El anverso
muestra como motivo principal la imagen del General Benjamín
Zeledón. Este general se destacó en las luchas que tuvieron
lugar por la consecución de una verdadera independencia nacional
respecto del poder militar o económico de los Estados Unidos, en
el primer cuarto del siglo XX.
Del
General Benjamín Zelaya se conservan diversos documentos
epistolares muy interesantes, que reflejan perfectamente su
posición de lucha hasta el final por su país. Reproducimos aquí
dos de dichos documentos:
1.
Carta-Testamento del doctor y general Benjamín F. Zeledón a
su esposa Ester Ramírez de Zeledón y a sus cuatro hijos, Benjamín
Francisco, Victoria, Marco Aurelio y Olga María:
"El
destino cruel parece haber pactado con Chamorro y demás traidores
para arrastrarme a un seguro desastre con los valientes que me
quedan. Carecemos de todo: víveres, armas y municiones y rodeados
de bocas de fuego como estamos, y 2.000 hombres listos al asalto,
sería locura esperar otra cosa que la muerte, porque yo y los que
me siguen, de corazón, no entendemos de pactos, y menos aún de
rendiciones.
Chamorro acaba
de mandarme a tu papá para convencerme de que estoy perdido y de
que mi única salvación está en que yo claudique, rindiéndome
—que Chamorro lo haya hecho se comprende, porque estúpidamente
me cree como él, y claro está, si él se viera en mi caso se
correría como se ha corrido otras veces y vería que se le pagara
bien en dinero y en hombres que es incapaz de conquistar de otro
modo.
Tu papá agotó los
razonamientos que su cariño y su claro talento le sugirieron. Me
habló del deber que tengo que (de) conservar mi vida para
proteger la tuya y la de nuestros hijitos, esos pedazos de mi
corazón para quienes quiero legar una Nicaragua libre y soberana.
Pero no pudimos entendernos porque mientras que él pensaba en la
familia, yo pensaba en la patria, es decir, la madre de todos los
nicaragüenses. Y como él insistiera, le dije al despedirnos que,
desde que lancé mi grito de rebelión contra los invasores y
contra quienes los trajeron, no pensé más en mi familia, sólo
pensé en mi causa y mi bandera, porque es deber de todos luchar
hasta la muerte por la libertad y la soberanía de su país.
Para
los que tenemos la dicha de sentir arder en nuestros pechos la
llama del verdadero patriotismo, para quienes sabemos que quien
sabe morir, sabe ser libre, y, aunque veo por los preparativos que
se hacen que yo y mis bravos y valientes compañeros vamos derecho
a la muerte porque todos hemos jurado no rendirnos, no dejo de
pensar en ti, mi noble y abnegada compañera, que con valor
espartano me dejaste empuñar nuestra bandera de libres y
patriotas, porque tú también has sentido el ultraje del invasor
y la infamia y traición de quienes lo trajeron, para eterno baldón
suyo y vergüenza de los nicaragüenses.
No
me hago ilusiones. Al rechazar las humillantes ofertas de oro y de
honores que se me hicieron, firmé mi sentencia de muerte, pero si
tal cosa sucede moriré tranquilo, porque cada gota de mi sangre
derramada en defensa de mi patria y de su libertad, dará vida a
cien nicaragüenses que, como yo, protesten a balazos del
atropello y la traición de que es actualmente víctima nuestra
hermosa pero infortunada Nicaragua, que ha procreado un Partido
Conservador compuesto de traidores.
Si
el yankee a quien quiero arrojar de mi país me vence en la lucha
que se aproxima y, milagrosamente, quedo con vida, te prometo que
nos marcharemos fuera, porque jamás podría tolerar y menos
acostumbrarme a la humillación y la vergüenza de un interventor.
Si muero... moriré en mi lugar por mi patria, por su honor, por
su soberanía mancillada y por el noble Partido Liberal en cuyas
doctrinas me nutrí, por cuyos ideales he luchado siempre y en
quien tengo la fe más ciega de que al caer yo, él te escudará y
escudará a los pedazos de mi alma, que les dejo encomendados,
seguro de que a ti te ayudarán y a mis angelitos los educarán en
mis ideas para que a su tiempo continúen la obra que sólo dejaré
iniciada.— Y digo que tengo la fe ciega en el Partido Liberal
porque en él he militado siempre, porque en él he luchado con la
palabra, con la pluma y con las armas, sacrificándole mis mejores
esfuerzos y aun mi vida, y por último, porque tengo siempre mis
amigos más sinceros y leales en quienes confío que hagan por ti
y nuestros hijos lo que yo haría por los suyos, en un caso
semejante.
Repito: si
vivo, nos iremos de Nicaragua mientras flamee en ella el pabellón
norteamericano. Si muero... no llores, no te aflijas porque en espíritu
te acompañaré siempre y porque mis buenos y leales amigos en lo
particular, y el Partido Liberal, en general, quedan allí para
ayudarlos y protegerlos como yo lo haría si pudiera. Si en estos
momentos no tuviera esa consoladora esperanza, moriría
desesperado, porque si la patria tiene derecho a mi vida, mi
esposa y mis huérfanos hijitos tiene pleno derecho a la protección
de ella.
Y como,
rechazada la oferta de Chamorro no queda otro camino que arreglar
el asunto por medio de las armas, dejo al destino la terminación
de esta carta que escribo con el alma mandándote con ella, para ti
y nuestros angelitos, todo el amor de que es capaz quien, por amor
a su patria, está dispuesto a sacrificarse y a sacrificarte a ti
y a nuestros inocentes hijos.
Adiós...
o hasta la vista. Quién lo sabe?
Benjamín"
2.
Fragmentos de la carta al coronel Joseph Pendleton, del 3 de
octubre de 1912, como respuesta a la invitación a rendirse:
"Confieso
a U. que he leído su nota a que aludo y me he resistido a creer
que esté firmada por un militar instruido [...] y que sirve bajo
la bandera de la gran Nación (norte) Americana que se precia de
ser la maestra de las Repúblicas Democráticas del Continente
Americano; y mi extrañeza sube de punto cuando considero que es
imposible que el Gobierno de los Estados Unidos de Norte América
y, sobre todo, el Senado de la patria de Washington y de Lincoln,
haya autorizado a sus servidores para que vengan a intervenir con
la fuerza armada en los asuntos interiores que los nicaragüenses
discutimos en esta tierra que es nuestra, y que nos la legaron
libre, soberana e independiente nuestros padres.
[...]
no veo ni remotamente la razón que pudiesen tener U. o sus
superiores para exigirme la entrega de mis posiciones o el desarme
de mi ejército; yo en consecuencia, me atrevo a pensar que U.
retirará sus amenazas en vista de la justicia que me asiste. Pero
si desgraciadamente para la honra de los Estados Unidos de Norte
América, U. y sus jefes desoyesen las razones fundadas que aduzco
y llevasen adelante sus pretensiones de ataque [...] yo haré con
los míos la resistencia que el caso reclama y que demanda la
dignidad de Nicaragua, que nosotros representamos, y después,
caigan sobre U., sus Jefes y la fortísima Nación a que
pertenecen, las tremendas responsabilidades que la Historia les
aducirá y el eterno baldón, por haber empleado sus armas contra
los débiles que han venido luchando por conquistar los fueros
sagrados de la Patria."
En
cuanto al resto del diseño de este anverso, hay que destacar la
aparición del mapa de Nicaragua, sobre la cifra central de 5.000.
A la izquierda de este mapa, se puede ver un ave (posiblemente un
quetzal) que vuela hacia la izquierda. Este ave coincide en
"ajuste perfecto" con otro igual en el reverso, como
medida de seguridad.
En
el borde inferior izquierdo se indica que este billete ha sido
realizado por la compañía Thomas de la Rue and Company,
Limited.