Invisible
Sigiloso,
entierro mi barba
por toda la pared
por si remojas en ella
tu espalda larga de seda.

Escondido
imprimo mis labios
en el borde de tu taza,
para que sin darte cuenta
recuperes mis besos humeantes,
te los bebas sin querer,
y te hagas adicta a ellos.

Cubro tu cama
con remolinos
tibios de mis supiros
para que a su encuentro,
mientras sueñas tranquila,
tus senos se ruboricen.

Escribo esto para ver
si con estas letras
logro - por fin...-
volverte a hacer el amor.

Salvador Dalí, Joven sodomizada por su propia castidad, 1954.
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