NO SOY DE AQUI

Ultimamente se han visto luces por estos rumbos... o algo así. Dicen que son ovnis, naves extraterrestres que vienen a visitarnos. ¡Sabrá Dios si son eso!

Ya tengo rato aquí parado, recargado contra la fría lámina de mi coche, el aire esta frío y me duele la nuca de tanto mirar el cielo... ¡pero nada de las canijas luces!

Me resisto a creer en ellos, siempre he sido razonable: existo... luego pienso. Pero como todo... puede ser, puede ser.

No sé qué jijos hago tiritando en este lugar. Apenas se escuchan ruidos. Uno que otro grillito hace chir chir despacito y el viento aulla de vez en vez. Y aun así... no sé qué hago aquí. Ya las estrellas se me estan grabando en los ojos.

...¿De verdad existirán? ¡Sí, mi Dios, que existan!, que vengan ahora y me presento a ellos. ¡Me convertiría en alguien muy reconocido! Podría así escapar de esta vida aburrida y estúpida. ¡Pero no! Si se presentan, yo creo que se me para el corazón de puro susto; aunque..., se podrían mostrar poquito a poquito para no impresionarme, ¿o no?

¡Que vengan, por favor! Quiero dejar muy atrás mis tropiezos, mis penas, mi vagabundeo sin razón. Siempre he sentido que no soy pieza de este mundo, que no formo parte de su "modus vivendi", de su maquinaria. Me reconforta pensar que la fuerza suprema nos deposita por una vida en un mundo y luego en otro, hasta encontrar el que nos hace más felices y ahi nos deja. Definitivamente... este no es mi mundo.

¿Quién podría explicarme porqué algunos se adaptan gustosamente a esta existencia y otros no podemos? ¿Acaso estan ciegos? ¿O sordos...? No. Creo que solamente insensibles.

Los crueles son felices; lo nobles... desdichados. Hecho irrefutable: este mundo no es mi mundo.

Los buenos son los héroes de las películas, pero en la realidad...

Admiramos, y me incluyo, a los bribones, a los brutos, a los ignorantes.

Tenemos que ganarnos la vida y nos vendemos. Vendemos nuestras fuerzas, nuestro tiempo, nuestro conocimiento y virtud... ¿y para qué? Para tener más: más lujos, más materia; más felicidad artificial. Cómo nos alejamos de nuestro objetivo natural y nos invetamos necesidades sintéticas. Logramos presionarnos al renunciar a nuestro principio austero apegado a vivir por el gozo de vivir. Pero claro, tenía que relucir la formulita mágica: vales lo que tienes ¡y a fregarse pa' que no digan que no somos alguien! Y todos luchando, y todos correteándonos para no quedarnos atrás y en la carrera olvidamos a nuestros hijos que claman amor, a los disidentes que piden calor, a nuestro espíritu que añora paz y comprensión y siempre ignoramos como a un desconocido.

¡Caray, tanto rato y no veo nada anormal! (A no ser por las agujetas de mis zapatos que me regaló mi novia: son moteadas.)

No entiendo: si quiero hacer algo bien, en la chamba, en mi barrio o hasta con mis cuates, me ven raro, como si estuviera desvariando, o hasta me bloquean y me señalan como a un ser raro. Lo reafirmo: no soy de este mundo.

¿No será que este es el temido infierno? Porqué no... Espero que mi penitencia no sea muy larga.

¡Extraños, vengan por favor! Estoy listo para partir...

Recuerdo la ocasión que declaré mi amor a una linda muchacha en mi juventud. Me miró sonriente y me dijo: «No hombre... yo contigo para nada. Eres muy... ¿cómo decirlo?... Demasiado bueno.» ¡Chale! Creo que si me hubiera insultado o pateado me hubiera dolido menos! Supe que su marido le pone tundas frecuentemente... imagino que la hace muy feliz.

En uno de mis trabajos mis superiores me pidieron realizar algunos movimientos ilegales que, según ellos, no afectarían a nuestra empresa y sí nos darían a ganar buena plata... sería como quitarle un pelo a un gato; pero me negué rotundamente a arrancárselo. Me despidieron.

¿Seré de este mundo?

He tratado de adaptarme, endurecer mi corazón, taparme los ojos y los oidos... pero nada sirve; no va conmigo; no soy yo; tal vez porque no soy de aquí y vivo en el lugar equivocado.

Estoy desesperado. ¡Tantas luces en el cielo y ninguna parece venir a mí...!

¡Escuchen! ¡Aquí estoy! ¡Vengan por mí que no soy de aquí!

El Deshollinador

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