|
Te debo tanto y tu vida me dio tanta vida, que no alcanzan mis días para terminar de amarte.
Tu muerte sigue viva en mí [ha pasado el tiempo].
Ahora puedo tener tu nombre entre mis labios sin tragar agua de mi propia lluvia.
Pero si bien la boca ya habla y la cabeza respira, desde la barbilla al suelo todo sigue inundado.
Todavía tengo ese instinto suicida de seguirte a donde estés. Todavía me asalta ese golpe nocturno reclamando el último beso.
Todo me dice lo que quiero que me diga: que sigues abrazándome invisible y ligera, que me llevas contigo, que no has muerto,
y que yo, sin tí, tampoco.
|
|