Por tanto, debemos manifestar que es un gran error el mutilar una dentadura mediante la extracción del segundo molar para crear espacio. La muela del juicio inferior desploma su eje y queda en el canal mandibular y, salvo raras excepciones (como en el caso de la primera extracción del molar de los seis años en la infancia), no discurre paralelamente a los otros dientes, ocasionando anomalías de oclusión. Lo propio ocurre con todos los otros dientes que son sacrificados para crear espacio para la muela del juicio. Así lo constatamos recientemente en el caso de un turista alemán a quien tratamos una grave pericoronitis, al que le habían sido extraídos los primeros premolares para que la muela del juicio tuviera sitio.

Igualmente errónea es la opinión de que la muela del juicio sirve de soporte lateral a otras muelas. Cuanto antes se realice la extracción mejor y más dura será la osificación detrás de los segundos molares.

Veamos mediante las radiografías cómo en esta zona existe una gran proximidad de las raíces, de manera que entre los dos últimos molares no existe una capa ósea mesial interdental; por el contrario, en casi todos los casos, existe una bolsa retromolar, hasta en el caso de adolescentes.

Por tanto, se debe desechar esta terapia de "comodidad" que consiste en extraer el segundo molar, exceptuando algunos casos muy infrecuentes tales como muelas del juicio totalmente impactadas, con raíz corroída del segundo molar.

Para comprender mejor este mecanismo, debemos retroceder algunos milenios.

Es conocido que nuestros hábitos de vida y alimentación se han visto sometidos a grandes cambios en el transcurso de estos milenios, que los alimentos eran cada vez más blandos y la función de masticación empeoraba, sin referirnos a los diversos factores de la alimentación en sí. La "función crea el órgano" se dice. En nuestro caso la reducción de la labor de masticación conlleva una reducción en el crecimiento de los maxilares. Esta circunstancia trajo consigo que, el espacio entre la muela del juicio y la rama mandibular ascendente fuese cada vez menor.

Comparemos ahora unas radiografías, cedidas gentilmente por el Dr. A. Sollmann, del Instituto Antropológico de Munich. Se trata de unos maxilares de hace solamente 3000 años a. C. (Imágenes nºs 4, 5, 6, 7 y 8), y veremos que entre la muela del juicio y la rama ascendente existe un espacio que aún podría dar cabida a otra muela, mientras que hoy en día, en casi todos los maxilares, la muela del juicio, aún la de desarrollo normal, se encuentran ya casi cerca o en la rama ascendente (Imágenes nºs 9 y 10).

TEXTO DE LA IMAGEN Nº 4: Mandíbula 3000 a 2000 años a.C. Detrás de la muela del juicio aún quedaría suficiente espacio para otro molar.

TEXTO DE LA IMAGEN Nº 5: También aquí quedaría espacio para otra muela; sin embargo, la muela del juicio en crecimiento se encuentra en posición falsa. El motivo de esta mala posición, por tanto, no es la falta de espacio.

TEXTO DE LA IMAGEN Nº 6: 0 - 500 a.C. También aquí tenemos todavía un espacio ancho, libre, detrás de la muela del juicio. Esta radiografía nos muestra, asimismo, la expulsión de un molar "de los seis años", roto, con formación ósea nueva y ya únicamente una ligera claridad en la zona de reabsorción.

TEXTO DE LA IMAGEN Nº 7: Siglos XII-VIII. Aquí ya podemos observar una reducción del espacio retromolar.

TEXTO DE LA IMAGEN Nº 8: Siglos XIII-XIV. La reducción del espacio retromolar progresa. Muela del juicio con estrías periodontales.

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