Un paciente (J.N.), previsto para una resección* de estómago, nos fue enviado para que le extrajéramos restos de raíces dentales, con el fin de evitar que el pus y el detritus "infectaran" las cicatrices de la operación. Pero cuando las heridas de la boca se curaron, se normalizó también la preocupante situación del estómago, sin que se produjeran reincidencias en un periodo de observación de más de quince años. ¡¡E iba a ser operado!!.

(* "Resección": una intervención quirúrgica que consiste en quitar una parte de un órgano, o también de una porción de un hueso).

También el otro paciente, que padecía una pertinaz afonía desde hacía medio año, examinada y tratada en múltiples ocasiones, me fue enviado por ese colega a quien entonces consideraba demasiado precavido. Lo único que pude observar fue un minúsculo resto de raíz de un diente extraído. Para hacer honor a la verdad, quiero constatar que en aquella ocasión le dije a mi colega: "Seguramente, ni Vd. mismo pensará que este mínimo residuo de raíz pueda ser el causante de tan grave enfermedad". Pero tuve que convencerme yo mismo de lo contrario, ya que un día después de haber eliminado esa "nada", el paciente pudo hablar por primera vez en meses, y sin problemas.

¿Qué he aprendido de todo esto?. Sabido es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Por lo tanto, en el futuro, intenté ser más cuidadoso en este sentido.

A raíz de nuestros éxitos, se amplió nuestra buena colaboración con el médico urbano Dr. Blanch y también con médicos de otras ciudades, por ejemplo con los Dres. Buguñá, Bernat, Benito, Bataller, Brunet, Borrás Bataller hijo, -parece como si la B al principio de sus apellidos tuviera un significado especial- así como, sobre todo, con el eminente especialista del aparato respiratorio Dr. Jacinto Reventós, del Hospital de San Pablo y de la Clínica Platón, a quienes desde aquí expreso mi más sincero agradecimiento.

Asimismo, quiero dar las gracias a mi ex-paciente, la Srta. Elisabeth Riede, que me prestó una inestimable ayuda en la confección de este libro, y también a un colega... "que no quiere ser nombrado".

RADIOGRAFÍAS

Desde los más diversos círculos nacionales y extranjeros, se expresó el deseo de permitir el acceso al público en general a nuestra colección privada, con muchas radiografías, que hemos confeccionado con fines de demostración. Queremos ampliar ahora este deseo.

No deberá ser, de ninguna manera, un atlas de radiografías. Por una parte, porque las imágenes solamente darán explicación al historial médico, y, por otra, porque en un periodo de aproximadamente 30 años muchas radiografías pasaron por varias manos, otras tuvieron que ser puestas a disposición de médicos y pacientes en veloz intercambio, lo que seguramente no ha contribuido a mejorar su calidad. Pero el propósito es mostrar a los médicos las increíbles conexiones, así como las "genuinas curaciones", comprobables por un periodo de 25 años, conseguidas en cada uno de los casos mediante la eliminación de uno o más campos de distorsión, sean de naturaleza bacteriológica, tóxica, mecánica o creados por compresión, ya que se puede tratar de una diversidad de causas, o, frecuentemente, de una misma causa para las más diversas síntomo-patologías. En la respuesta al tratamiento, lo más importante ya no es el mismo foco o el campo de distorsión en sí mismos, sino la capacidad de reacción del organismo, deteriorado por una larga enfermedad.

El presente trabajo nació de las experiencias extraídas de la práctica diaria. Se podrían escoger dos caminos para relatar precisamente estas experiencias: uno, como sobria estadística -como acostumbran a serlo las estadísticas- (la estadística en este campo no posee mucha fuerza de expresión, además de que aún no existe un método normativo para la detección de campos de distorsión, y todavía no es completamente fiable en cada caso la detección negativa).

El otro camino es mostrar y relatar las cosas tal y como se produjeron dentro de la realidad y la práctica diaria, con ciertas anécdotas cotidianas. En cualquier caso, el ser humano no es un número -se compone de cuerpo y alma-. La medicina psicosomática nos lo da a entender así cada día. A menudo, uno desearía que existiera el concepto de medicina somato-psíquica. Pero esto podremos comprenderlo mejor a lo largo de las explicaciones.

Ante todo, debe resaltarse que no se trata de casos incontrolables. Vemos a la mayoría de nuestros ex-pacientes años y años, porque todos se convierten en amigos -también los muchos extranjeros -. Por otra parte, la mayoría de los "casos", sobre todo en los últimos años, no son casos "frescos", en otras palabras, durante mucho tiempo, antes de acudir a nuestra consulta, en ellos se pusieron en práctica todas las reglas del saber médico, y, en bastantes casos, parcialmente, les fue "saneada" el área del trigémino; sin embargo, no resolvieron su problema de salud. Pero todo esto no vamos a discutirlo "teóricamente", sino que relataremos detalladamente caso por caso. Por tanto, estamos interesados en dar a nuestras explicaciones una forma "neutral", que corresponda a la realidad -sin teorías-, exceptuando pequeños llamémosles comentarios, para mejor comprensión de los colegas.
Pero antes de que demos comienzo al tema en sí, convendría contestar algunas preguntas que se nos hacen reiteradamente.

"¿Existen muchos pacientes con focos sin molestias de ningún tipo?". Pues sí, esto existe. Los focos pueden permanecer silenciosos o dormidos durante años, porque el paciente no nota nada. El foco despierta como respuesta del organismo a irritaciones, estímulos, estrés -da igual el nombre*-. Pero cada incidencia -accidente, enfermedad, por ejemplo, gripe o cualquier otra carga, sobre todo la edad, pero especialmente intervenciones quirúrgicas serias- da vida al llamado "foco mudo"* y a veces, sin exagerar, pueden quitar la vida a su propietario. El campo de distorsión se convierte en la aguja de la balanza, hacia un lado o hacia el otro; con otras palabras, mediante la disminución de la capacidad de resistencia -ya que todo en nuestro organismo es equilibrio- se produce un desarrollo negativo.

(* "Da igual el nombre": podrían incluirse los cambios atmosféricos y climatológicos -estacionales-, además de los estados emocionales debidos a la problemática existencial -entorno social-).

(* "Foco mudo": puede estar refiriéndose a los shocks anafilácticos, denominados también colapsos, que generalmente pueden producir un paro cardio-respiratorio. Un ejemplo de ello podría ser el que un determinado paciente debiera -por sentirse enfermo o por accidente- de ingresar en el área de urgencias de un determinado hospital y en la inevitable intervención del equipo que lo asistiera, su organismo respondiera de esta forma, sin que directamente los que le asistieran tuviesen alguna responsabilidad directa con un fatal desenlace; en muchísimas ocasiones; en aquellos instantes, no da tiempo para averiguar la situación "focal" del ingresado. No obstante, bueno sería que esta práctica fuese puesta en los protocolos que en aquellas circunstancias se aplican, ya que, muy probablemente, bastantes de los síntomas que podían haber obligado al paciente a ingresar en urgencias podrían ser causados únicamente por los famosos "focos").

En los diferentes capítulos se especifican solamente algunos ejemplos "visibles", ya que también en el campo de los portadores de focos sin molestias, que hemos experimentado, los hay, o los ha habido, "sin síntomas".

No obstante, tenemos experiencias muy interesantes, de las que, desafortunadamente, no se ha podido conseguir la autorización del paciente para su publicación.

"Se eliminaron dientes, amígdalas y apéndice, y las molestias continúan." Sí, algo así también existe, hemos podido constatarlo. También esto requiere una explicación: Cuando, a consideración del estomatólogo, se extraen dientes, amígdalas o el apéndice, entre otros, seguramente éstas mostrarían alguna alteración patológica.

En ocasiones, al examinar por primera vez a un paciente en nuestra consulta, hemos podido observar que, con anterioridad, se extrajeron dientes, amígdalas o apéndices, sin que pudiésemos constatar signos residuales de que hubiesen habido anteriormente alteraciones patológicas.

Esto, sobre todo, puede ser debido al proceder rutinario por falta de tiempo, ya que la búsqueda de campos de distorsión usualmente va ligada a una larga serie de análisis. Sin embargo frecuentemente la causa del fracaso puede ser atribuida a que la enfermedad ya ha progresado tanto que la distorsión funcional se ha convertido en una afección orgánica que necesitaría de un tratamiento idóneo añadido, con el fin de corregir la disfunción orgánica, bien establecida por la cronicidad del proceso originado por un campo interferente.

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