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Cuando de noche a madrugada la gloria se volvió la punta de tu lengua, ahí estaba yo, besándote.
Sin saber tu nombre te acompañé en silencio, presenciando tu cumbre acaricié ansioso tu esplendor y te aprisioné en los brazos mientras hacías historia.
Celebré tu resplandor con labios salvajes, anónimos: el mejor día de tu vida nuestras barbillas lucharon, con pasión despedazándose...
Ya nunca pregunté por qué querías llorar (ví tus ojos a punto), sólo me entrelacé más - traté de tocarte fuerte - como un torniquete en silencio antes de desvanecerme.
Quizás no hables mi idioma, es seguro que más no nos vemos. Pero esa noche cuando más brillaste |
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