¿USTEDES QUIEREN DEJARME?

 

 

Las enseñanzas que la Iglesia Maestra imparte no siempre son bien acogidas por los medios de comunicación y por las personas de fe vacilante.  La Iglesia sostiene la inmoralidad del aborto, la indisolubilidad del matrimonio, el respeto a la dignidad de la persona y al amor en las relaciones sexuales, censura los métodos artificiales de control natal y muchas otras cosas que, según algunos expertos en mercadeo, le hacen perder imagen y seguidores.  Los inconformes con estos principios acusan a la Iglesia de conservadora y retardataria y amenazan con ir a buscar otros grupos religiosos que les bendigan actitudes y comportamiento que la Iglesia, de acuerdo con el Evangelio de Cristo, considera reprobables.

 

El problema no es nuevo.  Los hebreos, después de establecerse en la tierra prometida, comenzaron a dejarse seducir por las divinidades de los paganos.  Josué, líder del Pueblo, reunió a todas las tribus de Israel en Siquem y les dijo con toda claridad:  “Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes habitan? En cuanto a mí toca, mi familia y yo serviremos al Señor” (Jos 24, 15).

 

A Jesús tampoco le entendieron cuando dijo:  “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.  Entre los que lo seguían muchos se escandalizaron y protestaron diciendo:  “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?” (Jn 6,60).  “Muchos de sus discípulos, desde entonces, se echaron para atrás y ya no querían andar con él” (Jn 6,66).

 

¿Cómo reaccionó Jesús ante la deserción de sus seguidores? Un buen asesor de imagen le hubiera aconsejado que diera explicaciones y moderara su lenguaje, de tal manera que gustara y complaciera a su oyentes.  Pero el Maestro se dirigió a los doce que habían quedado con Él y les preguntó con toda libertad:   “¿también Ustedes quieren dejarme?”.  Fue entonces, cuando Pedro tomó la voz y en nombre de sus compañeros respondió:  “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,68).

 

Solo el creyente puede entender las enseñanzas de Jesús.  Quien no cree o tiene una fe débil se escandaliza de los principios del Evangelio.  La Iglesia está puesta como Maestra para orientar a los hombres y mujeres de acuerdo con los principios divinos.  Debe por tanto obedecer a Dios antes que a los hombres.  Como Madre la Iglesia acoge a todos los hombres en la comprensión y los invita al seguimiento fiel de Jesús.

Con el pueblo hebreo y como Pedro, en los difíciles momentos en los que las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia molestan a tantas personas y contradicen la mentalidad del mundo, debemos reafirmar nuestra fe en Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna y confesar: “Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios” (Jos 24, 16-17).

 

Pereira, 27 de agosto del año 2000

 

 

Mons. FABIO SUESCUN MUTIS – Obispo de Pereira

+FABIO SUESCUN MUTIS – Obispo de Pereira

 

 

 

               

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