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Para
construir una tribuna
Nueva Chicago derribó parte de una escuela
Demolió cinco aulas, la cocina y una sala de profesores
Parece ilógico, pero sucedió: el Club Atlético Nueva
Chicago derribó la mitad de una escuela pública para ampliar
parte de su estadio de fútbol, ubicado en Carhué 2970, en
el barrio porteño de Mataderos.
El hecho ocurrió en noviembre último, cuando dos topadoras
tiraron abajo cinco aulas -donde se dictaban clases-, la cocina y la sala
de profesores y preceptores del Centro de Formación Profesional
N° 4, un colegio al que asisten 1200 adolescentes, jóvenes
y adultos.
Las autoridades de la escuela presentaron la denuncia ante la Secretaría
de Educación porteña y optaron por no hacer público
el escándalo, pues aseguraron que el club se había comprometido
a cederles parte de su polideportivo para que funcionara allí el
colegio.
"Ahora
todo está en veremos. El colegio fue construido por los propios
chicos, que son de bajos recursos económicos. La mayoría
vive en Ciudad Oculta y la escuela era el fruto de varios años
de trabajo", explicó a LA NACION Oscar Donato, director del
establecimiento afectado.
En la Secretaría de Educación porteña afirmaron que
la demolición de esa parte del edificio educacional ya había
sido acordada con el club.
"La escuela estaba construida en un terreno que Nueva Chicago le
había cedido por diez años al Gobierno de la Ciudad. Ese
acuerdo ya había caducado y una parte del establecimiento tenía
que ser demolido para devolver la tierra que le corresponde al club",
explicó a LA NACION el director de Educación para Adultos
y Adolescentes, Eduardo Aragundi.
Sin
embargo, Donato dijo que el presidente del club, Juan Angel Guerra, le
había dado su palabra de que no tocaría la escuela hasta
que encontraran una solución para devolverles las tierras.
"Me reuní varias veces con la dirigencia del club y en el
último encuentro Guerra me dijo que me quedara tranquilo porque
no iban a tocar la escuela. Pero al otro día me mandó las
topadoras. Fue por la mañana. Los chicos estaban dando clases y
a nadie le importó que pudieran resultar heridos", indicó
el director.
Mala
interpretación
LA NACION se comunicó con el presidente de Nueva Chicago, quien
aseguró que el director del colegio lo malinterpretó. "Cuando
Donato comenzó a construir, nosotros le dijimos que en el futuro,
si el Club hacía una tribuna, esa parte de la escuela iba a tener
que desaparecer", dijo Guerra.
- Donato dijo que usted le había dado su palabra de que no iba
a tirar abajo la escuela.
- La tierra es de Chicago. No cobramos nada. Nosotros tenemos que edificar
y vamos a usar la parte que nos corresponda. Ellos están sin convenio
y nosotros podíamos haber decidido que toda la escuela desapareciera.
Pero al club le interesa la educación y queremos que siga la escuela.
Tanto es así que hemos firmado un nuevo acuerdo por cinco años.
- ¿Ahora van a tener cinco años más, pero con cinco
aulas menos y un espacio reducido?
- Bueno..., sí... Pero si Educación quiere construir diez
aulas más en el lugar, no nos vamos a oponer.
-¿No había otra alternativa antes de tirar abajo media escuela?
-Donato sabía que el aula de gastronomía era en forma provisional.
Personalmente le dije: "Mirá que si en un futuro necesitamos
ese lugar, vamos hacer la base ahí". Sabía que esto
iba a suceder.
-Pero ¿cómo fue que de un día para el otro usted
decide que tiren abajo la escuela, mientras se estaban dictando clases?
- Esto no fue de un día para el otro. Que quede claro que con Donato
veníamos hablando sobre el tema desde 1999. Ahora, si vas a escribir
algo, escribí la realidad, ¿eh? Porque, si no, voy a leer
el artículo y voy a salir con la lanza de punta.
Aunque el Gobierno de la Ciudad asegura que, cuando las topadoras llegaron
al colegio, la actividad escolar ya había concluido, docentes de
la escuela afectada aseguraron a LA NACION que las aulas fueron derrumbadas
con varios alumnos adentro.
Terremoto
"Estábamos celebrando el fin del año escolar en el
aula de gastronomía. Habíamos cocinado tartas de manzana
y tortas cuando escuché un ruido, como un terremoto. Miré
hacia arriba y vi cómo se rajaba el techo. Entonces, salimos corriendo.
Afuera vimos cómo las topadoras comenzaban a demoler nuestra escuela",
relató la docente Teresa Vilas.
El funcionario Aragundi no coincidió con la docente y aseguró
que las clases ya habían terminado cuando comenzaron los trabajos
para derrumbar parte del edificio. "Tuvimos varias charlas con docentes
y alumnos. En ninguna de ellas nos dijeron que habían derrumbado
parte de la escuela con los chicos adentro."
Donato aseguró que para paliar la situación y evitar la
deserción, el gobierno construyó dos aulas de chapa.
"Nos dijeron que eran en forma provisoria y las dos aulas no tenían
ventiladores; en verano nos cocinamos. Tuvimos que dictar clase en el
patio, pues aquí se enseñan distintos oficios. Lo que más
me indignó es que recién ahora, que está por llegar
el invierno, las autoridades de la ciudad nos enviaron dos [equipos de]
aire acondicionado", se quejó Donato.
Cartas
Anoche, voceros de la Secretaría de Educación aseguraron
que el gobierno porteño construirá en otra parte del edificio
algunas de las aulas derribadas.
En una carta dirigida a la titular del área, Roxana Perazza, un
grupo de docentes pidió a la funcionaria que "se efectuaran
las obras necesarias para el desempeño de las tareas escolares;
que se comunique por escrito el cronograma de esas obras, para evitar
entorpecer aún más las actividades y que se garantice la
estabilidad laboral del personal del centro de educación profesional
N° 4".
Voceros de Perazza afirmaron, además, que ésta recibió
otra carta de agradecimiento por su rápida intervención
en el asunto y la construcción de las dos aulas provisionales.
Esas fuentes, sin embargo, no pudieron acreditar la existencia de la carta.
Sólo se limitaron a decir. "No encontramos la copia del documento;
por eso ahora los docentes están firmando una nueva carta de apoyo
a la gestión de Perazza."
Por Jesús A. Cornejo, La Nacion, 29 de Mayo de
2004
Ahora,
un polo educativo
La Secretaría de Educación porteña, Roxana Perazza,
optó ayer por no opinar y derivó el tema al director de
Educación para Adultos y Adolescentes, Eduardo Aragundi, quien
dijo que en los últimos días, tras conocerse el escándalo,
el gobierno porteño firmó un nuevo acuerdo con el Club Nueva
Chicago para crear un polo educativo.
"La idea es articular el afectado centro de formación profesional
con un centro de educación para adultos y un jardín de infantes
que será inaugurado dentro de 90 días y que funcionará
en el polideportivo del club", explicó el Aragundi.
"Todo esto se viene conversando desde el momento en que se derribó
parte del colegio. Lo importante es que ninguno de los alumnos se vio
afectado. Los más chicos fueron reubicados en el polideportivo
de Nueva Chicago y en otras dependencia. Los adultos siguen en las aulas
que aún están en pie", añadió.
No obstante, el escándalo ya llegó a la Legislatura porteña.
La semana última, el diputado macrista Marcos Peña presentó
un pedido de informe para que el Gobierno de la Ciudad brinde detalles
sobre lo ocurrido.
Fuentes de la Secretaría de Educación confiaron anoche a
LA NACION que el escándalo con la escuela se originó a partir
de diferencias partidarias. "El presidente de Nueva Chicago apoyó
a Ibarra durante su campaña para la reelección, y el director
de la escuela afectada es militante de Ibarra. En todo esto hay un interés
político que trasciende a la educación y afecta a los más
débiles: los alumnos", indicaron las fuentes.
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Punto
de vista
Suspendidas, vetadas, vacías
Por Andrés Prestileo
La relación del fútbol argentino con sus estadios siempre tuvo
un costado traumático. Cosa curiosa, porque la identificación
de cada color con una cancha es parte entrañable de su folklore y una
señal propia muy definida. A tal punto que, si se levanta la mirada,
no son tantos los países del primer mundo futbolístico que siguen
un itinerario de escenarios directamente ligados con los clubes, como sucede
aquí.
Algo de eso se pensó ayer, mientras Argentinos Juniors y Defensa y Justicia
despachaban un partido de la primera B Nacional en un escenario imponente y
casi despoblado: el Estadio Ciudad de La Plata fue ideado para grandes jornadas
que todavía sigue esperando. Y será así mientras persista
la insistencia empecinada de los equipos de la ciudad, Estudiantes y Gimnasia,
en darle la espalda.
Al mismo tiempo, en la alta densidad de escenarios de la capital y sus alrededores
cada uno escarba como sea sus posibilidades de expandirse, bien lejos de cualquier
camino que armonice los intereses propios con los ajenos. El caso de dominio
público más reciente lo anotó Nueva Chicago, que derribó
parte de una escuela para ampliar su cancha; en los últimos años
se multiplicaron ejemplos de esta índole, movidos por el deseo de reafirmar
a cualquier costo la propia identidad.
Pero no sólo por allí pasan las cuentas conflictivas entre el
fútbol y sus hogares . Hoy, temprano, Independiente y Racing jugarán
su clásico fuera del ámbito natural, Avellaneda, por tercera vez
en un año y medio: el Monumental y la cancha de Lanús, la misma
que lo albergará esta mañana, lo recibieron en los últimos
tiempos más que el Cilindro y el estadio de la doble visera. Todo un
contrasentido empujado por imprevisiones, caprichos y las consecuencias de la
violencia.
Y Boca también aprendió en forma acelerada a sufrir por asuntos
vinculados con su casa: a las apuradas, eligió a Racing para reemplazar
a la Bombonera vetada tras los desatinos que pulularon en el superclásico.
Mientras, todos los fines de semana seguiremos viendo por televisión
desde Roma, Milán, París, Munich o cualquier ciudad brasileña
cómo un campo de juego puede ser compartido sin conflictos ni mezquindades.
La Nacion, 23 de mayo de 2004 |