Como un paño impregnado de rojo espeso: permanente esta ciudad y toda su gente, está sin remedio cubierta de tu sangre.
Cada calle y árbol y ojo, todo huele a tu suspiro-viento...
Llueve tu pelo que me abraza, la luna trasluce tu semblante: cada vez que apoyo un paso, tu esencia rezuma entre el suelo.
Escurres en cada abrazo sincero tiñendo el tiempo de milagro, cuando de repente, en cualquier lado, se abre una vena que riega tu esencia y dulce me rocía de tu risa copiosa, fuente de vida desde la muerte.
Gracias a esos cielos donde vives, no importa hacia dónde corra: no hay rincón donde no sangres. |
|