Antecedentes Historicos
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ANTECEDENTES HISTORICOS

Este trabajo fue desarrollado por la Direcci�n de Estudios Hist�ricos del Ejercito con el personal de investigaci�n de esta fuerza y, fue cedido  por la dotaci�n del Grupo de Artiller�a 1 �Brigadier General Iriarte�   para el programa Destino...Malvinas.

ASPECTO GEOGRAFICO
El archipi�lago de las islas Malvinas se encuentra en el Oc�ano Atl�ntico, entre los meridianos 58� y  61� Oeste y los paralelos 51� y 52� Sur, aproximadamente a unos 550 Km. De la tierra m�s cercana, que es la costa continental argentina.
Esta integrado, principalmente, por dos islas mayores, la Gran Malvina al Oeste y la Soledad al Este, separadas por el Estrecho de San Carlos; un centenar de islas e islotes, - entre las cuales podemos nombrar las de San Jos�, Borb�n, Trinidad, Bougainville, San Rafael, Goicochea, Del Rosario, asi  como los subarchipielagos Sebaldes, del Pasaje y los Leones Marinos- lo completan, cubriendo una extensi�n total de 11.718 Km2, de los cuales 4.352 corresponden a la llamada Gran Malvina y 6.308 a la Soledad.
Constituyen un afloramiento de nuestra plataforma submarina, �ntimamente vinculada al suelo patagonico. Su relieve � en l�neas generales � desciende suavemente, desde el centro de las dos Islas  mayores hacia el mar; el cerro Independencia (698 m. En la gran Malvina) y el Alberdi (690 m. En la Soledad), son las dos alturas m�ximas. La costa es sumamente recortada, al punto de quedar la Isla Soledad casi seccionada por la Bah�a Ruiz Puente y el seno choiseul. Predominan llanos bajos de menos de 100 metros de altura que en forma casi exclusiva, sirven para el mantenimiento de numeroso ganado ovino de excelente producci�n lanar.

RECURSOS
Su principal riqueza son la lana y la pesca. tiene mas de 500.000 ovinos que producen alrededor de 2.500 toneladas de lana al a�o.
Estudios geol�gicos se�alan la existencia de importantes yacimientos petrol�feros en la zona.
Su abundante caza marina y pesca completan un modus vivendi de insospechables proyecciones.
LOS KELPER NO TOMARON EN CUENTA ESTO:
GOBIERNO Y PROPIEDAD
El �The Times� de Londres, en su edici�n del 25 de marzo de 1968 public�: Los habitantes de las Islas Malvinas no eligen su gobierno, son gobernados por funcionarios nombrados y designados; no controlan su econom�a, esta es controlada por un monopolio. No son due�os de la tierra en que habitan, esta pertenece a propietarios ausente de las islas.
NACIONALIDAD
De acuerdo a la modificaci�n introducida en 1968 la ley de inmigrantes del commonwealth, no pueden emigrar a Gran Breta�a quienes no hayan nacido en ella, o no sean hijos o nietos de oriundos de Inglaterra.
GEORGIAS SANDWICH SHETLAND Y ORCADAS DEL SUR
Las Georgias del sur est�n ubicadas 1.200 Kil�metros al sudeste de las Malvinas. Son Islas menores que rodean a la de San Pedro, que tiene alrededor de 3.500 Km2.
Las S�ndwich del sur ocupan el v�rtice exterior oriental de la base del tri�ngulo que comprende la Ant�rtida Argentina. Distan 600 Kil�metros al sudeste de Georgias.
Las Shetland del sur como las Orcadas del sur (aqu� la Armada Argentina estableci� la primera base austral el 22 de febrero de 1904) integran la Ant�rtida Argentina.

OCUPACION POR LOS INGLESES Y ACONTECIMIENTOS CONSECUENTES.
Hacia el a�o 1830, las noticias aportadas por el capit�n Fitz Roy luego de su periplo al sur en 1829, sobre el estado en que se encontraban las islas Malvinas, lo que exist�a en ellas, y la parte poblada del Archipi�lago, convencieron al Almirantazgo ingl�s sobre la facilidad de ocuparlas, teniendo en cuenta que las mismas podr�an servir como punto de escala en la ruta de navegaci�n hacia Australia por el Cabo de Hornos o el Estrecho de Magallanes.
Dispuestos a no perder esta magnifica oportunidad, las autoridades navales inglesas elevan a la consideraci�n del primer ministro Lord Palmerston, el proyecto por el cual se ordena al jefe de la Estaci�n Naval en el Brasil que �tomara medidas destinadas a ejercer el derecho de soberan�a a favor de su Majestad en las Malvinas�.
A fines de agosto de ese mismo a�o, el primer ministro responde a esa sugerencia diciendo que el reyes partidario de enviar a Puerto Egmont una de las naves que compon�an la flota del Atl�ntico Sur.


Recibidas la ordenes pertinentes, el Contraalmirante Sir Thomas Baker, jefe de la Estaci�n Naval Inglesa en Sudam�rica, redacta las instrucciones que debe observar el capit�n Juan Jaime Onslow, oficial encargado de la operaci�n, . Dichas instrucciones indican tomar puerto Egmont, izar la bandera inglesa y construir un fuerte. Si se hallara fuerza extranjera, deb�a poner en conocimiento del jefe de dicha fuerza cu�l era el objeto de la misi�n y la obligaci�n de evacuar la colonia; en caso de resistencia deb�a apelar a la violencia.
A pesar de las instrucciones redactadas por el contraalmirante Baker no se hace referencia a Puerto Luis o Puerto Soledad, lo cierto es que el Capit�n Onslow, llegado a destino y luego de una corta permanencia en puerto Egmont, se lanza a la conquista de Puerto Luis como si este fuera el objetivo principal.

LAS ACCIONES MILITARES
El 2 de enero de 1833, la  fragata inglesa �CLIO� penetra en la Bah�a de Puerto Soledad donde se encuentra estacionada a la goleta Argentina �SARANDI�, al mando de Jos� Mar�a Pinedo.
El comandante de la corbeta inglesa comunica a pinedo que, cumpliendo ordenes del almirantazgo, iba a tomar posesi�n de las Islas dentro de las 24 horas de su llegada, intimando a que fuera arriado el pabell�n  Argentino y que la �Sarandi� abandonara el lugar.
El oficial Argentino, ante la escasez de fuerzas con la que cuenta, considera in�til cualquier intento de resistencia, por lo cual solo atina a dejar sentada una protesta formal y a designar un representante suyo. Hecho esto, se embarca en la goleta, regresando con su gente a Buenos Aires donde da cuenta a su gobierno de la usurpaci�n.
D�as despu�s de efectuada la operaci�n de ocupaci�n de las islas, el capit�n Onslow leva anclas y zarpa rumbo al R�o de la Plata. No hab�a pasado mucho tiempo de la partida de la �CLIO� cuando fondea en la bah�a la goleta inglesa �BEAGLE�, cuyo comandante era el capit�n Fitz Roy. Luego de permanecer un tiempo en el archipi�lago, y ante el nuevo estado de las cosas, se apresura a confirmar al ciudadano franc�s Juan Sim�n como capataz de los peones argentinos que hab�an sido contratados por Luis Vernet
PROBABLES DESCUBRIDORES Y PRIMEROS ASIENTOS
La prioridad indudablemente, le corresponde a Espa�a, aunque resulte dif�cil afirmar quien ha sido el descubridor.
Su primer colonizador, el marino y militar franc�s Luis Antonio de Boungainville, expreso en 1771: �creo que el primer descubrimiento solo puede atribuirse al afamado navegante Am�rico Vespucio, el cual, en el tercer viaje que hizo para el descubrimiento de Am�rica, recorri� en 1502 la costa norte. Cierto que no supo si hacia parte de una isla o del continente, pero por la ruta que sigui�, por la latitud a que llego y aun por la descripci�n que hace es evidente que se trataba de Malvinas�. 
Treinta y ocho a�os despu�s de este reconocimiento de origen franc�s, una publicaci�n inglesa: The British Naval Chronicie, atribuye a Magallanes el descubrimiento del archipi�lago. Ello es notable, pues se olvida de todas las pretensiones inglesas y porque adem�s, reci�n hacia treinta y nueve a�os que su clandestino cuanto breve Port Egmont, Hab�a sido rendido y desalojado por la escuadra espa�ola  del Capit�n de Nav�o Madariaga.
Aun cuando la critica hist�rica no acepte con plena seguridad �cosa dif�cil de lograr, en ocasiones, para sucesos mucho mas recientes y de aparente sencillez- la realidad de estos descubrimientos bastan las fuentes indicadas para asentar un consenso general al respecto, expresado por el tiempo del primer intento de usurpaci�n brit�nica y, precisamente, de origen no espa�ol.
Hayan tenido o no parte en el descubrimiento Vespucio, Hernando de Magallanes, su piloto desertor Esteban G�mez o cualquier otro de los marinos espa�oles �o al servicio de Espa�a- que por estas aguas navegaron; sean o no identificables las Malvinas con las Sans�n �presentes con ese o parecido nombre o el de Patos en la cartograf�a  espa�ola desde 1527 y mas precisamente desde 1529- antes de promediar el siglo XVI fueron vistas, abordadas y habitadas por los tripulantes de una nave que integraba la expedici�n  armada por el Obispo de Plasencia. Hall�ndose en la boca del estrecho de Magallanes, el 31 de enero de 1540, recibi� �tanto viento sud sudeste, que era traves�a en la costa, y por la mucha mar�, se le quebr� la amarra... saltando el viento. El 4 de febrero vieron �unas 8 o 9 islas�, delante de la tierra que creyeron firme y que ha de haber sido la Gran Malvina, en cuyo actual  Puerto Moreno � seg�n an�lisis de nuestro vicealmirante Ernesto Basilico- Habr�an invernado poni�ndole � por nombre el Puerto de las Zorras, por respeto de que hab�a muchas�.
Este, aunque transitorio, es el mas antiguo asiento, no ya Europeo sino humano de que se tiene noticia; ning�n habitante encontraron los marinos de la nave cuyo nombre se ignora y que el estudioso norteamericano �defensor de los derechos Argentinos � Julius Goebel, rebautiz� por su cuenta como la INCOGNITA. Ello contrasta con el fantasioso informe de uno de los pretendidos �descubridores� Ingleses, Ricardo Hawkins quien sin declarar desembarco afirmo, en 1594, haber divisado �unas tierras que no esper�bamos ver tan pronto, ... alrededor de los 48�� y estaba �poblada �, aunque no pudo acercarse � a hablar con los habitantes�.
Esto suced�a 2 a�os despu�s del �primer� supuesto �descubrimiento� ingles, el de Juan  Davis  o Davies o de Hawkins, mayor credibilidad que a la identificaci�n entre Malvinas y �Sans�n� o �Patos�, de la cartograf�a Ib�rica. La ausencia de una consecuente incorporaci�n a la cartograf�a inglesa de la �poca , invalida absolutamente cualquier pretensi�n brit�nica al respecto.
�Es evidente �se�ala el profesor A. G�mez Langenheim- que ya por el a�o 1550, este archipi�lago as� como tambi�n las costas patag�nicas, eran conocidas por los navegantes espa�oles, portugueses e ingleses�. Por ultimo, recordemos que al finalizar aquel siglo, en 1600, dio noticia de las islas el holand�s Sebald de Weert, cuyo nombre conservamos
para el subarchipielago noroccidental, indebidamente rebautizado por los usurpadores como �Jas�n�.
Aunque la distancia dada por Sebald hasta la costa tampoco sea exacta, nadie ha puesto nunca en duda la veracidad de su encuentro con nuestras Malvinas.
DOMINACION ESPA�OLA
Los descubrimientos de nuestras tierras y la consecuente expansi�n colonial trajeron aparejados grandes intereses econ�micos y pol�ticos, marcando as� el comienzo de una nueva �poca en la historia del derecho internacional.
Por ese entonces, al carecer el mundo europeo de reglas de derecho para el gobierno de los descubrimientos y la ocupaci�n, tales hechos se sometieron al influjo de las sanciones eclesi�sticas que hab�an caracterizados la pol�tica internacional de la Edad Media.
Es la naci�n espa�ola la que ocupa, desde el primer momento, un lugar preponderante en sus esfuerzos, para someter a esas reglas internacionales los numerosos problemas emanados de la competencia nacional.
As� surge la delimitaci�n de las esferas de colonizaci�n y derechos de Espa�a y Portugal en el Nuevo Mundo, cuando en el a�o 1493, el papa Alejandro VI promulga cinco bulas: la Inter Caetera o bula de donaci�n �3 de mayo-, la Eximie Devotione �de igual fecha -, la Inter Caetera o Bula de Demarcaci�n �4 de mayo -, la Piis Filelium � 25 de Julio- y la Dudum Siquidem �25 de septiembre- En virtud de las mismas se le asigna a Espa�a a sus herederos y sucesores todas las islas y tierra firme descubiertas y a descubrir hacia el Oeste de una l�nea ubicada a 100 leguas al oeste de las  islas com�nmente llamada de las Azores o Cabo Verde, extendida de Polo a Polo. Adem�s se advierte a todas las personas que cualquier estado bajo pena de excomuni�n, que no deben dirigirse a esas regiones salvo en caso de estar autorizados. Este limite establecido, es trasladado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde o Azores, al firmarse, en Junio de 1494, en el tratado de Tordesillas  entre los reyes de Espa�a y Portugal.
De este modo, tales documentos brindan s�lidos fundamentos a favor de Espa�a y queda el Archipi�lago de las Malvinas bajo su jurisdicci�n. Por lo tanto, no necesitaba esta naci�n descubrirlas para tener plena soberan�a sobre ellas, porque sus derechos proven�an de un titulo anterior y superior al descubrimiento: las Bulas Pontificias; por las cuales se iba imponiendo en el derecho internacional un principio; el de la exclusividad de las navegaciones y del comercio en ciertos mares.
En los siglos 17 y 18 este mismo criterio informa los sucesivos tratados celebrados entre Inglaterra y Espa�a  los cuales no son otra cosa que una lucha para alcanzar el dominio econ�mico del hemisferio Occidental.
Despu�s de la reforma protestante y de la consiguiente ruptura de la unidad cristiana, algunos reyes disienten con la validez de los t�tulos derivados de la concesi�n pontificia; consideran que no por ello el descubrimiento se convierte en titulo de dominio.
A partir del siglo 18 las islas se transforman en un problema diplom�tico de importancia; la disputa entre Espa�a e Inglaterra por la Soberan�a de Malvinas, no es mas que una fase de la lucha mayor, que tiene por campo la pol�tica Europea a partir de la destrucci�n de la Armada Invencible de Felipe II en 1588.
Al terminar la guerra de la sucesi�n Espa�ola, es necesario tener en cuenta dos de los tratados que se firman entre Espa�a e Inglaterra por el de Madrid, del 27 de marzo de 1713, Inglaterra se compromete a imponer penas a todos sus s�bditos que en nav�o de su naci�n pasaran al mar del sur o a cualquier paraje  de las Indias Espa�olas, excepto los de la compa��a de asiento de negros. Y por el de Utrecht, de fecha 13 de julio del mismo a�o, el imperio espa�ol resguarda en uno de sus art�culos la garant�a de su integridad, ya que Felipe V se compromete a no �vender, ceder, empe�ar, traspasar a los franceses ni a otra naci�n, tierras, dominios o territorios� de la Am�rica Espa�ola. El mismo surge del deseo de limitar el engrandecimiento de Francia, pero continua en vigor para todas las naciones, aun la Inglesa.
Estos acuerdos de prohibir la navegaci�n y el comercio en zonas que no hubieran estado abiertas al trafico, constitu�an un sistema de derecho internacional destinado a mantener el status quo en las colonias, evitando conquistas, traspasos a aventuras mar�timas o comerciales, excluyendo las empresas colonizadoras. Sin embargo, no impidieron que Inglaterra tratara de extender su comercio en las indias, abusando de los privilegios que le conced�a el asiento de negros o practicando abiertamente el contrabando.
Graves disputas entre ambas naciones dieron origen a las guerras de 1718-20 y 1739-48. Pero en cada uno de los subsiguientes convenios de paz, los principios establecidos en Utrecht quedaron ratificados.
Una prueba de que Inglaterra reconoc�a por ese entonces los derechos Espa�oles sobre el archipi�lago Malvinense, fue cuando en 1748, despu�s de haber firmado la paz con Espa�a, suspendi� una expedici�n al Atl�ntico Sur, con la finalidad de fundar un establecimiento a iniciativas del Almirante Jorge Anson.
 
COLONIZACION  FRANCESA
Como ya hemos explicado, a fines del siglo 18, los franceses comienzan a realizar viajes por el pacifico, principalmente los marinos de Saint-Malo, aventureros que consideraban al mar su verdadera patria.
Despu�s de finalizada la guerra de los siete a�os, Francia perdi� Canad�, Luisiana y la mayor parte de sus posesiones en Asia. La paz de Par�s �1763- confirm� la victoria obtenida por Inglaterra sobre los Borbones de Francia  y Espa�a.
Una vez firmada la paz, Luis Antonio de Bougainville, propuso a los ministros de Luis 15 indemnizar a Francia por la perdida sufrida, mediante el descubrimiento de las �Tierras Australes y de las Islas que se Hallaren sobre la ruta�. Ello fue aprobado por el ministerio dice el marino.
� A principios del a�o 1763, la corte de Francia resolvi� formar un establecimiento en las Islas. Propuso al ministerio comenzarlo a mis expensas y secundado por los se�ores Nerville y D�Arboulin, uno mi primo hermano y el otro mi t�o, hice  en el acto construir y armar en Saint-Malo, bajo la direcci�n del se�or Duclos Guyot hoy mi segundo el ��guila� y la �Esfinge�.
Con el consentimiento del gobierno Franc�s, zarpa su expedici�n del puerto de Saint-Malo, en septiembre de 1763 y tras una breve recalada en Montevideo, el 2 de febrero del siguiente a�o, divisan la gran Bah�a de la Isla Soledad, donde se instalan al otro d�a y a la que Bougainville llama �Francaise�.
El 17 de marzo determina el emplazamiento de la nueva colonia a una legua al fondo de esta bah�a, en la costa del norte, en un peque�o pueblecito, que lo bautiza con el nombre de �Puerto San Luis�.
En esos momentos la colonia esta compuesta aproximadamente por 29 personas, con no mas de 5 mujeres y 3 ni�os. Se construyen casas cubiertas de juncos, un gran almac�n y un fuerte.
�El fuerte llamado San Luis fue construido bastante s�lidamente; los 12 ca�ones puestos en Bater�a, y en medio de esa peque�a ciudadela elevamos un obelisco de 20 pies de altura. La efigie del rey decoraba una de sus caras y se enterraron bajo sus cimientos algunas monedas con una medalla, en la que en una cara estaba grabada la fecha de la empresa y en la otra se ve�a el rostro del rey, con estas palabras por lema � Tibi serviat ultima Thule�.
El 5 de abril, Bougainville toma posesi�n de todas las Islas en nombre del rey Luis 15. Deja a los pobladores al frente de su t�o M. De Nerville y regresa con mayores recursos y 80 colonos de la Acadia, en enero de 1765. Este contingente aumenta, cuando en febrero de 1766 desembarcan 79 pobladores m�s. De tal manera, el numero de habitantes se eleva, aproximadamente a 150.
Espa�a que toma conocimiento indirecto, desde Montevideo y por diarios extranjeros, de la existencia de un establecimiento franc�s en territorio de su exclusiva pertenencia, inicia las correspondientes reclamaciones diplom�ticas, pues, por el pacto de familia firmado entre los Borbones de Francia y Espa�a, en 1671, ambas se garantizan rec�procamente, �todos los estados, pa�ses, islas y plazas y toda suerte de posesiones, sea cual fuere su situaci�n, sin reserva ni excepci�n�, y no habilita de ning�n modo, a los s�bditos franceses, a establecerse en tierras espa�olas.
Finalmente la corte de Versalles reconociendo los derechos de soberan�a de Espa�a en las Malvinas, conviene en abandonar el intento de colonizaci�n de las misma entreg�ndole al rey el establecimiento fundado en Puerto Luis con todos sus enseres y por su parte Carlos III  accede a rembolsar al fundador todos los gastos que hab�a efectuado.
Bougainville, despu�s de haber fijado los t�rminos del convenio en Madrid, llega a Montevideo el 31 de enero de 1767, desde donde se dirige a Buenos Aires, a fin de concretar las medidas necesarias para la devoluci�n de las islas a Espa�a. Estas son establecidas el 8 de Febrero de 1767 y la flota conjunta franco espa�ola zarpa el 28 de febrero con destino a las Malvinas, y llega el 25 de marzo luego de una penosa traves�a debido al mal tiempo. El mismo Bougainville devuelve a Espa�a el gobierno de esta colonia entreg�ndola al comandante espa�ol Luis Felipe Ruiz Puente.
�el 1� de Abril entregue nuestro establecimiento de las Malvinas a los Espa�oles que tomaron posesi�n de el enarbolando la bandera de Espa�a que desde tierra y desde los nav�os saludaron con 21 ca�onazos a la salida y a la puesta de sol. Yo hab�a le�do a los franceses habitantes de esta colonia naciente una carta del rey, por la que S.M. les permit�a quedar all� bajo el dominio del rey cat�lico. Algunas familias aprovecharon de este permiso; el resto con la plana mayor, fue embarcado en las fragatas espa�olas, las cuales aparejaron para Montevideo  el 27 por la ma�ana. En cuanto a m�,  me vi obligado a permanecer en las islas esperando la �Estrella�, sin la cual no pod�a continuar mi viaje�.
De este modo, �la soberan�a de Espa�a sobre las Islas Malvinas no sufre interrupci�n alguna, desde el momento que la decisi�n francesa no import� otorgamiento de titulo  y si reconocimiento del titulo espa�ol� con el reintegro de la colonia.
ESPA�A Y LAS PRETENCIONES INGLESAS
Poco tiempo antes de estos acontecimientos, Inglaterra dirige su mirada codiciosa hacia las islas del Atl�ntico Sur � ... con el fin de establecer una factor�a de car�cter permanente y cuya finalidad seria hostigar al comercio Espa�ol, tanto durante la paz como durante la guerra�.
Para llevar a la practica sus objetivos  organiza  una expedici�n que, al mando del comodoro John Byron, zarpa el 21 de junio de 1764. Su misi�n era practicar un reconocimiento de las islas para elegir lugares conveniente destinados a establecer una o mas colonias.
Byron reconoce las costas de la Malvina Occidental tomando como base un lugar que denomina Puerto Egmont, en honor al entonces primer Lord del Almirantazgo. Toma posesi�n de este punto e islas vecinas en nombre del rey de Gran Breta�a. Luego sigue viaje rumbo al estrecho de Magallanes.
Mas tarde el 8 de enero de 1766, otra expedici�n brit�nica a las ordenes del capit�n John Mc Bride arriba a las Malvinas. Se establece una colonia en Puerto Egmont, en una isla que los ingleses denominan Saunders y los espa�oles Trinidad. �La ocupaci�n es clandestina, ya que el capit�n Mc Bride trae instrucciones de �..Evitar cuidadosamente toda medida de hostilidad  o violencia en el caso de encontrar pobladores de otra nacionalidad� �.
Los espa�oles al tener noticias del establecimiento Ingles, inician largas tratativas diplom�ticas con el fin de evitar una guerra, Inglaterra se atiene al descubrimiento, a pesar de su ineficacia como titulo de dominio, y luego invoca la ocupaci�n, aunque Bougainville lo ha precedido, Espa�a, en cambio, sostiene la vigencia de los tratados de 1670 y 1713, ratificados posteriormente, que proh�ben a los ingleses navegar y comerciar en los lugares ocupados por los espa�oles en las indias occidentales y en todo los dem�s donde no hubieran navegado ni comerciado en tiempo de Carlos II. Adem�s, Espa�a contaba con la prioridad de ocupaci�n porque hab�a sucedido a Francia y recibido una colonia  ya formada.
�Carlos III, al advertir la ineficacia de las gestiones diplom�ticas, ordena al gobernador del r�o de la plata, Francisco de Paula Bucareli, el desalojo de los ingleses de Puerto Egmont. La misi�n es cumplida por el Mayor General de la Armada Juan Ignacio de Madariaga el 10 de junio de 1770�.
Esta acci�n produce gran sorpresa en Europa, e Inglaterra exige una reparaci�n por el agravio que se le ha inferido al atacar, en plena paz, su colonia. Al aumentar la tirantez entre ambas naciones, Francia interviene para evitar la guerra. Se llega as� a firmar el documento conocido como �Declaraci�n de Masserano� concertado en Londres el 22 de enero de 1771 por el cual el Monarca espa�ol se compromete a restablecer las cosas como estaban antes del acto del 10 de junio. Interesa hacer resaltar que en el no se habla de soberan�a, propiedad o derecho y se agrega que: �... la promesa que hace dicha Majestad  Cat�lica es restituir a S.M. brit�nica la posesi�n del fuerte y puerto llamado Egmont no puede ni debe afectar de modo alguno la cuesti�n de derecho de soberan�a de las Islas Malvinas.
Por lo tanto, Espa�a deja a salvo sus derechos sobre las islas. A trav�s de la correspondencia diplom�tica se ha demostrado que hubo una promesa secreta de evacuar las islas, acto que se materializa el 22 de mayo de 1774.
Desde 1767 reside en Puerto Soledad (ex puerto Luis) un gobernador espa�ol que depende de las autoridades establecidas en Buenos Aires y a partir de 1774, Espa�a adquiere la posesi�n de todo el archipi�lago. Hasta 1811, en que las fuerzas all� apostadas son trasladadas a Montevideo, ejerce indiscutibles actos de soberan�a que nadie objeta.
En 1790, al intentar Inglaterra poblar Nootka Sound en la costa Occidental del Canad�, en la cual los castellanos estaban fundando un establecimiento, se produce un serio incidente con Espa�a, que concluye con la firma del convenio de San Lorenzo el 28 de octubre de 1790. Por este tratado se abre el Pacifico a la navegaci�n Inglesa y en su articulo 6�  se establece: �se ha convenido tambi�n por lo que hace a las costas tanto orientales como occidentales de la Am�rica Meridional y a las islas adyacentes, que los s�bditos respectivos no formaran en lo venidero ning�n establecimiento en las partes de estas costas situadas al sur de las partes mismas costas y de las islas adyacentes ya ocupadas por Espa�a..
Al firmarse este tratado, Espa�a tiene poblaciones establecidas en Carmen de Patagones, San Jos�, Puerto Deseado y Puerto Soledad en las costas del Atl�ntico Meridional. Por lo tanto Inglaterra carece en absoluto de derechos para fundar all� cualquier establecimiento permanente y en adelante, no podr� esgrimir ning�n argumento para rehabilitar su antigua posesi�n.
Despu�s de la revoluci�n de mayo, el principio que va a regir los arreglos territoriales en Am�rica del Sur, es el llamado �uti possidetis� de 1810. De acuerdo con este principio se sobreentiende el derecho que poseen las nuevas rep�blicas (constituidas a partir de la transformaci�n pol�tica del antiguo imperio espa�ol), a tener por limites los de las primitivas  unidades administrativas.
No caben dudas de que las Islas Malvinas formaban parte del Virreinato del R�o de la Plata y, por lo tanto, la Argentina mantuvo y reafirmo su soberan�a en el archipi�lago en distintas ocasiones.
El 6 de noviembre de 1820 el capit�n David Jewelt, comandante de la nave Argentina �Hero�na�, en una ceremonia de car�cter formal, reafirma nuestros derechos e iza la bandera nacional en Puerto Soledad, Jewelt distribuye entre los capitanes de los buques anclados en las caletas pr�ximas, una carta circular para participarles la toma de posesi�n en nombre del gobierno de las Provincias Unidas de Sud Am�rica. Este documento es reproducido en la �Gaceta de Salem� del 8 de junio de 1821 y tambi�n en el �Redactor de C�diz� que la hab�a obtenido de una publicaci�n de Gibraltar.
Sin embargo, los loberos y balleneros extranjeros continuaron con la caza indiscriminada de anfibios. Durante el gobierno de Mart�n Rodr�guez, para contener estos abusos. Se decreta un aforo para aquellas tripulaciones que se dedicasen a la extracci�n de pieles y aceite por temporada; en cambio, quienes formasen colonias estables o levantasen construcciones permanentes, gozar�an de franquicias que pod�an llegar a la exenci�n de grav�menes.
Ante la ineficacia de tal medida, en 1822 se proh�be la caza de anfibios en las costas patag�nicas. Todos estos actos de preafirmaci�n de la soberan�a no provocaron ninguna reacci�n brit�nica. Un decreto de agosto de 1823, firmado por Mart�n  Rodr�guez y refrendado por el ministro Bernardino Rivadavia, concede a Jorge Pacheco el usufructo de los ganados que pueblan las Malvinas. Este, asociado con Luis Vernet, obtiene para el capit�n de  milicias retirado Pablo Areguati el nombramiento de comandante de Puerto Soledad.
Pacheco, desalentado por el mal comienzo de la explotaci�n, vende sus derechos a Vernet, quien se arraiga en Puerto Soledad. El 10 de Junio de 1829, un decreto de Mart�n Rodr�guez fundamentado en el derecho de primer ocupante, determina que:
�Art. 1�- Las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atl�ntico, ser�n regida por un comandante pol�tico militar, nombrado inmediatamente por el gobierno de la Rep�blica�.
Art. 2� fija la residencia del comandante de la Isla Soledad y el 3� lo faculta a cuidar en sus costas �la ejecuci�n de los reglamentos sobre pesca de anfibios�.
           El 30 de agosto, Luis Vernet enarbola el pabell�n Nacional en Puerto Soledad e intima 
            A los pobladores a acatar su autoridad.
            La primera queja brit�nica es presentada por el c�nsul Ingles en Buenos Aires, Woodbine Parish, el 19 de noviembre. Este diplom�tico desconoce la autoridad del gobierno argentino, incompatible con el derecho de su pa�s, fundado en el descubrimiento y subsiguiente ocupaci�n de las islas. El ministro Tomas Guido promete estudiar la    reclamaci�n que queda sin respuesta.

EL CONFLICTO DE LA LEXINGTON

Luis Vernet cansado de ver destruir los recursos naturales, el 31 de agosto de 1831 detiene a 3 pesqueros norteamericanos, incautando su cargamento. Uno de ellos logra huir y su capit�n da el informe a su gobierno, mientras que con el capit�n de otro llega a un acuerdo sobre pesca. Con el tercero, la goleta �HARRIET�, Vernet se dirige a Buenos Aires para someterla al fallo del tribunal de presas. Vernet no regresara a las Malvinas. En septiembre de 1832 se designa comandante civil y militar interino al Sargento Mayor de Artiller�a Esteban Jos� Francisco Mestivier, quien muere a fines de ese a�o, durante una sublevaci�n de parte de la guarnici�n y es reemplazado por el capit�n de la goleta �SARANDI�, Jos� Mar�a Pinedo.
Este incidente da lugar a la intervenci�n del c�nsul de los Estados Unidos, Jorge W Slacum, quien desconoce el derecho argentino a reglamentar la pesca en las Malvinas. En ese momento entra al puerto de Buenos Aires la Corbeta de Guerra �LEXINGTON� y el representante norteamericano da instrucciones a su capit�n, Silas Duncan, para defender con energ�a los intereses de sus compatriotas. A fines de 1831, este marino llega a Puerto Soledad. Enarbolando bandera francesa; procede entonces a tomar represalias contra los colonos y pone presos a los principales pobladores.
Este acto de pirater�a provoca indignaci�n en Buenos Aires. En febrero de 1832 el ministro Jos� Manuel Garc�a hace saber al c�nsul estadounidense que se ha resuelto suspender toda comunicaci�n con �l.
Importa poner de relieve que, informado de los sucesos de las Malvinas, el presidente de Estados Unidos, Andrew Jackson, en diciembre de 1831 solicita al congreso de su pa�s los medios necesarios para proveer una fuerza adecuada, a fin de proteger a los ciudadanos norteamericanos que pescan en el Atl�ntico Sur.
Consecuente con esa actitud, el gobierno de Washington designa encargado de negocios en Buenos Aires a Francis Baylies, que trae instrucciones del secretario de estado para desconocer la autoridad de Vernet e impugnar el decreto del 10 de junio de 1829, el comisionado celebra su primera entrevista con el Ministro Manuel  Vicente de Maza (primer gobierno de Juan Manuel de Rosas) y exige la desautorizaci�n de Vernet, la devoluci�n de los bienes incautados y el pago de una indemnizaci�n. Un mes mas tarde, en una reuni�n, entra en el terreno de los derechos de soberan�a sobre el archipi�lago, para terminar por sostener que era Inglaterra quien tenia derechos indiscutibles.
El gobierno porte�o decide no tratar mas con Bayles y entenderse directamente con el Secretario de Estado. El 3 de septiembre el diplom�tico recibe su pasaporte. Su misi�n ha concluido.
Por un largo tiempo la Confederaci�n Argentina no tiene representante diplom�tico en Estados Unidos, hasta que es designado Carlos de Alvear, quien parte a mediados de 1838 para hacerse cargo de los negocios de nuestro pa�s. De inmediato, presenta la reclamaci�n correspondiente por las perdidas sufridas a ra�z de la incursi�n de la �LEXINGTON�. El 4 de diciembre de 1841, Daniel Webster, Ministro de Relaciones Exteriores del pa�s del norte, le contesta que, al ser disputado por otra potencia el derecho argentino a la jurisdicci�n sobre las Islas Malvinas, "Se consideraba que los Estados Unidos no deb�an dar una respuesta final hasta tanto la controversia no quedara resuelta, pues la respuesta en esas circunstancias hubiera implicado un desv�o de la que hasta entonces hab�a sido la pol�tica cardinal del gobierno de los Estados Unidos�.
En 1884, Luis L Dom�nguez cumpliendo instrucciones dadas por el presidente Julio A. Roca y su Canciller Francisco J. Ortiz, presenta una nueva protesta. A fines de 1885 el presidente Esteban Grover Cleveland, en su mensaje anual al Congreso, considera que:

�El gobierno argentino ha renovado la antigua cuesti�n de la Islas Malvinas, reclamando al gobierno norteamericano por su perdida atribuida a la acci�n del comandante de la corbeta Lexington, al destrozar en 1831 una colonia de piratas, establecida en esas islas, y su subsiguiente ocupaci�n por Gran Breta�a. En vista de la amplia justificaci�n que existe para los actos de la Lexington, y del estado de abandono de las islas antes y despu�s de su alegada ocupaci�n por colonos argentinos, este gobierno considera que la reclamaci�n es completamente infundada.
Al tener conocimiento de estas declaraciones, nuestro representante en Washington, Vicente G. Quesada, se dirige al Secretario de Estado, Tomas F Bayard, para manifestar su desacuerdo con los injustos calificativos del mensaje presidencial, reserv�ndose el derecho de ampliar la exposici�n de su antecesor.
El Secretario de Estado, Bayard, responde a Quesada respecto a los procederes del capit�n Silas Duncan en las Malvinas en 1831, decidi�ndose a un aplazamiento del asunto, cuyo termino solo llegara en el caso de que Gran Breta�a reconociera la soberan�a argentina sobre las Islas Malvinas.
Finalmente el 4 de mayo de 1887, Quesada presenta un extenso y documentado alegato dirigido al Secretario de Estado, referente a la historia de las Islas y a los derechos Argentinos. Como anteriores, esta nota no obtiene ninguna respuesta y menos una decisi�n concreta.
Debemos igualmente recalcar que, para los Estados Unidos, la doctrina Monroe no es aplicable respecto a Gran Breta�a, pues sus t�rminos excluyen toda acci�n retroactiva. Teniendo en cuenta la actitud de los Estados Unidos a partir de los sucesos de 1831, muchos historiadores han opinado que este pa�s nunca podr� ser un mediador valido para hacer reconocer nuestros derechos sobre las Islas Malvinas.

LAS ACCIONES MILITARES

El 2 de enero de 1833, la  fragata inglesa �CLIO� penetra en la Bah�a de Puerto Soledad donde se encuentra estacionada a la goleta Argentina �SARANDI�, al mando de Jos� Mar�a Pinedo.
El comandante de la corbeta inglesa comunica a Pinedo que, cumpliendo ordenes del almirantazgo, iba a tomar posesi�n de las Islas dentro de las 24 horas de su llegada, intimando a que fuera arriado el pabell�n  Argentino y que la �Sarandi� abandonara el lugar.
El oficial Argentino, ante la escasez de fuerzas con la que cuenta, considera in�til cualquier intento de resistencia, por lo cual solo atina a dejar sentada una protesta formal y a designar un representante suyo. Hecho esto, se embarca en la goleta, regresando con su gente a Buenos Aires donde da cuenta a su gobierno de la usurpaci�n.
D�as despu�s de efectuada la operaci�n de ocupaci�n de las islas, el capit�n Onslow leva anclas y zarpa rumbo al R�o de la Plata. No hab�a pasado mucho tiempo de la partida de la �CLIO� cuando fondea en la bah�a la goleta inglesa �BEAGLE�, cuyo comandante era el capit�n Fitz Roy. Luego de permanecer un tiempo en el archipi�lago, y ante el nuevo estado de las cosas, se apresura a confirmar al ciudadano franc�s Juan Sim�n como capataz de los peones argentinos que hab�an sido contratados por Luis Vernet.
Sin embargo, pronto surgen dificultades, ya que los gauchos llevados por el ex  gobernador de las islas, as� como el resto de los empleados, siguen recibiendo en pago de sus salarios unos vales firmados por aquel, los que no son aceptados por el encargado de los almacenes, el irland�s Willian Dickson. A esto hay que sumarle la tentativa por parte de Mateo Brisbane, (ex mayordomo de Vernet), ahora bajo las ordenes inglesas, y del capataz Sim�n, quienes pretenden incrementar el trabajo de los peones, aduciendo que se estaba bajo dominio brit�nico.
Totalmente en desacuerdo con estas nuevas medidas, los gauchos, bajo la conducci�n de Antonio Rivero, se sublevan y luego de una corta lucha donde mueren Brisbane, Dickson, Sim�n y dos individuos mas, toman la casa de la comandancia, hecho que ocurri� el 26 de agosto de 1833. Arr�an la bandera inglesa y vuelven a izar el pabell�n nacional, el cual ha de permanecer nuevamente por casi seis meses ondeando en el archipi�lago.
En efecto, esta situaci�n se mantiene sin variantes hasta que llegan a la isla soledad dos embarcaciones inglesas la �Challenger�, al mando del capit�n Seymaun y la �Hospeful�, bajo la conducci�n del teniente Rea. En esta ultima viaja el teniente Henry Smith, nombrado comandante de las islas, quien una vez desembarcado procede nuevamente a izar la bandera inglesa e inicia la persecuci�n de los gauchos sublevados, los cuales ante la llegada de las fuerzas inglesas, optan por retirarse al interior de la misma.
Con el correr de los d�as, los gauchos caen uno a uno en mano de los ingleses, hasta que el 18 de enero de 1834, el propio Rivero que ha quedado solo, se entrega sin resistencia a las fuerzas de ocupaci�n brit�nicas
Es interesante destacar que: los sublevados, una vez prisioneros, son llevados a Gran Breta�a para ser sometidos a proceso, pero luego de un tiempo, estos son devueltos a su patria sin ser condenados, ya que el tribunal brit�nico no se atreve a juzgarlos porque seg�n este, los hechos no hab�an ocurrido en territorio de la corona.


LA ACCION DIPLOMATICA

A todo esto, apenas llegado Pinedo a Buenos Aires, informa al Gobernador bonaerense en un extenso y detallado parte, todo lo sucedido en las Islas Malvinas.
Inmediatamente de conocida la noticia, el 15 de enero de 1833, el ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, reclama al Encargado de Negocios Ad Intern Ingles. Philip  Gore, por el atropello cometido, sin obtener ninguna respuesta satisfactoria.
Asimismo el Ministro Maza dirige diversas  notas a los distintos gobiernos de los pa�ses americanos, inform�ndoles sobre la usurpaci�n brit�nica. Como respuesta recibe repudios de algunos y la solidaridad de otros, tal caso de los gobiernos de Bolivia y Brasil.
Mientras tanto y  continuando con las acciones diplom�ticas iniciadas en Buenos Aires, el Ministro de Relaciones Exteriores env�a al representante argentino en Inglaterra. Dr. Manuel Moreno, instrucciones precisas para que prosiga las negociaciones en el Reino Unido.
Nuestro representante inicia su acci�n enviando el 24 de abril de 1833 una nota al subsecretario ingles del Ministro de Relaciones Exteriores. Sir Geroge Shee, pidiendo una explicaci�n oficial sobre la ocupaci�n de las islas a la vez que pregunta sobre si  el gobierno brit�nico ha ordenado el desalojo de la guarnici�n Argentina. Tres d�as mas tarde recibe la respuesta solicitada, donde se le informa que el capit�n Onslow hab�a actuado de acuerdo con instrucciones dadas por el gobierno del Almirante Baker.
Sobre la base de esta declaraci�n, Manuel Moreno prepara una memoria-protesta, que presenta el 17 de junio de 1833; al mismo tiempo la hace imprimir en franc�s e ingles para darle  la mayor publicidad posible.
La misma contiene una breve relaci�n de los hechos en los cuales Onslow es principal actor, una menci�n sobre los navegantes que visitaron aquellos lugares y una historia de las islas, todo lo cual ayuda a robustecer la legitimidad de la soberan�a argentina.
A fines de 1833, el Dr. Moreno, prosiguiendo sus acciones da a conocer un folleto en Ingles denominado �observaciones sobre la ocupaci�n por la fuerza de las Malvinas por el gobierno Brit�nico en 1833�, destinado a hacer conocer el problema entre los c�rculos diplom�ticos Europeos.
Reci�n el 8 de enero del a�o siguiente, Lord Palmerston contesta la nota la nota de Moreno, pero lo hace en forma vaga y sin refutar los cargos  hechos por el representante argentino. En cambio, da valor e importancia solo a aquello que conviene a la tesis Inglesa.
Al finalizar el a�o 1834, el 29 de diciembre, Manuel Moreno presenta su contrareplica, en la cual vuelve a insistir sobre la legitimidad de los derechos de la Argentina sobre las Islas Malvinas.
Despu�s de esta presentaci�n, las negociaciones sufren una larga interrupci�n, debido al regreso del diplom�tico argentino a Buenos Aires por causas de salud, quien retorna a Londres reci�n dos a�os mas tarde.
A principio de 1842, Manuel Moreno env�a  una nueva nota protesta dirigida al Conde Aberdeen, pero tambi�n esta vez la respuesta recibida es negativa, notific�ndosele que el gobierno de S.M. no esta dispuesto a permitir que se interfieran los �derechos� de Gran Breta�a sobre las Malvinas.
No obstante la categ�rica respuesta recibida, el representante de nuestro pa�s no se amilana y vuelve a dirigir al primer ministro ingles una nueva contrareplica que no tiene respuesta.
A partir de este momento, pr�cticamente, quedan paralizadas las negociaciones y un manto de silencio envuelve por largos a�os las discusiones sobre la soberan�a de las Malvinas. 
 

SINTESIS DE LOS DERECHOS GEOGRAFICOS, HISTORICOS Y JURIDICOS DE POSESION  ARGENTINA.
A trav�s de los ac�pites precedentes puede apreciarse el incuestionable e indudable derecho de la Argentina sobre el archipi�lago del Atl�ntico Sur.
Apenas a 554 Km. de la Isla de los Estados y 774 Km. de tierra firme, directo a R�o Gallegos, la distancia de 12.320 Km. que separa Puerto Argentino del Reino Unido de Gran Breta�a hacen innecesario todo comentario sobre dominio territorial en este aspecto.
Desde el punto de vista hist�rico, los azares de la guerra de la independencia dejaron para mejor momento la designaci�n de un gobernador pol�tico y militar para el archipi�lago, pero la toma de posesi�n de las islas a nombre de las provincias Unidas del R�o de La Plata. Efectuada por Daniel Jewelt, embarcado en la fragata �HERO�NA�, deja bien aclarado este derecho no disputado entonces por ninguna potencia.
El 27 de octubre ancla en Puerto Soledad y el 6 de Noviembre, luego de izar la ense�a patria, la saluda con 21 ca�onazos. Sin embargo, lo mas elocuente de la ceremonia es su presentaci�n a los capitanes de los buques all� estacionados.

�Se�or, tengo el honor de informar a Ud. De mi llegada a este puerto comisionado por el Superior Gobierno de las Provincias Unidas de Am�rica del Sud, para tomar posesi�n de estas islas en nombre del pa�s a que naturalmente pertenecen... Suplico a Ud. Al mismo tiempo que haga saber esto a los otros s�bditos brit�nicos que se hallen en estos parajes�.
En 1829, el gobierno de la provincia de Buenos Aires expide el decreto del 10 de junio, disponiendo fundamentalmente y como ya hemos expresado que: �las Islas Malvinas, y las adyacentes al Cabo de Hornos, en el mar Atl�ntico, ser�n regidas por un comandante pol�tico y militar�. Su residencia se fija en la Isla Soledad y su misi�n principal es la vigilancia referida a la pesca de anfibios.
Es imposible suponer en discusi�n el derecho hisp�nico de su jurisdicci�n, antes de estos acontecimientos. Como se recuerda los espa�oles reci�n abandonaron las islas en 1811.
Para fundamentar su pol�tica de dominio, el gobierno Ingles, representado en 1580 por la reina Isabel, no acepta la autoridad del Papa Alejandro VI y en consecuencia, niega validez a la Bula Inter Caetera (4/ 5/1493) y sus coet�neas y al tratado de Tordesillas, firmado el siguiente a�o por Espa�a y Portugal.
En realidad, la pol�tica Inglesa, a partir de entonces y con relaci�n a la materia que nos ocupa, es de una permanente contradicci�n, pero acomodada a sus intereses.
En 1578, hab�a otorgado patentes para descubrir y colonizar territorios �no pose�dos actualmente por ning�n pr�ncipe o pueblo cristiano�.    
Todav�a en 1604, al firmar Inglaterra el tratado de paz con Espa�a, se compromete a no navegar en las indias, pero al punto desconoce el tratado y hace las primera fundaciones en el actual estado de Virginia.
Posteriormente, por el tratado de Madrid, firmado el 18 de julio de 1670, Inglaterra reconoce todas las posesiones que ya han colonizado; por su parte, se compromete a no dirigir su comercio ni navegar a los puertos y lugares que ya tiene Espa�a en las indias, ni a comerciar con ellos. El tratado de Utrech (13/7/1713), ratifica el anterior.
Sin embargo, finalizada la guerra que sostienen ambas entre 1739 y 1748, el Almirante Jorge Anson dirige una gran expedici�n ya mencionada que llega al Pacifico. De regreso, relata el viaja y entre sus apreciaciones, estima que Inglaterra debe contar con una eficiente base de operaciones, en el Atl�ntico Sur, a fin de combatir mas eficaz el comercio espa�ol, para tal fin sugiere que puede establecerse en: �Las Islas Pepys o Falkland, o bien la Tierra del Fuego�.
El almirantazgo ingles inicia, con aprobaci�n del Rey, los preparativos de la flota para acometer la empresa. El gobierno espa�ol se opone tenazmente a este prop�sito que, por otra parte, vulnera los compromisos firmados. El proyecto tiene que ser abandonado.
El tratado de Par�s, del 10 de febrero de 1763, renueva los anteriores tratados entre Espa�a e Inglaterra.
En 1764, Bougainville funda puerto San Luis, en la isla oriental y 2 a�os mas tarde los ingleses hacen lo propio con Puerto Egmont, en el extremo opuesto, pero ese mismo a�o, los franceses, voluntariamente, ceden a Espa�a, San Luis.
Lord Egmont, primer Lord del Almirantazgo, al basar los derechos de propiedad sobre las Malvinas en argumentos inconsistentes, comete el error de expresar al duque Grafton que: las islas son �sin duda la llave de todo el Oc�ano Pacifico� y �deb�an dominar los puertos y el comercio de Chile, Per�, Panam�, Acapulco; en una palabra todo el territorio espa�ol sobre ese mar�.
La evacuaci�n de Puerto Egmont por los Ingleses, realizada por una diplomacia ma�osa, que en nombre de la paz fue siempre tolerada por Espa�a y causante de la conducta de Gran Breta�a, ha pretendido ser condicionada por su gobierno, sin embargo la documentaci�n, celosamente guardada o disimulada por la canciller�a inglesa, ha sido desvirtuada por la existente en Francia y Espa�a. Adem�s, no podemos evadir una reflexi�n de fondo: Gran Breta�a devuelve Puerto Egmont, pero no el resto del Archipi�lago malvinense que sigue en poder de Espa�a. Si los ingleses evacuan Puerto Egmont, se debe al fracaso de sus planes, ya que este hab�a sido un emplazamiento clandestino y destinado a fundamentar en el futuro sus pretendido derechos. Pero la anterior ocupaci�n francesa, de la que Bougainville no ha hecho ning�n secreto, necesariamente aplaza sus ambiciones en el Atl�ntico Sur.
La paz de Versalles del 3 de septiembre de 1783, ratifica todas las estipulaciones de los tratados anteriormente firmados.
El tratado de San Lorenzo ya mencionado, firmado el 28 de octubre de 1790, resulta un compromiso de claridad indiscutible en lo referente a sus alcances.
Sin embargo, el conflicto es reabierto por el Encargado de Negocios de Gran Breta�a, Woodbine Parish, luego de conocerse el decreto del 10 de junio de 1829, recordando las ambiciones inglesas en el Atl�ntico Sur. Al fundamentar su reclamo, Parish atribuye el primer descubrimiento a los realizados por Cavendish y Hawkins, y posterior ocupaci�n de las islas en 1771. La falta de fundamentacion de dichos argumentos merece la inmediata respuesta Argentina, pero el ataque artero de la �lexington� en 1831, hace perder valor a los acontecimientos ya conocidos. Curiosamente, en 1833, los ingleses se instalan en el antiguo Puerto Luis (Puerto Soledad) y no precisamente en Puerto Egmont, clara demostraci�n del poco respeto que tiene ese pa�s por los tratados y leyes internacionales, sin contar el total desprecio por la convivencia y los derechos soberanos.
En todo este accionar no ha podido basar su conducta en otros t�tulos que no sean ocupaci�n clandestina de Puerto Egmont en 1766, y la expulsi�n de los argentinos de Puerto Soledad en 1833.
La Argentina, en cambio, tiene derecho soberano sobre el archipi�lago, as� considerado por Espa�a, en el tratado del 21 de septiembre de 1863, al reconocer la independencia argentina, cedi�ndole �todas las provincias mencionadas en su constituci�n federal vigente, y de los dem�s territorios que leg�timamente le pertenecen o en adelante le pertenecieren.

ESTADO PRESENTE DE LA SITUACION

A partir de la ocupaci�n compulsiva de 1833, Argentina no ha dejado de reclamar sus leg�timos derechos de soberan�a sobre el archipi�lago.
Adem�s, suscribe la Carta de Naciones Unidas en el a�o 1945, puesto que la nueva Organizaci�n Mundial introduce una inquietud de gran importancia. La Carta de Naciones Unidas establece que los miembros con territorio a su cargo, tendr�n la obligaci�n de elevar a ese organismo, regularmente, la estad�stica sobre los mismos.
En 1960 se convoca la 15 Asamblea General, de la que emana la resoluci�n N� 1514 a la que se denomina Declaraci�n sobre Concesi�n de la Independencia a los pa�ses y pueblos coloniales.
Son sus fundamentos principales:
a) Libre determinaci�n de los pueblos.
b) Conservaci�n de la unidad nacional y de la integraci�n territorial.
A la Argentina le interesa esta segunda posici�n pues el archipi�lago Malvinense esta encuadrado en este caso. No olvidemos que fuimos despojados del territorio con expulsi�n de sus habitantes y reemplazados por otros tra�dos de Gran Breta�a.
Se daba un paso trascendental en el intento de descolonizar el mundo.
Al a�o siguiente, por resoluci�n N� 1654, se forma un comit� especial compuesto por 17 miembros, que tendr� a su cargo dicho problema y en 1962, por nueva resoluci�n, N� 1810, este comit� es ampliado a 24 personas. A su vez, el comit� se subdivide en 3 subcomites. El tratamiento de las Malvinas le corresponde al tercero que, en 191964 esta integrado por Bulgaria, Ir�n, Uruguay, Venezuela, Italia, Costa de Marfil y Malgache, Argentina pudo participar en la discusi�n otorg�ndosele voz, aunque no vot�.
Mientras tanto. Las posiciones planteadas son las siguientes:
1�) Argentina reclama las islas por considerarlas un territorio ocupado por la fuerza.
2�) Gran Breta�a afirma que son colonias.
3�) En base a la afirmaci�n brit�nica, las Naciones Unidas sostienen que el territorio                  
      de las islas debe ser descolonizado, por estar encuadrado dentro de los
      art�culos 73 y 74 de la carta de la Resoluci�n 1514.
El 18 de septiembre el subcomit� III aprueba un informe, el que luego es elevado al comit� de los 24 con su confirmaci�n y que representa un avance significativo a favor de Argentina. Primero, el agregado de la denominaci�n Malvinas junto a la Inglesa de Falkland segundo reconoce la disputa existente entre ambas naciones. Asimismo, Argentina obtiene un nuevo triunfo, al referirse el documento a los intereses y no a los deseos de los malvinenses.
Las conversaciones se mantienen en el marco diplom�tico durante los a�os siguientes, aunque se realizan con lentitud. Incluso en 1969, ambos interesados comunican a la comisi�n que, a los fines de acelerar las conversaciones, mantendr�an negociaciones especiales, que incluyen por parte de la Argentina, entre otras innovaciones, algunas medidas de infraestructura, lo que permitir�a un  mayor contacto entre nuestro pa�s y los isle�os.
En 1970, se retira de circulaci�n el vapor Darwin, el cual once veces al a�o hacia el viaje de Puerto Stanley (hoy Puerto Argentino) a Montevideo, aumentando aun mas el aislamiento de los pobladores. Esta circunstancia es una de las causales de la declaraci�n jurada, firmada por Argentina y Gran Breta�a el 1� de Julio de 1971 que consta de 18 art�culos.
Esta declaraci�n apunta sustancialmente al mejoramiento de las comunicaciones con los malvinenses. A cuyo efecto se crea una Comisi�n Consultiva Especial formada por delegados brit�nicos y argentinos.
No solamente se otorga un documento a los isle�os para pasar a territorio argentino, sino que quedan libre de impuestos y derechos en actividades relacionadas con las comunicaciones. Los argentinos que pasan a las islas, gozaran los mismos privilegios.
El gobierno brit�nico dispondr� las medidas necesarias para establecer el transito mar�timo regular entre Malvinas y suelo argentino. Iguales medidas tomara nuestro pa�s en el aspecto a�reo. Ambos estudiaran la activaci�n eficaz del movimiento econ�mico de los isle�os y la Argentina. El articulo 16 establece que: �El gobierno argentino estar� dispuesto a cooperar en los campos de la salud educacional agr�cola y t�cnico, en respuesta a requerimientos que pudieran formul�rsele. Adem�s, tomara las medidas necesarias para obtener plazas en escuelas en el territorio continental argentino para hijos de residentes de las Malvinas y ofrecer� becas que ser�n anunciadas peri�dicamente y cuyo numero se decidir� a la luz de los requerimientos locales�.
Pero a partir de 1973, Argentina  comprende que el Reino Unido no tiene ninguna voluntad en considerar el factor principal, cual es el requerimiento de la soberan�a de las Malvinas. Por el contrario, el embajador en la UN declara al Secretario Kurth Waldheim: �Tengo instrucciones de afirmar que mi gobierno no alberga duda alguna respecto a su soberan�a sobre las islas y quiero reservar oficialmente el derecho del gobierno del Reino Unido en cuanto a esta cuesti�n. Mi gobierno reitera su autentico deseo de llegar a una soluci�n justa y pacifica del problema, siempre que sea en consonancia con los deseos expresos de los propios habitantes de las islas". 
En ning�n momento las UN hab�an hablado de este nuevo elemento; la poblaci�n malvinense, -que los brit�nicos consideran ciudadanos de menor nivel- para decidir el futuro de las islas. Antes bien, en 1975 enviaban una misi�n cient�fica a cargo del se�or Shakleton que provoco un incidente y, en el mismo a�o una turbonave �Regina Prima�, que transportaba 500 turistas, no los pudo desembarcar  porque las autoridades inglesas exig�an que se izara el pabell�n de esa naci�n. Mientras  tanto, nuestro pa�s, cumpliendo los compromisos contraidos en las Naciones Unidas, mantuvo y mantiene apoyo de infraestructura a favor de los habitantes de las islas. Tal es el caso de vuelos aerocomerciales, provisi�n de combustibles, atenci�n medica y escolar, aprovisionamiento de los isle�os, comunicaciones regulares y otros.



LA RECUPERACION DE LAS ISLAS

Por ultimo, luego de 17 a�os de infructuosas negociaciones, en las cuales el Reino Unido de Gran Breta�a e Irlanda del Norte ha hecho o�dos sordos a las justas reclamaciones de la Rep�blica Argentina, esta toma de determinaci�n de recuperar las islas, lo cual se realiza el 2 de abril de 1982, preservando la vida y los bienes de los isle�os.
Es necesario advertir que esta determinaci�n es tomada luego del incidente ocurrido el 19 de marzo en las islas Georgias  del Sur, incidente en el cual, una vez  mas Inglaterra pone de manifiesto su desprecio por las disposiciones vigentes, previamente aceptadas por ella misma.
El viejo imperio colonial brit�nico no esta dispuesto a perder su presa sin combatir, y pronto, la respuesta se hace sentir a  trav�s del ataque inicuo, primero de las Islas Georgias del Sur y, posteriormente, del archipi�lago de las Malvinas.
Desde entonces y hasta el 14 de Junio, con la solidaridad de los pueblos hermanos de Am�rica, la Naci�n Argentina, a trav�s de sus Fuerzas Armadas, resiste los continuos ataques lanzados por los efectivos del Reino Unido. Sin embargo, el moderno y sofisticado armamento proporcionado al enemigo por los Estados Unidos, hace que los esfuerzos sean superados y que dicha resistencia sea est�ril.
As�, una vez m�s. Gran Breta�a reconquista por la fuerza lo que en los foros internacionales  tiene irremediablemente perdido, ya que la mayor parte del mundo reconoce los justos derechos que tiene nuestro pa�s. Para reincorporar a su soberan�a los territorios usurpados.

GOBERNADORES DE MALVINAS ENTRE  1766 Y 1810

La gobernaci�n de las Islas Malvinas fue creada por resoluci�n del 2 de octubre de 1766, bajo la dependencia del gobernador de Buenos Aires. Y fue abandonada por orden del 8 de enero 1811 del gobernador de Montevideo, Gaspar de Vigodet.
FELIPE RUIZ PUENTE,  1767-  1773   nombrado por el rey el 4-10-1766 tomo posesi�n de ellas el 2-abril de 1767
DOMINGO CHAURI, 1773 -  1774  gobernador interino desde 27-1-1773 hasta 5-1-1774
FRANCISCO GIL DE TABOADA Y LEMOS, 1774 - 1777 arrib� EL 5-1-1774
RAMON DE CARASSA, 1777 � 1779 asumi� interinamente el 1-2-1777 confirmado despu�s en su cargo
SALVADOR DE MEDINA,                         1779 � 1881     Asumi�    22-11-1779
JACINTO DE ALTOLAGUIRRE,               1781 � 1783     Asumi� en      2- 1781
FULGENCIO DE  MONTEMAYOR,           1783 � 1784     Asumi�         8-5-1783
AGUSTIN  FIGUEROA,                             1784 � 1786     Asumi�       1- 5- 1784
PABLO DE MESA Y CASTRO,                 1786 - 1787     Asumi�  en       5-1786
RAMON DE CLAIRAC,                              1787- 1788      Asumi�     24-11- 1787
PEDRO DE MESA Y CASTRO,                 1788- 1789      Asumi�        10-4 1788
RAMON DE CLAIRAC,                              1789 � 1790    Asumi�      16- 5- 1789
JUAN JOSE ELIZALDE Y USTARIZ,        1790 - 1791     Asumi�    30 � 6- 1790
PEDRO PABLO SANGUINETO,                1791 �1792     Asumi�    en      3-1791
JUAN JOSE ELIZALDE Y USTARIZ,         1792 � 1793    Asumi�      1 � 3- 1792
PEDRO PABLO SANGUINETO,                 1793 �1794    Asumi�    el   1- 2-1793
JOSE DE ALDANA Y  ORTEGA,                1794 � 1795   Asumi�  en     6 � 1794
PEDRO PABLO SANGUINETO,                 1795 �1796    Asumi�   el  15- 6-1795
JOSE DE ALDANA Y  ORTEGA,                1796 � 1797   Asumi�  en     6 � 1796
LUIS DE MEDINA Y TORRES,                    1797- 1798    Asumi�  el    20- 2 1797
FRANCISCO XAVIER DE VIANA,               1798 � 1799   Asumi� el  17- 3- 1798
LUIS DE MEDINA Y TORRES,                    1799- 1800     Asumi�  en        4 1799
FRANCISCO XAVIER DE VIANA,               1800 � 1801   Asumi� el   15- 3- 1800
RAMON FERNANDEZ DE VILLEGAS,       1801 � 1802   Asumi� en         3-1801
BERNARDO BONAVIA,                               1802- 1803    Asumi�       17- 3- 1802
ANTONIO LEAL  de  IBARRA,                   1803 � 1804  Asumi�       18- 4- 1803
BERNARDO BONAVIA,                               1804 - 1805   Asumi�       21- 5- 1804
ANTONIO LEAL  de  IBARRA,                   1805 � 1806  Asumi�       21- 3- 1805
BERNARDO BONAVIA,    1806- 1808  Asumi� por 3� vez el cargo el 20- 5- 1806
GERARDO BONDAS,                                  1808 -                Asumi� en     4- 1808
PABLO GUILL�N,                                   1810 � 1811            Asumi�  en   1- 1810  el 8-1 �1811  GASPAR DE VIGODET  dispuso el abandono de las islas, hecho que se cumpli�  el 13-2-1811
Gobernadores argentinos designados por  MARTIN RODRIGUEZ
PABLO AREGUATI   Asume como comandante  de Puerto soledad en  8-1823
LUIS  VERNET          Asume en 1829
ESTEVAN JOSE FRANCISCO MESTIVIERI  Designado en  9- 1832 falleci� sin asumir (sargento mayor de artiller�a)                   


JOSE MARIA PINEDO  Remplaz� al anterior hasta 1833  comandante de la goleta �Sarandi� .


ULTIMO GOBERNADOR DE MALVINAS ARGENTINO

MARIO BENJAMIN MENENDEZ   General  asumi� en abril de 1982  hasta su rendici�n el 14 de junio de 1982, fue puesto en funciones por el general  LEOPOLDO FORTUNATO GALTIERI  Presidente de facto de la Rep�blica Argentina. 




   
    
















 

Recopilado Por:  Claudio Dominguez

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