GOTAS DE LLUVIA De nuevo Bryant, al teléfono. Rachael había sido puesta en libertad y ahora gozaba de todo tipo de libertad ciudadana. En la academia, llegaron a la conclusión de que no debían preocuparse por ella como perseguida. Se había convertido en el fin por el que fue diseñada. Yano era considerada un peligro, ni siquiera una replicante.La mala noticia es que se encontraba en el hospital. Airon no quiso dar muchas explicaciones, mientras Dekard se dirigía hacia allí a toda velocidad.
* * * Había bebido mucho y estaba aturdido. Tirado en el sofá de su habitación, trataba de no pensar lo más mínimo. Luchaba por no recordar aquellas palabras, una vez más. Pero lo cierto es que las tendría clavadas para siempre como un cuchillo. «Lástima que ella no pueda vivir.» Logró quedarse dormido con el alcohol que fluía ahora por su cuerpo. Pero no pudo despegarse. Soñaba con ella, escapando de la ciudad en su antiguo coche, por las desiertas carreteras más allá de las montañas, acompañado por Rachael en una calurosa tarde de verano. Sin fecha de caducidad. Y eso le hacía sonreír. Pero lo cierto es que las cosas no habían ido también como él quisiera. La llamada de Bryant no fue más que un aviso de que a Rachael se le estaba acabando su tiempo. Los cuatro años de vida se agotaban yRachael terminaría muriendo en cuestión de horas. Aún recordaba el poco tiempo que paso con ella, en el hospital. Y como se le iban paralizándose las manos mientras la abrazaba. Hubiese dadosu vida por ella, pero nada se podía hacer ya. Los médicos de allí decían que no tenían absolutamente nada que hacer su tiempo vital se acabaría en pocas horas y no podrían hacer nada para retrasarlo. Sonó el teléfono pero ni siquiera contestó. Le habían despertado de un gran letargo y ya sabía quien era. Los jefes de la federación lehabrían presionado a Airon para que le avisara de aquel otro "asunto pendiente".Por un momento pensó en olvidarse, como era previsible. Ya no lequedaba ninguna razón por la que acabar aquella absurda misión, pero antes de que se diera cuenta, había cogido la botella y se había montado en su aeronave dispuesto a terminar su trabajo. Después de todo, seguíasiendo un Blade Runner. Pensaba que con un poco de suerte Jack se habría suicidado ya y solo tendría que identificar su maldito cadáver. Llegó al hotel, deshabitado, donde le había dicho Jack que lo haría. Comenzó a subir las escaleras mecánicas hasta llegar al último piso. Se encaramó a la azotea y cuando alzó la vista, allí se encontraba Jack. Acurrucado, inmóvil. Sin mediar palabra y con la cabeza gacha. Probablemente se encontraba deliberando que es lo que iba a hacer. --¿Necesitas ayuda, Jack?. Puedo empujarte al vacío si es lo quequieres. De todas formas, Dekard había desenfundado su arma. Jack no tenía nada que hacer. --Creo... Creo que lo conseguí. --¿El qué Jack? ¿Qué conseguiste? --No he podido hacerlo. --¿Es verdad eso? Pensaba que no te importaba. --Estuve a punto de arrojarme al vacío. Pero sentí miedo, Dekard. Que maravillosa sensación la de estar vivo y no querer morirse. Sientes como todo tu cuerpo se estremece e incontables recuerdos de tu pasado recorren tu mente. --Jack. Tú sigues siendo el mismo sádico hijo de mala madre de siempre. No te engañes. --Puede que tengas razón. Pero esta vez es distinto, por que siento que me importa. Me importa no hacerlo. Por fin he despertado. --Creo que esperarte demasiado. Voy a completar mi misión. --Es maravilloso sentir miedo Dekard. Por un lado es un sentimiento de aflicción y sufrimiento, pero que me une al reino de los vivos. ¿Tu no lo sientes Dekard? --Yo... --Las palabras de Jack hicieron llegar hasta Dekard el recuerdo de Rachael una vez más. Un llanto contenido y una mirada de sufrimiento. Estaba a punto de llorar. Tiró su botella contra la cornisa de laazotea y sus cristales se esparcieron por todo el suelo. Jack mientras, había desaparecido. Se adentró en el edificio, corría por todos los pasillos con su pistola para darle caza. --¡Voy a matarte Jack! --Quizás no quería matarle, tal vez lo hacía para tener ocupada su mente. Y hacerle olvidar el dolor, por unos momentos. --Huyes... Pero te mataré. De pronto oyó un ruido. Entró en la habitación y disparó a bocajarro a Jack, indefenso. Le había dado en un brazo. Su cuerpo sintético podría reponerse fácilmente de aquel disparo pero Jack estaba dispuesto a proseguir su ataque, apuntando esta vez a una parte vital. Jack está inmóvil en el suelo y Dekard avanzaba impasible. Otro disparo en la pierna. --Aún te queda tiempo para rezar. --Dekard... --Jack adoptó un tono de voz que hasta entoncesdesconocido--. No lo hagas. --Has despertado demasiado tarde --repuso mientras apuntaba a su cabeza. Jack la agachó y cerró los ojos. Las gotas de lluvia comenzaron aentrar por la ventana empapándolo todo. Dekard apretó los dientes. El recuerdo de Rachael era como un puñal que llevaría clavado para siempre. Llevó los ojos hacia Jack. Su mirada inocente logra confundirle. Quiere no ver en su rostro más que a un maldito robot. Pero su cara va distorsionándose poco a poco y se transforma a los ojos de Jack en sus anteriores víctimas. Ve por un momento la cara de Roy antes de morir y finalmente la Rachael. Eso le hace apartar el arma y gritar. Su vida ahora es la que menos vale y siente que no puede disparar como antes. De nuevo le apuntó entre los ojos mientras Jack levantaba la mirada. -No voy a dispararte --dijo--. Pero aún haré algo más por ti. En ese momento movió el cañón hasta colocárselo en su propia sien. Jack le miraba con asombro, sin perderse ningún tipo de detalle. No sabía si la persona a la que va a dejar vivir no iba a ser más queun maníaco asesino que no traería al mundo mas que destrucción. No sabía si se iba a hacer merecedor de seguir viviendo, si sería justo o injusto. Ni siquiera cuanto tiempo podría vivir sin que otro de los Blade Runner acabara lo que él empezó. Pero lo cierto es que un segundo mas de la vida de aquel robot tenía ahora más sentido que toda su maldita existencia. Si le disparaba ahora, sería como matar a un recién nacido. La lluvia hizo de nuevo acto de presencia. Las gotas de agua entraban por el enorme ventanal e inundaban ahora el rostro de Dekard así comoel cañón que oprimía con fuerza su cabeza. Un estruendoso sonido irrumpió en la habitación, y la luz del relámpago iluminó ambos rostros. Losojos de Dekar brillaron dos veces, mientras su dedo resbalaba lentamente por el gatillo. --Es hora de morir --dijo. Rivers |