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Para reflexionar
El origen oscuro de las fiestas
Un
colaborador, recuerda el origen de las fiestas navideñas y trata
de desentrañar su sentido real y simbólico, sostiene que
el desborde y el descontrol son propios del paganismo previo a la institución
de las celebraciones católicas.
¿Las
navidades son celebraciones católicas con prácticas propias
de paganismo?
Por
Ignacio Valle
Especial
para Agencia NOVA
Gran
parte de nuestra civilización sigue festejando estúpida,
cruel y salvajemente, ocasiones que deberían significar lo opuesto
a lo que usualmente vivimos en ellas.
Durante
los festejos de la NAVIDAD y el AÑO NUEVO gran parte de la humanidad
arroja a la atmósfera el equivalente a 225.000 toneladas de monóxido
de carbono, como efecto residual de la salvaje pirotecnia empleada en
dichas ocasiones. Esto equivale, aunque no podamos verlo, a toda la polución
generada por un intenso bombardeo sobre una ciudad, durante más
de 40 días seguidos.
Pero
más allá de este terrible daño ecológico producido
por nuestro estúpido subconsciente suicida (y homicida para con
el resto de las especies), la terrible deflagración acústica
tortura a los animales, entre los que se encuentran nuestras mascotas.
Con nuestra imbécil acción los llevamos a terribles situaciones
de stress que les producen total desorientación (cientos de miles
de mascotas huyen despavoridas de sus hogares cada año), les producimos
la pérdida parcial o total de la audición, y, en muchísimos
casos, la muerte por paro cardiaco, debido al stress antes mencionado.
¿Qué
significan el alcohol, las drogas, las estúpidas y ensordecedoras
explosiones, los accidentes de tránsito, las trágicas peleas
callejeras y el total descontrol general durante la noche en la que supuestamente
recordamos la primera aparición de Jesús en nuestro planeta?.
¿Es el nacimiento de Dios como humano lo que festejamos?.
¿No
estaremos simplemente entregándonos al ejercicio del más
opuesto mal, disfrazado por la tradición del festejo de las antiguas
FIESTAS SATURNINAS ROMANAS?. Cuando Constantino decretó (sí,
fue por decreto) que la única religión para todo el dominio
del imperio romano sería el Cristianismo, permitió la continuidad
de muchos rituales de las antiguas religiones imperantes en las regiones
invadidas y colonizadas por Roma. Con la más hipócrita demagogia
instauró un régimen de terror que continuó aniquilando,
pero a partir de dicho momento lo hizo en nombre de quien implica lo opuesto
a la muerte; total y pura blasfemia.
Con la misma hipocresía demagógica inauguró la deformación
estructural y literal del significado de lo que estamos nuevamente a punto
de vivir. Resulta terrible la enorme confusión ignorante de nuestra
cultura, tan inocente, tan inmadura, tan cruel, tan inconsciente, tan
ruidosa y destructora.
Sería, cuando menos, sensato el que reflexionemos un instante acerca
de este mensaje y lo difundamos para comenzar a generar un cambio que,
más allá de lo aparentemente intangible de sus posibles
resultados mediatos, vale la pena intentar
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