�Ainim�

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Ainim naci� en una "tribu" no demasiado salvaje para lo que el hombre blanco entend�a por salvaje, quiz� por ese siempre hab�an tenido que andar por la selva huyendo de aquellos brutos que destrozaban los �rboles, las plantas que serv�an para curar, los arroyos y todo cuanto se les cruzaba en aqu�l largo camino que constru�an, y que parec�a no llevar a parte alguna, ya que si mirabas hacia un lado y otro, no se ve�a nada en los extremos, bueno, s�, fuego en uno de los extremos y una tierra negra y dura en la otra.

 

Ainim estaba acostumbrada a andar por la selva tras su padre, sab�a para qu� serv�a cada una de las plantas, c�mo cazar un mono, o un tapir para llegar con algo de carne al poblado, d�nde se deb�a pescar y d�nde era peligroso hacerlo, c�mo hab�a que cruzar los arroyos para que las peligrosas mantas no te clavaran su venenoso aguij�n, en fin era una muchacha que se hab�a criado en la selva, y sab�a qu� ten�a que hacer para quitarse de encima a aquellos dos est�pidos blancos que se empe�aban en hacerla vestir con ropajes que le molestaban y le daban calor.

 

�l era un tipo demasiado enclenque como para vivir en la selva, a�n rodeado de aires fr�os, motoras y lo que ellos llamaban "civilizaci�n" sudaba cada vez que daba cien pasos, y no era de extra�ar, no iba vestido para andar por la selva; ella era remilgada, demasiado cre�da en que todo lo que ellos sab�an era m�s cierto y mejor que lo que Ainim pudiera llegar a comprender nunca.

 

Por eso ahora estaba haci�ndoles dar vueltas por la selva, sab�a que entre los dos ten�an m�s fuerza que ella, de hecho la hab�an retenido tres meses contra su voluntad, cuando se perdi� del grupo en una de sus marchas, pero tambi�n sab�a que ninguno de los dos llegar�a a vivir en la selva sin su ayuda; hab�a decidido llevarlos a su poblado, si es que a�n segu�a all�, y sino hacerlos acompa�arla hasta encontrar a su gente. Se detuvo en seco, pens� que hac�a demasiado calor, les hizo detenerse, se adelant� unos pasos y desapareci� de su vista en un momento.

 

"Dios nos ha dejado aqu�, te dije que deber�amos tenerla atada, muy en corto, �ahora c�mo volveremos?" - Se quej� la se�ora Thonsom.

 

"No te preocupes, si nos hubiese querido dejar, ya se habr�a marchado, est� en su terreno, nos est� intentando ayudar, eso hay que comprenderlo, en su cort�sima inteligencia est� impresa esa norma, ayudan al necesitado, por eso los conseguir� para mi iglesia" - Respondi� el enclenque se�or Thonsom con un deje de asco.

 

Ainim los escuch� unos minutos, y decidi� vencerles un poco an�micamente, los dej� esperando m�s de lo necesario, los hizo ponerse nerviosos, mientras con la mirada busc� la planta que usaban en su aldea para hacer sus vestimentas, la hall�, y con una piedra se dedic� a prepararla con meticulosidad, se deshiz� de aquellas telas horribles que le hac�an llevar, se coloc� su protector genital, y se intern� hacia el lugar en el que hab�a escuchado el rumor del agua correr.

 

El peque�o arroyo estaba lleno de siluros, busc� con la mirada un palo lo m�s recto posible, cogi� dos piedras, y tras golpear una contra la otra se hizo un hacha de mano, cort� el palo, le sac� punta, escogi� el m�s peque�o de los siluros, y lo ensart� con su nueva lanza. Le cost� un poco de trabajo sacar el pez del agua, pero al final lo consigui�, pas� una corta liana por su boca, la sac� por la branquia izquierda, y lo at� para que no se fuera de la orilla, despu�s cubri� su cuerpo con barro para evitar los molestos picotazos de los insectos, encamin�ndose m�s tarde hacia donde hab�a dejado a los Thonsom, sin hacer ruido, sab�a que a�n los blancos estaban demasiado cerca, y no quer�a encontr�rselos por nada del mundo.

 

"Se�or Thonsom, s�game, vamos a comer y refrescarnos" - susurr� nada m�s lleg� a donde se encontraban aquellos dos seres tan extra�os.

 

La reacci�n de la se�ora Thonsom fue rar�sima desde el punto de vista de Ainim, comenz� a insultarla por su desnudez, intent� taparla con parte de sus vestiduras, la llam� puta por presentarse as� ante su marido, Ainim se dio cuenta de que no entend�an nada, y que era mejor dejarlos all� o pondr�an su vida en peligro con tanto ruido, lo pens� y lo hizo, se quit� a la se�ora Thonsom de encima, se dio la media vuelta, y se march� por donde hab�a llegado.

 

Los oy� llegar poco tiempo despu�s, mientras daba cuenta de uno de los ojos del siluro, se dejaron caer sobre la tierra, sin mirar d�nde se sentaban, Ainim no dijo nada, no les ofreci� comida, sab�a que no querr�an comer carne cruda a pesar de que si no com�an ni se adecuaban a su forma de vida, la selva los matar�a, de hecho Ainim hab�a decidido que no les prestar�a atenci�n, continu� comiendo el segundo ojo, los mir� un segundo, vio como comenzaban a rascarse, como se iban desesperando, y como cuchicheaban entre ellos.

 

"Deber�amos ponernos barro, como ella" - comentaba el se�or Thomson.

 

"No querr�s que nos desnudemos, est�s loco, te est� tentando ese demonio de ni�a, s� que te gustar�a copular con ella, s� que te gusta m�s que yo, y s� que quieres tener algo que echarme en cara, pero no me comportar� como esa salvaje" - le recrimin� la se�ora Thonsom, bajando a�n m�s la voz.

 

El se�or Thonsom baj� la mirada avergonzado, y sigui� aguantando los aguijonazos de los mosquitos de la ribera de aqu�l arroyo.

 

Ainim sonri�, pens� que los blancos eran tontos, cogi� el hacha, abri� de un tajo seguro el siluro y busc� el h�gado, despu�s dar�a cuenta del coraz�n y el resto de la carne que le entrara en el est�mago antes de cederles el pescado a aquellos dos, que no se daban cuenta que por muy bajo que susurraran ella siempre los oir�a, ten�a acostumbrado el o�do a los ruidos de la selva, de las voces, el o�do era fundamental para seguir viva all�, ella lo sab�a, ellos no, y eso era bueno.

 

Apart� el enorme pez con un gesto cansino, mir� a los Thonsom les sonri�, y pens� que sus caras eran muy claras, estaban aterrados, supuso que debido a la sangre que hab�a alrededor de su boca y en sus manos, estuvo tentada de no ir a lavarse, pero se lo pens� mejor, se acerc� a la orilla, se lav� bien, se quit� los restos de sangre, por el olor, m�s que nada, dej�rsela habr�a sido una enorme locura por su parte, y desde luego pod�a ser la rarita de su grupo, pero no estaba loca, aunque su madre dijera lo contrario.

 

Al pasar junto a la se�ora Thonsom supo que si segu�an en sus trece morir�an aquella noche, le sonr�o, y se comenz� a encaramar a un �rbol, cuando estuvo arriba, entre dos ramas delgadas pero flexibles, dijo: "hay guepardos", luego se acomod�, cerr� los ojos, abri� lo m�s posible los o�dos, y se relaj� completamente.

 

Por la ma�ana vio con asombro que los Thonsom se hab�an encaramado en uno de los �rboles m�s cercanos, y segu�an vivos, pens� que ya que parec�a que iban a durar, lo mejor ser�a hacerles la vida m�s apacibles, pas� de su �rbol al de ellos, se acerc� a la se�ora Thonsom asi� su vestido y comenz� a cort�rselo con el hacha, rasg� la ropa, la dej� desnuda completamente, y entendi� porqu� no quer�a deshacerse de sus extra�as vestiduras, su cuerpo era demasiado blanco, si no lo cubr�a bien de barro podr�a parecer un manjar para m�s de uno, incluso para ella misma. Se olvid� del se�or Thonsom, hac�a demasiado tiempo que no com�a carne fresca, se le hizo la boca agua mirando a aquella especie de rata humana, pero desech� la idea en el acto. Sujet� las vestiduras de aquella golosina, y las envi� al otro lado del arroyo, de forma que la corriente acab� llev�ndoselas. Volvi� a mirarla antes de bajar del �rbol para preparar barro para ella, y supo que el se�or Thonsom no vivir�a al final de aqu�l d�a.

 

 

Ainim hab�a decidido cruzar a la otra orilla del arroyo, se sent� sobre una piedra e imit� el rugido del guepardo, los Thonsom aterrizaron en el suelo casi a la vez, supo entonces que tanto ella como �l estaban decididos a vivir y que le ser�a dif�cil deshacerse del enclenque Harri, mir� a Emi, as� se llamaban entre ellos, se relami� de placer al verla en movimiento, pens� que ser�a un placer cazarla antes de com�rsela literalmente viva, se agazap� para ver sus reacciones, y los estudi� un poco m�s antes de lanzar una piedra entre el follaje y dos gritos, despu�s apareci� con cara sonriente ante ellos.

 

"No se preocupen, se ha marchado, pero dense prisa, hay que cruzar, comeremos algo dentro de un rato" - los aguijone�.

 

Ninguno de los dos se percat� de la desnudez de Emi, cruzaron el arroyo, y cuando estuvieron junto a Ainim le dieron las gracias por salvarles la vida.

 

"Deber�a ponerse barro, ya que ha decidido deshacerse de la ropa" - coment� con desgana a Emi - "No es por nada, pero sino entre el sol y los mosquitos, no llegar� a casa"

 

La se�ora Thonsom dio un gritito al percatarse de su desnudez, no obstante cuando se calm� decidi� dejarse ayudar por Ainim, que fue poniendo barro en cada uno de los poros de su cuerpo hasta hacerla parecer marr�n en vez de blanca, el frescor del barro atenu� los picotazos de los insectos de la noche anterior, y le sirvi� como protecci�n para el resto de insectos, cu�ndo se dio cuenta de que Ainim obraba de buena fe, comenz� a mirarla de otra forma, se dej� incluso poner una de aquellas extra�as braguitas que llevaban las mujeres de su tribu, y le pareci� normal el hecho de ocultarse de su marido para dejarse vestir por su nueva amiga.

 

Ainim se hab�a separado lo justo del se�or Thonsom como para poder tocar a Emi con cierto descaro sin que �l se diera cuenta, mientras pon�a el barro sobre la piel de Emi pens� en que ser�a divertido enga�arla un poco, pero que tendr�a que ser m�s adelante, cuando tuviera plena confianza en ella. Se sorprendi� teniendo aquella clase de pensamientos, ella nunca hab�a sido as�, no hasta que comenz� a vivir con los blancos, pens� por tanto que si se daba cuenta de algo lo ver�a como una cosa natural, inherente a su civilizaci�n.

 

"Un segundo, pulo el barro y terminamos" - coment� Ainim mientras hac�a que Emi se pusiera de pie para frotar acto seguido su cuerpo contra el de ella. Acto seguido le dio el cubre genitales que le hab�a confeccionado incluso sabiendo que no se lo podr�a poner sin sufrir determinado proceso al cabo del d�a, proceso que la har�a ponerse de nuevo en sus manos al llegar la noche.

 

Cuando el se�or Thonsom las vio aparecer, supo que tendr�a problemas con ella, nunca antes la hab�a visto tan hermosa, y se le escap� dec�rselo, ella reaccion� dej�ndole de hablar el resto del d�a.

 

Ainim estaba completamente de acuerdo con �l, pero call�, levant� el campamento, y comenz� a andar con rapidez por la selva, esta vez en l�nea recta, alej�ndose de lo hombres blancos, aproxim�ndose a su aldea cada vez m�s, adentr�ndose tanto en la selva que pasaron por zonas en las que no daba el sol, eran aquellas zonas las que m�s gustaban a Ainim, porque siempre las hab�a considerado perfectas para jugar y para despistarse de quien quisiera.

 

Cuando de nuevo decidi� parar para pasar la noche supo que Harri no durar�a un solo d�a m�s, no hab�an comido en todo el d�a, y �l continuaba con sus prendas, hab�a sudado tanto que parec�a que iba a desfallecer a cada paso, dej� a Emi cuidando de �l, y se perdi� un rato para cazar algo. Sab�a qu� era lo que ten�a que buscar para asegurarse de que �l no comer�a, una serpiente, ten�a una especie de fobia hacia ellas, as� que com�rsela le resultar�a imposible, encontr� una, pero la dej� pasar a�n a riesgo de no comer nada porque no le pareci� lo suficientemente grande para impresionar al tipo aqu�l que pensaba que su �nico dios era m�s fuerte que Telcualtaltan y Tistalcaltan juntos, por fin dio con lo que buscaba, aplast� contra el suelo la cabeza de la serpiente con su lanza, la sujet� por la cola e hizo restallar sus v�rtebras, acto seguido retorci� su cuello, y la llev� de vuelta al campamento para prepararla ante los ojos de su enemigo, porque a lo largo del d�a en el coraz�n de Ainim comenz� a crecer la idea de que aqu�l tipo era su enemigo, ten�a 16 primaveras y sab�a perfectamente lo que �l quer�a hacer a su pueblo, no le dejar�a, lo hab�a decidido, igual que hab�a decidido matarlo sin tocarlo para que su esp�ritu no le contaminara.

 

Harri Thonsom comenz� a gritar nada m�s vio a Ainim aparecer con aquella gigantesca serpiente sobre los hombros, sus ojos se agrandaron, su coraz�n comenz� a latir con fuerza, sus pulmones parec�an que iban a fallar de un momento a otro, y �l no lleg� a levantarse, coloc� las manos y los pies en el suelo, se alz�, y comenz� a andar de aquella guisa, marcha atr�s. Cuando Ainim lo vio, solt� la serpiente en el centro del claro en el que hab�an parado, cogi� su lanza, y gritando con fuerza se acerc� hasta �l.

 

"Est�s endemoniado, debes morir" - grit� con fuerza Ainim acercando su lanza al cuello de Harri, pero no le dio tiempo a clavarla, �l se desmay�, y perdi� cualquier inter�s para ella.

 

Emi se acerc� a ella, le puso las manos en los hombros e intent� calmarla, le habl� con dulzura.

"Tranquila, es una reacci�n normal en �l cuando ve una serpiente, ten en cuenta que el demonio se encarna en la serpiente y �l es un sacerdote de la iglesia de nuestro Se�or Jes�s, por favor no le hagas da�o, se recuperar� y sino ve la serpiente no volver� a ocurrir, as� que por favor, ll�vatela lejos y t�rala" - le rog� con mimo.

 

"�Tirarla, tirar nuestra cena?" - Pregunt� Ainim indignada - "No de eso nada, hay que comer, sino lo hacemos no llegaremos a casa, la preparar� con fuego, y la comeremos todos, �l no tiene que saber que es serpiente, la comer� o morir� de hambre"

 

Emi mir� con cierta repugnancia la serpiente, se apart� de Ainim, pero comprendi� que sino com�a lo que fuera no volver�a a ver su hogar, y estaba deseando salir de aquella insana selva llena de mosquitos, darse una buena ducha, comer como dios manda tomarse un mart�n y disfrutar del aire acondicionado de su caba�a. Mir� mientras Ainim preparaba la serpiente, era r�pida dando tajos con aquella especie de herramienta de piedra, muy r�pida, sus movimientos eran precisos, le quit� la piel a la serpiente sin casi dejar carne pegada a ella, hizo un fuego con dos palitos y un poco de le�a, troce� la serpiente, la envolvi� en algunas hojas y la puso dentro del fuego.

 

Emi hab�a estado pendiente de Ainim, y pendiente de Harri, y no se dio cuenta hasta que se sent� de que algo raro pasaba en su entrepierna, aull� de dolor al intentar levantarse, y acab� pidi�ndole ayuda a Ainim, ella se acerc�, cort� la braguita que le hab�a confeccionado aquella ma�ana, mir� su entrepierna, y sonri�.

 

"Ha ocurrido algo" - musit� Ainim con cara de burla.

 

"�Qu� ocurre? Me escuece much�simo" - atin� a comentar Emi.

 

"Ser� mejor que se lave, sus pelos de abajo se han desprendido" - coment�, esta vez seria, Ainim - "Qui�n sabe quiz� por eso nosotras no tenemos pelo ah�, no lo hab�a pensado antes"

 

Emi no lo pod�a creer, todo su vello p�bico hab�a desaparecido casi como por arte de magia, mir� dentro de la braguita y lo vio all� pegado, se acerc� al arroyo, y se lav� con sumo cuidado, el agua le refresc� la zona, pero no quiso saber nada m�s del barro que le ofrec�a Ainim, pens� que era por el barro hasta que lo quit� de uno de sus brazos y vio asombrada que su vello segu�a intacto.

 

"Aqu� no hay mosquitos, no importa, yo tambi�n me quitar� el barro" - dijo Ainim comenzando a quitarse el barro junto a Emi, despu�s dio media vuelta, se deshizo de su cubre genitales, se sent� en el suelo, y comenz� a comer.

 

Emi no pod�a creerse lo que hab�a ocurrido, mir� a Ainim con curiosidad, parec�a que a aquella chica nada le asombraba, supuso que si se lo hab�a quitado todo hab�a sido porque ella se sintiera a gusto, se lo agradeci� con la mirada, se acerc� hasta ella, y comenz� a comer. Le sorprendi� que la carne de aquella serpiente fuera tan jugosa, incluso sab�a bien, y comi� con ganas, llevaba dos d�as sin comer y aquello le iba entrando en el est�mago como el mejor de los solomillos de cerdo a los que estuviera acostumbrada antes de casarse con Harri, pens� en Maxim�s el restaurante de Par�s a donde le llevaba su padre cuando visitaban Europa, y pens� tambi�n que aqu�l manjar no ten�a nada que envidiarle al mejor de los platos que all� se com�an. Sólo se distrajo cuando Ainim se acerc� al arroyo con una flor y un par de hojas para coger agua, comenz� a pensar que aquella chica ser�a su salvaci�n antes de quedarse completamente dormida apoyada en el tronco del �rbol en el que estaba.

 

Ainim sab�a perfectamente qu� ocurrir�a, por eso hab�a dejado de comer justo cuando empez� Emi a hacerlo, la observ�, se acerc� a por agua para que los jugos de las hojas se mezclaran bien en su est�mago y pasaran mejor a su sangre, esper� pacientemente a que Emi se durmiera, despu�s se acerc� a Harri, dej� all� la piel de serpiente, junto a �l, un poco de carne, y lo despert� para que comiera. Cuando Harri se despert� hizo justo lo que ella supon�a que har�a, sali� corriendo alej�ndose de Emi y de ella, antes, no obstante, Ainim le introdujo un trozo de hoja del sue�o en la boca, dej� que sus jugos se disolvieran un poco, de forma que cuando Harri comenzara a correr acabara cayendo al suelo lo suficientemente dormido, como para no notar siquiera como se lo com�an las hormigas que por aquella zona hab�a. Ainim retir� los restos de la serpiente de donde hab�a estado Harri, se adentr� en la selva en sentido opuesto al que hab�a seguido �l y lo tir� todo lejos, de forma que cuando a la ma�ana siguiente ella y Emi lo encontraran, Emi no pudiera sospechar qu� hab�a ocurrido en realidad.

 

Antes de comer, sujet� a Emi a una liana, se subi� a un �rbol y la puso a salvo de las hormigas, despu�s termin� la cena, tranquilamente, busc� dos tipos de planta que juntas espantaban a las hormigas, las mezcl�, y unt� toda la zona de alrededor de donde dormir�a con Emi, luego simplemente se ech� a dormir, sabedora de que por fin hab�a conseguido lo que quer�a.

 

Por la ma�ana y tras casi una hora de intentar despertar a Emi, consigui� que abriera los ojos, cuando le dijo que Harri hab�a desaparecido durante la noche, consigui� que le prestara toda su atenci�n, salieron a buscarlo tras ponerse s�lo el barro, y encontraron su esqueleto casi mondo media hora despu�s, Emi comenz� a llorar diciendo que no saldr�a viva de la selva, que no lo conseguir�a, enterraron los huesos, ella rez�, Ainim la mir� con curiosidad mientras lo hac�a, y despu�s emprendieron el camino de regreso al claro en el que hab�an pernoctado.

 

"Cruzar este arroyo es peligroso" - coment� Ainim antes de comenzar a confeccionar las braguitas.

 

"�Por qu�?" - Pregunt� intrigada Emi.

 

"Hay un animal que se mete dentro" - coment� Ainim introduciendo dos dedos en su vagina - "Despu�s se agarra dentro con sus p�as y se bebe la sangre hasta que te mata"

 

Emi mir� con desasosiego a Ainim, hab�a o�do hablar de un animal que ten�a un comportamiento similar, pero que lejos de introducirse en la vagina, lo hac�a en la uretra, aunque despu�s de lo que hab�a visto que le hab�a pasado a Harri en una noche no dud� de lo que estaba escuchando, dej� que Ainim le confeccionara una braguita especial, la dej� introducirle una especie de bulbo en la vagina, se fij� como lo hac�a ella, y comenzaron a caminar justo cuando terminaron con el resto de serpiente que qued� de la noche anterior.

 

Ainim iba muy contenta viendo como Emi caminaba cada vez con la sonrisa m�s amplia, sab�a que quiz� en dos d�as podr�a com�rsela, sus malos jugos se iban disipando a medida que cre�a que faltaba menos para llegar 'a casa', por primera vez desde que salieron, Ainim quiso detenerse para refrescarse, Emi se qued� alucinada al ver c�mo la peque�a cascada que hab�a divisado hacia un rato al bajar una peque�a loma, daba lugar a un lago de aguas cristalinas, y en realidad no era tan peque�a, mir� hacia arriba y no pudo divisar desde donde se precipitaba el agua, Ainim comenz� a quitarse el barro junto a una peque�a poza, ella la imit�, entr� con ella en la poza, y por primera vez supo que las intenciones de Ainim no eran del todo lo que ella hab�a cre�do, quiz� antes no se hab�a percatado, pero Ainim la miraba con deseo, sinti� algo de repugnancia hasta que ella la hizo cerrar los ojos y comenz� a acariciarla, quit�ndole el barro de camino, gimi� cuando la bes�, sinti� aquellos labios gruesos, tiernos, pero decididos, not� sus manos acariciarle los pechos, y se abandon� completamente a sus caricias.

 

Media hora despu�s las dos mujeres yac�an junto a la poza, relajadas, demasiado relajadas, Emi estaba flipada, nunca hab�a sentido tanto placer como con aquella chica de tan solo diecis�is a�os, de hecho estaba tan relajada como la noche anterior tras terminar de cenar, pero sin duda mucho m�s alegre, mir� los profundos ojos verdes de Ainim y sinti� un enorme placer cuando la oy� decir que se la iba a comer.

 

Ainim mir� de nuevo a Emi, estaba relajad�sima, el bulbo hab�a hecho su efecto, la hab�a ido drogando poco a poco, mientras le hac�a el amor sab�a que iba haciendo efecto por la mirada de ella, parec�a estar volando, lejos, disfrutando tanto como nunca hab�a disfrutado, se inclin� sobre ella. "Te voy a comer, preciosa" - le susurr� mientras extra�a el cuchillo que le hab�a pasado su hermana Yainim al verla llegar a la poza, lo clav� con maestr�a en el coraz�n de Emi, mientras la besaba y comprobaba que tampoco aquella bella mujer se daba cuenta de que literalmente se la comer�a, y por supuesto, como en otras ocasiones compartir�a su carne con el resto de los miembros de su aldea.

Dej� de besarla cuando sinti� en sus labios su �ltimo suspiro.

 

 

 

 

 

 

En alg�n Lugar, 31 de octubre de 2004

 

     

Epílogo

 

© Textos y Dibus Karl H y Ana H

Hecha: 20/11/2005
Actualizada: 31/12/2005

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