| Cerca
del comienzo de un nuevo año queremos compartir con ustedes un hermoso
cuento de Eduardo Galeano sobre el valor de la fantasía de "El libro
de los abrazos"
Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había
despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas
de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó
a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera
que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones,
pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Súbitamente,
se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de
un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les
dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de
cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién
una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los
que pedían un fantasma o un dragón.
Y
entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de
un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en
su muñeca:
-Me
lo mandó un tío mío, que vive en Lima- dijo
-Y
anda bien- le pregunté
-Atrasa
un poco- reconoció.
A nuestros alumnos, clientes y amigos les deseamos lo
mejor para el próximo año 2004
ESCUELA ARGENTINA DE PSICOLOGÍA ORGANIZACIONAL
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