NUESTRA ACTITUD HACIA DIOS

Poco se nos dice acerca de Ana en el relato biblico; pero es suficiente para conocerla. Era avanzada en edad, amaba a Dios y consideraba la oracion como un ministerio. todos los dias iba al templo a orar. Sus oraciones no eran repeticiones vanas, cual las de muchos otros, sino suplicaba para que viniera el Mesias. Seguramente oraba por su pueblo que estaba bao el imperio romano, por los pobres y los enfermos. Habia conocido el dolor; pero no se habia amargado a raiz de ello. El dolor puede hacernos duras, resentidas, rebeldes contra Dios; o bien hacernos mas bondadosas. Puede despojarnos de nuestra fe, o hacer que eche raices mas profundas e inamovibles. Todo depende de nuestra actitud hacia Dios. Aumque Ana tenia mas de cien a�or no habia perdido la esperanza. La edad puede llevarse la lozania, las fuerzas de nuestro cuerpo, y la esperanza, convirtiendonos en personas amargadas y negativas. De acuerdo a nuestra actitud hacia Dios, sera el efecto en nuestra vida. Si pensamos en Dios como un ser distante, la desesperacion hara presa de nosotras. Pero si lo vemos como alguien cercano, dispuesto a ayudarnos, nuestra esperanza nunca morira. Ana conocia las escrituras y sabia que el Mesias habria de venir. Ademas, habia escuchado que Simeon tenia la promesa que no moriria hasta que viera al hijo de Dios. Sin duda, ella se aferro a esa esperanza y confio en que ella tambien lo veria. Esa actitud cambio el caracter de esa anciana. Mientras que el corazon albergue esperanza e ilusion puesta en Aquel que nos ama, nos mantedremos bien, porque la vejez no viene por la ancianidad sino por un corazon con esperazas ausentes o muertas.

Gloria Q.de Morris
Espa�a

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