
El enlace al examen de estos documentos se encuentra en la página 268 de El Disco del Tiempo
novela publicada en 2004 por Ediciones SM y Conaculta.
Siguiéndolo, el curioso internauta se ve de pronto en el Cáucaso ante un pedazo de arcilla
que remite a una forma discoidal y que es portador de signos parecidos a los del Disco de Festos, con la
particularidad de que éstos fueron dibujados con un objeto puntiagudo y no impresos.
La realidad se convierte en novelista y en esas mismas páginas del joven ingeniero informático
francés que inspiró un personaje, nos enteramos que el fragmento de Vladikavkaz ha desaparecido.
Imposible estudiarlo.
Imposible comprobar su autenticidad.
¿Habría por ello que desautorizarlo,
que declararlo falso, inexistente y embustero?
La novela se introduce en la realidad y Nuria, Philippe y Marco, los jóvenes investigadores de
El Disco del Tiempo atienden el nuevo llamado de la aventura y se desplazan a la ciudad osseta
en busca del fragmento perdido.
Perdido... doblemente, pues recordemos que el otro disco, el que encontró Nuria en su
inesperada proyección psicológica a través del tiempo, fue partido en tres pedazos
en las ruinas del palacio de Festos, desapareciendo misteriosamente uno de ellos.
En la realidad y la novela aparecieron otros discos que van a relacionarse con el misterio
del disco de Festos y que traerán en marejada los saberes y angustias de la Edad de Bronce
en forma de conocimiento astronómico que corroboran -a veces sin saberlo- los observadores
modernos del cielo.
Hacia el Disco de Festos
Hacia el Disco de Nebra
Hacia el Disco de Troya 