,
Alemania y
España
(de forma brillante ante Suiza) llegaban también a cuartos.
Ya en cuartos, Holanda llegaba con un equipo ilusionante tras su ultimos
fracasos mundialistas. La "nueva naranja mecánica", estaba
formada por hombres con dilatada experiencia y jóvenes figuras
emergentes que sobretodo salían de la cantera del
Ajax.
Rijkaard,
Koeman,
Witschge,
Overmars,
Bergkamp,
Jonk,
R. De Boer o
Aaron Winter
contaban con grandes aspiraciones. Pero lamentablemente, se cruzó en su
camino Brasil, la gran favorita. Los cariocas tras años
buscando la fórmula, habían encontrado por fin, un equipo hecho a
medida. Romario,
Bebeto,
Mauro Silva,
Dunga,
Jorginho,
Cafú,
Taffarel...
formaban un equipo poderoso. En un encuentro interesante,
Brasil
derrotó a Holanda por 3-2, mandando así a los tulipanes para
casa.
Alemania también decía adiós tras caer sorprendentemente ante
Bulgaria por 2-1., mientras Suecia, y por
penalties, derrotaba a Rumanía.

Italia llegaba a cuartos con el afán de mejorar su
juego y España no parecía un rival asequible. Los españoles habían
mostrado en el partido previo ante Suiza, que su juego empezaba a
carburar. Sin embargo y tras un partido reñidísimo,
Julio Salinas
fallaba solo ante Pagliuca en los últimos minutos del partido para
adelantarse en el marcador. La diosa fortuna fue esquiva y el fallo de
Salinas, propició segundos más tarde un contragolpe en el que
R. Baggio
certificaba el pase de los italianos a semifinales por 2-1.
Así llegaban las semis con dos equipos revelacion: la Suecia de
Dahlin,
Björklund,
Tomas Brolin,
Mild,
Schwarz,
Ravelli y
un joven Larsson
que se enfrantaría a Brasil y la Bulgaria de
Stoichkov,
Kostadinov,
Balakov,
Mikhailov,
Ivanov,
Kiriakov
o Houbtchev
que tendría como rivales a Italia.
Las dos selecciones con peso histórico derrotaron a las posibles
sorpresas, repitiéndose así la final del
Mundial de México '70. Se enfrentaron en la final en el
Estadio Rose Bowl de Pasadena, cerca de Los Ángeles y
ante 95.000 espectadores. Tras empatar sin goles, tanto en el tiempo
reglamentario como en la prórroga, ambos equipos se enfrentaron en la
primera final de una Copa Mundial determinada en una tanda de penalties.
Finalmente, el equipo sudamericano se coronó tetracampeón luego que
Roberto Baggio
errara su último tiro, el cual sería la imagen del Mundial. |
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Mundial del 98
Francia fue elegida como sede de la
Copa Mundial de 1998
por 12 votos a favor, mientras Marruecos obtuvo
sólo 7 y Suiza había retirado previamente su
candidatura. El Comité Organizador, presidido por
Michel Platini y
Fernand Sastre,
presentó 10 sedes a lo largo del país, incluyendo la construcción
del Stade de France, en Saint-Denis, en las afueras
de París.
Nuevamente, este torneo marco un récord de países inscritos para
participar: 170 selecciones que lucharon por participar en el evento
final, en el que por primera vez participarían 32 selecciones. Con
este incremento de cupos, el sistema de la primera ronda fue
modificado, permitiendo la creación de ocho grupos en que
clasificaban a la fase de eliminación directa los dos primeros del
grupo, eliminando la posibilidad de clasificación que tenían
previamente los mejores terceros.
Con esta nueva cifra de participantes, más equipos de las
confederaciones de África y Asia pudieron participar en Francia
1998. Así, Jamaica,
Japón y la
recién independiente Croacia pudieron hacer su
primera aparición, mientras Sudáfrica debutaba tras
años de exclusión debido al apartheid. De igual forma,
Chile,
Irán y
Túnez regresaban al torneo
luego de años sin participación.
La XVI Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en Francia, entre el 10
de junio y el 12 de julio de 1998. La mascota del torneo fue
Footix, un gallo azul, símbolo del país anfitrión.
Francia se convirtió en el tercer país en organizar dos campeonatos
(tras México e Italia), 60 años después del mundial realizado en
1938. Por primera vez en la fase final de la Copa
Mundial participaron 32 selecciones nacionales que se dividieron en
una primera ronda de 8 grupos en los que clasificaban los dos
primeros de cada uno a octavos de final y a un sistema de
eliminación directa.

Ya en la primera fase y en el grupo A, cayó la actual campeona,
Brasil. Con su entrenador
Zagallo
a la cabeza, Brasil llevaba un equipo similar al del mundial
anterior, aunque con cambios.
Taffarel,
Cafú,
Dunga,
Bebeto,
César Sampaio,
Roberto Carlos,
Rivaldo
o Ronaldo,
formaban el nuevo equipo carioca. Quedaron primeros de grupo sin
demasiados problemas, a pesar de perder el último partido en su
grupo contra la Noruega de
Flo,
Eggen o
Rekdal,
que se clasificó como segunda. Marruecos y
Escocia quedaban eliminadas.
En el grupo B, Italia quedaba líder de grupo sin
excesivos problemas. Tras el penalty fallado por
R. Baggio en
la final del Mundial anterior, Italia llegaba con ganas de revancha
y un equipo ilusionante. Baggio seguía en la escuadra azzurra
acompañado de hombres como
Vieri,
Di Baggio,
Albertini, Maldini
o Costacurta.
2ª en este grupo fue Chile, con la pareja
Zamorano- Salas,
que permitió la clasificación de los chilenos.
Austria
y Camerún eran eliminadas.
La selección local, Francia quedaba encuadrada en
el grupo C. Los galos llegaba a este Mundial con un equipo sumamente
interesante. Buena generación de veteranos junto a jóvenes jugadores
que estaban empezando a brillar a nivel internacional.
Zidane,
Lizarazu,
Blanc,
Djorkaeff,
Henry,
Trezeguet,
Dugarry,
Petit,
Deschamps,
Thuram,
Desailly,
Vieira
o el portero Barthez
formaban parte de aquel equipo que disfrutaría de años gloriosos.
Lógicamente, Francia era primera de grupo y segunda,
Dinamarca, que con
M. Laudrup a la cabeza, volvía a recordar en algunos
aspectos a la selección danesa del
Mundial del 86'. Junto a
Laudrup, su hermano
Brian,
Sand,
Helveg,
Schmeichel o
Nielsen,
formaban la selección de Dinamarca. En este grupo quedaban
eliminadas las débiles Arabia Saudí y
Sudáfrica.
En el grupo D, partía como gran favorita
España.
Sin embargo, una derrota de los españoles en su primer partido ante
Nigeria, complicó tanto las cosas que España quedó fuera. De nada
sirvió ganar a Bulgaria en el último partido de grupo por 6-1. Así
la España de Kiko,
Luis Enrique,
Raúl,
Hierro
y Morientes
decía adiós al Mundial. Nigeria era la primera de
grupo y volvía a demostrar la gran generación de jugadores que tuvo
en los '90. Babangida,
Oliseh,
Finidi,
Okocha,
Mutiu
eran muestra de ello. Segunda de grupo fue
Paraguay
con
Chilavert,
Gamarra,
Benítez,
Acuña
o Cardozo
como figuras representativas. Bulgaria que en el
Mundial anterior había sido una de las sorpresas también era apeada,
junto a España, a las primeras de cambio.
En el grupo E, Holanda y
México
pasaban a octavos mientras que Bélgica y
Corea del Sur fueron eliminadas. La Holanda de
Guus
Hiddink llegaba al Mundial con un equipo que se presumía
fuerte con Van der
Sar, Cocu,
Seedorf,
Stam,
Jonk,
Bergkamp,
Kluivert
entre otros.
El grupo F, se presumía fácil para Alemania y así
lo fue. Se clasificó como primera con los mismos puntos que los
segundos, Yugoslavia. Irán y
E.E.U.U.
quedaban fuera. Tras la guerra de los Balcanes la separación de
Yugoslavia provocó una nueva Yugoslavia con
Mijatovic,
Komljenovic,
Mihajlovic
o Stojkovic
como grandes figuras.
En el grupo G, Rumanía sorprendía a Inglaterra
quedando primera de grupo. Los británicos fueron segundos. Tras el
buen
Mundial de USA 94' que hizo Rumanía, éstos
llegaban con un bloque parecido buscando nuevas metas.
Hagi, Popescu,
Illie,
Moldovan
o Petrescu
llegaban a Francia con ansias de superar el 6º puesto en el mundial
anterior. En este grupo, Colombia y
Túnez
no pasaron el corte.
Ya por último, en el grupo H, Argentina era la
primera tras ganar todos sus partidos. Tras la marcha de
Maradona la
albiceleste quedaba al amparo de jugadores como
Batistuta,
Ayala,
Crespo,
Verón,
Ortega
o Zanetti.
Segunda se clasificaba Croacia, en la que era su
primera participación en un Mundial. Croacia llegaba al Mundial con
una generación capaz de hacer soñar a sus aficionados. Tras su buen
papel en la Eurocopa
anterior, Croacia llegaba con un bloque formado por
Suker, Jarni,
Boban,
Prosinecki,
Tudor
o Soldo
entre otros. Jamaica y
Japón
decían adiós al Mundial.
Ya en los octavos de final Argentina e
Inglaterra se cruzaron. Argentina se enfrentaba así a la
Inglaterra de Owen,
Shearer,
Ince,
Merson,
Scholes
o Beckham.
En un partido trepidante que acabó en tablas a 2, Argentina ganó en
la ronda de penalties tras fallar
Batty el último para los ingleses. Por lo demás no
hubo demasiadas sorpresas e Italia ganó a Noruega
(1-0), Francia a Paraguay (1-0),
Brasil
a Chile (4-1), Dinamarca a Nigeria (4-1) y
Holanda a Yugoslavia (1-0).
Croacia
también se clasificaba tras ganar a Rumanía por 1-0.
Por la última plaza para cuartos se enfrentaban
México
y Alemania. Los alemanes llegaban con
Klinsmann,
Bierhoff,
Kohler,
Matthaus,
Moller,
Kahn,
Babbel
o Hamann
mientras que la México llegaba con figuras como
Aspe,
Hernández o
C. Blanco.
Los alemanes ganaron 2-1 y se metieron cuartos de final.
Ya en cuartos, Francia se metía por penalties en
semis tras vencer a Italia. Brasil, en un
emocionante encuentro ganaba a Dinamarca por 3-2.
Holanda
también pasaba a semifinales tras vencer a Argentina por 2-1, con
gol de
Bergkamp casi en el último minuto. Por último y dando
la campanada, Croacia se cargaba a Alemania tras
vencer por un contudente 0-3, con goles de
Suker, Vlaovic y
Jarni.
El enfrentamiento de semifinales entre Brasil y Holanda era el
partido estrella de las semifinales. Tras acabar empatados a 1 los
90' minutos, Brasil llegaba a su 2ª final
consecutiva tras ganar en la tanda de penalties. En la otra
semifinal, Francia no dió lugar a sorpresas y
ganaba a Croacia por 2-1, con dos goles de
Thuram.
En la final del torneo realizada en el el nuevo
Stade de
France, en Saint-Denis, la selección local se coronó
campeona por primera vez al derrotar a la selección de Brasil por
3-0 tras una brillante participación de
Zinedine Zidane.

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Mundial del 2002

La elección de la sede de la
Copa Mundial de Fútbol de 2002
se realizó en un ambiente similar al de la
Copa Mundial de Fútbol de 1994. La
FIFA deseaba que el
torneo fuese albergado por un país sin tradición futbolística donde
incentivar el desarrollo del deporte y con grandes capacidades de
sustentabilidad económica, siendo Corea del Sur y
Japón los favoritos para organizar el torneo.
México, que había pensado en postular, retiró su candidatura y
el Congreso Ejecutivo de la FIFA decidió unánimemente la realización del
torneo en ambos países.
Por primera vez el torneo se realizaría en Asia y también por primera
vez se realizaría en dos países. Esto provocó una serie de
inconvenientes debido a la larga rivalidad histórica entre ambos países
(principalmente a causa de la invasión nipona a la península coreana
durante la Segunda Guerra Mundial) que, con el paso del tiempo lograron
solucionarse. El torneo fue dividido equitativamente entre las 10 sedes
de cada nación, siendo disputado el partido inaugural en la capital
sudcoreana, Seúl, y la final en Yokohama. La falta de infraestructura
futbolística en los dos países obligó a un gasto histórico en la
construcción de estadios. De los 20 estadios, 18 fueron construidos
especialmente para el torneo.
Durante el torneo clasificatorio, se inscribió un nuevo récord de
participantes. Las principales sorpresas fueron las eliminaciones de
Colombia, los
Países Bajos y la
República Checa. Uno de los principales hechos durante
las clasificatorias fue la victoria más grande de la historia entre
selecciones nacionales: Australia derrotó por 31 goles
a cero a la selección de Samoa Americana. A pesar de
esta rotunda victoria, el combinado oceánico no logró clasificar al ser
derrotado finalmente por Uruguay en el partido de
repesca intercontinental.
La Copa Mundial de la
FIFA Corea/Japón 2002 es la XVII versión de la Copa
Mundial de Fútbol y se realizó entre el 31 de mayo y el 30 de junio de
2002.
El torneo, en el que participaron 32 selecciones, tuvo fuertes
contrastes. Algunos equipos considerados de segundo y tercer orden en el
fútbol internacional lograron excelentes resultados, mientras por el
contrario, algunos de los equipos favoritos fueron eliminados en la
primera fase.

En el Grupo A, partía el vigente campeón como gran favorito. El bloque
galo era muy fuerte con Zidane,
Trezeguet,
Henry,
Makelele,
Pires.
Sin embargo en el partido inaugural celebrado en Seúl, caía
estrepitosamente contra Senegal, por 1-0. La supesta
baja forma de sus futbolistas, propició más tarde la eliminación de
Francia en la primera fase. Empato 0-0 contra Uruguay y
perdió por 2-0- contra Dinamarca, lo que supuso su eliminación además de
obtener el récord negativo de un vigente campeón al obtener solo un
punto en la fase de clasificación y no anotar ni un solo gol. Con todo,
Dinamarca pasó como primera de grupo y
Senegal
como segunda. Uruguay sería el otro equipo eliminado.
España partía como gan favorita en el Grupo B. Tras su
temprana eliminación del Mundial anterior, España llegaba al Mundial con
las dudas sobre ella de siempre. Esas dudas empezaron a diluirse con su
clasificación como primera de grupo y ganando todos sus partidos.
Segunda sería la Paraguay de
Chilavert,
Santa Cruz,
Gamarra o
Arce,
mientras que Sudáfrica y la
Eslovenia
de Zahovic
serían eliminadas.
Brasil llegaba al Mundial encuadrado en el Grupo C. Los
cariocas llegaban con ánimos de venganza tras su derrota en la final de
Francia '98, y el equipo que llevaba era de miedo:
Ronaldo,
Rivaldo,
Ronaldinho,
Roberto Carlos,
Lúcio,
Cafú o
Edmilson,
formaban un equipo ofensivo, vistoso y muy peligroso. Ganaron sus tres
partidos de la primera fase sin mayores problemas y con la vitola de
principal favorita a llevarse el Mundial. Segunda de grupo fue
Turquía, eliminando así a China y
Costa Rica, con la que los turcos empataron a puntos, sin
embargo el gol average no favoreció a los costarricenses.

En el Grupo D, una de las organizadoras,
Corea del Sur,
quedaba como primera de grupo con sensaciones contradictorias. Por un
lado el juego de los asiáticos llevados por
Guus Hiddink
era atractivo a la vista, sin embargo, las sospechas de ayudas
arbitrales no favoreció a sus intereses. Así en el último partido del
grupo, Portugal y Corea se jugaron su clasifación. Una
victoria por 1-0 de los coreanos eliminó a la Portugal de
Figo,
Pauleta o
Rui Costa entre
otros, que descargaron su eliminación en criticas en contra del
arbitraje del arbitro argentino, Ángel Sánchez.
Junto a los coreanos se clasificó Estados Unidos y
Polonia tambíén quedaría eliminada.
En el grupo E, la gran favorita era Alemania, que con
un 8-0, contra Arabia Saudí, presentaba su candidatura al Mundial.
Equipo no le faltaba: Klose,
Ballack,
Bierhoff,
Kahn,
Jeremies,
Metzelder,
Hamann o
Frings, formaban un gran bloque seguro atrás y con
grandes rematadores en su ataque. Segunda fue
Irlanda
que sorprendía así a Camerún y a
Arabia Saudí,
éstas últimas, eliminadas.
Argentina,
Suecia,
Nigeria
e Inglaterra formaban el grupo F, o el grupo de la
muerte. Las 4 selecciones llegaban al Mundial con jugadores de renombre
a nivel internacional. Argentina llegaba como favorita
por su historia y por sus jugadores (Zanetti,
Batistuta,
Crespo,Verón,
Simeone,
Almeyda,
Samuel,
Ayala,...).
Suecia llegaba con un equipo rápido y técnicamente bien
dotado (Larsson,
Ljungberg,
Ibrahimovic,
Isaksson,
Mellberg...),
Nigeria (Kanu,
West,
Okocha,
Lawal,
Mutiu) e
Inglaterra (Owen,
Beckham,
Scholes,
A. Cole,
Ferdinand,
Campbell,
Seaman).
Con Nigeria ya eliminada en el partido decisivo, todo
se jugó entre las otras selecciones. Un empate de
Suecia
y Argentina 1-1, clasificó a los los suecos dejando
fuera a Argentina. Un empate de Inglaterra con los
nigerianos a ceros, clasificó a los británicos para la siguiente fase.
México fue la sorpresa en el grupo G, quedando primera
por delante de Italia que también se clasificó. México
acudía al Mundial con Márquez,
Borgetti,
Aspe o
Blanco como
grandes figuras.
Las elimadas fueron Ecuador y una sorprendente
Croacia, que tras un mundial y una Eurocopa excelentes decía
así adiós a una generación excepcional de jugadores como
Suker,
Prosinecki,
Soldo o
Boksic.
Por último en el Grupo H, la otra anfitriona,
Japón, se
clasificaba como primera de grupo y Bélgica como
segunda. La Rusia de
Mostovoi y
Karpin quedaban fuera junto a Túnez.

En los octavos hubo sorpresas importantes.
Alemania y
Brasil ganaban sus partidos a Paraguay y Bélgica
espectivamente. Suecia, perdía con Senegal en la prórroga por 0-2, con
goles de Camara.
La suerte de los países organizadores fue dispar. La
Corea del
Sur de Seol,
Ahn,
Park o
Hwang
vencían en un partido muy polémico a la Italia de
Vieri,
Del Piero,
Maldini,
Cannavaro,
Totti,
Nesta o
Buffon,
por 2-1. Tras este partido se criticó abiertamente el pobre desempeño de
los árbitros, acusados de favorecer a la selección sudcoreana.
Por contra, la Japón de Nakata e
Inamoto, eran eliminados por
Turquía.
México que había arrasado en la primera fase, cayó en octavos ante
E.E.U.U. por 2-0. La sorprendente selección norteaméricana se
metía así en cuartos con jugadores como
Mc Bride,
Donovan o
O'Brien.
España también se metía en cuartos, aunque sufriendo
por penalties ante la Irlanda de Roy
Keane. Por
último, Inglaterra venció sin problemas a Dinamarca por
3-0-.
En los cuartos de final, el partido estrella era el Inglaterra contra
Brasil. Inglaterra empezó marcando con gol de
Owen, sin
embargo, Ronaldinho
y Rivaldo le dieron la vuelta al marcador para meterse
los cariocas en semifinales. Alemania también pasaba
tras ganar a E.E.U.U. por un ajustado 1-0.
Senegal y Turquía era otro de los enfrentamientos de 1/4. Dos
selecciones que eran "desconocidas" a estas alturas de
campeonato, tenían la posibilidad de hacer aún su historia más grande,
con un puesto en semis. La Senegal de
Diop,
Camará,
Cissé,
Diouf o
Fadiga contra la
Turquía de
Hakan Sukur,
Nihat,
Davala,
Okan o
Tugay,
acabó con una victoria de los turcos por 0-1.
España y Corea jugaban el último encuentro de cuartos.
Tras un desastroso arbitraje del egipcio
Gamal Ghandour,
la España de Raúl,
Morientes,
Hierro,
Xavi,
Joaquín o
Valerón
quedaba fuera en los penalties.
En semis, Brasil y
Alemania se
deshicieron de Turquía y Corea por el mismo resultado 1-0.
La final de la copa fue disputada por las dos principales potencias en
la historia de la Copa Mundial: Brasil y Alemania. En Yokohama,
Ronaldo batió en
dos oportunidades al portero
Oliver Kahn, lo
que permitió que Brasil obtuviera su pentacampeonato y convirtiera a
Sudamérica en el continente con más títulos en la historia del torneo.
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Mundial del 2006
La selección italiana reivindicó
en Alemania la vigencia de su fútbol y conquistó un título mundial, tras
imponerse en la tanda de penales de la final a Francia, con el que
recupera la autoestima mientras en el país se decide cómo afrontar el
proceso abierto por corrupción.
Italia fue más efectiva desde el
punto de penalti en una final que quedará marcada por la expulsión de
Zinedine Zidane, en su partido de despedida, y que cerró un Mundial con
pocas revelaciones, porque los que más destacaron fueron treintañeros
que hace tiempo que se consagraron.
Cuando peor lo tenía, mientras en
el país se hablaba de descensos por la vía judicial, que afectaban a 13
de sus 23 internacionales, el conjunto de Marcello Lippi sacó casta, se
hizo fuerte ante la adversidad y llevó a cabo la idea que expuso su
técnico Marcello Lippi nada más hacerse cargo del grupo, hace dos años.
"Quiero el Italia FC, una
selección que funcione como un club", dijo el ex técnico del Juventus y
los "azzurri" respondieron como tal.
Apuntalada desde atrás por el
extraordinario rendimiento del meta Gigi Buffon y del central Fabio
Cannavaro, la selección italiana exhibió una cara más ofensiva que de
costumbre, metió a Fabio Grosso entre los mejores laterales del torneo y
sacó ventaja de la calidad de Andrea Pirlo y del atrevimiento de un
conjunto que tuvo hasta una decena de goleadores.
En la final, el equipo de Lippi se
sobrepuso al temprano gol de penalti de Zidane (m.7), empató por medio
de Marco Materazzi y acabó aprovechando el peor estado anímico de los "bleus",
que llegaron a la tanda decisiva en estado de "shock" por la expulsión
de "Zizou", jubilado diez minutos antes del final de la prórroga por dar
un cabezazo a Materazzi.
A Francia le quedó, mientras, un
desconsuelo menor; el de morir en la orilla pero reivindicando el juego
de la mejor generación de su historia, capitaneada por un gran Zidane
que pareció acudir en su rescate hasta que perdió la cabeza y cerró en
falso una portentosa carrera.
En un torneo en el que llegaron
más lejos aquellas selecciones que mejor supieron defenderse, Francia
alcanzó la final aupada por el juego de Zidane, que ocho años después de
conducir a los "bleus" a su primer título, pudo darle el segundo si no
se hubiese olvidado en el último momento del lema del equipo: "Vivir
juntos, morir juntos".
La magia de Zidane y un fuerte
concepto solidario del equipo, en el que la defensa comenzó por el
propio "Zizou" y Thierry Henry, hicieron del conjunto que dirige Raymond
Domenech un equipo incómodo, que creyó en sus posibilidades conforme
avanzó el torneo.
Francia, que tuvo problemas para
superar la primera fase, en la que empató con Suiza y Corea, se hizo
fuerte frente a las críticas, se encerró en una burbuja y sacó ventaja
de la segunda juventud de los campeones del 98 (Barthez, Thuram, Vieira,
Zidane y Henry) y de la irrupción en la escena mundial del "cara
cortada" Frank Ribery.
Por detrás de Italia y Francia,
Alemania se contentó con un tercer puesto que le supo a gloria, porque
hasta el comienzo de la Copa había temido por una eliminación prematura.
Jürgen Klinsmann, que había
recibido críticas feroces, terminó casi adorado por una afición que se
enganchó al juego del equipo, que exhibió con orgullo su bandera por
todo el país y vivió el Mundial como una fiesta.
El cuarto puesto portugués es un
buen premio y confirma la progresión de un conjunto al que el brasileño
Luiz Felipe Scolari ha cambiado de mentalidad.
"Felipao", que condujo a Brasil al
título en 2002, ha hecho de Portugal un equipo casi sudamericano, que
sabe sacar ventaja de cualquier aspecto del juego y que ofreció a su
capitán, Luis Figo, la mejor retirada internacional posible.
El Mundial terminó convertido en
una Eurocopa por el descalabro brasileño y la mala fortuna argentina.
Si hay un perdedor absoluto es
Brasil, que arribó a Alemania convencida de que le bastaría con la
calidad individual de sus jugadores y lo abandonó entre reproches, con
el crédito de sus figuras seriamente dañado.
No hubo nada normal en el
pentacampeón mundial, que se debatió entre el peso de Ronaldo, la
ineficacia de Ronaldinho y terminó por culpar a Roberto Carlos de la
eliminación ante Francia, en los cuartos de final.
Argentina fue, junto a España, el
equipo más vistoso de la primera fase, en la que logró la goleada del
Mundial (6-0 a Serbia), pero dejó Alemania tras caer, en el estadio
Olímpico de Berlín, en la tanda de penales de un partido que tuvo en su
mano cuando un remate de cabeza de Roberto Ayala le puso en ventaja.
A José Pekerman, el entrenador
albiceleste, se le reprocharon los cambios en ese encuentro y, sobre
todo, no haber dado a Lionel Messi la oportunidad de demostrar que ya es
una estrella mundial.
España, por último, acumuló una
nueva decepción, después de ilusionar con un arranque explosivo, que le
permitió adjudicarse los tres primeros partidos.
Sin embargo, llegado el momento de
la verdad, los jóvenes españoles no supieron competir frente a la mayor
experiencia francesa que, desde ese momento, ya sólo creyó en la
victoria.
El Mundial demostró que Africa aún
no está preparada para romper la alternancia en la cumbre de europeos y
sudamericanos, que la CONCACAF sigue dependiendo de la actuación de
México y que las cuatro plazas otorgadas a Asia parecen excesivas.
El torneo dejó para la historia el
récord goleador de Ronaldo (15 tantos), un árbitro que dirigió el
partido inaugural y el final, sin importarle expulsar a Zidane en su
encuentro de despedida (el argentino Horacio Elizondo) y una gran
organización, que ha puesto el listón muy alto a Sudáfrica, el país que
albergará el primer Mundial africano, dentro de cuatro años.
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Mundial del 2010

Sudáfrica ha elegido como símbolo del Mundial de 2010 un remate
de "chilena"
La mejor jugada de futbol jamás vista en el cine es la "chilena" de
Pelé en la película "Escape a la victoria".
La mejor "chilena" de la historia del futbol bien pudo ser la que el
brasileño Rivaldo anotó al Valencia el 17 de Junio de 2001 por su
belleza y significado: la clasificación del Barcelona para la Champions
League.
Sudáfrica ha elegido como símbolo del Mundial de 2010 un remate de
"chilena".
¿Será una casualidad".
Este año se cumplieron cinco años de aquel remate de Rivaldo y 25 del
estreno de la película de John Huston, que se basó en un partido real
jugado en el Estadio "Zenith" de Kiev entre un equipo de jugadores del
Dínamo y del Lokomotiv ucranianos, el "Start", y el conjunto alemán de
las Fuerzas Aéreas "Flakelf", el 9 de Agosto de 1942.
Los ucranios ganan con facilidad 5-3 y la "Gestapo" toma represalias
días después. Algunos jugadores son detenidos y torturados. Uno de
ellos, Nikolai Korotkykh, muere. Otros tres son fusilados ya en el campo
de concentración y tres logran escapar.
A las afueras del "Zenith", un monumento recuerda a los cuatro
asesinados. La placa dice: "A los jugadores que murieron con la frente
levantada ante el invasor nazi".
El guión del filme -estrenado el uno de Enero de 1981- narra que el
Mayor Karl von Stern (Max von Sydow) visita el campo de Gensdorff, donde
un grupo de prisioneros juega al futbol, en partidos que organiza el
Capitán inglés John Colby (Michael Caine).
El Mayor había sido jugador de futbol y se le ocurre montar un
partido entre una Selección Alemana y los prisioneros. Los aliados en un
principio se niegan, pero comprenden que puede ser una ocasión única
para evadirse y aceptan el reto.
El partido se celebra (el escenario fue el Estadio "Stade Columbus"
de París), y al descanso, momento en el que los prisioneros piensan
fugarse, se llega con victoria de los alemanes.
Sylvester Stallone hace el singular papel de portero, mientras como
"extras" aparecen futbolistas reales como Pelé, Bobby Moore, Paul van
Himst, Mike Summerbee, Hallvar Thoresen, Kzimierz Deyna y Osvaldo
Ardiles.
El rodaje no estuvo exento de problemas, uno de ellos el afán de
protagonismo de Stallone, que obligó, para contentarle, a añadir la
escena en que para un penalti.
En una pausa del rodaje, "Rocky" apostó a Pelé 1000 dólares a que le
paraba cinco penaltis de 10 penaltis. Perdió, claro.
Pelé sólo necesitó una toma para ejecutar la "chilena", pero se hizo
otra, que fue mejor, por si acaso. Otra jugada espectacular que mostró
Ford fue un "sombrero" de Ardiles.
La "chilena" de Rivaldo abrió un debate en las redacciones deportivas
sobre si era mejor la suya o la de Pelé en la película. Se le dio mayor
valor a la del jugador del Barcelona porque enganchó la pelota fuera del
área mientras "O Rei" lo hizo dentro.
Esta es una jugada única, de una incomparable belleza plástica y de
una tremenda dificultad de ejecución, ya contradice la función natural
del delantero: jugar de cara a la portería y no de espaldas.
Como toda cosa única, hay disputas sobre su origen. Eduardo Galeano
en "El fútbol. A sol y sombra" sostiene que su nombre nació en España,
en una gira de Colo-Colo por Europa en 1927. David Arellano la exhibió y
los periodistas españoles la bautizaron como "chilena" porque venía,
volando, del país andino.
Hay quien remonta su origen a 1916 cuando en Buenos Aires, en el
primer torneo sudamericano, la hizo varias veces Ramón Unzaga, que
jugaba para Chile aunque era de origen español.
Y el periodista argentino Jorge Barraza, Director de la revista de la
Confederación Sudamericana de Futbol, afirma que "todo indica" que el
origen es peruano y se la conoce como "chalaca". Los primeros en hacerla
fueron los negros del puerto de Callao, donde tuvo su nacimiento el
futbol peruano.
Tenga el origen que tenga, los pocos jugadores que han conseguido
marcar de esa manera coinciden en afirmar que es "el gol más maravilloso
de su vida".
No es exagerado decir que la "chilena" es un símbolo de la liberación
del alambre de espino de los campos de concentración, de la segregación
racial (apartheid) que impuso sus leyes racistas en Sudáfrica durante 40
años, de toda las ansias del futbolista por conseguir la más difícil
jugada que se pueda imaginar.
Sudáfrica la presentó ahora como símbolo en un país que sabe lo
terrible y diabólico que puede ser el racismo.
¿Será una casualidad?
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