"La Gota"Sensualmente discurría la condensada gota por el cristal lleno de vaho de los alientos pausados de los niños que dormían en aquél inmenso y desangelado dormitorio de internado venido a menos. Peter se entretenía intentando adivinar el camino que seguiría la gota en su descenso, quizá iría a la derecha, quizá a la izquierda o acaso por mor de alguna pelusilla pegada al cristal se detendría durante un instante antes de seguir su camino hacia la muerte en el charquito que se formaba todas las mañanas bajo aquél inmenso ventanal Peter cerró los ojos un momento, abrió los tímpanos dispuesto a deleitarse con el trinar de los primeros cantos de pájaros. Un agudo grito desgarró el silencio de la mañana, Peter abrió los ojos justo en el momento en que todas las gotas corrieron horrorizadas cristal abajo, las paredes retumbaron, se levantó de la silla con tanta rapidez que la dejó caer al suelo estrepitosamente; le extrañó comprobar que ninguno de los críos se hubiera despertado, hasta que comenzó a mirarlos uno por uno. Sus caras aparecían lívidas, los labios amoratados, al igual que unos profundos surcos bajo los ojos que pintaban las ojeras más crueles que había visto jamás en la cara de un crío; cuándo miró al quinto de ellos, cayó en la cuenta de que todos eran el mismo, todos calcados, clonados ¿quizá muertos? Un sudor frío le recorrió la espalda, notó los pelillos del cuello erizarse sintió nerviosismo, temor, terror. Lentamente una sensación de desasosiego fue apoderándose de él. Poco después comenzó a notar las palpitaciones en las sienes, rítmica y acompasadamente, un sabor acre, como a latón, apareció en su boca, sin saber porqué de sus labios surgió una oración salmódica, lenta, sincera, que fue llenándole la boca con una grata sonrisa. Recordó un poema contrarevolucionario, algo que había visto escrito en cierto lugar, quizá en una pared...
Un nuevo alarido como llegado del averno de Satán y Belcebú. Intentó conjurar aquél terror
Notó un latido más fuerte que otro, el corazón se le desbocaba, loco, ido ya, miró su reflejo en el ventanal, tenía el pelo blanco, las cuencas de los ojos casi vacías. Un ruído metálico le distrajo por un momento de sus pensamientos, intentó recordar porqué le era tan familiar aquél sonido. "Tá,tá tá tá tá, tá, tá tá tá tá, tá, tá tá tá tá... " He pensado en dos finales posibles para esta historia, los dejo a continuación, así como la oferta/petición de otros más, que iré poniendo a continuación según reciba por correo. Pretendo dejar el final más votado, de forma que no os limiteis sólo a leer, si no que os animeis también a escribir algo... ¹La luz se encendió de repente, se encontró en medio de un cuartito mirándose a un pequeño espejo, la mirada perdida, a veces lo recordaba todo, a pesar de que hubieran pasado tantos años. Recordaba el gélido frío del internado, los recortes presupuestarios, cómo había tenido que ir dejando de pagar facturas, y cómo aquella noche, mientras él se calentaba el alma con una estufa de butano, los veinte niños que aún quedaban en el internado, morían congelados, recordaba el posterior juicio, las burlas, el calvario que había tenido que pasar, y al final, cómo un consuelo a aquél médico que le diagnosticaba no recordaba qué. Una lágirma rodó sensual por su mejilla, la vio reflejada en el espejo, y pensó en aquella gota, era muy rara, nunca seguía el mismo camino... ²La luz se encendió de repente, se encogió esperando lo peor, y entonces vio a Guillermo García, el más travieso de todos los alumnos del internado, acercarse con un megáfono en una mano y un gato en la otra, su sonrisa lo decía todo. Pensó en reñirle, pero entonces cayó en la cuenta de que era 28 de diciembre, día de los inocentes, y de los que cómo él, se llamaban Inocencio, sonrió al pensar que aquellos muchachos conseguían sorprenderle todos los años, después se emocionó cuándo al dormitorio acudieron todos los compañeros y alumnos para cantarle aquél cumpleaños feliz, que invariablemente todos los años le hacía llorar.
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