ELPAIS.ES
Los fecundos 60 años de Bob Dylan BENJAMÍN PRADO
A sus
sesenta años, Bob Dylan es un hombre muy delgado que ya no cabe en ningún
sitio normal. Lo saben los que hayan seguido su carrera y le hayan tenido que
hacer un hueco en su casa a sus casi cincuenta discos oficiales. Lo sabemos aún
mejor, naturalmente, los coleccionistas, que hemos reunido, según nuestro grado
de dylanopatía, entre cuatrocientas y mil grabaciones piratas. Lo saben
también los que disfrutan viendo en vivo al cantante, una de cuyas ambiciones
es, según confesión propia, 'conseguir dar más conciertos al año que BB King',
lo cual significa acercarse a los doscientos. Hace diez años, cuando Bob, que
ya andaba embarcado en su famosa gira sin fin, The never ending tour,
cumplió medio siglo de vida, Bono, el cantante de U2, escribió que una de sus
50 razones para amar al maestro era ésta: 'Vivas donde vivas, Bob tocará una
noche en tu ciudad'. Y, desde luego, también lo saben los aficionados a las
biografías, que son inacabables y últimamente se venden al peso: la última
edición del clásico de Clinton Heylin Bob Dylan: behind the sades revisited
ya alcanza las 780 páginas; Song and dance man III. The art of Bob
Dylan, de Michael Gray, se ha ensanchado hasta las 918, y, batiendo marcas,
el volumen recién aparecido de Oliver Trager, Back pages: the definitive
encyclopedia of Bob Dylan, consta de 1.179. Personalmente, desconfío de ese
tipo de obras monumentales que, en los mejores casos, terminan por contarte cuánto
le miden los dedos de los pies al bajista de la banda de Bob, o algo así, y en
los casos más lamentables hacen que sus autores se parezcan, como una gota de
veneno a otra gota de veneno, al insufrible A. J. Weberman, aquel pirado que en
los setenta se dedicaba a registrar cada noche el cubo de la basura de Dylan
para buscar entre los desperdicios pruebas de su traición a la música folk
y de su caída en la mala vida. Dylan hizo de todo para quitarse a aquel basurólogo
de encima, desde darle un puñetazo hasta ofrecerle un empleo, pero fue en vano.
Esos tipos son así: hace poco leí la historia de un fan al que fueron a
ofrecerle las colillas de unos Marlboro fumados por su dylanísima, y
cuando preguntó para qué diablos podía querer esa porquería, el otro le
dijo: '¿Pero no te das cuenta? Su saliva está aquí. ¡En el futuro, lo podrían
clonar usando este filtro!'.
Las
proporciones de la obra de Dylan, desde luego, se han aliado con su genio para
convertirlo a él en un mito y a su música en una religión. Aunque en realidad
su música es un término incorrecto: de hecho, todas las palabras en
singular lo son cuando se habla de Bob Dylan, esa especie de camaleón al revés
que hace que cambie de colores todo lo que toca. Sus músicas: aquel rock and
roll frío y afilado de mitad de los sesenta que él definió como 'mercurio
salvaje'; aquel country ácido y bíblico de finales de la misma década;
el folk-rock de Desire; el gospel de marea alta que hizo en
su época religiosa, a principios de los ochenta; y así hasta llegar a esa
especie de pozos luminosos que son sus dos últimos discos absolutamente
redondos, Oh mercy y Time out of mind. Bob Dylan siempre supo cómo
bifurcarse de sí mismo y, por tanto, su música, diosa Shiva de múltiples
brazos, no es una sola cosa ni apunta a una sola diana.
¿Qué se
puede esperar de Bob Dylan después de todo eso? Es difícil de imaginar, porque
él siempre ha sido un genio desconcertante y un tirador solitario, la clase de
hombre que puede ser definido a la perfección con esta línea de André Gide en
Los alimentos terrenales: 'Aquel que, para guiarse, sigue una luz que él
mismo sostiene en la mano'. Sin embargo, que aún existan miles de personas en
el mundo esperando algo nuevo y grande de Dylan hoy mismo, este jueves del año
2001 en que cumple 60 años, significa muchas cosas. Su música es una religión
y, en consecuencia, de él se espera lo que se espera de un dios: cualquier día,
Bob Dylan levantará su mano y creará un nuevo mundo. Y nosotros, los
ciudadanos de Blonde on blonde o Blood on the tracks o Time out
of mind, nos iremos a ese mundo y seremos felices en él, lejos de los
bocazas, los mentirosos y los enterradores.
Domingo, 9 de septiembre de 2001
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Bob Dylan
demuestra su renacimiento creativo en su nuevo disco, 'Love and thief'
Era uno de los discos más esperados del año y va a satisfacer todas
las expectativas. Love and thief, la primera colección de nuevas
canciones de Bob Dylan desde 1997, llega a las tiendas españolas mañana;
por cuestiones de mercado, se vende aquí un día antes de que aparezca
en Estados Unidos. Grabado en Manhattan a lo largo de dos semanas de
mayo, a razón de una canción por día, Love and thief muestra a
un grupo jubiloso tocando al servicio de un Bob Dylan inspirado y, además,
con ganas. Este nuevo trabajo hace el número 43 en la discografía
dylaniana. Love and thief elimina de golpe el mal sabor que dejaron
tantos discos torpes o desmotivados. Dylan ha grabado su nuevo trabajo
con sus músicos de directo más el teclista Augie Meyers. El propio
cantante se ocupó de la producción, bajo su seudónimo de Jack Frost. Una decisión tomada tras lo que un diplomático describiría como 'intercambios francos de opiniones' con el productor Daniel Lanois durante la grabación de Time out of mind. De aquellas sesiones se recupera la solemne Mississippi, ahora en la forma adusta que su autor prefe
Love and thief es un recorrido por el espinazo de la música
estadounidense; blues, rockabilly, country y combinaciones
de las anteriores sazonadas con jazz o bluegrass. El mismo título,
Amor y robo, está tomado de un estudio de Eric Lott sobre una
curiosa aberración del siglo XIX, cuando cómicos, bailarines y
cantantes blancos se tiznaban manos y cara e imitaban las músicas y los
arquetipos de la minoría negra. En algunas de las fotos, un Dylan famélico
y con un mínimo bigote podría pretender estar caracterizado como, sí,
un tahúr del Misisipí. Un tahúr que sabe que conocemos todos sus
trucos, pero se acomoda a sus recursos -¡esa voz!- y se dispone a
maravillarnos. Lo consigue.Sin llegar a autoplagiarse, Dylan recupera fórmulas
sonoras que ya probó en su década más productiva y vertiginosa, la de
los años sesenta. Love and thief contiene canciones que podrían haber encajado
en Highway 61 revisited o The basement tapes. Se
encuentran afiladas piezas de rock-blues, como Honest with me
o Lonesome day blues, entre piezas de añejo sonido que podrían
haber recibido el recio y polvoriento tratamiento de The Band: Bye
and bye, Moonlight o Po' boy suenan a reconstrucciones
rurales de formas de Tin Pan Alley. El violín, el banjo y la mandolina
de Larry Campbell añaden allí toques exactos, aunque éste sea un
disco esencialmente guitarrero. El del año 2001 es un Dylan con solera, pero también fresco y
juguetón en músicas y letras. En Summer days retoma una famosa
ocurrencia de F. Scott Fitzgerald. 'No puedes repetir el pasado', le
lanza una mujer al protagonista, una estrella en decadencia. Que salta
como una navaja automática: '¿No puedes? ¿Qué quieres decir con que
no puedes? ¡Claro que puedes!'. Todo esto sobre un ritmo que, muy
apropiadamente, podría haber salido de un disco de Carl Perkins editado
por el sello Sun Records en los años cincuenta. No es la única canción
que se aproxima a lo que seguramente fue la primera música que Dylan
intentó tocar, el rockabilly sureño visto desde las tierras frías
del norte de EE UU. Alejado de la pantanosa morbidez de Time out of
mind, Love and thief tiene el impulso, el descaro, la riqueza
narrativa del mejor Dylan. De nuevo, Dylan el alquimista: el brujo que
tiene a su disposición la historia, la mitología, las raíces de EE UU.
Y que mezcla todo con humor y mano segura. |
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Viernes,
20 de julio de 2001 |
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Bob Dylan publica
su primer disco nuevo desde 1997, basado en las formas del 'blues'
Para el 11 de septiembre, se anuncia Love
and theft. El primer disco de Bob Dylan con nuevas canciones desde el
año 1997. Love and theft, que hace el número 43 en su discografía,
contiene 12 temas que, según manifestaciones de su autor al periódico USA
Today, son 'variaciones sobre la estructura de los 12 compases y las
melodías del blues; la música es una rejilla electrónica, con
las letras como elemento unificador'. El resto de las declaraciones de Bob
Dylan al citado periódico estadounidense son típicamente enigmáticas y
burlonas, muy propias del cantante. 'Las canciones en sí no tienen ninguna
historia genética. ¿Que si es como Time out of mind o Blood on
the tracks o Oh mercy o cualquier otro? Probablemente, no. Lo
veo más como un disco de grandes éxitos, el Volumen 1 o el Volumen
2. Pero sin éxitos. Al menos, de momento'. De este modo contesta Bob
Dylan a las preguntas del USA Today. Siguiendo la pista de su magnífico Blind
Willie McTell, aparece una mención explícita a uno de los gigantes
del blues rural en Highwater (for Charlie Patton). Hay otras
referencias a los orígenes del blues en títulos como Mississippi
-registrada anteriormente por la cantante Sheryl Crow- o Lonesome day
blues. Para confeccionar Love and theft, Dylan ha contado con
Larry Campbell, Charlie Sexton y demás habituales de su grupo de acompañamiento,
reforzados por músicos de confianza como el organista tejano Augie Meyers,
su amigo desde los tiempos del Sir Douglas Quintet. El anterior trabajo de Bob Dylan fue Time
out of mind, en 1997. Publicado tras la enfermedad de pulmón que puso
en peligro su vida ('realmente llegué a pensar que me encontraría pronto
con Elvis Presley'), Time out of mind fue acogido con entusiasmo
-se llevó tres premios Grammy- y se ha convertido en uno de los discos más
vendidos de la carrera del cantautor, un artista enormemente influyente,
pero con escasa presencia en las listas de éxitos. Según Don Ienner, presidente de Columbia
Records, la idea es que Love and theft continúe la racha
comercial: 'Es un disco para las masas, no exclusivamente para el núcleo
de fans de Bob Dylan. Hay montones de personas que no se sienten
representados en la mayor parte de la música que suena hoy y Love and
theft es el tipo de disco por el que hay demanda real. Bob Dylan es único,
su música es única y lo prueba Love and theft'. El pasado 24 de mayo, Dylan cumplió 60 años
y su discográfica editó dos recopilatorios, uno con grabaciones en
estudio, The essential Bob Dylan, y otro con piezas registradas en
directo, Live 1961-2000. No hubo celebración oficial del
acontecimiento, aunque Bob Dylan agradeció la salida por esas fechas de A
nod to Bob, un disco de versiones folk de sus canciones que la
independiente Red House Records organizó desde su Minnesota natal y que
cuenta entre sus intérpretes con varios amigos de los primeros tiempos. 'Cara mia, te amo'
Que hayan transcurrido cuatro años desde Time
out of mind no significa que Dylan se haya ausentado totalmente del
estudio de grabación. Compuso Things have changed, para la película
Wonder boys, y se quedó encantado de que la canción ganara un
Oscar y un Golden Globe. Más recientemente, ha aportado a la serie
televisiva Los Soprano una peculiar versión de Return to me,
una balada romántica de los años cincuenta que fue un éxito para Connie
Francis y Dean Martin. La grabación, sazonada por un acordeón, tiene un
ambiente callejero y permite escuchar a Dylan en plan Romeo italiano, con
frases como cara mia, ti amo. Dylan se halla precisamente de gira por
Italia. No tiene previstos conciertos en España, donde se presentó en 11
ciudades en 1999, en varias de ellas con un telonero de lujo, su gran
admirador Andrés Calamaro. La promotora Gamerco espera que vuelva a
visitarnos hacia febrero de 2002. |
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DIARIO EL PAÍS, S.L. |
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Lunes,
2 de julio de 2001 |
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BOB DYLAN Y EL ARCÁNGEL
SAN MIGUEL
Bob Dylan nació hace ya 60 años en Duluth, una discreta localidad de Minnesota, y ahora se subasta el dúplex donde vivió hasta los seis años quien entonces sólo era Robert Zimmerman. Kathy Burns, rendida admiradora de Dylan, compró la vivienda en 1996 por 62.000 dólares con ánimo de convertirla en un museo, pero hubo de renunciar a la idea al irse a vivir a la Costa Este. Burns la acaba de ofrecer en eBay, la casa de subastas por Internet, donde un anónimo admirador se ha hecho con el dúplex a cambio de 94.600 dólares (unos 18 millones de pesetas). No parece mucho, pero Duluth, con sus 85.000 habitantes, no es precisamente una meca turística. El año 2001 está resultando muy Dylan, con dos biografías, un oscar y también el reconocimiento de que desde 1969 está retratado como el imponente y aislado arcángel San Miguel en lo alto de una de las torres de la catedral gótica de Trondheim, a medio camino entre Oslo y el Círculo Polar Ártico noruego. El octogenario escultor Kristofer Leirdal ha confirmado en el diario Adressavisen las historias que circulaban por la ciudad. 'Es cierto que me inspiré en Dylan y en sus facciones cuando hice el san Miguel', ha declarado Leirdal al hablar de su trabajo en la restauración de la catedral en la que los monarcas noruegos comienzan su reinado. 'Veía al cantante como el representante de los norteamericanos que se oponían a la guerra de Vietnam. Me pareció adecuado que un gran poeta rematara la torre'. |
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Viernes,
13 de abril de 2001 |
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LA VIDA DISCRETA DE BOB DYLAN
Carol Dennis era una joven vocalista que había hecho coros con Burt Bacharach y Stevie Wonder cuando en 1978 recibió la llamada de una amiga que estaba saliendo con Bob Dylan. El cantante y compositor le ofrecía trabajo. '¿Quién es ese Bob Dylan?', preguntó entonces Carol, dejando boquiabierta a la otra parte. Ocho años después se casaban, el mismo año en que nació Desiree Gabrille Dennis-Dylan. Aquella boda y la hija eran un secreto hasta que una biografía no autorizada del autor de Blowin' in the wind ha arrojado luz sobre algunos aspectos de su vida. 'Bob y yo optamos por mantener secreto nuestro matrimonio por una simple razón: para que nuestra hija tuviera una infancia normal', ha explicado Carol Dennis en un comunicado. La madre sale al paso de la idea que da el escritor británico Howard Sounes en Down the Highway: The Life of Bob Dylan de que el cantante trató de esconder la existencia de la hija, idea que ella califica de 'maliciosa y ridícula'. Los padres acordaron que la niña figurara sólo con el apellido de la madre hasta que tuviera edad para decidir si quería también el del padre, que asumió hace dos años, con 13. Dylan y Dennis se divorciaron en términos amistosos en 1992 y el padre se siguió ocupando de la hija y pasando una pensión a la madre. 'Ha sido un padre magnífico, que se ha interesado constantemente por Desiree', dice Carol. Bob Dylan, que el mes próximo cumplirá 60 años y el mes pasado obtuvo el Oscar por el tema Things have changed, de la película Wonder Boys, ha optado por el silencio. Antes de conocer a Carol se había divorciado de su primera mujer, Sara. Aquel matrimonio educó cinco hijos, cuatro de la pareja y otro de Sara. |