Guía íntima para no perderse en la discografía de un genio


RICARDO AGUILERA
Elegir los discos más significativos de un artista que sólo se dedica a hacer obras maestras puede llegar a resultar un ejercicio algo mostrenco. Aceptando los riesgos y el calificativo, éstos son los resultados:

«The freewheelin' Bob Dylan» (1963).- Con su segundo disco, Dylan arma el taco. El mundo abre sus orejas a un artista que revoluciona la música con letras incendiarias y un estilo salvaje, pese a su formato folk. Para la posteridad, queda un himno universal: Blowin' in the wind. La canción popular descubre que puede ser un arma para despertar conciencias y, además, sonar bonito.

«Blonde on blonde» (1966).- Harto de la espesura del cantautor, Dylan se electrifica y, de paso, electrocuta al respetable con su mundo interior: abigarrado, surrealista, contradictorio, ácido y dulce. Discos anteriores (Bringing it all back home y Highway 61 revisited) ya anunciaban esta obra capital del rock lisérgico. Dos pasos por delante que el resto de la profesión, Dylan revienta moldes.

«The basement tapes» (1967/1975).- Retirado del mundanal ruido por un exceso de sí mismo -disfrazado de accidente de moto-, Dylan se reconstruye con la ayuda de The Band. Este disco casero fue editado casi una década después de su grabación. En él, están las claves de otras joyas, como John Wesley Harding, Nashville skyline o New morning. La imaginación al poder y por derecho.

«Pat Garret & Billy the Kid (BSO, 1973)».- Los primeros 70 fueron años extraños para Dylan: componía poco y actuaba menos. Sin embargo, Sam Peckinpah le convenció para que hiciera esta banda sonora a cambio de un papelito en la película. Dylan asumió el estilo del genial director y le hizo un traje musical a la medida: delicado y brutal a partes iguales. Una joya llamando a las puertas del cielo.

«Blood on the tracks» (1975).- Tras años de violentos volantazos estilísticos y vitales, Dylan vuelve por sus fueros con un disco incuestionable. La ruptura sentimental con su mujer, Sara Lowndes, le empuja a dar lo mejor de sí mismo en esta increíble colección de momentos cumbre de la canción. Los que ya le daban por acabado se muerden la lengua.

«Desire» (1976).- Este disco es producto de la resaca de una gira legendaria: la Rolling thunder revue. Encelado en su huida hacia adelante, Dylan graba baladas-río de enorme enjundia narrativa y gran éxito comercial: Joey, Hurricane, One more cup of coffee o Romance in Durango. Detrás del maestro, un grupazo, en el que destaca la voz de Emmylou Harris y el violín de Scarlet Rivera.

«Oh Mercy» (1989).- Grabado en Nueva Orleans con el productor estrella Daniel Lanois y la inestimable colaboración de Neville Brothers, este disco muestra un Dylan más que maduro, cuajado. Es el mejor reflejo del último Dylan, un tipo que ha dado varias vueltas de tuerca sobre sí mismo. Temas como Political world vienen a ser la cara cínica de aquel ingenuo Blowin' in the wind.

«Good as I been to you» (1992).- Hacía 38 años que Dylan no grababa un disco acústico, aquel Another side of Bob Dylan, del 64. Harto de grandes productores y de lujosos grupos de apoyo, empuña la guitarra a solas para recorrer el lado oscuro del cancionero tradicional norteamericano.

Pies de fotos tituladas

DEL FOLK AL ASFALTO.- Su relación con Joan Baez tuvo en vilo a los jóvenes airados que clamaban por la ascensión de los nuevos valores. Dylan y ella escribieron juntos algunas de las páginas más gloriosas de la música popular contemporánea. Poesía y canción para impulsar la esperanza antes de que los primeros años 70 trajeran los vientos de crisis. La fotografía muestra al dúo en el Festival de Cambridge de 1964.

LA IMAGEN MAS POLEMICA.- A Dylan siempre le ha acompañado la controversia: sus letras, su carácter, sus convicciones, etcétera. Pero si hay una imagen que haya irritado de verdad al público del rock fue cuando, en 1997, el cantautor se atrevió a tocar ante el mismísimo Papa Juan Pablo II. La fotografía en la que ambos se saludaban dio la vuelta al mundo y provocó insultos por parte de los más irreverentes.

DIAS DE REBELDIA.- Después del tormentoso Woodstock y de venerar la figura de Woody Guthrie, Bob Dylan contesta a los incipientes piratas del rock (que pusieron en circulación The great white wonder, el primer álbum no autorizado en su carrera) con Self portrait, plagado de rarezas y piezas inéditas. Corría el año 1969 y Dylan (en la imagen, con 28 años) decepcionó en el Festival de la Isla de Wight.


 

24 de mayo de 2001-

 

 

El hijo pródigo del blues
Bob Dylan publica su nuevo trabajo de estudio después de cuatro años: «Love and theft», una vuelta a sus raíces

MAURILIO DE MIGUEL
MADRID.- Nuevo compacto de Dylan. El número 43 en la discografía de quien parece pactó con el diablo la longevidad artística que pueda soñar un músico popular. Dylan sobrevivió a la edad de los bellos cadáveres, allá por los años 60. Escapó a las sobredosis, accidentes y suicidios de su primera década prodigiosa, y el resultado ha sido larga vida al césar de la canción de autor.

De hecho, ni los recientes problemas cardiacos que sufrió le retiraron con las botas puestas. Eso sí, de ello se derivó una visita musical al Papa que ya ni siquiera levantó las ampollas que había levantado entre los incondicionales que le veneraban y veneran, su puesta de largo roquera, su presunto sionismo, su época de autocomplacencia country o su conversión evangélica.

Se han escrito ya toneladas de papel sobre este músico blanco de padres espirituales negros. Se ha hecho más que literatura sobre la literatura de este creador inclasificable, que aspiraba a ser el nuevo Elvis y, al intentarlo, acabó marcando estilo en el folk, la poesía beat y el rock armado, el country, el blues de Memphis, el gospel y la balada de crooner.

Toda una trayectoria de ave fénix la suya, que, a principios de este mismo año, aparecía por enésima vez puesta en solfa antológica, con el doble compacto titulado Essential y un primer plano de su rostro juvenil de folksinger en la carátula. Pues bien, su misma mueca entre soñadora y somnolienta de hace unos meses ha servido ahora para presentar Love and theft, su nuevo trabajo de estudio. Dylan no ha dejado nunca de rascarse la cabeza, preguntándose por el dónde, el por qué y el cómo de su tarea creadora, galones de francotirador y lucidez beatnik por delante.

Love and theft supone, también, la enésima vuelta de Dylan a sus raíces, con algo más, mucho más que palos tradicionales de la música americana en las partituras.

Love and theft es un álbum de nuevas andanzas electroacústicas, con mano para los compases de salón jazzy y taberna blues. Toda una demostración de estrofa larga y melódica, sobre la que cabalga, a pelo, su voz de aguardiente gran reserva.

El encantador de serpientes ha vuelto por sus fueros portuarios para hablarnos de amores robados, días de verano entre cerdos y princesas indias, corazones inagotables, bautismos de fuego y futuros que pertenecen al pasado, luces enigmáticas de luna y arranques de honestidad.

Dylan ha vuelto por caminos distintos a los que sugería la inercia, tras los tres grammy y las excelentes ventas que cosechó con Time out of mind (1997), su anterior álbum de temas inéditos. Y es que, a sus 60 años, los 450 conciertos que ha ofrecido de tres años a esta parte le han recargado las pilas, en vez de agotarle... Secretos de un cazador de musas, que deja el coleccionismo de mariposas para las viejas glorias decididas a arroparse ya, cuanto más mejor, en escenarios y estudios de grabación.

Letras con sangre

Blues de raíl guitarrero. Blues de ritmo cerril y silabeado, erre que erre, convencido de que la letra con sangre entra. Blues cuerpo a cuerpo, ferroviario, vitamínico o decididamente apoyado en la instrumentación del swing. De principio a fin, Love and theft implica, sin embargo, mucho más que un recetario de esencias. Responde al manual estilístico de un maestro inimitable, que sorprende con sus arreglos de cuerda en temas como Floater (to much to ask), con tiempos de music hall, ambientes de club jazzy e introducciones de banjo para sus alegatos más inquietantes. Por cada amago de melodía galante hay dos descargas de garganta desnuda en Love and theft.

Los tiempos han cambiado y han corrido a favor del trovador estadounidense. Ya no se espera todo de cada uno de sus álbumes: fidelidad a unos principios y rupturas radicales, ojos de visionario, brazos para la solidaridad y pies en la tierra de la realidad mercantil. Dylan disfruta, ahora, de libertad absoluta para crear, desde su conciencia social y sensorial. Ha demostrado que las exigencias mesiánicas de vanguardia y barricada no acabaron con él.


 

El mundo 10 de septiembre de 2001

 


El mundo

 

28 de sept de 1997

 

Las letras de Bob Dylan inspiran las palabras del Papa ante 400.000 jóvenes en Bolonia

 

 

CRISTINA ALDAZ

ENVIADA ESPECIAL

BOLONIA.- «Iniciamos nuestro encuentro con el salmo número 96, que invita a cantar al Señor un canto nuevo».

Juan Pablo II cerró así en Bolonia, ante 400.000 jóvenes, una página negra entre la Iglesia y el rock.

Una página negra en la que hasta ayer el rock salía perdiendo por ser, según decían, ««un instrumento del diablo».

Y como prueba de ello, la actuación de Bob Dylan ante Juan Pablo II, algo nunca imaginado si uno no cree en los milagros.

Pero ayer en Bolonia el diablo se convirtió en ángel y su sonido agitó las almas de un público compuesto, casi al 100 por 100 por fervientes católicos, sacerdotes, religiosas, obispos y cardenales.

Si por la tarde el Papa beatificó a Bartolomeo María del Monte -un sacerdote boloñés que vivió en el siglo XVIII-, por la noche la voz de Bob Dylan, comunista, de origen judío, representante sobre la tierra del Mayo del 68 y no católico confeso, subió a los cielos de Bolonia, ciudad que cierra hoy el XXIII Congreso Eucarístico Nacional de Italia.

Se hizo el silencio cuando se oyeron las primeras notas de Blowin'in the wind, cuya letra fue recitada por un grupo de jóvenes. Y esta vez la respuesta no quedó flotando en el aire. Un adolescente le preguntó al Papa: «¿Cuál es el camino?». Y Juan Pablo II lo señaló utilizando algunas de las letras de las canciones de Dylan.

GRAN OVACION.- Luego apareció el diablo, Bob Dylan. La ovación más amplia y sentida de la noche -a excepción de las que iban dirigidas al Papa- se la llevó él, todo vestido de negro y con sombrero tejano.

Después de cantar dos temas, se quitó el sombrero y besó el anillo del Pontífice. Dylan fue el único que consiguió caldear el ambiente, sólo él provocó gritos de histeria (aislados) e hizo vibrar al público. Su guitarra y su voz conquistaron a las 400.000 personas presentes, muchas de las cuales antes se negaban a escucharle.

Y es que ayer fue la noche de la paz. La actuación de Bob Dylan puso punto final al concierto Jesús live superstar, que fue retransmitido íntegramente por la RAI, en el que intervinieron otros intérpretes pecadores, como Gianni Morandi, non grato para los católicos más radicales por ser divorciado, y Lucio Dalla, acusado de tener moral y costumbres muy dudosas. El resto de los cantantes que participaron, Adriano Celentano, Andrea Bocelli y Samuele Bersani entre otros, fueron aceptados por todos sin problemas desde el primer momento.

HOMENAJE A LENNON.- Pero no hubo pitos ni abucheos para nadie. Y fue precisamente Morandi el divorciado quien, tras ser recibido con una gran ovación, rindió un homenaje a otra de las grandes figuras del rock, John Lenon. Los sonidos de las primeras notas de Imagine, uno de los más universales cantos a la paz, hicieron que se encendieran cientos de mecheros.

Llegó después Dalla, el de las costumbres dudosas, que tuvo así su oportunidad de redimirse. Cuando se acercó a saludar al Papa, algunos de los sentados en la zona vip, no pudieron reprimir una exclamación de asombro: «¡Ver para creer, Dalla con el Papa!».


El público más atípico de Dylan

Cientos de miles de adolescentes llegados de todos los puntos de Italia abarrotaron ayer las calles de Bolonia en formación de a 20. A la cabeza de cada uno de estos grupos iba un sacerdote vestido con clergyman que llevaba un palo alto en cuyo extremo un cartel indicaba su procedencia y servía, también, para que nadie se dispersase.

La Via Della Independenza , centro neurálgico de una Bolonia normalmente tranquila y ayer desquiciada y tomada por la seguridad vaticana, se transformó en un río incesante de jóvenes mochila al hombro.

La avalancha humana, que avanzaba por las calles como si de una plaga del Antiguo Testamento se tratase, se completaba con sacerdotes varios, frailes pertenecientes a las más diversas congregaciones: dominicos, franciscanos, jesuitas... También había boy-scouts, monjas de hábito, hijas de María Auxiliadora, seminaristas y más de 1.200 periodistas.

Mucho público que al parecer no estaba dispuesto a dejarse sus ahorros en la excursión a Bolonia (el concierto fue gratuito). Los únicos que hicieron el agosto fueron los vendedores de una especie de mochila que, al abrirla, se convertía en un pequeño taburete (2.000 pesetas).


 

El cantante Bob Dylan, hospitalizado por una grave afección cardiaca

 

El autor de «Like a Rolling Stone» ha cancelado la gira que le traía a Europa durante el mes de junio

 

NUEVA YORK.- El cantante de folk estadounidense Bob Dylan se encuentra hospitalizado a consecuencia de una infección cardiaca que puede ser fatal, señaló ayer la compañía discográfica Columbia Records.

En un comunicado, la compañía de discos informó de que Dylan ingresó en un hospital el pasado fin de semana tras sufrir fuertes dolores de pecho. Los doctores que le atienden diagnosticaron que padece histoplasma, una infección potencialmente mortal y que produce un hinchazón en la bolsa que rodea el corazón, según la compañía de discos.

El comunicado no especifica dónde está hospitalizado el artista y cuál es su actual estado, pero informaciones procedentes de diferentes medios indicaron que el artista se encuentra en un hospital de Nueva York.

La repentina enfermedad ha obligado a Dylan a cancelar su gira europea por Irlanda, Reino Unido y Suiza, según fuentes cercanas al cantautor, quien debía actuar junto con el cantante Van Morrison en Londres el próximo 7 de junio.

Bob Dylan, que cumplió 56 años el pasado sábado, lanzó su primer disco en 1962 y está considerado uno de los más influyentes cantautores de su generación. Entre sus canciones más populares destacan Blowin in the Wind, The Times they Are A-Changin, Subterranean Homesick Blues y Like a Rolling Stone.

Dylan, cuyo verdadero nombre es Robert Allen Zimmerman, nació en Duluth (Minnesota) el 24 de mayo de 1941 en una familia de origen judío.

El cantante inició su carrera al instalarse en Nueva York en 1961 y al año siguiente vendió millones de copias de su primer álbum discográfico, Bob Dylan.

Su trayectoria se ha visto continuamente interrumpida por retiradas temporales, lo que no ha impedido que sea considerado por la crítica como uno de los mitos musicales de los años 60, y ha compaginado la composición y las actuaciones con el cine.

 


 

6-10-97

 

Bob Dylan vuelve a resucitar en el Wembley Arena de Londres

 

El cantante estadounidense continúa en el Reino Unido su «Gira Interminable», coincidiendo con la salida de su último disco

 

CRISTINA FRADE

CORRESPONSAL

LONDRES.- El verano pasado, a muchos les conmocionó menos saber que Bob Dylan coqueteaba con la muerte, víctima de una grave pericarditis, que descubrir que el ídolo de los sesenta seguía vivo. A lo largo de la última década, el músico estadounidense -para algunos el mejor compositor del siglo- parecía obstinado en darse por desaparecido.

Su reciente actuación en Bolonia, como animador del Congreso Eucarístico y bendecida por el Papa Juan Pablo II, no despejó del todo esa sospecha. En cambio, su visita al Reino Unido, que ha coincidido con la publicación de su primer disco con temas nuevos desde 1990, ha confirmado definitivamente la resurrección del artista.

En el flamante Time out of mind, producido por Daniel Lanois, Bob Dylan se ha rodeado de músicos casi tan legendarios como él: Jim Dickinson, Augie Myers, Cindy Cashdollar y Duke Robillard.

Pero para escuchar alguno de los temas del álbum número 41 de su discografía oficial, hubo que esperar ayer hasta el penúltimo de los cuatro bises.

Sobre el escenario del Wembley Arena de Londres, lleno hasta la bandera de incondicionales -y no sólo había cuarentones en las gradas- se hizo evidente la fragilidad de su cuerpo, encorvado sobre la guitarra y como a punto de desintegrarse al primer paso en falso. Pero también era obvio el poderío recobrado de su voz y su banda.

Durante una hora, Dylan sembró el delirio con míticas canciones como Silvio, One too many mornings o Like a rolling stone. Tal vez no era lo que esperaban los críticos, ansiosos por oirle interpretar algún tema del nuevo disco, pero fue lo que el músico había decidido tocar anoche y lo que movilizó al público.

A lo largo de su Gira Interminable, como fue bautizado desde el principio el tour en el que se embarcó en 1988 y que todavía continúa, han sido muchas las actuaciones deprimentes, en las que ni los dylanianos más recalcitrantes acertaban a encontrar algo encomiable en su ídolo. Con suerte, regresaban a casa tras haber asistido a un brevísimo destello de su genio.

Quizá fue a ellos a quienes dedicó el concierto de anoche en la capital inglesa, a todos los que en el pasado le han oido destrozar impunemente sus mejores canciones. Sólo después de recorrer su repertorio de country-blues, en el tercero de sus cuatro bises, se atrevió a atacar por fin un tema del sombrío Time out of mind, Love sick.


Bob Dylan quiere volver a actuar cuanto antes

 

Según fuentes cercanas al músico, continúa hospitalizado, aunque su estado no es muy grave

 

CARLOS FRESNEDA

CORRESPONSAL

NUEVA YORK.- Bob Dylan cumplió ayer su quinto día en la unidad de vigilancia intensiva, aquejado de una grave infección en el pericardio (el tejido membranoso que rodea el corazón) que hacía temer por su vida.

Justo después de anunciar la suspensión de la gira europea de Dylan, su compañía de discos, Columbia Records, emitió un breve comunicado informando de la dolencia del cantante y de su ingreso en un hospital (aún no se sabe si en Nueva York o en Londres).

Ayer circularon todo tipo de rumores sobre su delicadísima situación. Dylan sufre al parecer una histoplasmosis, una infección causada por un tipo de hongos que crecen en arena contaminada con excrementos de pájaros.

La histoplasmosis puede tener un desenlace fatal si no es atacada a tiempo y se disemina por otros órganos, según los expertos.

Al parecer, Dylan no ha tenido que ser operado y está siguiendo un tratamiento de choque con fuertes antibióticos. Pasa la mayor parte del tiempo sedado y apenas es consciente de cómo ha llegado a la cama del hospital. «Lo único que quiere es salir de la cama y volver a los escenarios cuanto antes», confesó ayer al New York Post una fuente cercana al cantante.

Para agosto esperaba ilusionado una serie de conciertos, con sorpresa incluida: probable actuación a dúo con su hijo Jakob. 30 de mayo del 97

 

4 de junio del 97  


Primeras declaraciones tras dejar el hospital

 

Bob Dylan: «Pensé que iba a ver a Elvis demasiado pronto»

 

 

LOS ANGELES.- El cantante Bob Dylan se recupera de la infección pulmonar que casi le cuesta la vida, después de haber sido dado de alta del centro donde ha estado hospitalizado desde el pasado 25 de mayo, según confirmó ayer su representante.

En un breve comunicado, el cantante norteamericano de 56 años, autor de temas como Blow in the wind, expresaba la alegría que le produce su mejoría. «Llegué a pensar que iba a ver a Elvis (Presley) demasiado pronto», agrega el comunicado.

10 de agosto del 97


1 de octubre

 

Los placeres y los días

FRANCISCO UMBRAL

 

Dylan y el Papa

 

 

En principio, era inevitable que más pronto o más tarde se encontraran. Bob Dylan y el Papa. Los profetas del bien y los profetas del mal son el mismo profeta, son colegas y acaban coincidiendo. Ya dijo Anatole France que «en aquel tiempo, los desiertos estaban populosos de anacoretas». En el desierto fin de siglo, Bob Dylan, el judío que le robó el nombre a Dylan Thomas, se ha encontrado con Wojtyla, el profeta que ha tomado el cuerpo de Cristo.

Eran los sesenta y Dylan cantaba una revolución y una contracultura que nunca vinieron. Es lo que Haro Tecglen llamó definitivamente «las revoluciones imaginarias». Dylan ganó mucho dinero predicando contra el dinero. Han pasado treinta años, Dylan ya no puede creer en nada, salvo en su arte, y canta para el Papa y se arrodilla frente al Papa, delante de 400.000 jóvenes en concierto. Le conviene acercarse a los poderes terrenales, ya que no ha podido con ellos. El Papa, que va a dedicar los últimos años de su papado a la juventud del mundo, utiliza a Dylan como señuelo para esa juventud. ¿Por qué no paran un poco el concierto y se sientan a hablar de condones, abortos y drogas? No tienen nada que decirse, son irreconciliables, pero se disputan un mismo público planetario, la juventud, y eso les ha llevado a una alianza aberrante. El Papa sabe más por viejo que por Papa. Dylan va de sombrero tejano. Cojonudo.

El encuentro es sígnico porque quiere decir que los yeyés de los sesenta nos estamos entregando a la catequesis del Vaticano -la infanta de la gente hace un cursillo prematrimonial-, y quiere decir, asimismo, que al Papa ya no le basta con enmogollonar a los tullidos y viejos de Tercer Mundo, pues ha descubierto, como un escritor cualquiera, que si quieres perpetuar tu mensaje tienes que ponerlo en las manos lanceoladas de la juventud.

La juventud es el futuro. La Iglesia tiene el futuro asegurado entre los banqueros y los dictadores, pero este Papa, este hombre llamado Juan, quiere futurizar su mensaje, como es lógico, y entonces entramos en el lenocinio recíproco de un Dylan que acaba arrodillándose ante la Iglesia y un Papa que acabará siendo el Papa/pop. Las mocedades occidentales están viviendo de las mismas místicas que nosotros, cuando éramos ellos, sólo que recicladas y comercializadas. La consigna es vender. Bob tiene que vender su música, el Papa tiene que vender su latín y yo tengo que vender mi castellano. El viejo Pla opinaba que el comercio da más dinero que un empleo. El Papa tiene un empleo en el Vaticano y Dylan tenía un empleo en la contracultura, pero ya no hay contracultura porque la hemos integrado en la cultura misma. Lo que cuenta es un sombrero y una conducta. Del sombrero de Dylan no tenemos nada que decir. Su conducta ya es otra cosa. El y el otro han querido fanatizar a la juventud. Pero nadie se baña dos veces en el mismo río adolescente, porque la juventud pasa.

La cosa fue en Bolonia, Italia, II Congreso Eucarístico Nacional. El Papa dijo a los jóvenes: «La respuesta a las preguntas de vuestra vida flota en el viento, que es soplo y voz del Espíritu». O sea, esas vaguedades líricas que se reserva el Papa para estos casos. Lo peor que se puede hacer con la lírica es aplicarla a un programa/proyecto determinado, pero el Papa lo hace mucho. Y Bob Dylan se ha prestado al juego. Y es que hay que dar de comer a la guitarra. Por suerte, algunos no tenemos guitarra.

29 de sept 97

HOY LUNES

LUIS ANTONIO DE VILLENA

 

Dylan: no cambian los tiempos

 

 

NOSTALGICOS de la rebeldía y amantes del folk-rock, recordarán una de las canciones fundamentales de aquel Bob Dylan de los días de la conmoción: The times are changing: Los tiempos están cambiando. Claro, también iba a llegar una fuerte lluvia (y es una fuerte lluvia la que va a caer) y todo se renovaría: era ese tiempo nuevo que, contra el marxismo ortodoxo y contra el capitalismo y la religión burguesa que lo bendice -desde lo alto- quería, soñaba, pedía aquella contracultura, en la que unos cuantos -pocos- fuimos jóvenes y hermosos, bellos y condenados... No nos engañemos, Dylan -estupendo cantautor- hacía muchísimo que había desertado. Quizá tema la derrota o acaso (Bob tiene ya 56 tacos) simplemente se haya hecho viejo.

El tiempo -todos lo saben- es la más conservadora de las ideologías, precisamente porque destruye y muda, al parecer sin sentido. Conocí chicas trotskistas, buenas amigas mías, que hoy son puritanas mamás que hablan del necesario centrismo; y a jóvenes modernos, siempre en línea de fuego, siempre en avanzada, que hoy regañan a sus hijos porque vuelven tarde a casa -pobres jóvenes eternos- y les avisan de todos los peligros de la modernidad, incluido el bakalao, esa bobada. Decir sí sale siempre más rentable que decir no, y los años piden comodidad. ¿O es que Dylan, arrodillado ante el Papa, nos ha gastado una broma, y mañana volverá a decir que es más judío que Moisés y Abraham juntos? Bob Dylan es un excelente músico y letrista -ahí está su nuevo disco, Time out of mind- pero también fue un alto poeta Paul Claudel y era más beato que santa Margarita María de Alacoque. Acaso Bob mude su apellido -homenaje al bardo y borracho Dylan Thomas- y se rebautice ahora, Bob Claudel o Bob de Hipona (ojo, el pueblo de san Agustín) ¿no sería más lógico? El gran Bob Dylan, con todo, nos enseña que Wojtyla y Netanyahu pertenecen a una misma concepción del mundo, que el judaísmo es el padre del catolicismo, y que la edad y el sillón son aznaristas. ¡Piedad para los pobres rebeldes, caballeros! Sólo nos falta a los malos, que Bowie, ahora, se nos meta a monja redentorista

28 de sept del 97

TOMAS FDO. FLORES

 

Llamando a las puertas del cielo

 

 

Cuando a finales de agosto, el Vaticano anunció que el mismísimo Bob Dylan particiaparía en el festival del Congreso Eucarístico de Bolonia, frente al Papa, muchos nos quedamos perplejos.

Es muy libre de cantar donde quiera. De prestar su nombre, que es lo relevante, a un acontecimiento así. Un acto colectivo que es, además, una operación de imagen de sus promotores, la jerarquía de la Iglesia Católica.

El ha sido para varias generaciones prototipo del artista contestatario, de rebelde incombustible. Forma parte de la memoria emocional de muchos, con sentimientos íntimos y colectivos de personas sanamente convencidas por la condición humana como la gran esperanza de sociedad.

Es cierto que él ya grabó en 1979 un disco que era una glosa al cristianismo, Slow Train Coming. También ha editado otros con variados rumbos espirituales y profanos.

Proscrito por el sistema muchas veces, ahora, a su 56 años, canta para él. Su grave enfermedad del pasado verano hizo recordar algunas de sus mejores metáforas, como aquella de su legendario Knocking on heaven's door.

Ahora nos dice que los tiempos estan cambiando, de nuevo. Pero esta vez la respuesta no esta soplando en el viento.

Mañana lunes se lanza en todo el mundo su nuevo álbum, Time out of mind. Un trabajo con el que regresa después de varios años de silencio discográfico y que, por encima de todo, es una obra brillante en la que cuenta como intentar alcanzar el cielo pero también habla de amores enfermizos, de distancias dolorosas y carreteras sucias.

Y, no nos preocupemos, no son canciones políticamente correctas.

 

 

volver a prensa 

volver al principio

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1