I
Cuando nuestro Creador
diseñó el planeta Tierra,
creó cielo, monte y sierra,
mucho azul y un gran verdor.
II
Pensó el divino arquitecto
que en aquel bello planeta,
su obra estarí completa
si hubiese un lugar perfecto.
III
Creó entonces afanoso
un lugar lleno de encanto,
que al verlo le arrancó llanto
pues en verdad era hermoso.
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IV
Preguntó a sus allegados
que cómo habría de llamar
a aquel hermoso lugar
que le había deslumbrado.
V
¡Borinquen! Fue la reacción
de ángeles y querubines
y por todos los confines
se escuchó la aprobación.
VI
Pues bien, respondió el Señor,
que así se llame la islita
que a mi corazón agita
cuando veo su esplendor.
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