NACER EN LUNA
LLENA
I
-¿Qué os trae por aquí, pequeña?
Su acento era argentino, a mí se me antojaba cómico, exagerado, como su vestido rojo con estrellitas, hasta los pies; tenía el rostro castigado por los años, tal vez por el exceso de trabajo, o por las penurias...
-Bien, ya veo que no me lo queréis decir, todos ustedes piensan que nosotros somos adivinos; mira, pequeña, para empezar necesito tres datos tuyos: fecha de nacimiento, hora exacta y lugar.
Se los di con recelo, no las tenía todas conmigo; ella vivía en un edificio medio arruinado, uno de tantos del casco viejo de Zaragoza. El portal exhalaba olor de orinas, la escalera era empinada y estrecha, construida con baldosas rojas de cerámica raída y cantos de madera, sin barandal; la casa resultaba más bien un cuchitril, destartalada y rancia, pero por dentro se la veía muy limpia, extremadamente limpia.
Yo estaba recién licenciada, había acabado la carrera de Matemáticas tan sólo unos meses atrás y tenía confusión, demasiada confusión acumulada dentro de mi cabeza. Por eso me encontraba allí, en la consulta de aquella astróloga exótica, a instancias de un amigo, Luis, el único hombre que hasta entonces había despertado en mí el sentido de la amistad y de la camaradería. Él, aficionado al ocultismo y conocedor de su pintoresco y variopinto mundo, me facilitó la dirección de María Indiana, una astróloga argentina que ahora ejercía en España, refugiada al parecer por asuntos políticos.
Mientras ella iba calculando manualmente el horóscopo, la tensión emocional creció dentro de mí; apenas podía distraer la atención en algo, pues poco había que mirar u observar. Los muebles de la estancia eran escuetos y antiguos, las paredes se veían desnudas; ella trabajaba sobre una mesa vetusta apenas restaurada con algo de barniz. Encima, varios libros amontonados, algunos bolígrafos, un lápiz y una goma de borrar, nada más... Una bombilla desnuda sobre el techo debía alumbrar las horas nocturnas, pero ahora entraba el sol de la mañana, era la única alegría de aquella habitación austera...
Y yo, ¿qué hacía allí?
¿Estaba a punto de conocerme a mí misma en profundidad, de encontrar la
respuesta a tanto interrogante como me asaltaba últimamente, o iba a escuchar
la gran patraña de una pretendida pseudociencia que ni siquiera es reconocida
en
Mientras resonaba en mis pensamientos esta ocurrencia del Dr. Cid, la astróloga levantó la cabeza; apartó la vista de sus papeles, y quitándose las gafas, me miró afablemente, sonriente, como si poseyera ya toda mi verdad en sus manos. Tenía el pelo débil y escaso, algo rubio, con abundantes canas, toda ella reflejaba desnutrición. Sin embargo, sus ojos denotaban seguridad, conocimiento y aplomo....
-Mirad, querida, vos no lo queréis decir pero aquí está escrito, en las estrellas de vuestro nacimiento; no es el dinero ni la salud lo que os preocupa, sino una cuestión bien concreta de personalidad, ¿no es así?
Asentí, y los nervios me atenazaron todavía más; casi me sentí descubierta antes de que dijera nada, ya notaba el rubor en mis mejillas, pero conseguí recuperar el dominio de mí misma. La seguridad de aquella mujer me hizo confiar en ella, estaba a las puertas de escuchar alguna revelación importante.
-Tranquilizaros, no es para tanto; lo que os pasa resulta más frecuente de lo que vos misma podáis pensar, no se trata de nada malo, querida, lo normal y lo anormal no existen en términos absolutos. En este bajo mundo sublunar, todo es relativo y convencional...
Me relajé; ella daba tiempo con su hablar dulce y pausado, típicamente sudamericano...
-Veamos, tampoco es el futuro objeto de vuestra inquietud... ¡Ah, querida, vos nacisteis en luna llena!
-¿Y qué pasa con ello, tiene alguna relevancia especial?
-Por sí solo sería un
índice escaso, pero he aquí que otros datos se presentan apuntando en la misma
dirección: Ascendente Géminis, Venus en conjunción formante con el Sol y Urano,
opuestos los tres a
-A mí todo ese lenguaje me
suena rarísimo, tanto como a usted, quizá, pueda sonarle el de
-Por supuestísimo, querida,
para eso estamos, no todo el mundo tiene la obligación de entender
Hizo una pausa, tomó aire y luego prosiguió. Había acaparado toda la atención que yo podía darle, la estaba escuchando con todos los sentidos.
-Mirad, querida, el motivo que os ha traído aquí no puede ser otro, pienso yo, que un fuerte conflicto interno en vuestra personalidad, diría incluso, ya me lo confirmaréis en su caso, que hay una lucha, una contradicción entre vuestra manera de sentiros mujer y el cuerpo en el que os encontráis; diré más, os sentís muy poco femenina, vuestro temperamento tiene un notable componente masculino, hay un antagonismo entre el pensar y el sentir con el obrar... ¿Sois acaso lesbiana?
Cayendo en la mentira le dije que no, que todavía no me había enamorado de nadie ni tampoco conocía las relaciones sexuales, aunque, eso sí, no sentía ninguna atracción por los hombres; al contrario, el comentario anterior me había hecho observar que los miraba con cierto recelo.
-Sólo tengo un amigo, el que me ha traído aquí; a veces salimos juntos, me hallo muy a gusto a su lado, pero ni él me atrae físicamente ni tampoco ha dicho jamás que sienta algo por mí. Sospecho que anda enamorado, lo intuyo, posiblemente no se atreva a decírmelo, o tal vez me conozca demasiado bien. En algunas épocas de mi vida me he sentido muy feliz entre mujeres, sobre todo en la adolescencia, cuando pasé por el internado de las monjas, pero nada más. Intimar con hombres nunca, salvo con Luis, él es el único a quien entrego mi confianza, tal vez porque no pide, no exige, no impone, al contrario, más bien se deja llevar por mí... Si algo me crispa de ellos es su prepotencia, la chulería, sus aires de superioridad, es algo que no puedo soportar, ni sus demostraciones de fuerza, ni su falta de tacto, de delicadeza con nosotras...
-Querida... ¿Cómo te llamas?
-Blanca.
-Mira, Blanca, tienes toda la razón del mundo al hablar así y comprendo que estés muy preocupada por el embrollo que llevas dentro, pero necesitas buena información para conocerte bien a ti misma, eso es lo primero, y después, comprenderte, aceptarte tal cual eres y obrar en consecuencia.
-La escucho, a eso he venido. En realidad no sé quién soy ni cómo soy, me resulta complicado aclarar mis sentimientos, mis inclinaciones, me hallo en medio de una gran confusión...
-Criatura, el mensaje de
las estrellas puede seros de gran provecho; escuchadme, nada hay que temer sino
al miedo mismo. Mirad, hay dos grandes astros en el cielo que destacan por
sobre los demás; su tamaño aparente vistos desde
Paró un momento su discurso, que yo estaba siguiendo fascinada; era la primera vez que oía a alguien expresarse en tales términos. Su mensaje había logrado calarme hondo; la afectación y solemnidad con que se expresaba eran bien diferentes de la frialdad universitaria a que estaba acostumbrada. Ciertamente, aquella mujer llegaba más al corazón que a la cabeza.
Segura del interés con que la seguía, continuó:
-El hombre y la mujer no
son otra cosa que un universo en miniatura, un microcosmos, reflejo fiel del
gran universo o macrocosmos, y tanto uno como otra están regulados por las
mismas leyes y los mismos ciclos. Así pues, cada hombre y cada mujer tienen su
Sol y su Luna dentro de sí mismos, son macho y hembra a la vez; dicho de otro
modo, tú, yo, todo el mundo, somos seres andróginos, aunque externamente
aparentemos lo contrario. Bien conoce
Hizo otra pausa, consciente de cómo acaparaba mi atención, tal vez para darme tiempo a asimilar aquellas palabras; enseguida prosiguió con su hablar tranquilo y reposado, incluso cariñoso...
-Estamos acostumbrados a la idea de hombre-varón y mujer-hembra, pero, de igual modo que resulta inconcebible en el cielo un Sol sin Luna y viceversa, tampoco puede haber en una misma persona un solo sexo; externamente hallamos en la mujer un homólogo del pene masculino, el clítoris, órgano eréctil igual que aquél y con idénticas cualidades salvo el tamaño y las funciones. Por el contrario, tenemos en el hombre atributos tan femeninos como las mamas, las tetillas, que se atrofiaron ya en el feto a los pocos meses de vida, pero mamas son al fin y al cabo. La embriología enseña que, en sus primeras semanas, el feto humano no presenta diferenciación sexual; contiene los dos sexos, es andrógino, aunque llegado el momento sufre el proceso de la diferenciación en uno u otro tipo. El pene se atrofia en la futura mujer para quedarse en simple clítoris, y lo mismo pasa en el futuro hombre, se le atrofian las mamas, no quedando de ellas sino los pezoncillos cuando alcanza la madurez sexual...
Encendió un cigarrillo rubio para darse tiempo nuevamente, y con la misma parsimonia, continuó:
-La androginia somática declarada es realmente rara y se considera patológica; por el contrario, la mayoría de la humanidad nace físicamente, bien como varón, bien como hembra. Buena parte de ella tiene un componente de la personalidad claramente predominante sobre el otro, y entonces se da el comportamiento sexual habitual, el convencional heterosexual, siempre que coincida, que es lo normal, o al menos lo más frecuente, la predominancia psicológica con la exteriorización somática. ¿Me sigues?
-Sí, sí, la sigo con gran curiosidad.
-Sin embargo, hay dos momentos
a lo largo del mes, o sea, de una lunación, que son propicios a que esta
adecuación somática y psicológica presente desarreglos. ¿Conocéis
-Yo no entro en polémicas, sólo deseo conocer vuestra opinión sincera.
-No os impacientéis, querida, la tendréis en un momento, quisiera que vos comprendierais bien lo que quiero decir.
-Adelante.
-Hay dos momentos fatídicos cada mes, los más propicios para el desajuste entre la personalidad somática y psicológica; son la luna nueva y la luna llena. El novilunio reúne en un mismo punto del cielo las dos fuerzas, las dos naturalezas cósmicas, que se hallan así mezcladas, indiferenciadas la una de la otra durante el fenómeno. Si un niño nace de parto natural en las horas que anteceden o siguen a ese momento privilegiado, esa situación celeste se reflejará después en su pequeño microuniverso, presentando dentro de sí una indiferenciación de los dos principios, el masculino y el femenino, habitualmente bien separados. Puede presentarse a la vista como un macho o como una hembra, pero al crecer, ya en la adolescencia, los impulsos que lo moverán serán, a veces masculinos, a veces femeninos, con arreglo a la configuración de los astros su cielo de nacimiento.
-Pero yo nací en luna llena, no es éste mi caso.
-No querida, vos, en el
momento de nacer teníais el Sol y
-¿Y qué implicaciones tiene tal circunstancia en el terreno práctico, en lo cotidiano?
-Vos debierais saberlo mejor que yo, querida, yo no me hallo dentro de vuestra piel...
Sonrió afablemente y apuró el cigarrillo sin prisas, entregándome sus revelaciones en pequeñas dosis...
-Perdóname, querida, es una
broma; en realidad, entre las dos lograremos descifrar vuestra verdadera
personalidad, cada una por separado no conseguiríamos más que vaguedades, como
esos horóscopos cursis de las revistas... Bien, prosigamos; el hecho de nacer
en luna llena por sí solo no es grave, no resulta un factor tan determinante
como para causar inconvenientes insuperables. Aquí tenemos -me mostró el
gráfico lleno de signos desconocidos para mí, no negaré que parecían algo
inquietantes- el Ascendente en los primeros grados de Géminis, con el Sol cerca
de la cúspide. Tenéis por ello una firmeza, una fuerza de voluntad y un coraje
envidiables; pero el Ascendente determina el cuerpo físico y la tipología, es
decir, la apariencia personal... Fijaos en esta representación medieval del
signo de Géminis, dos niños gemelos; mientras uno filosofa el otro lo
toca, lo palpa, lo acaricia, ambos son del mismo sexo... Palabras como
gemación, o geminación, señalan dualidad, división de una sola cosa en dos
cosas iguales, o de la misma naturaleza; Géminis está regido por el
hermafrodita Mercurio, que reúne en sí mismo las fuerzas masculinas y femeninas
del universo... No hablaré de homosexualidad, querida, pero es otro factor
disociativo de estas fuerzas en vuestra personalidad, otro componente que se
suma a la oposición entre el Sol y
-Veintitrés años.
-¡Oh, sois muy joven
todavía, tenéis toda una vida por delante...! Vamos a ver, el Sol,
Quedé sobrecogida y muda ante la sagaz deducción de la astróloga. Me sentí sorprendida, con la intimidad violada y la personalidad puesta al desnudo; me invadió cierta sensación de culpabilidad y anormalidad, quedé paralizada. Ahora comprendía algo más de mí misma de mí misma, pero me sentía agobiada ante la posibilidad de que aquella mujer pudiera tener todo mi mundo en sus manos; hube de responderle con un simple gesto de afirmación, atenazada y temerosa como estaba por el estupor, mas ella debió leer también una súplica de comprensión en mis ojos.
- No debéis sentiros tan mal, amiga mía, el amor es la única realidad de este mundo; sin amor nada puede concebirse, donde no hay amor no hay nada. Pero esta fuerza, este impulso tan maravilloso, tiene muchas maneras diferentes de manifestarse, muchos modos de exteriorizarse; unos son más corrientes que otros, y por tanto mejor admitidos e incluso legitimados por los códigos civiles o religiosos... Por los códigos de los hombres, querida, pero hay otras leyes superiores, las leyes cósmicas, por lo general mucho más ignoradas... Vos habéis tenido sin duda experiencias amargas en la infancia y en la juventud, no os habéis sentido como las demás adolescentes... Desde que nace, la mujer es educada para atraer y se le infunde la coquetería, la vanidad, el encanto del venusino imán para embobar a los hombres; sin embargo, este horóscopo expresa claramente que en vos no es así, que hay una resistencia, que la pasividad femenina no es suficiente y necesita conquistar, dominar, poseer, ser el polo activo en las relaciones de pareja... ¿Me equivoco?
Respondí con otro gesto indicando lo ajustado de sus palabras; la comprensión de mi mundo, el acierto y claridad con que se expresaba María Indiana, me devolvieron la tranquilidad y la confianza. Encendiendo otro cigarrillo, continuó:
-¡Cuántas tribulaciones os ha debido costar esta peculiaridad vuestra, Blanca! Y sin embargo, no sois un caso único, ni siquiera extraño, sino al contrario... Recordad, una vez al mes se producen la luna nueva y la luna llena... En el mundo hay miles y miles de mujeres en vuestra misma situación; pero ocurre que muchas de ellas no quieren reconocerse ni aceptarse como son, he ahí buena parte del motivo de muchas neurosis femeninas... Decidme, ¿cuándo os habéis unido a esa mujer?
-Ayer, ayer precisamente tuvimos la primera relación... Por eso estoy aquí, temblando como un flan... Hace tiempo que deseaba venir y no encontraba el momento, pero ayer los acontecimientos se precipitaron inesperadamente...
-Criatura... ¡Cómo debéis
sentiros por dentro, qué inseguridad adivino en vuestro interior...! Mira, Blanca,
la vida es una escuela a la que se viene a aprender, y no existe mejor método
para ello que el de prueba y error... Los caminos de la existencia son a veces
agradables, a veces monótonos, peligrosos en muchas ocasiones, pero sin acción
no hay lección, sin causa no hay efecto, y quien no prueba, no aprende...
Probad, chiquilla, seguid vuestro camino y confiad en el amor, recordadlo, la
única fuerza real de
Paró unos instantes, concentrándose sobre los gráficos de mi horóscopo recién calculado; aspiró el cigarrillo, y echando el humo hacia lo alto retomó su monólogo. En los ojos de mi interlocutora se adivinaba el contenido de alguna revelación importante.
-Querida Blanca, vuestro problema no es otro que comprenderos, eso en primer lugar; en segundo lugar, aceptaros tal como sois, y tercero, dar tiempo al tiempo. Indudablemente os sentís mujer por fuera, sois una mujer, pero dentro hay una voz masculina, un impulso masculino, permíteme decirlo, una fuerza varonil... Es como si os hubieseis tragado un pequeño ser, un diablillo masculino, y ahora os diera patadas en el estómago; este ser que habita en vuestro interior resulta molesto, incordia cuando menos se lo espera, resulta un cargante... Pero tiene una debilidad; es un macho psicológico, y por el mero hecho de ser macho, débil, domesticable e influenciable. Se le puede engañar fácilmente con cualquier bobada igual que si fuese un hombre, esto dicho aquí y entre nosotras, ahora que no nos oyen... Mira, Blanca, tú debes probar a seguir tu camino; nada es casual en la vida, el azar no existe. De ser así el mundo no se regiría por leyes y carecería de sentido hablar de ciencia. Esa mujer que se te acaba de interponer en el camino ya ha existido antes en tus pensamientos, en tu mente, la has forjado con tus propias fuerzas mentales, la has atraído previamente hacia ti aunque no seas consciente de ello... ¿Te sorprende? Pues sí, chiquilla, es así. Nadie encuentra lo que no busca, aunque te cueste reconocerlo el pensamiento tiene una potencia muy superior a la que solemos imaginar... Me dijiste que tienes veintitrés años, ¿verdad?
-Sí, eso es.
- Pues fíjate bien en lo
que vas a oír ahora: de aquí a cinco años aproximadamente,