JAVIER GIRALDO / Jesuita
colombiano
"Uribe
está paramilitarizando sutilmente Colombia"
El País
22 de abril de 2004 Página 9
Elisa silió, Madrid/
A
finales de los ochenta, el jesuita colombiano Javier Giraldo participó en el
proceso que obligó al Estado de su país a reconocer la muerte de 100 personas
en Trujillo a manos de soldados y policías. Ahora confía en que "las matanzas"
durante el Gobierno de Alvaro Uribe no queden impunes. Antes de diciembre de
2005, 13.000 paramilitares se han comprometido a dejar las armas, pero
Giraldo, vicepresidente de la Liga Internacional por los Derechos de los Pueblos,
asegura que su número va a más. Lo indican las cifras de un banco de datos
sobre las muertes violentas en Colombia que elabora desde hace 15 años la
oficina de Derechos Humanos del Centro de Investigación y Educación Popular
que él dirigió. Denuncia que allí no le dejan informar y ha aprovechado su
paso por Madrid para recoger el Premio Juan María Bandrés, que le ha concedido
la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), para denunciar lo que
ocurre.
"El
Gobierno de Uribe ha trazado una estrategia de paramilitarización muy sutil:
la seguridad democrática. Dice que es para los sindicalistas, los defensores de
los derechos humanos, los indígenas... pero en la práctica éstos están
desprotegidos", argumenta. "Se han multiplicado las detenciones
arbitrarias, las acusaciones, las capturas y los procesos por delitos
supuestamente políticos con métodos que no permiten defenderse".
"Uribe habló de la posibilidad de tener un millón de informantes y hace
pocos días se hablaba de dos millones. Son pagados por el Gobierno y eso rompe
con la moral de la información", reflexiona. "Un desempleado
encuentra que si acusa a su vecino de guerrillero se puede ganar algo para
comer. Son informaciones que no son evaluadas con seriedad". Se detiene a
hablar con pasión de un pueblo "heroico", San José de Apartado.
"En
marzo del 97 se declaró como una comunidad de paz en una zona de lucha entre
la guerrilla y los paramilitares", explica. "Idearon un reglamento en
el que se comprometen a no vender alimentos a los bandos, a no permitir las
armas e incluso a no consumir alcohol para no dar información borrachos".
Giraldo sostiene que Uribe, gobernador en esa época de Antioquia, donde se
encuentra la comunidad, se enfrentó al obispo al pretender el político que la
localidad de 3.000 personas rompiera sus lazos con la guerrilla y aceptase la
presencia del Ejército. Desde entonces, dice, su vida es un infierno. "Ya
van 135 muertos. Les han mandado 80 mensajes en los que les dicen que van a
destruir la comunidad", señala. Cuarenta de ellos, afirma, han sido
torturados para que inculpasen a los líderes de la comunidad como guerrilleros,
"cosa que es falsa", y en noviembre de 2002, el Ejército asesinó a
cinco conductores que les llevaban comida para que nadie se atreviese a
abastecerles. Ahora, remarca, son autosuficientes y no pueden
comerciar su cacao porque se les acusa de pertenecer a la guerrilla. Se alarma"
las encuestas hablan de un 80% de popularidad de Uribe. ¿Cómo las hacen? Uno ve
la gente sometida a una depresión sin precedentes y se dice: “¿Cómo un pueblo
es tan masoquista de apoyar lo que destruye?”