| Simbiosis | ||||||||||
| A tí, |
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| Desde que llovieron tus ojos - cuando escapó tu recato - secos sobre los míos y se aclararon de pronto tus pupilas lejanas leales, tus verdes irises celestes, tus pestañas - semillas de troncos de paz de madera silenciosa -, me convertí para tí en galeón. Y todos los días pedí tener dos mástiles recios por brazos bajo mis velas para proteger tu frente y a esa niña en tu pecho: tu joven fruto rubio, nuestro. Pero en días como hoy suplico que no me los quiebren tormentas de odios, cenizas y envidias como las que calmas tú. |
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