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CEREMONIA DE LAS
FLORES
Esta Ceremonia es ejecutada en homenaje a las mujeres y en particular a nuestra
Madre, por lo que el DeMolay deberá darle profundo sentimiento y una gran
dramatización a la misma.
Puede ser ejecutada por más de un DeMolay, caso en que deberán coordinar sus
parlamentos. Los ejecutantes deberán utilizar el centro de la Sala Capitular
como un escenario, y desplazarse mientras realizan sus partes. Tanto el
desplazamiento como los parlamentos deberán ser expresivos, pausados, sin
excesos, de modo que sea percibido lo más claramente posible por el auditorio.
El Orad o el MC, deberá hacer una breve explicación sobre el significado de la
misma, solicitando a todos una especial atención.
PARTE EXIGIDA: El Orador (o varios Oradores)
Es presentada con mayor eficiencia por un DeMolay activo, con voz agradable y
madura, y buen estilo de presentación (buena dicción, y articulación de la voz,
así como respeto de los signos de puntuación utilizados).
ARREGLOS NECESARIOS:
Biblia Sagrada, abierta en el altar
Libros Escolares en la parte noreste del altar
Siete velas ya encendidas. Todas las demás luces deben ser disminuidas o
apagadas durante la ceremonia
Suficiente cantidad de flores blancas y rojas
La Bandera Nacional en un soporte.
Sugerencia: Si hay más de un Orad, pueden distribuirse los parlamentos, haciendo
cada uno un párrafo de la ceremonia.
(Luces se apagan, quedan solamente las 7 velas prendidas. Desde el occidente se
acerca lentamente el DeMolay)
(Música en sordina)
Orador (dirigiéndose a los DeMolays):
Hermanos míos, Uds. acaban de recibir permiso para usar como suyo, el nombre de
una de las figuras de caballero más heroicas del mundo: “Jacques DeMolay”. Ahora
Uds. pueden decir: Yo soy un DeMolay.
Para ser considerados dignos, del privilegio de entrar al compañerismo de este
gran ejército de jóvenes, tanto aquí como en el extranjero, que se dedican a los
ideales de Jacques DeMolay, demuestren a nuestra confianza que la sutileza de
sus propósitos, encaminará su progreso para los más elevados tipos de hombres.
Ser aceptados como DeMolay, es por tanto, una honra de la cual, cualquier joven
puede realmente enorgullecerse.
Al ser recibidos en nuestras filas Uds. fueron instruidos sobre las siete
virtudes cardinales de esta grandiosa Orden. Esperamos que hubiesen quedado
profundamente sensibilizados con las lecciones que ellas enseñan. Ya que no
existe mejor aliciente, sobre el cual construir su carácter y vida futura, que
la práctica de estas virtudes.
La Orden DeMolay enseña muchas lecciones bellas, sin embargo, ninguna es más
importante que la honra, y el verdadero respeto al sexo femenino, y más aún, a
la maternidad especialmente.
Es conveniente, por tanto, que vosotros hayan sido llamados a quedar nuevamente
de pie delante de este altar, en momentos de especial énfasis, sobre la virtud
que fue clasificada, en primer lugar entre las joyas que adornan la corona de la
juventud: “Amor Filial”.
Para mi felicidad este altar está dedicado a nuestras madres, cuyo amor nunca
falla. Uds. podrán escalar a posiciones de gran influencia en la vida comercial,
política o profesional, sin embargo, nunca podrán alcanzar la altura de las
aspiraciones secretas, de sus madres al respecto.
Podrán caer en el más profundo abismo de infamia y degradación, pero nunca, más
abajo del amor de ellas. La memoria de esto, siempre perturbará sus corazones.
No existe hombre totalmente vil, completamente bajo, que no posea en su corazón,
una tumba sagrada y separada, para la memoria del amor de su madre.
Si yo tuviese que presentarles un retrato de amor divino, no sería aquel de: “Un
majestuoso ángel, con una forma llena de elegancia. Sería el de una madre
cansada y exhausta, con fisonomía grave y pálida.”
Era vuestra madre la que os amaba, aún antes de nacer, ya que os cargaba durante
largos meses, próximos al corazón, y al concluir el tiempo, tomó la mano de Dios
con sus manos, y pasó a través del valle de las sombras, para darte la vida.
Fue ella quien cuidó de ti, durante los años desamparados de tu infancia, y los
no menos dependientes años de tu juventud.
Conforme tú te tornaste menos dependiente, ella tuvo innumerables atenciones,
cuidados de salud, de ayuda y actos de incentivo, y aún otras cosas, que de
algún modo, solo las madres parecen poder hacer.
Tu tal vez aceptaste estas atenciones, más o menos como si fuera una rutina, tal
vez sin gratitud consciente, o sin ninguna demostración de aprecio.
Tú, te estás aproximando rápidamente al momento de tu vida, en que estarás
totalmente independiente de tu madre. Los lazos por los cuales, la dependencia
te liga a ella, te podrán apartar conforme vayas envejeciendo, sin embargo el
lazo de amor materno, no podrá jamás ser deshecho.
Recordando los años de tu vida, cuando hubieras llegado a la mayoría de edad, tu
madre podrá muy bien repetir las palabras del poeta:
Mi cuerpo alimentó tu cuerpo, hijo, pero el nacimiento es una cosa rápida,
comparado a los veintiún años, de alimentarte con lágrimas de espíritu.
Yo podría haber moldeado tu mente y tu alma, sin embargo mis manos felices te
han mantenido intacto.
Tus manos tanteando, me sujetarán a la vida con manos sin piedad.
Y todo mi vivir se volvió una oración, mientras todos mis días construían una
gracia para tus jóvenes pies que caminaban tras mío para que tú encontrases el
camino ambicionado.
¿Tú crees que la vida puede darte sufrimiento, que no me alcanzare nuevamente?
¿Tú crees que la vida puede darte la deshonra, y que con eso no perjudiques a mi
orgullo?
Y Tú, ¿no puedes hacer nada malo que no me queme como una picada venenosa?
Porque de todo lo que yo hice, acuérdate de mí, en vida… ¡Oh hijo!
Mantén aquel cuerpo altivo, bello y honrado. ¡Por mi vida!, ¡no destruyas a
ninguna mujer! ¡y no desprecies a mujer alguna! … por aquella noche oscura
cuando Tú naciste.
Estas flores que Uds. ven sobre el altar, son símbolos de aquel amor de madre.
La blanca, el amor de la madre que se fue, la roja, el de la madre que todavía
vive, para bendecir sus vidas.
Lejos, en los recesos sombríos de su corazón, donde todo está silencioso y
parado, ella guarda un santuario. Es ahí donde se arrodilla en oración, mientras
allá encima, haces de luz, sobre ella brillan.
Su corazón tiene la fragancia de flores, conforme ella reza, reluciendo como una
llama de vela. Cada oración, es elevada para bendecir al mundo en que ella
trabaja, para ahí, dejar el resplandor de las velas.
Queremos que cada uno de Uds. levante una flor del altar. Si tu madre ya pasó de
esta vida a la otra, escogeréis una flor blanca, y la guardaréis siempre sagrada
en vuestra memoria.
Que la presencia de esta flor, despierte siempre en ti todas las memorias
felices de ella, y te fortalezcan nuevamente en tus esfuerzos, para ser digno de
las esperanzas y aspiraciones de ella por ti.
Si tu madre está viva, escogerás una flor roja. Cuando vayas a tu casa esta
noche, dale esta flor a tu madre, diciéndole que es nuestro reconocimiento, del
mejor regalo que Dios da a un hombre: “El Amor Materno”.
Tómala en tus brazos y dile: —Madre, aprendí una gran lección esta noche, las
ceremonias me ayudarán a reconocer más íntimamente, cuanto tú realmente
significas para mí. Voy a tratar de demostrarte diariamente, cuanto yo aprecio
los sacrificios que tú haces, el amor y los cuidados que tú me das.
Algún día tú encontrarás aquella flor no sé donde, tal vez en su Biblia o en su
libro de oración, o en algún otro lugar sagrado para ella, allí estará como un
testimonio silencioso, de lo que esta noche significó para aquella, cuyo amor
por ti, su hijo, está más allá de la comprensión de cualquier hijo.
Hermanos míos, cada uno de vosotros levante una flor roja o blanca del altar.
(es hecho)
(Exhortando a los DeMolays presentes)
DeMolay, no puedo exigir otra cosa de Ustedes, sino que traten de vivir de
manera de ser dignos del amor de sus Madres.
(Las luces al máximo, música…)
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