Carta al Periódico el País de España

Noemí Sanín Posada. Embajadora de Colombia

25 de abril de 2004

 

Con respecto a las declaracio­nes del jesuíta colombiano Ja­vier Giraldo, recogidas por EL PAÍS el pasado jueves, una pre­gunta parece de rigor: ¿tiene ra­zón el mencionado sacerdote cuando dice que "el Gobierno de Uribe ha trazado una estrate­gia de paramilitarización, muy sutil: la seguridad democráti­ca"?

El presidente Uribe fue elegi­do mayoritaria y democrática­mente, con el mandato ciudada­no de restablecer con firmeza el imperio de la ley. Fue elegido para recuperar en todo el terri­torio el derecho a la vida, el ejercicio de las libertades, la jus­ticia, y garantizar el derecho a la propiedad dentro de un Esta­do social de derecho. El cumpli­miento de este mandato, tan ele­mental para cualquier país por ser la esencia misma del Esta­do, en Colombia resultó renova­dor y logró el optimismo de los colombianos.

Cuando el presidente Uribe asumió la presidencia, los co­lombianos teníamos más territo­rio que Estado, el mundo ente­ro veía con estupor la incapaci­dad del Estado para enfrentar el terrorismo y garantizar la convivencia. Nuestra democra­cia estaba amenazada, y se había roto nuevamente la esperan­za de alcanzar la paz a través del diálogo. Fue precisamente por la incapacidad del Estado de garantizar los mínimos dere­chos de los colombianos que surgió un grupo armado de ex­trema derecha que ha pretendi­do, de manera criminal, llenar ese vacío. Son los llamados paramilitares, financiados por el narcotráfico y el secuestro, al igual que las guerrillas terroris­tas de extrema izquierda.

Mal puede, entonces, preten­derse que un presidente que es­tá devolviendo, por la vía demo­crática, la seguridad a los co­lombianos, sea tachado por al­gunos de autócrata. Mal puede confundirse el ejercicio de la au­toridad legítima con el autorita­rismo.

Ahora bien, hay quienes pre­tenden, a la luz de legítimas di­ferencias ideológicas, confundir la democracia con su propio pensamiento. El ejercicio de la democracia, en sí mismo, no es patrimonio de ningún partido y, afortunadamente, de ninguna ideología. Tampoco se puede pretender que una ley cuando ha sido aprobada, con mecanis­mos absolutamente democráti­cos, sea una expresión de la de­recha. La ley es un instrumento de la justicia y es el marco y la frontera con los que debe ac­tuar cualquier gobernante.

 

Han podido los países civili­zados a través de la historia de­fenderse con la ley, frente a la embestida de la barbarie, de los abusos económicos o de cual­quier exceso de los poderosos; ¿por qué, entonces, los colom­bianos no podemos, dentro del ejercicio de nuestra democra­cia, defendernos de la embesti­da de unos terroristas que han venido impidiendo nuestra con­vivencia y la transformación so­cial de unas realidades inequita­tivas que imperan desde hace mucho tiempo en nuestro país?

Considero que el padre Giral­do, con afirmaciones de este es­tilo, está, guardadas proporcio­nes, tan equivocado como el cura Pérez con la fundación del grupo guerrillero ELN.— Noemí Sanín Posada. Embajadora de Colombia.

 

 

 

 

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