JAVIER GIRALDO
Jesuita
colombiano premio Juan María Bandrés
Provincia Diario de las Palmas, página 24 abril 30 de 2004
A Javier Giraldo le basta con la palabra serena. No precisa de
malabares dialécticos ni arquitecturas mediáticas para que su voz se alce,
pausada y constante, entre la sinrazón de la violencia colombiana. Lleva
décadas denunciando la "estrategia genocida" del Gobierno colombiano
contra su propio pueblo y la Fundación CEAR le acaba de premiar por el empeño.
"Los canarios han de entender lo duro que es dejarlo todo y
marcharse lejos"
José Naranjo
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Javier Giraldo ha convertido el silencio en una entradilla. Entre frase y frase,
este jesuita menudo nacido hace
sesenta años en el departamento
colombiano de Antioquia se detiene para tomar aire y se regodea en esa paz. Piensa, coge
carrerilla y, de repente, empieza a hablar.
Palabras como masacre, genocidio, paramilitares, matanza, desaparecidos se van resbalando
de su discurso como si describiera una tarde de verano. Asi es
la Colombia por la que lleva toda una vida luchando contra el olvido CEAR le acaba de dar el premio
Juan Mari Bandrés por su defensa de los
refugiados y ayer ofreció una conferencia en el Patio de las Culturas.
¿Qué está pasando en realidad en Colombia?
Sobre Colombia hay una especie de cortina
de silencio. Todos saben que el baño de sangre es la realidad trágica en la que vivimos,
pero no se entiende muy bien en el
exterior, parece que es la lucha de
facciones violentas ajenas al Estado y
enfrentadas entre sí, pero no es verdad. En realidad estamos viviendo
un conflicto armado entre grupos guerrilleros y el Estado, que fue quien inició en 1962 a
instancias del Ejército estadounidense toda una estrategia paramilitar con el objetivo de responder y
exterminar lo que ellos llamaban la
ideología comunista.
¿A qué se refiera con baño de sangre?
En los últimos 25 años han muerto a
consecuencia de la violencia política
más de 60.000 personas en Colombia. Desde el año 1991 el promedio de ejecuciones extrajudiciales
por parte del Estado es de 1.067 por año, unas 88 al mes, mientras que en 2003, con el
presidente Alvaro Uribe en el poder, la cifra ha
sido de 1.140 95 al mes. No veo que 1a violencia política esté
cediendo.
¿Qué responsabilidad tiene el propio Gobierno colombiano en todo ello?
Es a los paramilitares, que se aliaron
con los grandes narcotraficantes, a quienes a partir de los años
ochenta se encargan las acciones más
sucias y más criminales. Los
gobiernos de Gaviria y Samper dieron visos
de legalidad a estos grupos y el actual presidente
Alvaro Uribe ha llevado a su climax la estrategia paramilitar del Estado. Sus últimas medidas han sido
crear una red de dos millones de
informantes que practican la
delación a cambio de dinero y promulgar
una ley que supone la impunidad de
facto para los paramilitares.
Pero ha habido conversaciones de paz...
Que
nunca han abordado la raíz del conflicto: la exclusión de las grandes mayorías
civiles, la depredación de los recursos naturales, la complicidad de las
grandes multinacionales o la ausencia de políticas para combatir el hambre, la
escasa educación y la miseria de los trabajadores.
En un país con tanta violencia, ¿no
ha sentido miedo por su denuncia constante?
Claro
que sí, sobre todo los primeros años. Luego te haces más fuerte y predomina la indignación sobre el miedo. Entiendes que si estás
en riesgo, la gente con la que trabajas lo pasa mil veces peor.
¿Y la Iglesia? ¿Le apoya en su
lucha?
Los obispos colombianos no son partidarios de
la denuncia y me han censurado. Nunca cuestionan al Gobierno o a la policía y envuelven
sus críticas en un lenguaje abstracto. Ellos hablan de reconciliación, pero
cobijan la impunidad en este lenguaje, dos cosas incompatibles. El perdón no se
puede identificar con el olvido. Primero hay que reconocer y comprender todo
lo que pasó.
En los últimos años Canarias ha
recibido a miles de emigrantes colombianos, ¿qué desea decir a quienes critican
esa emigración?
Los canarios deben entender lo duro que es
vivir en Colombia, lo que significa toda esta tragedia y lo difícil que es
abandonar todo por cuanto uno ha trabajado y marcharse lejos.
Chávez, Lula, Kirchner, Lagos,
¿está cambiando algo en América Latina?
Son
el germen de algo, pero hay que esperar mucho tiempo. En realidad representan
un sistema que se desmorona. Esta es la hora de los movimientos sociales.