Flaqueza
La delgadez me reclama

- implacable y hambrienta -

como a uno de sus hijos,

a través de mis padres y hermanos.


Al parecer,

sus ojos no toleran el reflejo

de los excesos en mi carne,

y habré de batirme

contra mis deseos,

dejarme devorar por ella

para que su ausencia en mí

no adelgace en ellos

mi imagen interna y profunda.




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