21 de Enero

254. Santa In�s, virgen y m�rtir

(+304) Santa In�s es una de las santas m�s populares del calendario.  Una de
las figuras m�s graciosas, una de las hero�nas m�s cantadas por los poetas y
los Santos Padres.  Su devoci�n se ha mantenido viva a trav�s de los tiempos.
La Iglesia introdujo su nombre en el canon de la Misa.  Es el prototipo de la
virgen fiel consagrada a Cristo, desde su m�s tierna edad.  Su mismo nombre,
pura en griego y cordera en lat�n, es ya un presagio.

La tierna corderita ti�� su candor virginal con la sangre del martirio a
principios del siglo IV, en la persecuci�n de Diocleciano.  In�s, patricia
romana, ni�a tan pura como su nombre, frisaba en los trece a�os.  "Su devoci�n,
-dice San Ambrosio-  era superior a su edad.  Su energ�a superaba a su
naturaleza".  Rehus� la mano del hijo del Prefecto de Roma, por lo que fue
acusada de cristiana y juzgada.  Caldeada ya en el amor a Cristo, resist�a
firmemente las seducciones de los imp�os para que abandonase la fe, y ofrec�a
de buen grado su cuerpo a la tortura.

"�Cuantos terrores, insiste San Ambrosio, ensayo el verdugo para asustarla!
�Cuantos halagos y promesas para rendirla!"  Pero ella respondi� con firmeza
superior a su edad:  "�Injuria ser�a para mi esposo el pretender agradar a
otro.  Me entregare solo a aquel que primero me eligi�!".

Anuncia luego el juez un lugar m�s terrible para una virgen.  "Haz lo que
quieras, responde In�s, imp�vida y confiada.  Cristo no olvida a los suyos.
Te�ir�s, si quieres, la espada con mi sangre.  Pero no mancillaras mis miembros
con la lujuria".  Despechados los jueces, fue conducida a un lupanar p�blico,
expuesta al fuego criminal de la lujuria.  Pero le crece milagrosamente la
cabellera, que se derrama sobre el lirio desnudo de su cuerpo, para que ning�n
rostro humano profanara el templo del Se�or.  Para recordar este hecho, en
aquel mismo lugar, en la actual plaza Navona, en Roma, se alza hasta nuestros
d�as la Iglesia de Santa In�s.  Se venera a�n all� una reliquia insigne de la
virgen de Cristo.

A�n pas� In�s el tormento del fuego.  Pero el fuego respet� el cuerpo virginal.
Lleg� entonces el verdugo armado con la espada.  La corderita la recibi�
gozosa, or� brevemente, inclin� la cabeza y qued� consumado el martirio.  Sus
restos virginales fueron enterrados en la V�a Nomentana, en las llamadas
catacumbas de Santa In�s.  Todav�a hoy, el 21 de enero de cada a�o, se bendicen
en este lugar dos corderillos con cuya lana se teje el PALLIUM del Papa y de
los Arzobispos.  Santa In�s sigue siendo hoy ejemplo de las j�venes
cristianas.


*  Sin duda es un modelo y una intercesora para vivir y conservar la santa
pureza.

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