LUCIANA AYMAR (LUCHA)
MEJOR JUGADORA DEL MUNDO 2001!!!!
NUESTRO ORGULLO!!!!
DIARIO CLARIN 16-03-2002
HOCKEY SOBRE CESPED: UN DIA CON LA MEJOR JUGADORA DEL MUNDO
Aymar íntima
La familia y los amigos están en el primer lugar de su escala de valores. Sencillez, humildad, esfuerzo y un corazón enorme son las virtudes de una rosarina que es uno de los símbolos de Las Leonas.
Mariano Ryan. DE LA REDACCION DE CLARIN.
EN FAMILIA. LUCIANA AYMAR, SUS HERMANOS CINTIA Y LUCAS Y SUS PADRES RENE Y NILDA. LA TALENTOSA VOLANTE DEL SELECCIONADO SUBCAMPEON OLIMPICO TIENE EN SU CASA A SU LUGAR EN EL MUNDO. (Foto: Carlos Carrión)
El calor sofoca en este rincón de Rosario. El sol está en lo más alto al mediodía y apenas un grupito de chicos se anima a andar en bicicleta por calles tranquilas y con sombra de árboles añosos. Es el lado noroeste de la ciudad. Es Fisherton. Un viejo suburbio rosarino que se convirtió en zona residencial. Y en el corazón de ese barrio, a unas 35 cuadras del aeropuerto, desde una casa cómoda de dos plantas, con pileta en el pequeño jardín del fondo, el teléfono no ha parado de sonar en los últimos 10 días. Es que allí vive Luciana Paula Aymar, que a los 24 años es la número 1 del mundo en lo suyo. Y lo suyo, se sabe, es jugar al hockey sobre césped. Perdón, es algo más que eso. Es transmitirle a la bocha a través del palo toda la habilidad que, seguramente, a ella no le surge del cerebro. Eso no puede ser posible. Porque a ella el talento parece nacerle desde la sensibilidad de su corazón.
Pero la Luciana Aymar deportista de elite, plata olímpica en Sydney 2000 y mejor jugadora del mundo en la temporada pasada ya es reconocida. Lo interesante, entonces, pasa por conocer a la otra Aymar. La que puertas adentro también es Lucha pero muchas veces Laucha o Pipi. La tercera hija de René y Nilda, la hermana de Fernando, de Cintia y de Lucas, la amiga de Ayelen (Stepnik, compañera suya en Las Leonas), Gigi, Silvina, Mecha, Titi, Carla y Agustina. Ella, mejor que nadie, que empiece a definirse, entonces: "Básicamente soy muy apurada. Estoy de un lado para el otro, toda la semana viajando. Los lunes me voy a Buenos Aires a la madrugada y vuelvo a la noche. Los martes estoy en Rosario, estudio educación física en el Instituto General San Martín y entreno con mi club, el Jockey. El miercoles y jueves vuelvo a Buenos Aires. Regreso a la tarde y el jueves practico con el club. El sábado juego y el lunes, de vuelta a empezar. Todo eso, por ahora, lo hago en micro. Gracias al premio que recibí parace que ahora me van a dar pasaje en avión".
—Más allá de eso así se te debe hacer imposible conseguir novio.
—Siempre fue difícil ese tema. Tuve novios de acá, de Rosario, chicos que fueron muy compañeros conmigo, pero nunca tuve una relación muy larga. Además no soy de engancharme mucho y no me tocó enamorarme todavía.
—¿Es algo que te obsesiona a esta altura de tu vida?
—Me gustaria estar con alguien. Pero no sé si podría dedicarle tiempo con todo lo que tengo para hacer. Por otra parte todavía no me enganché con el tema de la familia, los hijos y esas cosas.
—La rutina de viajar a Buenos Aires dos o tres veces por semana prácticamente la estás cumpliendo desde 1993. ¿Alguna vez tuviste ganas de decir "Basta, hasta acá llegué"?
—Tuve muchos bajones. Sentía que dejaba muchas cosas por ir a entrenar con los seleccionados y, de hecho, la época de empezar a salir a con mis amigas no la viví. Con Ayelen y en los últimos años con Soledad García sufríamos por estar encerradas en el CeNARD. Las chicas nos invitaban a sus casas pero nosotras éramos un paquete.
—¿Cuál fue el peor momento?
—El peor fue después del Champions Trophy del 2000, antes de los Juegos Olímpicos, cuando salimos cuartas. Me agarró el bajón y tuve ganas de dejar todo. Lo hablé con mi familia, que me decía que no podía seguir así porque no me aguantaba la cabeza, con mis amigas, con Cachito Vigil (el director técnico de Las Leonas), con las chicas del seleccionado. Y seguí.
—¿Nunca te ofrecieron jugar en Buenos Aires?
—Cecilia (Rognoni) me dijo de ir a Ciudad de Buenos Aires. Pero no acepté porque soy muy familiera y porque quiero seguir jugando en el Jockey de Rosario, con mis amigas y mi hermana. Además, creo que tampoco me fui de bronca con la Confederación. Porque hace años que estoy viajando y me molesta que nunca se hayan hecho cargo consiguiendo pasajes en avión o un hotel.
—Nombraste a tu familia y a tus amigos. ¿Qué importancia tienen todos ellos en tu vida?
—Ellos son lo más importante. Para mí un día ideal es un domingo en casa, comiendo un asado y charlando con las chicas en la pileta.
—Pero te gustará salir.
—Sí, a bailar o a tomar algo. Pero prefiero un plan más tranquilo, con un grupo chico de gente, escuchando música. ¿Qué tipo de música? De todo un poco: música americana y de acá. algo de cumbia.
—¿Qué recuerdos te trae tu infancia?
—Mis padres nos inculcaron el amor por el deporte y el estudio. Con los cuatro pasó lo mismo. Por eso me acuerdo del colegio y de Fisherton, mi primer club. Aquellos años fueron bárbaros. Eramos una banda e íbamos a los partidos en un colectivo viejísimo. Jugábamos sin presiones en una cancha que era un desastre y compartía mucho, mucho tiempo con mi hermana.
—¿Cuál es el recuerdo más lindo de tu vida?
—Más allá del casamiento de mi hermano con Soledad, varias de las grandes alegrías tienen que ver con el hockey: cuando mis padres me acompañaron al Mundial junior de Corea, cuando Cintia fue conmigo al Mundial de Holanda en el 98, haber estado con mi mamá en Sydney. Incluso las lágrimas de la final olímpica fueron de alegría.
—¿Y una tristeza?
—(Piensa un momento) La muerte de mi abuelo (se le llenan los ojos de lágrimas) y una pelea con una amiga muy cercana.
—Sos de manifestar tus sentimientos, ¿no es cierto?
—Sí, mucho. No me cuesta nada que la gente se dé cuenta cómo estoy.
—¿Cómo te ves dentro de 20 años, cuando el seleccionado ya sea un recuerdo para vos?
—Me gustaría entrenar algún equipo del Jockey y estar trabajando de profesora de Educación Física. Y seguir junto con mi familia y mis amigas.
Ellos —la familia y las amigas— la miran y no dejan de mirarla. Y ella, Luciana Paula Aymar, se emociona al nombrarlos. Como emociona su hockey. Que nace de un corazón enorme. Sólo así se entiende lo que es capaz de hacer adentro de una cancha.