Sábado
20 mayo
2000 - Nº 1478

 

 




 



DEPORTES
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El Deportivo derrota al Espanyol y obtiene el título de Liga

Un gol de Donato y otro de Makaay conceden la victoria y campeonato al conjunto gallego


DEPORTIVO (2): Songo'o; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Víctor, Jokanovic (Jaime, m.68), Mauro Silva, Fran; Djalminha (Pauleta, m.80) y Makaay (Turu Flores, m.60).

ESPANYOL (0): Mora; Cristóbal, Pocchettino, Soldevilla (Nando, m.54), Roger; Velamazán (Posse, m.57), Sergio, Galca, Arteaga; De Lucas; y Tamudo.

Goles: 1-0. M.3. Donato, de cabeza, a la salida de un córner.
2-0. M.34. Manuel Pablo se interna por la derecha, recorta y centra raso al primer palo, por donde surge Makaay para anticiparse y marcar.

Árbitro: García Aranda. Mostró tarjeta amarilla a Toni Velamazán.

Lleno en Riazor. 36.000 espectadores. Última jornada de Liga. El Deportivo se proclamó campeón por primera vez en su historia.


SANTIAGO SEGUROLA

Los jugadores del Depor se abrazan
tras unos de los goles, ayer (R. Gutiérrez)
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En un partido menos convincente que el formidable entusiasmo que provocó en Riazor, el Deportivo conquistó la Liga y saldó una deuda que venía de antiguo. El fútbol, siempre azaroso, reparó esta vez la dolorosa herida que se abrió hace seis años, el plazo que se ha tomado el Deportivo para ganar su primer campeonato. Durante todo este tiempo, la afición ha soñado con la Liga que se perdió lastimosamente con aquel penalti fallado por Djukic.

Ahora la hinchada del Deportivo puede disfrutar con un título bien tangible, merecido si se tiene en cuenta que el equipo ha estado en la cabeza de la clasificación en 26 de las 38 jornadas. El entusiasmo, tanto tiempo diferido, no oculta lo que decía Fran antes del encuentro: "Aquel equipo era más querido". Cierto. Era querido por novedoso, por atreverse a desafiar el poder del Barça y el Madrid, por practicar un fútbol elocuente, por la mística que se generó alrededor de un veterano entrenador que se encontraba ante la última oportunidad de su carrera. Aquel Depor fue amado por todos, y más después de que cayera preso de la fatalidad, lo que sirvió para abundar en la idea romántica que se tejió alrededor del equipo.

Este Depor es más prosaico, un equipo de consumo interno capaz de reparar una deuda histórica, pero sin la punta de grandeza de su antecesor. A la hinchada le importó ayer muy poco este matiz. Necesitaba darse una noche de fiesta y lo hizo sin reparar en gastos, sin angustias. Donato, uno de los héroes de la vieja guardia, se tomó la revancha por el penalti que no tiró en el fatídico partido frente al Valencia. En el primer córner de la noche, Donato saltó en el primer palo y peinó con limpieza el balón. Hubo algo de justicia histórica. Por el protagonista y por el momento. Con 37 años, y después de una brillante carrera en el Atlético y el Deportivo, Donato es la dignidad hecha futbolista. Todavía hoy puede decir unas cuantas cosas sobre su oficio. Si le falta la frescura de sus mejores días, le sobra conocimiento del juego. Ahora como defensa, ha sido uno de los jugadores decisivos de su equipo. Nadie lo hubiera dicho a principios de temporada, cuando a Donato se le presumía suplente. En un partido que pasará a la historia del Deportivo, Donato cobró el protagonismo que se merecía. Su gol fue recibido como la garantía del triunfo en la Liga. Para A Coruña significaba el momento de desterrar todos los fantasmas.

El gol llegó tan pronto que desconcertó al Deportivo. De repente se sintió indeciso. No supo si continuar con el arrebato o cuidar el resultado. Todo eso, con mucho partido por delante. El Espanyol comenzó a cobrar un protagonismo imprevisto en el partido. Con un juego sereno, bastante bien elaborado, puso en algunas dificultades al Deportivo, que se vio beneficiado por el árbitro, que no ejerció como tal en un penalti estruendoso de Naybet a Tamudo. El defensa llegó tarde y atacó con su pierna al veloz delantero del Espanyol. Pero el árbitro hizo mutis, lo que habla muy mal de García Aranda, que parece más pendiente del politiqueo que de otra cosa.

La hinchada salió del estupor y continuó la fiesta. El partido se volvió blandote, con dos equipos que sabían perfectamente el papel que les tocaba. El Deportivo se sentía campeón y sólo necesitaba refrendarlo con otro tanto, el gol que serviría de colchón de seguridad en una noche que no estaba para dramatismos. El gol llegó antes del descanso, en una fogosa internada de Manuel Pablo, que regateó con facilidad a Arteaga y puso el balón en el primer palo, donde apareció Makaay, siempre puntual en esta Liga. Allí comenzó la gran fiesta.

El Espanyol, que se sentía convidado de piedra, representó su papel dignamente. No jugó ni bien ni mal. Simplemente dejó que el Deportivo disfrutara de una noche inolvidable. El campeón tampoco estaba para hacer sangre. El partido sólo era un trámite para una celebración contagiosa. Hubo tiempo para aclamar a los jugadores más queridos. Djalminha, por ejemplo. Los aficionados lo tienen por ídolo y no dudaron en levantarse para ovacionarle cuando le retiró Irureta.

Otros continuaron en el partido, desbordados por la emoción. A la cabeza de todos, Fran, un jugador ligado al club desde juvenil. El futbolista, en fin, que representa la historia de un equipo que había basculado durante décadas entre la Primera y la Segunda. Fran jugó en Segunda, y aun estuvo a punto de descender a Tercera. Pero él fue uno de los que torció el destino del Deportivo. Se instaló en Primera, brindó grandes temporadas con Arsenia, soportó la fatalidad de una Liga perdida en el último minuto y no desfalleció hasta conquistar el campeonato. Así han escrito la historia Fran y el Deportivo.

La euforia madrugó en Riazor

J.L.ESTÉVEZ, A Coruña
"¡Depor, campeón! ¡Depor, campeón! ¡Depor, campeón!", gritaron los suplentes del equipo mientras daban saltos fuera del banquillo y al borde del césped. Los aficionados, al mismo tiempo, reventaban Riazor y se unían al griterío y a la fiesta.

A Irureta, el entrenador, sólo le faltaba llorar acosado y rodeado de micrófonos y de fotógrafos. "¡Que no me dejáis ver!", gemía angustiado el técnico vasco. Al instante rompió en alegría. El árbitro señaló el final. "Ha sido fantástico", fue lo primero que pudo balbucear, roto por la emoción. "Me acuerdo de mi familia, de mi mujer, de mis hijas, de mi madre, de mis hermanos, de mis amigos... Dedico también el triunfo a la generación del 94 [el equipo que perdió el título por el famoso penalti fallado de Djukic], que nos abrió el camino".

"Estoy muy contento", repetía una y otra vez Donato, al que le faltó tiempo para destapar la locura colectiva con su gol, que tiene un hermoso destino que se pudo leer en la camiseta que lució debajo del uniforme "A A. Orejuela [jugador con el que coincidió en el Atlético de Madrid]. Va por tí ¡Ánimo!". "Es un amigo que está en el hospital", indicó Donato.

"¡Por fin!", espetó Makaay, autor del segundo tanto. "Había mucha tensión. Es un título de todos, hasta del masajista. Me tiré al suelo cuando marqué. No pude pensar. ¡Tenía tanta alegría en el cuerpo...!". Su gol llegó al fin.

 

 

 

 

 

 

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