EL CORREO

MARTES, 27 DE ABRIL DE 2004

JAVIER GIRALDO DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS

«En Colombia sólo quedan los restos de la acción social»

Este jesuita, galardonado con el premio CEAR, promueve una querella en España contra el general Ritualejo

 

GERARDO ELORRIAGA BILBAO

 

«Llegaban a miles, con una olla pequeña, sin saber por qué aquellos hombres armados les habían obligado a abandonar sus casas». Hace seis años, el padre jesuita Javier Giraldo colaboró con los campesinos que se hacinaban en el estadio de Turbo, una ciudad al oeste de Colombia. «Construimos albergues con ayuda internacional y les apoyamos en su regreso o reubicación. ¡Fueron largos años de trabajo!», explica. Pagó su compromiso con unas víctimas más del interminable conflicto del país latinoamericano sufriendo su propio exilio transitorio. El sacerdote ha llegado al País Vasco para visitar el Parlamento, recibir el Premio Juan María Bandrés, instituido por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y recabar apoyos para una querella criminal que se presentará en la Audiencia Nacional, a la manera de aquélla que se interpuso en España contra el general chileno Augusto Pinochet. Sus declaraciones son una larga relación de atrocidades, de crímenes sin castigo que no parecen tener fin.

 

 ¿Qué pretende con esta iniciativa?

 

Justicia, porque en Colombia los tribunales están corruptos. Tenemos pruebas que imputan más de doscientos muertes al general Ritualejo, pero allí la impunidad es absoluta para los militares. Yo escribí a fiscales, a políticos, a embajadores, explicando lo que ocurría y sólo recibí un simple acuse de recibo.

 

¿Ni siquiera contaba con el apoyo de la Iglesia?

 

He tenido muchos problemas con los obispos colombianos. La Iglesia local es muy reacia a la denuncia y yo creo que se trata de una obligación moral. Cada tres meses publicamos una memoria en relación a los derechos humanos y me dicen que eso no le conviene al país, que tensiona los ánimos.

 

Sin audiencia

 

También se muestra muy crítico con los medios de comunicación.

 

Los defensores de los derechos humanos carecemos de audiencia y los periodistas ya ni se atreven a hacer preguntas a los portavoces militares. En cierta ocasión, una emisora de televisión me hizo unas preguntas y no tuvieron escrúpulos para sacarlas de contexto como si contestara a una pregunta afín a sus intereses.

 

Incluso ha asegurado que Colombia es una 'democradura'.

 

 Porque la democracia es una apariencia y la opresión, sutil o violenta, resulta cotidiana.

 

Ha afirmado que si ha decaído el número de asesinatos es porque ya no queda gente que matar o la desmovilización es absoluta.

 

Las estadísticas que yo coordino indican que la cantidad ha aumentado en los últimos años, pero sí que es cierto que después de una campaña de terror tan prolongada tan sólo prima el instinto de conservación.

 

¿No se siente solo en esta labor contra la represión oficial?

 

Sí. Hoy sólo quedan los restos de los movimientos sociales. Los demás se exiliaron o los mataron. Incluso hay grupos enteros en la cárcel.

 

 

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