ESPAÑA: series de

1936 (bando nacionalista en la Guerra Civil), 1940, 1946, 1948 y 1951


El primer billete de esta serie corresponde a la zona nacionalista durante la Guerra Civil. El billete está fechado en Burgos, capital de dicha zona durante la guerra. Además de las series de la Guerra Civil, emitidas por el bando nacionalista, se muestran las emitidas por el nuevo gobierno surgi tras la guerra y que serán conocidas en adelante como las del Estado Español. En todas ellas se recuperan los encabezamientos de los billetes que rezaban El Banco de España y se vuelve al clasicismo en los diseños, en oposición a los billetes emitidos por el Gobierno de la República durante la Guerra Civil. Los motivos de los billetes suelen ser, como en el resto de los países, las grandes glorias nacionales en el terreno de la Literatura, la Pintura, y otras Artes; o los Reyes y grandes personajes históricos.


 

ESPAÑA: 100 pesetas (año 1936)

ANVERSO

REVERSO

En el anverso no se muestra todavía la imagen de ningún personaje importante. Lo curioso de este billete es que está fechado en la ciudad de Burgos, sede del Cuartel General del gobierno nacionalista durante la Guerra Civil que sería, a la postre, el vencedor en dicha guerra. Otra curiosidad es la fecha del billete, el 21 de Noviembre de 1.936, que es la misma del fusilamiento en Alicante del líder e ideólogo de la Falange Española y de las J.O.N.S., José Antonio Primo de Rivera, lo que hace pensar que, aunque el billete fuese realizado en fecha algo posterior o anterior, se eligiese dicha emblemática fecha como homenaje a dicho personaje político. El resto del anverso lo componen las típicas filigranas fiduciarias (aunque de forma algo tosca) imperantes en Europa, sobre todo en Alemania, con cuyo régimen el gobierno nacionalista tenía excelentes relaciones en esa época.

En el reverso se muestra una imagen de la famosa y bella Catedral de Burgos, medieval y gótica, bajo un arco del estilo de los de dicha catedral.

 

ESPAÑA: 25 pesetas (año 1940)

ANVERSO

REVERSO

En el anverso de este billete, ya fechado en Madrid otra vez después de la Guerra Civil, se muestra el busto de un caballero o escritor español sin identidicar, del Siglo de Oro, posiblemente Miguel de CERVANTES, o LOPE de Vega, y una vista de una catedral o iglesia española (también sin identificar, aunque si el personaje es Cervantes pudiera tratarse de un templo de la ciudad madrileña de Alcalá de Henares).

En el borde inferior se indica que el billete fue realizado por Calcografia e Cartevalori, Milano (Italia).

En el reverso se muestra, a la izquierda, el escudo nacional del nuevo régimen, consistente en el antiguo águila imperial de la Casa de los Austrias, que alberga en su interior las armas de los antiguos reinos españoles (Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada), flanqueados por las Columnas de Hércules representando ambas márgenes del estrecho de Gibraltar y el extremo del Mundo conocido en la Antigüedad, y la leyenda Plus Ultra (Más Allá). Alrededor del cuello del águila, el nuevo lema Una, Grande, Libre, y bajo sus garras los símbolos de los Reyes Católicos: el Yugo (por su inicial Y de Ysabel), y las Flechas (por su inicial F de Fernando.

 

ESPAÑA: 100 pesetas (año 1946)

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El personaje de este billete es el insigne pintor aragonés Francisco de Goya y Lucientes, pintor, dibujante y grabador español. Nace en la localidad de Fuendetodos (Zaragoza) el día 30 de Marzo del año 1746, hijo de José Goya y de Gracia Lucientes. Trasladada la familia a Zaragoza donde el padre trabajaba como dorador de retablos, Francisco inicia sus estudios artísticos en el taller de José Luzán en el año 1759, siguiendo sus enseñanzas desde entonces y entablando conocimiento con la familia Bayeu.

Por dos veces, cuando tenía diecisiete y veinte años, intentó Goya concursar, sin éxito, a la obtención de una pensión para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Este repetido fracaso le impulsó a buscar en Italia una vía de formación. El viaje a Italia del año 1770 le reporta grandes aprendizajes: practica la técnica del fresco, participa en un concurso de la Academia de Bellas Artes de Parma al que presenta un cuadro con el tema de Aníbal pasando los Alpes obteniendo una mención por el mismo. A su regreso a España recibe en el año 1771 el primer encargo de importancia en su carrera artística, consistente en la decoración al fresco de una de las cúpulas menores de la basílica del Pilar de Zaragoza, al que siguieron en los años siguientes otros encargos de pinturas murales al óleo en la cartuja del Aula Dei.

En esos momentos, años 1772 a 1774, parece que ejecuta algunas obras dentro de los parámetros de la pintura neoclásica, como el Sacrificio a Vesta. Sin embargo el concepto de belleza neoclásico no es para Goya el motivo fundamental de su arte; se preocupa más por el color que por la pureza de líneas, e incluso contrapone al ideal estético de lo bello la realidad descarnada de lo feo.

A los veintisiete años se casa con Josefa Bayeu, hermana de Francisco Bayeu, pintor de Cámara del rey Carlos III. En 1774, gracias a la intervención de Rafael Mengs y de su cuñado Bayeu, Goya obtuvo el encargo de pintar "cartones" para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara que tenía el encargo real de fabricar los tapices destinados a decorar las habitaciones reales. Allí trabajará desde los veintinueve a los cuarenta y cinco años realizando setenta y tres cartones para los tapices de los Palacios del El Escorial y El Pardo. Su fácil acceso a las colecciones reales le permite copiar y grabar varios cuadros de Velázquez, asimilando así algunos secretos de la técnica velazqueña. En los cartones representa con fresca elegancia y vivacidad en los efectos pictóricos escenas donde se da una visón amable, acorde con el gusto propio del Despotismo Ilustrado y de la vida popular: escenas costumbristas, con personajes refinados y castizos a un tiempo. Casi todos ellos se conservan en el Museo del Prado y, entre otros, destacan El baile a orillas del Manzanares, La cometa, El cacharrero, El quitasol, la serie de las cuatro estaciones (La era o el verano, La vendimia o el otoño, La nevada o el invierno y Las floreras o la primavera), El columpio, La gallina ciega, El pelele, La boda (cargado de crítica social contra los matrimonios forzados por el interés), etc.

A través de ellos podemos observar cómo el pintor adquiere su plena formación en el oficio, tanto por el progresivo dominio del color como por las composiciones de sus obras. Al mismo tiempo realiza otras obras, como los segundos frescos de la Cúpula del Pilar de Zaragoza (1780-1781) donde representa el tema de Regina Martyrum lleno de formalismos barrocos, y el retablo para el Altar Mayor de San Francisco el Grande de Madrid.

Con todas estas obras va consiguiendo el aprecio de la corte y de los círculos aristocráticos de la capital constituyendo el punto de partida de su ascenso social, a lo cual contribuye de forma muy decidida su elección en el año 1780 como académico en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, para cuya presentación e ingreso pintó el Cristo Crucificado con grandes influjos academicistas derivados del neoclásico imperante en Europa.

En esta época, desde 1780 hasta finales del siglo o más propiamente hasta el año 1792 cuando sufre una enfermedad que le deja sordo de por vida, alcanzará la plenitud en su posición oficial, primero como pintor del rey Carlos III, junto a Ramón Bayeu en el año 1786, y tres años después es nombrado pintor de cámara, pero ya del rey Carlos IV; mantiene contactos constantes con la aristocracia y la burguesía ilustrada a cuyos componentes retrata frecuentemente siguiendo el gusto "rococó" como ocurre en el retrato de la Marquesa de Pontejos (1785) o la Familia del duque de Osuna (1788), la primera de las familias que le encargó obras que le lanzaron a Goya a la admiración de los notables. Ese mismo año pinta un cuadro que llama poderosamente la atención por su contenido religioso y por su técnica, es la obra San Francisco de Borja asistiendo a un moribundo; Goya nos introduce con este cuadro en algunas de las vertientes claves en la pintura contemporánea: el expresionismo y la representación imaginada de monstruos oníricos; la expresión de los sentimientos de miedo, horror, pesadillas y pasiones ocultas que se encuentran en nuestro más profundo ser.

Además de la familia real, a la que trató con cierta familiaridad, aunque siempre con profundo respeto, especialmente al infante don Luis de Borbón que le prestó gran protección, pintó a la flor y nata de la aristocracia del Estado, como el Conde de Floridablanca (1783), Conde de Cabarrús (1788); a sus amigos Sebastián Martínez (1792), Jovellanos (1798), Moratín, La Tirana, Villanueva, Goya curado por el doctor Arrieta; a personajes de la nobleza que él estimaba grandemente como la Duquesa de Alba, La Condesa de Chinchón, Los duques de Fernán Núñez, Marquesa de Villafranca; retratos de su familia y seres queridos como Josefa Bayeu de Goya, su esposa, Marianito Goya, su nieto, Francisco Bayeu, su cuñado, así como numerosos autorretratos (a lo largo de su vida 69); y por supuesto, como pintor real hizo numerosos retratos a sus señores: Carlos III cazador, Reina María Luisa a caballo, Reina María Luisa con mantilla, Carlos IV a caballo y Carlos IV con traje de gala.

Al iniciarse la década de 1790, en un viaje a Andalucía, el pintor sufre una grave enfermedad de la que, aunque consigue sobrevivir convaleciente en Sevilla y Cádiz, le queda una secuela, la sordera, que transforma su carácter; a partir de ahora su introspección se hace mucho más dramática y su obra alcanza las máximas cotas de originalidad y plenitud que le acompañarán durante el resto de sus días. Esta circunstancia unida a las graves consecuencias que la Revolución francesa tuvo en la corte y entre sus amigos ilustrados (destierros y encarcelamientos), le sumieron en una profunda crisis que afectó claramente a su pintura. De este período son algunos de los cuadros en los que introduce temas románticos influidos por los pintores ingleses (Turner) o franceses (Géricault) representantes del romanticismo europeo; cuadros como El incendio o El naufragio, ambos de 1794 donde Goya se centra en expresar la sensación de tragedia y desesperada reacción de pánico del hombre frente a la catástrofe natural o ante la desgracia humana; el Corral de locos donde aporta un sentido dramático y un ambiente sórdido nacido de la desgracia. En este punto Goya abre en su obra una nueva visión de lo popular muy alejado del carácter despreocupado de los cartones para tapices, para pasar a través de un sentido crítico lleno de ironía donde la representación de las gentes fanatizadas, enloquecidas o embrujadas tendrán una presencia, casi obsesiva, en Goya. Las muestras más evidentes de lo dicho son los frescos para la capilla de San Antonio de la Florida (1798) o composiciones inspiradas en la superstición popular Aquelarre (1797) del Museo Lázaro G. de Madrid.

De estos momentos y con la misma temática son la serie de grabados publicados en el año 1799, los Caprichos, en los que expresa con fantasía y dramatismo las supersticiones, la brujería y los monstruos que pueblan no sólo un mundo conectado con la ignorancia de las clases sociales inferiores, sino que, en realidad, son la expresión de los miedos e impulsos que, en muchas ocasiones, están agazapados en el interior de cualquier ser humano.

Siguiendo son su biografía, Goya es nombrado primer pintor de cámara en el año 1799 intensificando sus trabajos como retratista que culmina con el retrato de grupo de La familia de Carlos IV, pintado en el año 1800 y siguiente; en esta obra la familia real es retratada como si se tratase de una instantánea fotográfica, sobre un fondo del que penden dos enormes lienzos se sitúan los personajes reales magistralmente interpretados en sus rasgos caracterológicos: la reina María Luisa en el centro se yergue desafiante, en una expresión de soberbia altanería, cerrados fuertemente los labios, mirando con descaro, actitudes que se contraponen al apacible Carlos IV, débil y bondadoso, situado unos pasos por delante de la reina, pero a un lado, no ocupa el centro óptico de la composición, tampoco lo era en la vida real. Entre ambos se encuentra Francisco de Paula Antonio, encantadora figura infantil objeto de leyendas. Detrás del monarca su hermano el Infante Don Antonio Pascual que asumió la dirección de la Junta Central tras la invasión francesa. A su derecha aparece una pequeña cabeza de una infanta hoy polémicamente identificada con Carlota Joaquina, hija de Carlos IV y reina de Portugal (seguramente incluida en el cuadro a última hora y fuera de toda previsión). En el extremo derecho están los Reyes de Etruria, Luis de Borbón, hijo del duque de Parma, y la Infanta María Luisa con el recién nacido, Carlos Luis, primogénito de ambos. Del lado de la reina están su hija María Isabel, futura reina de Nápoles, y una figura sin rostro definido, quizás ejecutada para pintar sobre ella una "cabeza de reposición" (posiblemente la que con el tiempo pudiera ser la Princesa de Asturias, la esposa de Fernando). Detrás de ella asoma el rostro la hermana del rey Infanta María Josefa. En primer término, y a la altura de la posición del rey, se encuentra el Príncipe de Asturias, luego Fernando VII y su hermano tras él, Don Carlos María Isidro, quien a partir de 1833 exigirá los derechos a la corona de España dando lugar a las guerras carlistas del siglo XIX. Por encima del grupo, al fondo y entre la penumbra, el propio Goya mira al espectador. Este retrato real fue hecho tomando como base el pintado por Velázquez sobre la familia de Felipe IV, Las meninas o retrato de familia. La riqueza cromática de esta obra es excepcional, al contrario de las obras neoclásicas aquí los dorados, azules y vivos rojos animan la composición (de estructura neoclásica) y resaltan las espléndidas vestimentas y enjoyadas condecoraciones. Es el último cuadro que hizo para los reyes, y aunque mostró un cierto desinterés en el dibujo, sin embargo es una obra maestra de la composición, del equilibrio cromático y sobre todo en la profundidad psicológica en los retratos de los personajes.

De esta misma época son las famosas, enigmáticas y polémicas "majas", tanto por su fecha de ejecución, como por la figura representada, el cliente que las encargó y los juicios de la Inquisición; La maja vestida y La maja desnuda debieron de haber sido pintadas entre 1800 y 1805, infundadamente se relacionan con retratos de la duquesa de Alba, y lo que de cierto se sabe es que estaban entre las posesiones confiscadas a Manuel Godoy después del motín de Aranjuez (1808).

Posteriormente, en la guerra de la Independencia (1808-1813) siguió intensificando el pesimismo de Goya que se refleja en los grabados de los Desastres de la Guerra y los históricos lienzos del Dos de Mayo de 1808 en Madrid o la Carga de los mamelucos y El Tres de Mayo de 1808 en Madrid; Los fusilamientos de la montaña del Príncipe Pío, ambos pintados en el año 1814 para prevenir la política represiva de Fernando VII y sacar a la luz su patriotismo, puesto en duda por su colaboracionismo con el gobierno francés de José I. En estas obras Goya, por vez primera, plantea en la pintura el tema del acto sanguinario de la guerra, como si fuese una crónica de periodismo fotográfico.

Entre tanto (1812) se había producido la muerte de su esposa Josefa Bayeu y el inicio de su relación con Leocadia Weis. A los setenta y tres años, sordo, enfermo y desengañado, compra la "Quinta del Sordo" a las afueras de Madrid en las riberas del Manzanares; allí se refugia con Leocadia, fiel compañera de su vejez, y en las paredes de esta casa deja testimonio de sus sentimientos en las Pinturas Negras, pintadas entre los años 1820 y 1823. Es un conjunto de pinturas murales sorprendentes por la ruptura que supusieron con la tradición pictórica anterior. Realiza estas obras para sí mismo y nos ofrece una visión profundamente pesimista sobre el mundo y los hombres. Escenas de aquelarre, de procesiones, de viejos desdentados y brujescos, escenas de violentas luchas en las que los rostros de los personajes se deforman hasta parecer máscaras: el expresionismo del siglo XX ya se encuentra representado sobre los muros de la última vivienda de Goya en España. Temas como El gran cabrón, La romería de San Isidro, La visión fantástica (Asmodea), El destino (Atropos), Duelo a garrotazos, Aquelarre (escena sabática), Dos viejas comiendo o Saturno devorando a un hijo son la expresión de una España negra reflejo de la oscuridad interior y un alegato a la sinrazón de la existencia de una sociedad arrasada por la guerra.

Vivirá en esta casa madrileña hasta el año 1723, fecha en que la regala a su nieto Mariano y se exilia, con el permiso de Fernando VII, a Burdeos (Francia) donde sigue pintando hasta su muerte en el año 1728. Poco antes de morir nos deja algunos dibujos, que como el titulado Aún aprendo denota unas permanentes ganas de vivir del pintor aragonés. La última de sus obras, La lechera de Burdeos, pintada en el año 1827 un año antes de su muerte, precedente de la pintura "impresionista", junto al retrato del mismo año pintado a su amigo y testamentario Don Juan Bautista de Mugurio ponen fin a una de las obras pictóricas de mayor riqueza en la historia de la plástica universal.

Goya había tenido un principio plenamente inmerso en las corrientes decorativas del barroco, ejecutó obras próximas al rococó, sobrevivió al encorsetamiento academicista y a la omnipresencia del clasicismo, y con todo ello creo un estilo propio y personal, cuna indiscutible de los nuevos presupuestos estéticos que reflejan preocupaciones sociales y métodos de trabajo pictórico innovadores del siglo XX. Como último acto de su existencia, el 5 de junio de 1899 los restos mortales de Goya son trasladados a Madrid desde Burdeos, donde falleció en 1828. Sus restos descansan en la ermita de San Antonio de la Florida de Madrid.

En el borde inferior se observa cómo a partir de esta época los billetes serán ya siempre realizados por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

En el reverso se muestra un cuadro de Goya titulado El quitasol.


 

ESPAÑA: 5 pesetas (año 1948)

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En el anverso se muestra un retrato idealizado del descubridor Juan Sebastián de ELCANO (1.476-1.526), capitán, tras la muerte de Magallanes, de la expedición marítima que dio la Primera Vuelta al Mundo (1.522).

Nació en Guetaria (País Vasco) (1476) y murió en Malasia (Asia) (1526). Desde muy pequeño ya le gustaba la navegación. Participó en la expedición de Fernando de Magallanes, que dio la vuelta al mundo, como maestre de la nave Concepción y luego tomó el mando del navío Victoria. A la muerte de Magallanes se hizo cargo de la expedición.

Antes de tomar las islas Molucas (Indonesia), comandó solo la expedición, que para entonces sólo contaba con dos de las cinco naves iniciales: Trinidad y Victoria. En 1521 arribó a las islas Timor (Indonesia) y doblaron el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), divisando posteriormente el Cabo de San Vicente (Portugal) y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz, España).

De los 237 hombres que emprendieron la expedición sólo sobrevivieron dieciocho. El emperador Carlos V, satisfecho de los logros de Elcano, le concedió dinero y tierras. Más tarde se alistó como lugarteniente de la armada de García Jofre de Loaisa, con la intención de repetir la ruta de Magallanes. Sin embargo murió en el Pacífico a bordo de la nave Santa María de la Victoria.

En el borde inferior se indica que este billete fue realizado por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

En el reverso se muestra, entre filigranas fiduciarias, el valor del billete .

 

ESPAÑA: 100 pesetas (año 1948)

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En el anverso se muestra al pintor Francisco Bayeu y Subías (1734-1795). 

Decir, en el Aragón dieciochesco, «Bayeu» era decir «pintor». Lo fueron Francisco, el mayor; Manuel, fraile cartujo; y Ramón, el hermano pequeño (aunque muerto antes que los otros dos). Mediados los años 60 de esa centuria, ya puede decirse «Bayeu» en la corte de Madrid y obtenerse reacción parecida, pues Francisco es pintor de cámara del rey; y su ojo derecho, Ramón, está en la Academia de San Fernando y hace, con el poderoso Mengs -amante de Aragón-, cartones para elaboración de tapices en la Real Fábrica.

Más de uno piensa que Francisco Bayeu sería el mejor pintor español de su tiempo si no hubiera sido por la existencia de otro artista, primero alumno suyo, como joven paisano, y más tarde su cuñado, de nombre Francisco de Goya y Lucientes, cuyo solo apellido basta para dejar en la penumbra a cualquier contemporáneo.

Pero, por un momento, hagamos como que Goya no existiera. En la Zaragoza de 1750 Francisco Bayeu se ha hecho notable dibujante y no mal pintor bajo la dirección de J. A. Merklein, con cuya hija casará en 1759. José Luzán, la mejor firma aragonesa de entonces (profesor, también, de Goya), acabará de perfilar las grandes dotes de Bayeu. Y cuando el cabildo llame a González Velázquez para que pinte el cielo de la Santa Capilla, el aire italiano y refrescante que trae de Italia don Antonio, inspirado en Giaquinto, abrirá nuevos mundos cromáticos y espaciales al aragonés. Decide irse con él, a Madrid, becado por la Academia en la que gana un concurso. Vuelve a Zaragoza y conoce aquí a Mengs, pintor de Carlos III, que consigue llevarlo, otra vez, a Madrid. Sólo tiene Francisco veintiocho años.

Desde entonces, los encargos que debe ejecutar son, todos, de primer orden: en el Palacio Real, en Aranjuez, en El Pardo, en la colegiata de San lldefonso. Pintor de cámara del soberano, se convierte. más que en pintor del rey, en artista de la Monarquía Española, a la que canta en una imponente composición escenográfica que cubre el gran Salón de Embajadores de El Pardo. Sus pinturas son lo primero que ve la reina de España cuando despierta, por la mañana, en su dormitorio; el paisaje que contempla el príncipe de Asturias en su antecámara, cuando se aburre de atender a un preceptor. Madrid lo ha consagrado y él desea dejar poso en su tierra. Por eso, con permiso del rey, llega a Zaragoza para empezar, en 1775, el plan ornamental de las techumbres del Pilar, cuyo diseño completo es obra suya, ayudado por el consejo de Carlos Salas. De esa etapa nace que encargue a Goya una de las cúpulas proyectadas (y que riña con él). Del Pilar, a la catedral de Toledo; de Toledo a Aranjuez; de Aranjuez, otra vez al Pilar; del Pilar, a Madrid. Mengs se ha ido. Goya, aún no es Goya. Bayeu, brevemente, es el primero: director de la Academia de San Fernando y encargado de los Reales Sitios, aún tiene tiempo para disfrutar de un encargo excepcional para su modo de ser: pinta el techo del dormitorio del rey. Cuando muere en Madrid, la corte y Aragón -Zaragoza, sobre todo; El Pardo, también- son auténticos museos de su obra.

La fecha en la que se fabricó esta serie es la del 2 de Mayo de 1948. La fecha del 2 de Mayo recuerda en España aquel otro 2 de Mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid, y después el de toda España, se levantó contra la invasión francesa de las tropas de Napoleón Bonaparte. Desde entonces, a la guerra que comenzó ese día y que duró hasta 1812 se la conoce como Guerra de la Independencia.

En el borde inferior se indica que este billete fue realizado por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

En el reverso se muestra uno de los cuadros de Francisco Bayeu.

 

ESPAÑA: 1 peseta (año 1951)

ANVERSO

REVERSO

El anverso muestra una representación del personaje Don Quijote de la Mancha, de la novela del mismo nombre escrita por Miguel de Cervantes Saavedra en pleno Siglo de Oro.

La obra maestra de Cervantes y una de las más admirables creaciones del espíritu humano es una caricatura perfecta de la literatura caballeresca, y sus dos personajes principales, Don Quijote y Sancho Panza, encarnan los dos tipos del alma española, el idealista y soñador que olvida las necesidades de la vida material para correr en pos de inaccesibles quimeras, y el positivista y práctico, aunque bastante fatalista. Esta apreciada joya de la literatura española ha sabido conquistar al mundo entero, y está considerada, junto con la Biblia, la obra que se ha traducido a más idiomas, pasando a ser sus personajes verdaderos arquetipos de categoría universal.

En el borde inferior se indica que este billete fue realizado por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

En el reverso se muestra, en el interior de un óvalo central, las armas de caballero andante que veló Don Quijote en el famoso episodio de la venta manchega. El armamento o arnés personal de defensa que aparece en este billete lo componen una pica, un escudo o roda, un peto y la espada; en lugar de yelmo, Don Quijote se colocaba sobre la cabeza una bacía de barbero que él confundía con el yelmo de plata de un famoso caballero andante. Estos armamentos descansan, en la imagen de este reverso, sobre unos libros, en alusión a la unión intrínseca que había para el personaje entre los libros de caballería y los atributos de caballero.

 

ESPAÑA: 1000 pesetas (año 1951)

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En el anverso se muestra el busto del pintor valenciano Joaquín SOROLLA (1.863-1.923), artista de la luz, magnífico retratista de escenas de playa y de escenas a pleno sol, trató también temas sociales en sus obras.

En 1879 se matriculó en la escuela de Bellas Artes de Valencia, compaginando los estudios con el trabajo en el taller de cerrajería de su tío. Realizó varios viajes a Madrid, Roma y París, para establecerse finalmente en Madrid, donde le fue concedida la primera medalla por su obra Y aún dicen que el pescado es caro, en la Exposición Nacional de 1895 (esta obra se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Madrid).

También fue premiado en la nacional de 1901 por la totalidad de las obras que presentó. Fue igualmente recompensado en las bienales de Venecia, en París y en numerosos certámenes internacionales y obtuvo el Premio de Honor de la Universidad de París, en 1900. A consecuencia de sus viajes a París descubre la influencia del luminismo impresionista y los temas de Historia dejaron de ser el tema fundamental de sus obras para realzar la pintura al aire libre, otorgando mucha importancia a la exaltación de la luz y la belleza de la vida.

Posteriormente, celebró una gran exposición de su obra, en la que incluyó alrededor de 500 cuadros y apuntes en las galerías Georges Petit de París. Destacan gran cantidad de cuadros pintados durante sus periodos veraniegos en Jávea (valencia) y también pintó otros lugares de la península como Toledo, Segovia, La Granja, Sevilla y Granada.

Viajó a Londres en 1908, y a Nueva York, en 1909, con motivo de sus exposiciones, y fue durante su estancia en Estados Unidos donde pintó gran número de retratos, entre ellos el del presidente Taft, que continuó en España para la recién fundada galería iconográfica Hispanic Society, para la que también realizó unos murales sobre temas regionales españoles, que decorarían la biblioteca de la Hispanic Society of America.

En 1914 fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes y cinco años más tarde pasó a ocupar la cátedra de Colorido y Composición en la Escuela de San Fernando, de Madrid.

Sus obras denotan la influencia impresionista procedente de París. En el museo de Madrid que lleva su nombre existe una amplia representación de su obra que contiene 300 lienzos, 800 apuntes y más de 4000 dibujos.

En los bordes internos de las filigranas se muestran diferentes tipos de fruta, en alusión al origen valenciano de Joaquín Sorolla, donde la abundancia de huertas hacen de la región un vergel.

En el borde inferior se indica que el billete fue realizado por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Se muestra el cuadro de Joaquín Sorolla, titulado La fiesta del naranjo.

Los bordes están adornados por diversos tipos de frutos en alusión al origen valenciano del autor.

 

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