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Fútbol/EL CAMPEON «O Neno», el 10 del
campeón La trayectoria profesional de Fran aglutina las virtudes y los miedos del Deportivo JUAN OLIVER A Coruña No hace muchos años, durante un partido
que el Deportivo disputaba en Betanzos (A Coruña), un crío se acercó a Fran
con un balón y un rotulador. El joven jugador, incipiente estrella de Primera
División, veía desde las gradas el encuentro amistoso, y cumpliendo con sus
obligaciones de héroe balompédico local se dispuso a autografiar la pelota.
Un grito un par de filas más arriba le dejó boquiabierto: «¡Neno, cuidado con
lo que firmas!». Pocos días antes, el entonces pope de la
radio deportiva había ridiculizado a O Neno con una monumental bronca: Fran
no sabía explicar por qué no había leído y sí firmado aquel presunto
precontrato con el Real Madrid. A Coruña temblaba ante la bisoñez del mejor
10 que ha dado la historia del fútbol gallego. Seguramente no hay mejor metáfora para
describir la trayectoria del Deportivo en estos últimos años que la carrera
profesional de Fran. Y es cierto que la imagen pública y amable de aquel
Super Depor que perdía ligas en los últimos partidos estará siempre vinculada
a las sonrisas de Bebeto y a las lágrimas de Djukic, a las palabras de
Arsenio Iglesias y a los silencios de Lendoiro. Pero el espíritu del equipo
estaba hecho con el mismo material que cementaba el alma de un chico humilde
nacido junto a la orilla coruñesa de la ría de Arousa. Fran garabateaba con mano tímida y apocada
papeles en blanco fuera del terreno de juego, pero dentro de él sus pies
firmaban pases y regates que hacían sonreír al mismísimo Johan Cruyff. O Neno
acumulaba en una sola camiseta la inocencia letal de Bebeto, la osadía
malhumorada de Claudio, la seguridad de Liaño, la parsimonia rítmica de Mauro
Silva, la fogosidad de Nando y de López Rekarte, la eficacia de Djukic... Y
también los miedos: el de Arsenio a perder, el de la afición a empatar. Fran
era todo eso a la vez. Al igual que sucede con Fran, el Deportivo
no es un equipo nuevo -para demostrarlo, continúan en la brecha Mauro Silva,
Donato y José Ramón- , sino una versión afortunadamente evolucionada de
aquéllos. Un club que parecía eternamente acostumbrado a moverse año tras año
en la diálectica ascenso/descenso se ha ganado un puesto en la elite
enriqueciendo su carácter con las justas dosis de chulería, agresividad,
elegancia, urgencia y autoestima. Parecidos ingredientes son los que han
permitido a Fran moldearse a sí mismo y alcanzar la categoría de genio desde
la incómoda posición de eterna promesa: nunca pidió más que un balón entre
las piernas todos los domingos y una casa en A Coruña, y parecía que el único
premio a su fidelidad al fútbol y al Deportivo iban a ser un partido de
homenaje y una insignia de oro y brillantes para colocar junto a la medalla
de campeón de Copa. Pero las meigas se equivocaron: O Neno es ahora el 10 del
campeón. La muestra más visible de ese proceso
evolutivo es la diferencia de carácter entre el Deportivo de entonces y el de
ahora. El Super Depor murió temblando a 11 metros del cielo con 11 jugadores
rezando para no tirar un penalti. Ese equipo se ha envalentonado desde
entonces y tiene ahora a un puñado de tipos como Djalminha, que no dudarían
en partirse la cara con quien intentara arrebatarles la gloria y el balón en
una situación parecida. Decía Lendoiro hace unos días que aquella
tragedia había creado un sentimiento no de revancha, sino de injusticia:
España le debía una Liga al Deportivo y el Depor se la debía a España. El
juego de palabras del presidente seguramente escondía un pensamiento más
profundo escondido en el inconsciente de un vestuario y de una ciudad: el
Deportivo contrajo una deuda, sí, pero consigo mismo. Fran le debía una Liga
a O Neno. Y a Arsenio. Y a Bebeto. Y a Liaño. A todos. Ayer, el Deportivo liquidó de manera
definitiva el saldo de aquella herida, y lo hizo sobre un balón de fútbol. En
las gradas de El Sardinero nadie osó poner en duda que Fran sabía de sobra lo
que estaba firmando.
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