Pues parece ser que se ha montado toda una campaña mediática que saca de las catacumbas la parafernalia de La Bola de Cristal, para solaz de treintañeros, que falta nos hacía sentirnos integrados de nuevo en una generación y poseer, como los mayores, nuestro mayo del 68 o nuestra transición. Para los treintañeros ya más ajaditos seguro que se está preparando en edición limitada algo de La Edad de Oro. Y si no al tiempo.
Pero no, no voy a hablar mal, que al fin y al cabo no eran programas deplorables, ni mucho menos. Tenían momentos originales y de inteligente agudeza. No se tome esto como cinismo, llevo tantos años insistiendo en que este es un país tercermundista en lo cultural y que en cualquier lugar civilizado estas cosas estarían editadas con mimo que me sería imposible dar a estás palabras otro sentido que el recto. Pero a partir de aquí, si esto no se hace costumbre no dejará de ser una operación comercial más -como los fascículos de labores de ganchillo- y no una investigación sobre las condiciones del pop en una década que todos tildan de dorada. Si hubiera un verdadero interés ya estarían agotados los dos libros, preciosos oiga usted, que Santiago Alba Rico publicó hace más o menos una década, llenos de guiones y de anecdotas. Pero claro, esos libros no tuvieron una campaña mediática, y es necesario ir a las librerías a buscarlos.
Y eso tampoco es lo que yo pedía. Es más, puestos a editar programas infantiles-musicales, visto que la mayoría de la gente está atenta en esos DVDs a sus recuerdos del programa y no al programa en sí, exijo que La Casa del Reloj o Un Globo, dos globos, tres globos pasen a ocupar espacio en los Kioskos, que a menda seguramente le marcaron más que La Bola. Porque si de lo que se trata es de recuperar nuestro pasado músical -actividad digna de loa, vuelvo a repetir- ¿donde está esa Pista Libre? ¿Donde el Popgrama con el concierto de Canito que parece ser que fue dónde empezó todo? ¿Dónde ese Musical Express con la única aparición en televisión de los C-Pillos? ¿Y el Auambabuluba que guarda actuaciones desmesuradas de Poch y enérgicas de Terry IV?
Pero no se me enfaden que este enlace sólo iba para comentarles una curiosidad. Resulta que la gente que ha comprado el CD de Subterfuge que recopila gran parte de las canciones del programa, después de escuchar sus himnos generacionales -algo así como el Susanita para los míos- se ha sorprendido de un par de canciones perpetradas por una tal Alicia Sí. Que si me acuerdo de ella, que si no me acuerdo, que si imágenes borrosas. Pues la tal Alicia Sí es ni más ni menos que Isabel Luna, de Las Chinas -reverencia ahora todos- y la espléndidda canción de la novia de Guillermo Tell, sin duda lo mejor del disco y de las pocas que sortea con elegancia el paso del tiempo, está compuesta por un tal Luis G. Escolar (la G es de Gómez). Vale ¿Y qué me cuenta César de este tío?, dirán ustedes, pues que este tío tuvo momentos grandes años ha. En principio su carrera musical empezó con un fugaz paso por Aguaviva -si no saben quién son no intenten averiguarlo- y por un noviazgo con Cecilia, eran la pareja pop del momento, que le llevo a incluir en su único Lp en solitario -que editó con el nombre de Simone- una canción que le prestó su novia y que ella nunca grabó.
Era, a la sazón, el año de 1974, y si el Lp es bastante curiosón y tiene melodías y arreglos de Juan Carlos Calderón agradables al gusto y que superan la guitarra de palo habitual y las letras ripiosas; vamos, que es uno de los Lps más agradables de esos años. Pero es que la canción que le hizo la novieta es de una impresionante sensibilidad, una letanía de caramelo sobre el amor y sobre el tiempo que seguro que no desmerecía en la voz de Irantzu. Canciones que se enfrentan a nosotros y nos dejan desnudos, como el portero en un mano a mano.
Poco después es miembro fundador de un grupo de esos de los que todos se ríen ahora pero con supremo éxito en la España del 75: La Charanga del Tío Honorio, tres artefactos disfrazados de cazurros que hacían del chiste paleto su razón de ser con letras de sainete moderno (El ONI ) que darían para un tratado sociológico de amena lectura. Y tiene tiempo para estar presente en el lanzamiento de Los Golfos y componerles el ¿Qué pasa contigo tío?. Y en éstas, al año siguiente, está presente en el encuentro entre su Eva y la parca en forma de carro de heno en Benavente.
Pues sí, este señor es el que está detrás de algunos de los sueños de su infancia que habían permanecido olvidados hasta ahora. No deja de ser bonito: los odiados cantautores, la rumba catalana y el roz rurá en el inicio más evidente de lo moderno. Y es que en el mundo, pese a todo, hay justicia.
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