LOS ULTIMOS DIAS DE LA TIERRA
por Luis G. Del Corral
Jack Vance, si en algo destaca como maestro de la literatura fantástica y de ciencia-ficción de aventuras es en su habilidad para crear nuevos mundos y sociedades en las cuales desarrollar sus historias. No pocas veces, en realidad el interés de su obra reside en la descripción del mundo y su historia más que en la trama aventurera del o de los protagonistas, que lo acaban recorriendo de un extremo a otro. Además, no pocas veces se nota que Vance planea sus obras con varios volúmenes ya en mente, de tal manera que en realidad sus series no son una sucesión de volúmenes distintos, sino uno dividido en varias entregas. Y lo más importante todavía. Es de los poquísimos autores que se preocupa de que sea cierto eso de que los diferentes tomos de cada serie se pueden leer independientemente unos de otros sin perder comprensión -todo lo más, disfrute. En este caso, el mundo escogido para las aventuras de sus personajes no difiere mucho de nuestro propio mundo. De hecho sería el mismo de no ser por el detalle de que la acción se desarrolla en...
-La Tierra Moribunda.
El escenario es el remotísimo futuro del vigesimoprimer eón... La Tierra es ahora un planeta agonizante, con un sol convertido en una luz roja y mortecina que en cualquier momento puede apagarse y sumir todo en la oscuridad final. Un mundo donde la magia ha recuperado el papel que poseyera en el pasado y extrañas criaturas -y esto es literal, porque Vance habla de ellas lo justo, como si el lector supiera como son y actúan- acechan buscando la consecución de sus propios fines. Aquí, más que en ningún otro texto del creador de Tschai, el Planeta de la Aventura, se hace patente una de las constantes de su obra: No es el más fuerte o el más diestro con las armas quien sale vencedor. Es el más ágil de pensamiento, el más astuto quien logra sus objetivos. La Tierra Moribunda es un lugar pleno de egoísmo -en el sentido de que cada uno persigue tan solo sus propios fines-, en el cual la amistad es casi inexistente. De hecho, más que amigos, se hacen "socios" en uno u otro negocio. Un lugar oscuro, crepuscular, deprimente. Pero así debe de ser, ya que se trata de transmitir los últimos momentos de vida de un planeta en el cual las únicas glorias que quedan ya son las pasadas, y no se recuerda lo que era un héroe. De hecho hay pasajes del texto definitivamente negros y deprimentes, y aunque al final el protagonista logre sus objetivos, ¿qué importa? El sol no es más que un rescoldo a punto de extinguirse. Pero eso no amilana a los habitantes de este mundo, al menos a la mayor parte. Si de todas formas maneras su mundo va a acabarse, ¿por qué preocuparse por aquello que no tiene remedio?
-Modelando la realidad
La magia posee por derecho propio un lugar exclusivo en esta tierra que agoniza. Muchos taumaturgos ha habido, cuyo nombre me callaré, sobre todo porque la lista es muy extensa, amen de lo exótico de algunos nombres, como Ao de los Ópalos o Iucounu, el Mago Reidor. Sobre los conjuros en sí, en el cuarto tomo de la saga, Vance da una explicación verosímil y creíble -respecto del universo creado- de la naturaleza de la magia, sus practicantes, los fines que persiguen... Posee un aire de... familiaridad, esa es la palabra. Cuando se trata el tema, los personajes hablan de ella como se puede hablar del tiempo o la cosecha. Es algo habitual, conocido, y sobre todo, aceptado como medio para conseguir los propios fines. Incluso si tan solo se conoce un conjuro para volver el pelo blanco, es motivo de orgullo y hasta soberbia tal conocimiento mágico. La nomenclatura es pomposa y rimbómbate, con nombres como:
-Malepsia Física de Xarfaggio
-Bondad Multiplicada por Doce de Lutar Brassnose
-Conjuro del Enquistamiento Remoto
-Postergación Verde y Púrpura de la Alegría
-Esfuerzo Eléctrico Instantáneo
Y muchos mas, todos por el estilo. Los efectos sin embargo, son bien conocidos unos, como el chispazo del Esfuerzo Eléctrico, o exóticos otros, como el Enquistamiento. Este encierra a su victima en una cápsula... a setenta kilómetros bajo tierra. Aparte, se incluyen procedimientos -que no rituales- y artefactos mágicos que contribuyen a dejarlo claro: la magia es extraña y sus energías ajenas a lo humano. Aun a pesar de la propia naturaleza de sus practicantes y los fines a que es destinada.
-El Vigesimoprimer eón
La serie está dividida en cuatro volúmenes, cuyos títulos son:
-La Tierra Moribunda (The Dying Earth, 1950) -Los Ojos del Sobremundo (The Eyes of the Overworld, 1966)
-La Saga de Cugel (Cugel's Saga, 1983)
-Rhialto el Prodigioso (Rhialto the Marvellous, 1984)
En España ha sido publicada por Ultramar en su desparecida colección de bolsillo en 1986 -los tres primeros tomos- y 1987, año en el que coincidiendo con la publicación del cuarto volumen fueron reeditados los tres anteriores. Como se ve, Vance se tomó su tiempo para dar forma a la saga. Nada menos que 34 años entre el inicio y el final de la misma. Sin embargo, esto no menoscaba el desarrollo de la misma, ya que no presentan una historia unitaria al uso. De hecho, tan solo "La saga de Cugel" es continuación directa del libro precedente, y sin embargo, no es necesario haber leído "Los Ojos del Sobremundo" para su comprensión.
El primer tomo es el que posee un tono más romántico y menos oscuro. Más que una velada angustia por un mundo agonizante, lo que transmite es melancolía y nostalgia, añoranza. A lo largo de seis historias protagonizadas por personajes diferentes pero relacionados entre sí -lo que dota al libro al mismo tiempo de una rara mezcla entre independencia y unidad-: Turjan de Miir, que ansía crear vida, T'Sais de Embelyon, una mujer que busca la belleza y el amor o Guyal de la Esfera, sediento de saberes. Leyendo tomos posteriores, este se revela como una mera intención de contar buenas historias sin otra pretensión, narraciones sencillas pero por eso mismo muestra de buen hacer literario, sin adornos pero sin austeridad.
En cuanto al segundo y tercer tomos narran las desventuras de Cugel el Astuto, víctima de Iucounu el Mago Reidor. Estos dos tomos muestran la más típica base de la narrativa de Jack Vance: es la inteligencia la que prevalece, y la fuerza no es más que algo anecdótico y/o peligroso. Y cuando el arriba firmante hablad de desventuras, lo hace con todas las de la ley, las desgracias se suceden una tras otra. El protagonista no acaba de superar una cuando ya sufre otra peor e inesperada. Situación que no deja de recordar el mito de Sísifo, por cierto. ¿Logra su venganza? Bueno, para saberlo, hay que leer los libros...
Respecto al cuarto volumen, este vuelve a ser una colección de relatos, tres en este caso, centrados en los avatares sufridos por un cónclave de magos, siendo una figura destacada Rhialto, que da título al libro. Aquí la magia halla su máxima expresión y queda definitivamente claro que es la Tierra, pero NO es nuestro mundo, que se halla en el remotísimo pasado respecto a lo narrado -allá por el primer o segundo eón-.
Son libros breves, que rondan las doscientas páginas, salvo "La Saga de Cugel" que alcanza las 300. Sin embargo, esto no menoscaba la facilidad y comodidad de su lectura. Vance sabe hacer asequible una trama de aventuras a la vez que describe el mundo y sus hechos. Actualmente, puede que todavía sea posible conseguir estos libros en la sección de saldos de los grandes almacenes -se pueden encontrar auténticas maravillas a precios increíbles-, o en algún rastrillo o mercado -servidor los compró en el mercado semanal que se celebra cada lunes a apenas media hora en coche de su domicilio-.
Y recuerden los lectores: afilen su ingenio, aviven la llama de su astucia y no se fíen de nadie en tal mundo.