Dédalo


Valentin Serov. Ulises y Nausicaa. 1910

La leyenda de Dédalo, el ingenioso artífice constructor del Laberinto,
es larga y confusa. Según algunos, fue hijo de Eupalamo. Según otros, de Metión.
En ambos casos descendería de Erecteo. Se vio obligado a huir de Atenas después de matar
, por envidia de artista, a su sobrino Talos, hijo de su hermana Policaste.
Su paso por Creta fue fructífero y tormentoso. Constuyó el Laberinto y fue condenado
por Minos a permanecer encerrado en él.
La leyenda conocida por todos lo hace huir del encierro gracias a un par de alas pegadas con cera,
no manejadas diestramente por su hijo Ícaro, que encuentra la muerte al derretirse la cera.
Sus viajes son incontables. Los antiguos le atribuyeron prácticamente la paternidad
de todas las invenciones. En El Disco del Tiempo su figura se funde con la de Ulises, fecundo
en recursos, que en la pintura de Serov (arriba) encuentra a Nausicaa como en la novela Dédalo
encuentra a Sikelia, la princesa de hermosa cintura, en la Isla del Sol.



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