EL REFLUJO
ALBERTO FRANCESCHI G.

Caracas, 24 de Febrero de 2003

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Vuelvo a escribir una vez pasados los días en que las críticas a la dirección de la Coordinadora podían ser tomadas como argumentos contra la oposición. En medio de un conflicto como lo fue el Paro de Diciembre- Enero no podía actuar como rompehuelgas. El silencio es también un arma política. La dirección era esa y no otra hipotéticamente mejor y sus tácticas gradualistas, pacifistas a ultranza y negociadoras se impusieron y quienes no estábamos de acuerdo, sobre como se implementaban, sencillamente debíamos guardar silencio.

 

Preferí otorgar el beneficio de la duda antes de declarar o actuar en contra de esa Coordinadora de la que pronostiqué, desde el 28 de agosto,- cien días antes del paro-  que nos llevaría a situaciones insostenibles para decir lo mínimo. Hoy estamos ante una severa derrota táctica. El paro lanzado para tumbar el gobierno terminó en bailoterapia. Sus fuerzas fueron consumidas por la inercia de la inacción, la rutina, el desdén. Cundió el desconcierto sobre como ganábamos en un conflicto que nos afectaba a todos menos al bribón y a sus huestes,  atrincheradas en el aparato gubernamental dispuesto a toda clase de desafueros y arbitrariedades. 

 

Los centenares de marchas en todo el país y la incorporación de millones a la lucha activa en la calle fue el único saldo positivo. La interrogante, que nunca será respondida, por lo tonto que resultan los ejercicios de imaginación, es si este saldo y otros mejores resultados podrían haberse obtenido con un enfoque drásticamente distinto.

 

Para lanzar un conflicto como este paro cívico que terminó con muchas penas y sin glorias, se necesitaba bastante coraje ante la magnitud de los dilemas. Pero mil veces mas coraje era necesario para detener ese conflicto cuando desde  su primera semana era evidente que no lograría su objetivo de sacar a Chávez. Y si el objetivo no era ese, sino exigir y negociar unas elecciones, entonces estamos ante una soberana estupidez o ante colosales ignorancias y tosquedad en el análisis y las propuestas que se derivaban de los discursos de los dirigentes de ese conflicto.

 

No se lanza el resto de todas las fuerzas y todas las reservas en un combate al que se le imponen los limites de un pacifismo a ultranza para obtener un objetivo táctico, y de dudosa realización, como son unas elecciones.

 

La respuesta al mar de contradicciones que enredan a los cultores de la dirección del conflicto, delata que en realidad el paro cívico succionó del paro petrolero su capacidad de sobrevivencia hasta su consunción el 30 de Enero. Y es precisamente la huelga petrolera derrotada, al precio de la semidestrucción de la industria y de  lanzar al país por el precipicio del colapso económico social, lo que termina por generar una debilidad estructural de la oposición. El tendal de arruinados y de empresas poderosas puestas en severas dificultades, tras este paro suicida, no pueden colocarse en nuestro haber sino en el de Chávez... a pesar de la infinita buena fe que pudo animar a los estrategas chambones de la Coordinadora.

 

Han sido arriesgadas todas las fuerzas: reservas del empresariado, precarios equilibrios en los ingresos familiares que aun permitían la sobrevivencia en el 2002, capacidad de tolerancia y de resistencia puesta a prueba con  la hambreadora escasez de gasolina y sobre todo de gas doméstico, desafio desproporcionado al relativo poder de convocatoria huelgario de la CTV, de Fedecamaras y de los gerentes de PDVSA. Etc. Y NO obtuvimos una victoria. Esto tenemos que saberlo. No se vale decir que todo lo que se hizo en Diciembre y Enero era para hacer un firmazo el 2 de Febrero y ver a Enrique Mendoza vestido de negro y corbata por primera vez en una década, en el evento el exitazo

 

Entonces sepamos que estamos ante un reflujo transitorio. La gente quiere volver a pelear pero no quiere más improvisaciones, no quiere más pescueceos de líderes de ocasión con la cobardía instalada en el alma. 

 

Las banderas políticas mantenidas en el terreno de las salidas electorales como única estrategia, generan grandes concentraciones en defensa de los medios y bastante menores en solidaridad con PDVSA y solo de vanguardia en las protestas contra la prisión al honorable Carlos Fernández   tratado por Chávez como delincuente. Ese es  el reflujo. Las grandes masas de manifestantes, que siguen siendo en un 80% de clase media, abandonaron transitoriamente las calles. En miles de puntos geográficos del país, en medio de una especie de reflexión colectiva inducida por la profunda necesidad NO satisfecha de expulsar este régimen malandroso y hambreador, han llegado a la misma conclusión: necesitamos otra dirección.

 

No estamos hablando de personas, se quiere es otra política, otra estrategia. Nuestra buena gente hizo todo lo que le pidieron. Fueron a todos los actos y marchas y el loco sigue allí, Entonces pararon de caminar y se preguntan ¿Cómo seguimos? ¿Cómo tumbamos al loco? ¿Chávez se fortaleció al derrotarnos el paro petrolero y al aguantar dos meses burlándose del paro cívico hasta que este pereció consumido en el  letargo de las ruedas de prensa de los Carlos y Fernández? 

 

Los analistas políticos superficiales, que viven de afinar pronósticos de validez semanal, podrán decir misa sobre las supuestas nuevas fuerzas de Chávez, pero lo único que quedará en pie, es que el 80% del país está convenciéndose NO de rendirse sino de insurreccionarse, a pesar que   el loco siga allí, impertérrito, aferrado a su avión y a su inculta cháchara llena de odios.

 

La Huelga petrolera y el paro cívico, que hoy lucen portadores de no pocas desgracias contra nosotros mismos por sus efectos devastadores sobre el empleo, la moneda, y la polarización política que arrasa las instituciones, también convirtió al gobierno en un regente comatoso de un autoritarismo burdo, aislado internacionalmente y con una base social aun mas disminuida que en el 2002.

 

¡Si esto es así entonces ganamos!, diría un secuaz de los grandes portavoces televisados diariamente. No es tan sencillo. Chávez si obtuvo una victoria táctica, pero su debilidad estratégica se ha profundizado por cuanto su gobernabilidad disminuyó a límites ya terminales. Chávez ganó, pero para  seguir en el poder y usufructuar esa victoria debe desnudar aun más su carácter bárbaro. La ideología basura de su poder autoritario se hace más insoportable, incluso para densos sectores populares. La política no procesa los problemas a través de leyes matemáticas, con  racionalidades y abstracciones. Las pasiones humanas, las luchas de intereses materiales se entremezclan con altruismos y esperanzas que usan como materia prima lo más enaltecedor del espíritu.

 

La solidaridad por ejemplo, la esperanza de futuro, la instintiva ley animal que nos viene del principio de los tiempos en eso de cuidar las crías y proveerles de los medios de vida para garantizar la perpetuación de la especie a través del núcleo familiar, o la patria etc. Están mas presentes de lo que creemos en esta tenaz lucha contra ese sepulturero de nación que es Hugo Chávez.  Quienes tuvimos el privilegio de alertar contra la elección  de este orate y sobre todo quienes le adversamos desde el primer segundo, frente a  sus cultores de entonces, convertidos ahora en parlanchines opositores de último minuto, quizás tengamos más cosas que decir…aunque resultemos incómodos por eso de hablar con la verdad por delante

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