El IMPERIO DEL ARCOIRIS OBSCURO En el mundo más distante de la galaxia más marginal, persiste una comunidad antigua plétora de sabiduría y prosperidad. Kalideari le llaman en su lengua, que más o menos significa: «El Imperio del Arcoiris más Grande y Luminoso». (Que conste que es imposible una traducción literal.) En este bien llamado "Imperio", los kaleriderianos viven sin mayores preocupaciones que la cultivación de la propia erudición y procurarla a sus descendientes, pocos por naturaleza. El sustento lo logran del bien organizado Imperio, a través de sus numerosas y diseminadas instituciones. Y no es para estas un trabajo agobiante: los seres colectan la mayoría de sus nutrientes de los rayos del inmenso sol que les hace arder el tegumento. La salud no es, al igual, problema grave, debido a la reciaresistencia de sus complejos organismos a las enfermedades y eldesgaste por vejez; de tal manera, escasos recursos son asignados y consumidos por cada nativo; y el Imperio y el Pueblo... contentos. Como para rematar y no terminar de creer la existencia de estemaravilloso mundo de hadas, les diré que la geografía, flora y fauna del planeta, ornamentan..., más bien dibujan paisajes indescriptibles de tan excepcionales. Tambien la armonía reina en los espíritus, no existen diferencias entre los pensantes seres: son una especie de una sola raza; son gobernados por la misma fuerza imperial, no habiendo así fronteras políticas; su lengua, es sencillamente la misma, salvo las pequeñas variantes regionales; ¡y qué decir del sexo, que son macho y hembra a la vez! Es curioso esto último, porque aún siendo poseedores del acoplado reproductivo, les es imprescindible una pareja para procrear, y después de la cópula, ambos seres resultan fecundados. ¡El tiempo de gestación es de doce largos años de exponencialenervamiento!, al final de los cuales llega el irremisiblealumbramiento en el que expulsan sus maduros órganos sexuales junto con el crío, quedando así infecundos. Asunto inaudito es el que sus adelantadas ciencias no hayan asfixiado a sus doctrinas espirituales; muy al contrario, las costumbres milenarias no han cedido un solo ápice y hasta algunas han aumentado su auge y popularidad. Quizás la más importante por su longevidad y repercución, es la costumbre "Enavera", dictada por su única religión "Nikiare". La costumbre obliga, aunque verdaderamente la acatan con devoción, a asemejarse al Emperador en turno en apariencia e, incluso, en hábitos. Cumpliendo la norma, durante el imperio de Romarti llevaron todos su brillante listón rojo enchongando su pelo largo; cuando Nebore, llevaron hasta su muerte --y él la siguió ostentando pues así fué sepultado-- peso tras peso de pura y deslucida quincalla. Pero no siempre fué el acato tan superfluo e inofensivo: veinte años nacidos y recién nacidos fueron mutilados de su oreja izquierda a imitación del defecto genético de Su Señoría Matrinu; y otros diecisiete toleraron abultadas acumulaciones de grasa para coincidir sus figuras con la del obeso emperador aquél, que de tan efímero, ni siquiera esforzándome rememorar su nombre puedo. Y aquella profunda espiritualidad, esa flaqueza ante las dictadoras costumbres, los orilló al inexorable atentado contra la más inocente de las víctimas: su bello y cálido planeta. Hubo, pués, un día malquerido en que arribó al trono Menfa, afamado de cauto y justo, cualidades ideales para un imperio servicial y gozoso. Su ascenso aún así, fué expectado por los ojos lloriqueantes del pueblo. ¿La razón? El nuevo emperador no podía ver. Su acto de fé les lastimó como nunca antes lo había hecho. A los ya nacidos les fueron vaciados los ojos con incandescentes metales; los recién nacidos fueron vendados por años hasta que sus miradas desafocadas no pudieron persibir más. ¡Y la mala fortuna obró! El hijo del emperador heredó su desgracia, la ceguera, y tomó el trono a su muerte; por religiosa e irrebocable ley, el sucesor siempre es el hijo de sangre del supremo ser. Ochenta y cinco años más toleraron la infelicidad. ¡Pero por fín llegó el anciado día...! Murió Simeatoa, el último emperador de vista vacía y su hijo Valeboque lo prosiguió. Y él, gracias alcielo, era enteramente vidente. Los cegados no pudieron recobrar la vista, pero los nuevos nacidos gozaron de la bendición hace dos centurias negada; vieron por fín el mundo, sus tierras, su cielo, ... Los invidentes constantemente pedían se les describiera laslegendarias imágenes parsimónicas de su mundo, sus paisajes tandulces y adornados; y los privilegiados contestaban con vozincomprensible: «No te pierdes de mucha cosa; los antepasadosmintieron. No hay paisajes exuberantes, ni astros tan luminosos que hacen desviar la mirada; sólamente relieves, profundidades yperfiles difuminados. Al parecer, nuestro mundo está sumergido enuna crasa niebla». Y esa era su increíble respuesta. Los ciegos no creyeron aquello; pensaban, más bien, que se había perdido la voluptuosidad de ver, o, que incluso, eran sus hijos buenos y misericordiosos con sus mayores detentados de la preciada gracia. Y a pesar de todo, siguieron suplicando la descripción de suKalideari tan amado; y lograr ver mediante los ojos de sus hijos. ¡Pero la desgracia de nuevo se derrumbó implacable sobre el pueblo! Valeboque en un rito inaudito se ahuecó las cuencas con una daga, y, como antes, un ser ciego poseía el trono. ...E inició el ciclo: los videntes pintaron de negro sus vistas, los ciegos perdieron a sus narradores del desdeñado mundo. Centurias, lustros pasaron, y la cruza de ciegos con ciegos ya no permitió ver a los retoños. Y los reales gobernaron, y los pocos videntes germinados obtuvieron causal obscuridad en sus miradas tiernas e inocentes. Y después de miles de años de inane belleza, de figuras sin razón, de hermosos escenarios puestos y no apreciados, aquél mundo se fué borrando en una dilución paulatina y constante. La luz despreció a los profanos, y les negó su roce por el resto de la existencia... No es que no pudieran ver, llanamente, su mundo había sido expulsado de la jurisdicción de las luminiscencias. Sergio Malinto |